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    UN POLTICO, ms si es gobernante, tiene un problema cuando un amplio sector de la ciudadana llega a convencerse de que su palabra no guarda relacin con los hechos de los que quiere dar cuenta o pretende encauzar en una determinada direccin. Hoy es evidente que no era la mejor manera de identificar como "proceso de paz" la negociacin con ETA y que no era la mejor manera de identificar el rearme de ETA como un accidente de tal proceso.

    Hoy es dolorosamente claro que no basta nombrar un hecho para cambiar su significado. Cuando por medio de la palabra se intenta modificar el significado de unos hechos, quien sale perdiendo es la palabra, no los hechos: el lenguaje se pervierte y las palabras descienden al nivel de la in/significancia, pierden su referente, no explican el sentido de las cosas. Es lo que ha ocurrido con el discurso al que el presidente del Gobierno se ha lamentablemente acostumbrado en los ltimos tiempos y que ha tenido su ms pattica expresin en su incomprensible conducta y en las declaraciones inmediatas al atentado: eran palabras vacas de sentido, que conducen al autoengao del emisor y a la frustracin de sus destinatarios

    Hace meses, casi recin proclamado un alto el fuego permanente, y como el vandalismo callejero no remitiera, ETA se vio en la necesidad de anunciar, primero, que el Pueblo Vasco haca muy bien en demostrar su enfado por medio de ese tipo de actos y, segundo y principal, que se confunda quien entendiera permanente como irreversible. ETA llamaba entonces a las cosas por su nombre. Que la kale borroka desapareciera y que lo permanente se convirtiera en irreversible dependera de los pasos que el Gobierno diera en una negociacin que ETA ha definido desde su primer comunicado como proceso para construir, sin renuncia previa a las armas, un nuevo marco poltico. Cualquiera poda interpretar, porque estaba tan claro como la luz del da, que ETA haba suspendido -por emplear una palabra del gusto del presidente- sus atentados de manera condicional: si el Gobierno daba pasos en la direccin querida por ETA, mantendra la suspensin; si no, habra kale borroka y lo permanente se convertira cualquier da en reversible sin dejar de ser, para sus autores, permanente.

    Lo menos que se puede decir es que el Gobierno no interpret correctamente estas reiteradas advertencias, siempre acompaadas de hechos: robo de armas, secuestro, chantaje a empresarios, vandalismo callejero y todo lo dems. No eran, contrariamente a la interpretacin de los expertos en procesos de paz comparados, mensajes para consumo interno, sino palabras cargadas de hechos, como a su debido tiempo advirti la polica francesa. El Gobierno, sin embargo, convencido, como tantos de sus asesores, de que lo que ETA haca era pedir rnica para pasar el trago del desarme, interpret todo eso como retricas para calmar a los ms reacios y traerlos al redil del proceso.

    El presidente del Gobierno arrastra desde hace tiempo un grave problema de discurso, que sus ms allegados han pretendido trivializar desdeando a quienes as lo sealaban como gentes de otra generacin, de un tiempo pasado. Lo mostr en el debate del Estatuto de Catalua; lo ha vuelto a mostrar en la negociacin con ETA. Su cada vez ms deletrea perversin del lenguaje era recibida con inquietud por los ciudadanos que comenzaron a sospechar que aquel pensamiento blando, ms que dbil, ocultaba una inseguridad de fines: el presidente, en realidad, no saba adnde iba el proceso y lo disimulaba a base de identificarlo con calificativos genricos. Pero como a un gobernante siempre se le supone en posesin de informacin superior, se le otorg la presuncin de que, aunque no supiera adnde iba el proceso, sabra al menos cmo manejarlo. El atentado de ETA ha demolido tambin esa presuncin: el presidente no posea esa informacin superior, y la reiterada peticin de fe y confianza en su palabra estaba montada sobre una nube de humo.

    Y ste s que es un problema cuando hechos de la magnitud del ltimo atentado no caben en el discurso de quienes, negociando con ETA, creyeron estar embarcados -y actuaron como si lo estuvieran- en un proceso de paz. Sin duda, habr que reconstruir estrategias con vistas a futuras negociaciones; para que sean crebles, ser preciso elaborar el discurso que las identifique. Mal empezamos si el reconocimiento del error se censura -nica prctica en la que el presidente ha mostrado rpidos reflejos: censurar cualquier esbozo de autocrtica- y si, finalmente, todo lo ocurrido se despacha con un "ya os deca yo que el proceso sera largo, duro y difcil".

    Los nuevos escritores mexicanos ya no escriben sobre la Revolucin. Ni sobre pueblos habitados por fantasmas,caciques, maquiladoras, o la frontera. Por lo menos, los miembros de la ltima sensacin del pas que dio al mundo a Octavio Paz o Carlos Fuentes. La moda se centra en la Generacin del Crack (crack por ruptura, no por la droga), un grupo de escritores que no llegan a los 40 aos y que estn sacudiendo los cimientos de la escena literaria mexicana y, de paso, vendiendo lo suyo.

    Estado de Hidalgo, Mxico, verano de 1996. Una pequea revista de la que ya no queda rastro alguno, da cabida en sus pginas a un manifiesto literario firmado por cinco jvenes escritores: Ignacio Padilla, Jorge Volpi, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chvez Castaeda. En el texto, se aboga por dejar la literatura "bananera" y volver a las races del boom latinoamericano: recuperar el respeto que por el lector inteligente tenan las primeras obras de aquel mtico momento de las letras hispanoamericanas, y que supusieron un soplo de aire fresco para la anquilosada escena literaria espaola. En 2001, casi cinco aos despus, los miembros del movimiento aparecen regularmente en las pginas culturales de El Pas, El Universal o El Herald, venden miles de libros, dan conferencias en todo el mundo y sacuden, como si fuera una piata, las conciencias del establishment cultural mexicano, debatido entre la tradicin indgena, la influencia del vecino del Norte y la alargadsima sombra de Paz, Fuentes o Rulfo, mexicanos universales.

    En Mxico, algunas voces claman contra la renegacin que, segn ellos, hacen de su pas estos autores. Una posicin un poco chauvinista (patriotera, la llaman ellos): varios intelectuales hablan y no paran de que no se nota que sean novelistas mexicanos. Alguien debera decirles que estamos en el siglo XXI, y no vamos a descubrir a Paz a estas alturas. O a Fuentes, o a Rulfo. Un epgono de Garca Mrquez, Laura Esquivel, o la exitosa ngeles Mastretta, no puede decirse que reflejen el Mxico que esos intelectuales quieren. Pero, qu Mxico? El de las grandes empresas, o el de Chiapas? El de las tortillas de maz, o el que suspira por que la frontera USA baje en longitud?. Pero han cambiado muchas cosas en Mxico. Sigue siendo un pas de tremendas desigualdades, donde conviven fortunas dignas de Las mil y una noches con los suelos de tierra en el 15% de las viviendas del pas. As, las coordenadas de los escritores han de cambiar por fuerza. Pero persiguiendo, como dijera Ricardo Chvez Castaeda, "desbrozar una esttica olvidada en la literatura de Mxico".

    mmercial photographers during the last 35 years, while creating his own art along the way. His striking images have appeared on more than 250 covers of Vogue and been featured in countless other publications, from Rolling Stone to Time to Vibe, many of the photographs iconic portraits of celebrities.

    Albert Watson has made his mark as one of the worlds most successful fashion and commercial photographers during the last 35 years, while creating his own art along the way. His striking images have appeared on more than 250 covers of Vogue and been featured in countless other publications, from Rolling Stone to Time to Vibe, many of the photographs iconic portraits of celebrities.

    " Eso me irrita porque ofende los dramas que el mundo tiene de verdad. Yo este ao he estado en Gaza, all he visto lo que es que un pueblo se sienta oprimido; yo he visto en frica a gente que no tiene para comer, que tiene que caminar 10 kilmetros a por agua... Y que un pueblo como el mo se est permitiendo la fantasmada, la chulada de darse la importancia que se est dando, convirtiendo un problema que es sencillamente un problema poltico como en el mundo hay millones, en un drama de este calibre, jugando batallas de vida o muerte, me parece una ofensa para los asuntos reales de vida o muerte. No puede ser, no puede ser que dediquemos la energa que estamos dedicando a este asunto, que estemos obligando a toda Espaa a tener la paciencia superlativa de dedicar millones de horas de un tiempo que lo necesita para millones de problemas que tiene de verdad. Sencillamente, me parece un insulto, me siento ofendido como vasco y me siento irritado. Me parece que debera haber un problema de categoras. Que esos pobres chicos ecuatorianos estn muertos ahora en nombre de no s qu anhelo...! Vamos, hombre, hay que ver el problema real de estos dos ecuatorianos que haban venido a sacarse la vida adelante al quinto pino de su pas y que les hemos matado porque nosotros creemos que una organizacin del Estado as es peor que una organizacin del Estado as... Es que esto no resiste la comparacin. No banalicemos hasta este extremo las cosas y, sobre todo, si las estamos banalizando, pongmonos colorados, que nos d vergenza por lo menos" (Iaki Gabilondo. Diario El Pas, 07-01-07)

    Habamos tratado de prestarles atencin. Nos habamos esforzado en traducir al lenguaje de lo comprensible expresiones del estilo es el momento de la construccin de un proceso democrtico de superacin del conflicto que, aunque parezca increble, no significa es el momento de que ETA deje de pegar tiros de una puetera vez. Incluso, nos habamos credo que Otegi guardaba cierta semejanza con Gerry Adams, aunque el del Sinn Fein parezca ahora un poltico respetable de barba canosa y el de Batasuna siga teniendo un cierto aire a lugarteniente de Pancho Villa. En definitiva, pensbamos que estos seores que decan representar a la izquierda abertzale queran de verdad usar la palabra en vez de las pistolas. Pero nos han engaado una vez ms.

    Adems de los dos muertos y la montaa de escombros en que se ha convertido el aparcamiento del aeropuerto Barajas, lo ms terrible del atentado del da 30 ha sido el silencio de este mundo que rodea a ETA y le da oxgeno. No hemos escuchado ni una voz de condena entre los polticos de Batasuna; no se ha levantado ni una sola voz de protesta en el colectivo de presos, a los que un final dialogado del terrorismo les hubiera ahorrado aos de crcel; no se ha proferido un ya basta entre los familiares de estos mismos presos. Ya no sirve ni siquiera el argumento del miedo, porque el verdadero miedo lo vuelven a tener otros. Estos sujetos viven en otro mundo; pero es que adems son de otro planeta.

    Las declaraciones de estos valientes mahaikides de Batasuna con los restos humeantes de la bomba de ETA como teln de fondo pasarn a la historia del disparate. Tras meses de augurar la quiebra del proceso de paz y con la certeza de que ETA haba enterrado a dos nuevas vctimas, Otegi proclama que el proceso de paz est ms vivo que nunca. Para el voluntarioso Joseba lvarez, el atentado no facilita el proceso. Y para Pernando Barrena, una especie de Santo Toms del abertzalismo, no hay constancia expresa de que el alto el fuego est roto. Lo de Barrena es realmente de psiquiatra: Hoy por hoy, hablar del alto el fuego, si est vigente o no, pensamos que es especular, precisamente en torno a algo de lo cual no tenemos constancia expresa.

    De ser ciertas algunas informaciones que apuntaban a que estos pacifistas haban alcanzado en octubre una especie de preacuerdo en sus reuniones con los socialistas vascos y el PNV, en el que se incluan determinadas referencias semnticas a la territorialidad y a la autodeterminacin, cuyo contenido fue expresamente desautorizado por la banda, estaramos ante la paradoja de que la bomba de Barajas tambin iba dirigida contra ellos. Humillados por los chicos de la capucha, los Otegi, Barrena, lvarez, Permach o Etxebarra hablan ahora de recomponer el dilogo y de buscar compromisos. Los mayordomos se disfrazaron de seoritos. Quin va a negociar la compra de una casa con el servicio?

    De los errores que pueden atribuirse a Zapatero, ste es, sin duda, el mayor de todos. El presidente del Gobierno no se ha equivocado al buscar un final dialogado del terrorismo. Su principal pecado ha sido la ingenuidad, aunque luego cometiera otros, como el de resistirse a dar por muerto un proceso en plena descomposicin. Se crey la palabra de los terroristas e ignor signos evidentes de que la tregua ya era agua pasada. A quienes dicen querer abandonar la violencia pero roban armas, preparan zulos con explosivos para aprovisionar a sus comandos y compran dispositivos electrnicos para detonarlos no se les puede conceder el beneficio de la duda.

    El atentado ha desnudado a Zapatero y le ha puesto en ridculo, es cierto, pero tambin ha dejado en pelota picada a quienes han usado la negociacin con ETA como gran argumento de oposicin al Gobierno. Dnde est la rendicin? Dnde el pacto para que Euskadi se anexionara Navarra y se autodeterminara despus? Frustrada la negociacin, cuando la lucha contra ETA vuelva a recaer exclusivamente en policas y jueces y la ley de partidos impida que Batasuna concurra a las elecciones, qu nuevas invectivas podrn fabricarse? Habr que conseguir para Acebes un buen expediente de regulacin de empleo?

    Tendrn que pasar aos para que vuelvan a darse condiciones tan propicias para acabar con ETA como las que concurran en estos momentos. El futuro inmediato ya est escrito. Batasuna ser expulsada de los ayuntamientos y las diputaciones forales pero volver a demostrarse que los mtodos policiales tienen una eficacia limitada para erradicar por completo el terrorismo. Habr, sin duda, nuevos atentados y extorsiones a empresarios. Las libertades de todo un pueblo seguirn atenazadas. Viajaremos al pasado. Algunos parecen disfrutar con este panorama. Son los mismos que se ren cuando escuchan decir a Zapatero que su determinacin para alcanzar la paz es ahora mayor que antes. Dan bastante pena.

    que se pierden en el horizonte, risas que palidecen,rostros que caen sin peso sobre la hierba hmeda, donde las araas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita rados cortinajes, entra slo la luna a travs de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qu grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qu olor a cerrado, ahora, qu grotescos. Os echar de menos, nunca os olvidar. Pauelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los rboles se derrumban. Est en venta el jardn de los cerezos.

    Durante muchos aos, el pintor Gustavo Torner, autor del acondicionamiento interior del Prado, fue el encargado del escaparatismo en Loewe. En las fechas de Navidad, su obra constitua un motivo ms para arracimarse ante las vitrinas y contemplar el escenario de alta representacin que haba concebido el artista.

    Este ao Louis Vuitton en su establecimiento de Madrid -y en los 375 de todo el mundo- culmina el proceso de fusin escnica entre el diseador y el artista, entre el estilo de la moda y la presente modalidad del arte. Olafur Eliasson, dans, de 39 aos, con piezas en el MOMA o en el Guggenheim, creador del sol cegador que ilumin aparatosamente el vestbulo de la Tate Modern en 2003, ha compuesto una versin de aquel ojo radiante titulada Eye see you que atrae la vista del cliente tanto como la ciega, que acta como un resplandor y concluye acaso como un cepo dorado.

    La unin de moda y artistas, de tiendas y arquitectos puebla la actualidad comercial, siendo el marketing la actividad ms creativa de nuestro tiempo. Tadeo Ando ha construido la supertienda para Armani en Miln, Rem Koolhaas o Herzog y Meuron los fastuosos establecimientos de Prada en Nueva York y Tokio, respectivamente. Javier Mariscal es el responsable del interiorismo del hotel Domine en Bilbao, el arquitecto John Pawson firm las tiendas de Calvin Klein en Sel o Nueva York pero tambin el monasterio checo de Novy Dvur. No har falta enumerar las nuevas bodegas de Moneo, de Ghery o de Calatrava en La Rioja y las innumerables contribuciones de artistas o dramaturgos, Bob Wilson entre ellos, al embellecimiento general de la existencia. Esta estetizacin general del mundo ha llegado incluso al interior de la Orden Tercera en Ass (Italia) que renov su porte en 2002 siguiendo los patrones de Elisabetta Bianchetti, una suerte de Agatha Ruiz de la Prada en versin destroyer.

    Si el ciudadano en el viejo capitalismo de produccin era -sobre todo- un consumidor de productos ligados a una dimensin utilitaria y el ciudadano en el capitalismo de consumo fue -sobre todo- un consumidor de signos, el actual ciudadano del capitalismo de ficcin es -sobre todo- un consumidor de formas. Ante esta demanda creciente, el artista se trasmuta en un productor ms al lado de los dems obreros de la esttica y se enlaza suavemente con ellos. Estampados de Armani de un lado y cuadros de Sicilia, dnde termina en verdad el pauelo y empieza el diseo del lienzo?

    Baudelaire llamaba al arte "los domingos de la vida", pero hoy, como proclaman las tiendas, todos los das son prcticamente iguales, todos los horarios son posibles, 24 horas sobre 24, siete das a la semana. El arte, como deseaban las vanguardias, se halla por todas partes y ninguna. Si la totalidad se halla estetizada, desde los museos a los hospitales, desde el alumbrado elctrico a los futbolistas, desde los autobuses a las crceles o los sex shops, cmo separar fragmentos en la emocin continua.

    El mundo de la arquitectura, el escaparatismo, la televisin, la publicidad o las webs han recubierto la existencia de una styling skin, una piel esencial porque la piel ha pasado de ser algn envoltorio circunstancial a una realidad llegada para quedarse.

    La cosmtica es su paradigma. Nunca antes alcanz mayor valor la piel de los objetos y los cuerpos. Pitgoras emple la palabra kosmos (mundo, orden) para referirse a nuestro mundo y deseando introducir aqu la perfeccin del orden astral que desde tiempos inmemoriales mostraba una absoluta armona de retorno eterno. Este orden deseable se lograra a travs de la poltica y tratando de reproducir el admirable modelo astral.

    Igualmente, la cosmtica, presente en tiempos de Pitgoras, se ocupaba de reordenar el rostro femenino para otorgarle la apariencia de un modelo ideal, el preferido por el hombre / patrn.

    La cosmtica buscaba y busca naturalizar la apariencia deseable a travs del artificio tal como los objetos se disean intencionadamente para conquistar al consumidor, fomentar sus emociones, su deleite, su voluptuosidad, sus fantasas.

    Nada hay ya inocente en el objeto. Somos atrados por l gracias a su astucia afilada para la maniobra de atraccin. Fotografiamos este o aquel objeto creyendo que los captamos cuando anticipadamente el objeto hizo de nuestro objetivo su presa.

    Los enseres, los edificios, los bolsos, los aparatos, se comportan ante nosotros como la modelo que posa para la revista ilustrada. Su imagen se convierte en el punto de nuestra contemplacin, pero es ella, al cabo, quien nos juzga y nos observa con la avezada profesionalizacin de su sesgo y su pupila.

    El Eye see you (El ojo te ve) de Olafur Eliasson en Louis Vuitton culmina el circuito completo de la mirada que nace y se recicla en el objeto, que incide vivamente en l y regresa convertida en deseo puro.

    Objeto y sujeto se reclaman en un cortejo reproducido hasta el infinito en el nuevo espacio especular que crea la completa estetizacin del mundo, el reino casi absoluto de la aesthesia y su imperial dominio de la "sensacin".

    " Cuando Gregorio Samsa despert aquella maana, luego de un sueo agitado, se encontr en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazn de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si poda aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente esculidas en comparacin con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecan a sus ojos el espectculo de una agitacin sin consistencia. "

    Tras la muerte de su padre, Blancanieves queda como sirviente del castillo de su padre, del que se ha apropiado su mala madrastra, la reina. Ella posee un espejo mgico, pues siempre la dice que es la ms bella del lugar, y del mundo, hasta que un da se le acaba la magia cuando le advierte que ha llegado una muchacha an ms bella.

    La reina, enfurecida, da rdenes a su cazador para que la mate en el bosque, afortunadamente, el cazador no puede matarla yle dice que corra lejos y se esconda. A los pocos minutos, llega a la pequea cabaa de los siete enanitos y all se queda dormida.

    Ha prometido Lynch retomar esta pelcula. Hacerla ms comercial, dice. Lynch es un tipo que comenz bien en esta cosa del cine y poco a poco va degenerando hacia la impostura de un cine imposible. Sus ltimas pelculas son infumables, aunque queden algunos planos, algunas fotos, que obliguen a verlas. Pero como contador de historias es un tipo al que se le notan todas las costuras.

    La mujer fue trasladando las bolsas al dormitorio. A un lado amonton las que contenan productos perecederos y, al otro, las de los juguetes y adornos de variada aplicacin. El abeto lo dej afuera, en el pasillo. La mujer observ el resultado de su tarea y la encontr bien hecha. Luego se acost. Las compras la haban fatigado y ya era bastante tarde. Una vez dormida advirti que se le haba incorporado al sueo un roce anmalo, como de araazos en la pared. Pens en el abeto un segundo antes de no pensar en nada. El abeto era de plstico, pero llevaba incorporado un prctico mecanismo de crecimiento. A juzgar por los sntomas, tena que haberse producido algn desajuste en la maquinaria, pues las ramas del abeto taponaban el pasillo de modo selvtico. La mujer ni siquiera necesit despertarse para comprender que estaba atrapada.

    Sin ocultar su pesimismo, el abogado y ex dirigente de Batasuna Txema Montero cree que el proceso de paz ha descarrilado y considera que la sociedad vasca debe interiorizar que un posible fracaso ser exclusiva responsabilidad de ETA.

    - Con precaucin dira que el proceso est estancado, pero yo creo que est ms que estancado. Creo que tal y como fue diseado en el sentido de dos mesas -de normalizacin y pacificacin- que avanzaban casi en paralelo y que no iban a tener una relacin entre ambas, ha descarrilado. La negociacin de doble va ha fracasado. Ahora toca hacer lo imposible para que esto no se desbarate definitivamente.

    - En que ETA se ha rearmado durante el proceso de paz, cosa que es una contradiccin en s misma; el Gobierno no ha sido capaz de ofrecer gestos de distensin ni siquiera de paralizar actuaciones judiciales, que han sido tomadas en cuenta por ETA y Batasuna como agresiones durante el proceso; y, por ser grficos, el recreo que dio ETA a sus representantes polticos se acab y vuelve a lo ya conocido. Les ha dado dos palmadas secas y contundentes, que fueron el acto de Aritxulegi y luego el robo de las pistolas. Quizs porque consideran que no se ganan por s mismos las alubias polticas, quizs porque la dinmica que se estaba generando en la segunda mesa poltica de compromiso cada vez ms prximo estaba llegando a un punto de difcil retorno para ETA. Ese compromiso, esa complicidad, ese dejarse pelos en la gatera, estaba llevando a ETA a una situacin en la que lo siguiente ya no lo podan controlar. Para que un proceso de paz, es decir, de aceptacin del principio democrtico de las mayoras tenga base tiene que estar protegido por una distensin. Reprocho a Zapatero no haber dado pasos y no haber buscado la complicidad de la sociedad en momentos complicados.

    - Es que todos devaluamos ya el trmino histrico. Tenemos que hacer un esfuerzo de lenguaje frente al exceso retrico. Recuerdo lo que deca El Quijote de los vizcanos y, por extensin, de los vascos: Cortos en palabras y largos en hechos. Ahora es casi al revs. Histrico no, pero una oportunidad como ninguna antes, s.

    - Es un hecho efmero porque al final pueden matar en tres semanas y volver a la situacin anterior. La impresin generalizada que se enva a ETA es que su tiempo se ha acabado, que slo les toca a ellos enterarse. El resto lo tenemos ms que claro. Si volvemos a las andadas no digo que vaya a haber una guerra abierta, pero habr una relacin social glida con toda esta gente que les va a suponer una sensacin de rechazo muchsimo ms grande que cualquier cascada de insultos que reciban.

    - Creo que en 10 15 das tendremos una declaracin por parte de ETA en el sentido de suspender el alto el fuego indefinido y una situacin de esperar y observar durante la Navidad y las primeras dos o tres semanas de enero. Y a resultas de las decisiones que ellos tomen, que tendrn que ver tambin con las posiciones que tomemos los dems, reconsiderar su suspensin de paralizar el alto el fuego cautelarmente, o volvern directamente a la lucha armada. A finales de enero lo sabremos.

    - Por un lado cada situacin siempre es ms madura que la anterior. Los procesos de paz han tenido muchos inconvenientes, particularmente el ms destacable es un creciente escepticismo en la sociedad. Yo lo concretara en que es ms fcil movilizar a la sociedad contra ETA que movilizarla a favor de un proceso de paz. Esto debera hacernos reflexionar. Tanto proceso de paz ha llegado a hacernos escpticos. En el momento en el que ETA declar un alto el fuego la gente comenz a vivir como si ya estuvisemos instalados en la paz, con lo cual cada nuevo retroceso genera ms escepticismo que el anterior. Lo que al mismo tiempo es un aprendizaje. Y yo creo que de este proceso el aprendizaje ha sido para todos saber dnde estn los lmites de la realidad poltica. El Gobierno ha tenido que descubrir la existencia de jueces creativos, de medios de comunicacin histricos y de una oposicin jugando al todo o nada. Y ETA ha aprendido que el dilogo tiene sus contradicciones y que un proceso de paz lleva aparejada la complejidad, sobre todo cuando se da un proceso de paz en el seno de una sociedad democrtica, que es uno de los elementos diferenciadores al proceso de paz en Euskadi y en Irlanda de otros procesos. Al final, lo paradjico para ETA es percibir que el final de un proceso de paz es asumir por parte de ellos la democracia representativa, ni ms ni menos, que nos puede llevar a los vascos a tener un estatus similar al que tienen los flamencos en Blgica, ni ms ni menos, o la minora sueca en Finlandia, pero que no es una catarsis donde se va a crear una nueva planta de estado. Y digo ni ms ni menos porque en nuestro caso es mucho. Tener un 15 18% en un parlamento de siete fuerzas polticas y ser primera fuerza en uno de los territorios es un cmulo de poder y de posibilidades polticas que no son capaces de percibir porque en el fondo quizs piensen: No era esto lo que perseguamos. Porque eso es el compromiso, el consenso. Ya no hay pica de resistencia. Es algo que hace muchos aos tenan que haber hecho. Y ah est la paradoja.Tambin para ellos hay una sensacin clara de estafa.

    -Es que yo tambin soy de alguna forma partcipe de esa sensacin cuando he visto que en otros procesos en una sociedad democrtica, y el nico que se me ocurre es el del norte de Irlanda, junto a la situacin de dilogo y alto el fuego ha habido una distensin de facto donde no existan ni redadas policiales ni intervenciones policiales. La lectura de ETA es que nunca han hecho un esfuerzo tan importante con una declaracin de alto el fuego y nunca en una situacin as han recibido tanta presin policial y judicial. Las dos lneas rojas de ETA siempre han sido: la primera, que no haya una escisin en su organizacin y la segunda, que su base social ms prxima la apoye. Quizs porque no hubiese una escisin, las decisiones en el seno de ETA se toman con una exigua mayora tanto para decidir el alto el fuego como para luego cesarlo. Y esa base social, no el gran espectro de votantes, les dice desde el mes de mayo: nosotros lo nico que constatamos es que nos dan por todas las esquinas.

    -Una consecuencia primera iban a ser atentados con muertos. Ah discrepo de quienes piensan que ETA volvera mediante una especie de terrorismo de fantasa poniendo bombas en lugares ms o menos emblemticos. Porque eso lo puede hacer el IRA, que est mucho ms fuerte militarmente. Nada ms elocuente e irreversible para todos que el asesinato. La reaccin siguiente por parte del Estado va a ser meter en prisin a una cantidad de gente no slo de ETA -de lo que se ocupar la Polica francesa con certeza escalofriante para ellos- sino que habr detenciones de miembros de Batasuna como no hemos conocido hasta ahora, causas pendientes... Escisin dentro de la izquierda abertzale? No, porque nunca la izquierda abertzale se ha escindido cuando ha sido sometida a una presin exterior muy fuerte, que reduce y concentra el ncleo de los creyentes. Lo que s se produce es el mecanismo de voz y salida. Como el resto de personas que no estn de acuerdo con las interpretaciones maximalistas, tipo Ekin y KAS, los que en las asambleas que ha habido en las ltimas cuatro o cinco semanas no encuentran voz de expresin, salen, se desmovilizan y al final no votan. Es la inercia del pasado.

    -Est pesando mucho. Ha faltado suficiente compromiso democrtico de los dirigentes de Batasuna y suficiente pedagoga para explicarles claramente, para decirles que el concepto de proceso es dinmico, no equivale a la concesin de la alternativa KAS, que es un camino que empezamos a andar todos juntos y que quiz ni siquiera nos lleve a donde pretendemos. Y que es tan importante el camino como la posada. Hay que transmitir muy claramente a la sociedad que el nico responsable de lo que suceda con el fracaso del proceso es ETA si vuelve a la violencia poltica. Y esto lo podemos hacer mucho ms creble si superamos esta situacin de crisis o aceptamos el resultado de un fracaso con una estrategia comn desde las fuerzas polticas de la democracia.

    -Es probable que el PNV est siendo vctima de sus propias suspicacias. Cuando se inici este proceso pens que todo estaba mucho ms atado y perfilado y pens que un proceso de paz poda acabar con un desbancamiento del PNV en las instituciones de gobierno. La ventaja es que hay un eje de cierta estabilidad desde las instituciones democrticas. Hubiera sido pavoroso que el Gobierno del Estado hubiese estado en este asunto, con un PP montaraz y el PNV tocando el arpa en el monte Gorbea. Como observador creo que en algunos casos le ha faltado al PNV dar toques de atencin serios al Gobierno central y al PSOE.

    -se debera ser el punto de compromiso que esperamos muchos, que aceptase la legalizacin conforme a la Ley de Partidos. Debera asumirla. A m no me gusta, la discut pblicamente en conferencias, me parece una psima ley que est siendo rigurosamente aplicada, pero la asuncin de ese principio de legalidad de esa mala ley con un compromiso por parte de Batasuna nos puede insuflar a todos los dems el suficiente oxgeno.

    -Ningn proceso es irreversible. Todos debemos aprender con los procesos de paz. Y aprender a comparar lo comparable. Negociar con alguien en frica que est declarado enemigo de la humanidad porque ha cometido genocidio no es comparable a lo nuestro. Me qued con una interpretacin que me parece ms interesante de una mxima de Confucio que dice: La naturaleza de la guerra determina la naturaleza de la paz y si la guerra, como denomina ETA su enfrentamiento con el Estado, ha sido como la nuestra, en la que es necesaria la reconciliacin, pero no la reconstruccin porque nada se ha roto fsicamente, porque estamos en trminos econmicos mejor que cuando empezamos, pero hay un gran dao moral, la paz va ser diferente a otras paces. Va a ser el ensanchamiento de una democracia representativa, pero nada ms. Esto es suficiente para unas personas que han vivido todo esto como si fuera una guerra? A veces me pongo pesimista y pienso que no.

    -Para algunos de ellos, que tienen mucho que ganar -su libertad personal, porque estn en la crcel y esperan medidas de gracia- y para sus familiares, la paz s es algo tangible. Pero otros, que no han tenido ms compromiso que la adhesin, que han vivido perfectamente durante estos aos, y son parte de los que estn en contra del proceso, pueden preguntarse y todo eso ha sido para esto?, y a m qu ms me da si yo voy a seguir viviendo igual? Al alzar el velo despus de la violencia, nos encontramos con que tendrn que aprender a negociar con otras fuerzas polticas porque no tienen base suficiente para poder transformar las cosas.

    Copio el balance provisional del "proceso de paz"que los seores Busch, Blair y Aznar emprendieron en los territorios de Irak el 21 de marzo de 2003. El informe de la ONU hace referencia a los ltimos cuatro meses del ao en curso. Como pueden comprobar por el nmero de muertos y desplazados, a los que hay que sumar, entre otros,ms de 200 asesinadosayer, el xito democratizador prosigue su ruta. Todo un xito que debemos apuntar en el haber de nuestro exlder csmico.

    PROFESIONALES ASESINADOS: Se siguieron registrando asesinatos de profesionales en una cantidad alarmante durante los ltimos dos meses, incluyendo a periodistas, maestros, abogados, mdicos y lderes religiosos, polticos y tribales.

    DESPLAZADOS: Aproximadamente 418.392 personas han sido desplazadas por la violencia sectaria y 15.240 por operaciones militares desde que insurgentes sunitas colocaron una bomba en un santuario chita en Samara el 22 de febrero de 2006. Se calcula que 1,6 millones han buscado refugio en pases vecinos desde 2003, y unas 100.000 personas han salido de Irak cada mes en los ltimos meses.

    DETENIDOS: A fines de octubre, haba 29.256 detenidos en Irak, de los cuales cerca del 46% estaban en instalaciones de la coalicin y 54% en crceles iraques. A fines de septiembre, haba 30.104 detenidos, el 45% de ellos por la coalicin y el 55% en prisiones de Irak.

    ESCUELAS ATACADAS: Las escuelas se han convertido cada vez ms en blanco de ataques sectarios y otras agresiones delictivas. Ms de 300 profesores y empleados del Ministerio de Educacin fueron asesinados y 1.158 quedaron heridos tan solo en el 2006.

    RECLAMO DE CADAVERES: Durante octubre, ms de 200 cadveres no identificados fueron trasladados a cementerios en las dos ciudades sagradas chitas de Karbala y Nayaf. Si una vctima muri durante una operacin militar, sus familiares podran mostrarse renuentes a reclamar el cadver en las morgues, ante el temor de que las milicias o las fuerzas de seguridad pudieran vengarse del resto de la familia.

    FUERZAS DE SEGURIDAD IRAQUIES: El ausentismo es generalizado entre algunas fuerzas del ejrcito y la polica iraques, algunas de las cuales han sido infiltradas por milicias y escuadrones de la muerte. Tan solo en Kirkuk, la mitad de sus 5.000 policas y sus 13.000 soldados pueden no reportarse a sus puestos en cualquier momento y muchos nunca regresan.

    Todava queda mucha gente que considera el trabajo como la base decisiva de la identidad. La contemporaneidad, sin embargo, desmiente esta vieja creencia. El trabajo profesional ha ido descaracterizndose y el ocio, por el contrario, cargndose de elementos dispuestos a definirnos.

    Todava hace pocos aos Richard Sennett obtuvo un gran xito con su libro La corrosin del carcter y all se lamentaba, se sollozaba, porque el panadero de hoy no era ya el conspicuo panadero de antes, nutrido de tradicin y enharinado de vocacin ancestral. Tampoco el herrero o el abogado conservaran esos caracteres porque el capitalismo de consumo, su variabilidad, su superficialidad, su movilidad, los habra corrodo como personajes netos.

    Efectivamente. El efecto de la cultura del consumo (histricamente estimada como cultura del diablo) ha sido la corrosin de lo unvoco. No emprendemos la vida hoy para llegar, como dictaba Pndaro, a ser el que somos, sino precisamente para ser todo lo que ahora no somos.

    La aventura y no el proyecto estricto, la veleidad y el cambio, la imprevisibilidad o el accidente son los caracteres de nuestro tiempo. El atributo ms anticontemporneo es la direccin nica, la sangre pura, la ortodoxia o el planeamiento delineado para toda la vida.

    Ni la casa, ni la pareja, el coche o el reloj son, como antes, para toda la vida. Tampoco la dedicacin profesional que, entre otras cosas, nace de una titulacin aplicable a tareas variopintas o todava por pintar. No nos hacemos una identidad mediante el trabajo porque el trabajo o nos disfraza una y otra vez en sus diferentes versiones o nos resbala. Bajo la apariencia de una profesionalidad circunstancial no se construye la identidad sino, ms o menos, en el territorio del tiempo libre. Libre tambin para ser a voluntad. De hecho, esta ha sido la respuesta del 88% de los jvenes espaoles e italianos encuestados por la empresa Synovate con implantacin en 54 pases y tras realizar su ltimo estudio sobre identidad en 11 naciones europeas.

    En el ocio, a travs de las elecciones musicales o de ropas, la preferencia de dolos y marcas, la eleccin de parajes, videojuegos y viajes, se conforman tribus y tipos. El trabajo resulta o demasiado abrumador, explotador, voluble o poco importante para esperar la denominacin de l.

    El mundo alternativo al laboral, el universo del consumo y su tiempo libre se encarga de trazar la silueta de ciudadanos/consumidores y no en el negativo sentido de su enajenacin sino en el serio significado de su definicin.

    La Ley del Suelo vigente, la del "todo urbanizable", tena como objetivo abaratar los precios de la vivienda y dar mayor autonoma a las administraciones locales sobre el destino del suelo de su municipio. Han pasado varios aos y el efecto ha sido el contrario.

    Es cierto que en Europa tambin han aumentado los precios y que otros factores lo explican: tipos de inters, baby boom de los sesenta, inmigracin, demanda extranjera de segundas residencias, y, no lo olvidemos, la especulacin. En cualquier mercado, cuando la demanda aumenta, suben los precios. Por tanto, imputar el aumento de precios de los pisos a la Ley del Suelo diseada por el PP sera injusto. Pero s es cierto que la Ley del Suelo se dise para aumentar la oferta, y que ms suelo urbanizable no ha servido de nada.

    Por qu tras liberalizar millones y millones de metros cuadrados no bajan los precios? Por qu si se construyen casi 900.000 pisos al ao los precios an suben?

    La Ley del Suelo era una idea genial, pero aplicada de manera desastrosa. La filosofa era que todo el suelo, excepto el protegido, fuese susceptible de ser urbanizado. Es decir, aumentar de la noche a la maana el stock, liberalizar el mercado del suelo. Las leyes de la oferta y la demanda actuaran y se corregiran los precios, desinflando la burbuja. Hasta aqu, de acuerdo. Pero la ley aade algo ms. Dice que todo el suelo es urbanizable... siempre que la autoridad local lo apruebe bajo la supervisin de las Comunidades Autnomas. Al no asegurarse esto ltimo, lo que se conceba como mercado libre se convirti en uno totalmente manipulado: los ayuntamientos deciden impunemente quin puede y quin no puede transformar suelo.

    Adicionalmente, la Ley actual propone para el clculo del valor del suelo el mtodo del valor residual, que viene a decir: cunto valdra este suelo si ya hubiese viviendas construidas? Se toman los precios actuales de los pisos y se hace un clculo para determinar el correspondiente valor del terreno. En otras palabras, en el momento de una recalificacin el suelo entra al mercado a precios mximos.

    La Ley del Suelo no slo no ha corregido los precios, sino que, ante la pasividad de los gobiernos autonmicos, ha trado corrupcin urbanstica, mafias y especulacin, amn de un desastre ecolgico y medioambiental en determinadas zonas del litoral espaol.

    Ante este desmn, el PSOE propone ahora una nueva Ley del Suelo. Abaratar sta el precio de la vivienda? Mi opinin es que no. La nueva Ley del Suelo propone que un 25% de viviendas de una actuacin urbanizadora se destinen a vivienda protegida. Qu va a pasar entonces con el 75% restante? Muy sencillo. Los promotores les aplicarn el margen que dejarn de percibir en las protegidas. Es como si le decimos a un frutero que est obligado a vender una de cada cuatro manzanas a un precio inferior. Mientras haya ms gente en el mercado pidiendo manzanas, el comerciante les cobrar la diferencia que ha dejado de percibir por culpa del organismo que interfiere en su actividad. Habr ms viviendas protegidas, de acuerdo, pero como igualmente no habr para todos, se perjudicar a quienes no las obtengan, personas obligadas a acudir al mercado de viviendas libres.

    La segunda medida de sustituir el clculo de valor residual por el de valor actual es igualmente absurda. Una cosa vale lo que la gente est dispuesta a pagar por ello, no lo que una entidad pblica diga que vale. Yo puedo decir que un solar que vala 100 tiene un valor de 10, pero si millones de metros cuadrados siguen en manos de pocos, stos seguirn especulando con el ritmo al cual sacan pisos al mercado y controlando los precios. Hay millones de manzanas en el mercado, pero no hay tantos fruteros. En Espaa, slo 15 constructoras tienen cartera de suelo como para abastecernos con un milln y medio de pisos. Los pisos son manzanas que no se pudren y que los bancos financian a muchos aos vista, as que los sacan al mercado al ritmo que conviene, no vaya a esfumarse el negocio del siglo.

    La tercera idea de que entre un 15% y 20% de las plusvalas vayan a la Administracin para financiar viviendas protegidas ser tambin contraproducente. Es como decir que un 20% de la especulacin ser para... reducir la especulacin! No tiene sentido! Y es que la nueva Ley sigue olvidando la premisa fundamental. Para que los precios de un bien bajen (aunque sea un bien raz) es necesario que demanda y oferta interacten de modo libre y, sobre todo, en igualdad de condiciones. La demanda todava no se ha frenado (ms de 800.000 transacciones inmobiliarias en los ltimos 12 meses). Y la oferta seguir siendo manipulada, concentrada, sometida a corrupcin, y ocultando la financiacin de partidos polticos y ayuntamientos.

    Si la demanda no afloja, los que no consigan vivienda de proteccin oficial lo tendrn an ms difcil para comprarse un piso. No pueden competir con empresas, inversores o fondos inmobiliarios. Por otro lado, el mercado de segundas residencias, ms cercano al turstico, motor de la economa espaola, ha de responder a un modelo sostenible econmico y medioambiental. Estn los gobiernos autonmicos capacitados para ello si se autorizan urbanizaciones en zonas donde ya hoy se sabe que no hay recursos hdricos suficientes?

    Estamos mezclando las necesidades sociales de nuestros ciudadanos con las necesidades econmicas del pas. Ambas confluyen en un mismo mercado en desigualdad de condiciones y, adems, ambos mercados responden a objetivos distintos.

    Resulta increble la irritacin con que se expresan algunos periodistas elevados a la condicin de columnistas. Cuando slo ejercan de reporteros no tenan ms remedio que contenerse y, por tanto, repriman sus ansias de pontificar. O eso, al menos, es lo que sola ocurrir. El yo del reportero ha de contenerse y su expresin y su relato no pueden mostrarnos a un observador entregado a la defensa de una causa, sino a un periodista que capta los hechos, que se documenta aceptablemente y que transmite con orden y pormenor.

    Pero puede ocurrir que se llegue a reportero despus de haber logrado celebridad como columnista. Un autor que alcanza fama como novelista y que escribe en la prensa colaboraciones vistosas y bien pagadas puede, en efecto, ejercer eventual o excepcionalmente de cronista. Fue el caso, por ejemplo, de Juan Manuel de Prada. Lemos en Abc sus crnicas papales, las de la agona de Juan Pablo II, y esos relatos periodsticos fueron un despliegue desmesurado de santurronera, con frases inacabables, con reproches a los ateos, con celebraciones para cofrades, un atracn de abecena mal digerida, dicen algunos. La de esos reportajes era una moralina pesadsima, la misma que destila el Juan Manuel de Prada articulista, tan esforzadamente catlico, tan machaconamente creyente y comunitario, un articulista que quiere emular a Chesterton, modelo para el que le faltaran irona e individualismo.

    Pero volvamos al modesto reportero que luego le pierde el articulismo. Ese periodista cuando cobra suficiente celebridad y se le apa hasta la columna, entonces alguno de ellos se dejan arrastrar por la tentacin de las opiniones contundentes. Tienen voz propia y una audiencia particular, y esos datos les envanecen. Pero hay ms: el engreimiento no es suficiente para explicar sus tremendos juicios, las condenas que propalan. Hay algo de conviccin firme de ltima hora, la irritacin del converso o del que se ha quitado el maquillaje.

    . En alguna de ellas se dign contestarme con un tono insultante, vaya. Yo le criticaba su conversin en idelogo neocon: su pluma se haba ensombrecido, su estilo se haba agraviado, su columna slo era plpito, su frase se haba hecho trinchera, haba abrazado la causa de lo polticamente incorrecto y, desde ese momento, se saba rodeado de envidiosos y enemigos, muchos de los cuales estaran entre los colegas aparatosamente progresistas de su propio peridico. En aquella inflamacin que Tertsch padeci o revel finalmente, aprob a Bush de manera entusistica, celebr a Juan Pablo II casi con fe de carbonero y repudi todo lo que como el azufre oliera a progre.

    El martes 7 de noviembre le la ltima de sus columnas. En ella criticaba la comparacin, sin duda desafortunada, que Rodrguez Zapatero ha hecho entre el cambio climtico y el terrorismo: entre los muertos que uno y otro fenmeno provocan. Mientras el primero tiene una responsabilidad colectiva, annima y compartida, el segundo tiene autoras bien definidas, culpabilidades precisas. Es cierto que Estados Unidos no ha firmado el Protocolo de Kioto, pero el dao climtico lo hemos producido entre todos, con nuestros aerosoles o con la escapes de nuestros vehculos, con nuestra fbricas humeantes. Etctera.

    Pero ms all de esa crtica por equiparar la naturaleza de los muertos, Tertsch empezaba y acababa su artculo haciendo una evaluacin sumaria de quienes se haban opuesto a la guerra de Irak. Ahora los examinaba y suspenda como si de un preceptor severo y airado se tratara. En el primer prrafo deca:

    La percepcin del riesgo es difcil de evaluar. Como la amistad, el amor y la memoria. Algunos recuerdan ahora que hace tres aos saban exactamente lo que pasara hoy en Irak. Son fantsticos. Han ayudado a que sucediera aquello de lo que se vanaglorian. Afectar tambin a sus hijos. Quizs ahora mirando atrs haya alguno con el coraje moral de pensar que con una actitud occidental global distinta hoy Irak sera otra cosa. Pero la tragedia de Irak tiene un culpable claro y, por tanto, tampoco preocupa en general, sufra quien sufra. Da la razn.

    Hoy, aniversario de la Revolucin Sovitica, hay elecciones en EE UU, donde un Bush tan incapaz como demonizado ha servido a otros para erigirse en supuestos jinetes de la razn frente a una catstrofe que por desgracia auspiciaron desde un principio como mxima conveniencia. Pero el cataclismo contina.

    Me resultara incomprensible esta lgica argumentativa, si yo no conociera ya al personaje, si no le hubiera ledo anteriores soflamas, siempre hinchadas de la retrica del Bien, ajenas presuntamente al realismo diplomtico. Si hay que hacer el Bien.., se hace y punto; si hay que hacer una guerra para implantar una democracia, se hace y punto.Y los que no piensan como l? Pues son aliados voluntarios o tontos de los enemigos. Como ya dije en su momento, los adversarios de Tertsch suelen ser antagonistas temibles de la humanidad (que, a m, sin duda, me atemorizan), pero esos rivales adquieren en su prosa un perfil cada vez ms abstracto y maysculo, con un nfasis prximo al de Bush: el Nacionalismo criminal, el Terrorismo homicida, el Fanatismo intolerante, claro. Se trata de grandes abstracciones, como la Maldad, que l detecta, percibe e identifica en personajes reconociblemente perversos o en tipos secundarios aparentemente inocuos.

    Al leerle otra vez, he recordado Irak. La tetera prestada, un libro de Slavoj Zizek, que les recomiendo vivamente. Es un volumen extrao de un socilogo esloveno de gran xito actual. No es un bluff. Es un tipo preparadsimo dotado de una erudicin apabullante y de una formacin freudiana-lacaniana que, si no se le desborda, da como resultado anlisis finsimos e implacables. Es imposible glosar aqu todos los matices de su pensamiento zigzagueante, pero s quera valerme de un par de ideas.

    Fue la misma inflamacin de la retrica tica abstracta de las declaraciones pblicas de George W. Bush (del tipo de Tiene el mundo el valor de actuar contra el Mal o no?) lo que revel la profunda pobreza tica de la postura norteamericana; la funcin de la referencia tica aqu es puramente mistificadora; solamente sirve para ocultar lo que est en juego desde el punto de vista poltico, lo cual no es difcil de ver. A lo largo de su volumen repasa lo que Bush y Rumsfeld argumentaron o pretextaron para invadir Irak, lo endeble de sus posiciones, y sobre todo los verdaderos efectos de ese conflicto: una revolucin blanda que ha de transformar nuestras sociedades con la obsesin de la seguridad y del control panptico de los ciudadanos. En el viejo panptico de Jeremy Bentham luego glosado por Michel Foucault en Vigilar y castigar, un espacio ha de ser vigilado por un solo custodio con un simple golpe de vista. Por eso, la disposicin arquitectnica del edificio tiene forma circular. Ahora, por el contrario, estos primitivismos tcnicos han sido superados por la sofisticacin de los sistemas de control o por la incorporacin de los ciudadanos a labores de vigilancia interna).

    Pero, en su libro, lo que mejor trata Zizek es la lgica de la intervencin americana: slo intentamos hacer el bien, ayudar a otros, traer la paz y prosperidad, y mira lo que nos dan a cambio Es una lgica antigua y glosada por el propio cine americano (Centauros del desierto o Taxi Driver), una forma de operar que vemos en la figura del americano tranquilo, un agente ingenuo y benevolente que sinceramente quiere llevar la democracia y la libertad occidental a los vietnamitas ; lo que ocurre es que sus intenciones falla totalmente, o, como escribi Graham Greene, nunca conoc a un hombre que tuviera mejores motivos para todos los problemas que caus. Sinceramente o no, lo cierto es que Donald Rumsfeld, George W. Bush pretextaron hacer el bien, se disculparon con los mejores motivos, para finalmente ocasionar un sinfn de problemas en Irak y fuera de Irak.

    Hermann Tertsch suele escribir con la misma inflacin retrica de Bush, apelando al Bien (la tetera prestada que me devuelves rota), y suele reprocharnos que no convengamos con l en sus argumentos de tica abstracta. Lo que no sabamos es que Rumsfeld iba a dimitir y, en cambio, Tertsch nos iba a seguir amonestando, echando la culpa de lo que sus admirados guerreros no supieron hacer prever u organizar. A ojos del columnista, quienes acertaron en la prediccin de lo que finalmente ha ocurrido no fueron clarividentes, sino responsables del cataclismo, pues por accin o por omisin han ayudado a que sucediera aquello de lo que se vanaglorian. Es decir, la conclusin de Tertsch es absolutamente inverosmil y se basa en la lgica diplomtica del Gobierno Bush: el mensaje subyacente, dice Slavoj Zizek, es siempre Lo haremos con o sin vosotros (en resumen: sois libres de estar de acuerdo con nosotros, pero no sois libres de no estar de acuerdo). Aqu aparece de nuevo la vieja paradoja de la eleccin obligatoria: la libertad de elegir a condicin de que uno tome la decisin correcta. En fin, la tetera ya est rota.

    El 4 de noviembre de 1936, hoy hace setenta aos, cuatro dirigentes de la CNT entraron en el nuevo Gobierno de la Repblica en guerra presidido por el socialista Francisco Largo Caballero. Era un "hecho trascendental", como afirmaba ese mismo da Solidaridad Obrera, el principal rgano de expresin de la CNT, porque los anarquistas nunca haban confiado en los poderes de la accin gubernamental y porque era la primera vez que eso ocurra en la historia mundial. Anarquistas en el Gobierno de una nacin: un hecho trascendental e irrepetible.

    Pocos hombres ilustres del anarquismo espaol se negaron entonces a dar ese paso y las resistencias de la "base", de esa base sindical a la que siempre se supone revolucionaria frente a los dirigentes reformistas, fueron tambin mnimas. El verano, sangriento pero mtico verano revolucionario de 1936, ya haba pasado. Anarquistas radicales y sindicalistas moderados, que se haban enfrentado y escindido en los primeros aos republicanos, estaban ahora juntos, esforzndose por obtener los apoyos necesarios para poner en marcha sus nuevas convicciones polticas. Se trataba de no dejar los mecanismos del poder poltico y armado en manos de las restantes organizaciones polticas, una vez que qued claro que lo que suceda en Espaa era una guerra y no una fiesta revolucionaria.

    El Comit Nacional de la CNT eligi los cuatro nombres destinados a tan sublime misin: Federica Montseny, Juan Garca Oliver, Joan Peir y Juan Lpez. En esos cuatro dirigentes estaban representados de forma equilibrada los dos principales sectores que haban pugnado por la supremaca en el anarcosindicalismo durante los aos republicanos: los sindicalistas y la FAI. Joan Peir y Juan Lpez, ministros de Industria y Comercio, quedaban como indiscutibles figuras de aquellos sindicatos de oposicin que, tras ser expulsados de la CNT en 1933, haban vuelto de nuevo al redil poco antes de la sublevacin militar. Juan Garca Oliver, nuevo ministro de Justicia, era el smbolo del "hombre de accin", de la "gimnasia revolucionaria", de la estrategia insurreccional contra la Repblica, que haba ascendido como la espuma desde las jornadas revolucionarias de julio en Barcelona. A Federica Montseny, ministra de Sanidad, la fama le vena de familia -hija de Federico Urales y Soledad Gustavo- y de su pluma, que haba afilado durante la Repblica para atacar, desde el anarquismo ms intransigente, a todos los traidores reformistas. Ella iba a ser adems la primera mujer ministra en la historia de Espaa.

    Del paso de la CNT por el Gobierno quedaron escasas huellas. Entraron en noviembre de 1936 y se fueron en mayo de 1937. Poco pudieron hacer en seis meses. Se ha recordado mucho ms lo que signific la participacin de cuatro anarquistas en un Gobierno que su actividad legislativa. Como la revolucin y la guerra se perdieron, nunca pudieron aquellos ministros pasear su dignidad por la historia. Y como no poda ser menos, a semejante acto de ruptura con la tradicin antipoltica se le achacaron todas las desgracias. Para la memoria colectiva del movimiento libertario, derrotado y en el exilio, de aquella traicin, de aquel error slo podan derivarse funestas consecuencias. Toda la literatura anarquista posterior, cuando se enfrent a ese tema, dej el anlisis a un lado para descargar la retahla de reproches ticos harto conocidos. A un lado quedaba la revolucin, vigorosa, soberana; al otro, su destruccin, hecha realidad por la ofensiva que desde el poder se emprendi contra las milicias, los comits revolucionarios y las colectivizaciones, las tres solemnes manifestaciones del cambio revolucionario.

    Se menospreci as, en ese ajuste de cuentas con el pasado, lo que de necesario y positivo hubo en aquel giro extraordinario. Necesario, porque la revolucin y la guerra, que los anarquistas no haban provocado, obligaron a articular una solucin que, evidentemente, deba alejarse de las doctrinas y actitu-des que histricamente les haban identificado. Positivo, porque esa defensa de la responsabilidad y de la disciplina, que convirti precisamente la participacin en el Gobierno en uno de sus smbolos, mejor la situacin en la retaguardia, evit bastantes ms derramamientos intiles de sangre de los que hubo y contribuy a mitigar la resistencia que la otra estrategia disponible, la maximalista y de enfrentamiento radical con las instituciones republicanas, haba alimentado.

    Es evidente que un anlisis de este tipo, que separa al historiador del juicio de autenticidad sobre la pureza doctrinal de aquellos protagonistas, lleva a considerar otras facetas olvidadas. Como la de que fuera un "anarquista de accin" como Garca Oliver quien consolidara los tribunales populares o creara los campos de trabajo, en vez del tiro en la nuca, para los "presos fascistas". O que a un sindicalista de toda la vida como Joan Peir le correspondiera regular las intervenciones e incautaciones de las industrias de guerra. O que una mujer, en fin, escalara a la cspide del poder poltico, un espacio negado tradicionalmente a las mujeres y que Franco volvera a negar durante dcadas, desde donde pudo emprender una poltica sanitaria de medicina preventiva, de control de las enfermedades venreas, una de las plagas de la poca, y de reforma eugensica del aborto que, pese a quedarse en una mera iniciativa, avanz algunos debates todava presentes en nuestra sociedad actual.

    Acabada la guerra, las crceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un tnel del que no volvera a salir. En la memoria de los anarquistas, y en la literatura y en el cine, se agrand la figura de Buenaventura Durruti, con su pasado novelesco y sus hazaas de hroe, y quedaron en la oscuridad, por el contrario, otras figuras como la de Joan Peir, un obrero que dedic su vida a fabricar bombillas, organizar sindicatos y ajustar el anarquismo al reloj de la historia. Denunci antes que nadie, y por escrito, desde agosto de 1936, la violencia revolucionaria de destruccin del contrario. Cuando, despus de los sucesos de mayo de 1937, Manuel Azaa encarg a Juan Negrn la formacin de un nuevo Gobierno sin la CNT, Peir acus a los comunistas de haber provocado la crisis y denunci la represin desencadenada contra el POUM. Con la ocupacin de Catalua por el ejrcito de Franco, huy a Francia, donde le detuvo la Gestapo en noviembre de 1940; entregado a las autoridades franquistas, fue ejecutado el 24 de julio de 1942.

    El anarquismo arrastr tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Arraig con fuerza en sitios tan dispares como la Catalua industrial, en donde adems, hasta la Guerra Civil, nunca haba podido abrirse paso el socialismo organizado, y la Andaluca campesina. Muchos de sus militantes participaron durante dcadas en una frentica actividad cultural y educativa. Pero en ese recorrido siempre le acompa la violencia. Su leyenda de honradez, sacrificio y combate fue cultivada durante dcadas por sus seguidores. Sus enemigos, a derecha e izquierda, siempre resaltaron la aficin de los anarquistas a arrojar la bomba y empuar el revolver. Son, sin duda, imgenes exageradas a las que tampoco hemos escapado los historiadores, que tan a menudo nos alimentamos de esas fuentes, apologticas e injuriosas, sin medias tintas. Una prueba ms de las mltiples caras de lo que ahora llaman muchos, en singular, memoria histrica.

    "Una y otra vez, interrumpida por lo oscuro y la cada, / brillaba ella terrena. Hasta que tras terribles golpes / franque el portal abierto, sin consuelo". Los versos del nmero 24 de los Sonetos a Orfeo, de Rilke, su poeta preferido, condensan la vida y el destino de Annemarie Schwarzenbach (Zrich, 1908-Sils, 1942), el ngel devastado, la viajera y escritora suiza cuyo nombre no deja de remontar en el firmamento literario en los ltimos aos y que hizo de su existencia un fulgurante meteoro consumido por la pasin, las drogas y el mal de vivre. "Es curioso, si fueras un chico, se dira sin duda que eres de una belleza extraordinaria", le solt Thomas Mann durante una visita de la muchacha, ntima amiga de sus hijos Erika y Klaus, rindiendo tributo el mago a su belleza andrgina y pensando seguramente en el Tadzio de Muerte en Venecia. Tambin Anas Nin, que la conoci en 1943 en Brooklyn, la describi en su diario como un chico.

    Compleja, ambigua, inasible y a la vez perturbadoramente frgil, smbolo y vctima de una poca, la Schwarzenbach ha devenido con el tiempo un personaje de culto, un icono de la fuerza de un James Dean o un Lawrence de Arabia, a los que le unen la extrema sensibilidad (hasta la inestabilidad), una insondable desesperanza, el amor a las mquinas (le encantaba conducir automviles) y una trgica muerte en accidente -la de ella, al caer de una bicicleta, como Nico, la cantante de la Velvet, otro ngel arrasado-. Autora de varias obras de sombra belleza (en castellano est disponible su hermosa Muerte en Persia, en Minscula, y la misma editorial publicar en febrero Todos los caminos estn abiertos. El viaje a Afganistn 1939-1940), Annemarie Schwarzenbach es un personaje que despierta un inters rayano en la obsesin. Seguramente porque devuelve una mirada especular en la que uno puede proyectar todas sus dudas, anhelos y temores.

    La hicieron sufrir -su familia, los hermanos Mann, su condicin homosexual, sus adicciones, sus internamientos (camisa de fuerza incluida), las circunstancias de su poca-, pero en su dolor hay una extraa dimensin colectiva, como si concentrara las penas de su tiempo y vaticinara las nuestras.

    Su bigrafa ms reciente, Dominique Laure Miermont (Annemarie Schwarzenbach, Payoy, 2004; en castellano puede leerse la biografa de Dominique Grente y Nicole Mller publicada por Circe), ha dicho que su rostro, plasmado en el maravilloso retrato que le realiz en 1932 en Berln Marianne Breslauer -y que le haca pensar a la fotgrafa alumna de Man Ray en "el arcngel Gabriel en el Paraso"- representa "el mal de Europa", la enfermedad existencial del continente. En ese retrato de Annemarie, con el pelo cortado a lo garon, los labios entreabiertos, la mirada de una impenetrable tristeza, una sombra vela la parte derecha del rostro: die dunkle Seite, el lado oscuro, la faceta tenebrosa de su alma.

    Como se ve, un aura espesamente romntica rodea a la Schwarzenbach y acercarse a ella resulta peligrosamente embriagador. La ltima en hacerlo desde la literatura ha sido otra escritora, Melania G. Mazzucco, la tan elogiada autora de Vita, que ha escrito una hermosa novela sobre Annemarie Schwarzenbach, Ella tan amada (Anagrama). Mazzucco estuvo el lunes en Barcelona para presentar su libro y explicar cmo trat de atrapar en las redes de la narrativa al ngel inconsolable. "Ha sido un largo viaje hacia ella, en el curso del cual tuve que aprender el alemn, porque no puedes sentir a un escritor sin conocer su idioma", dijo la novelista romana. "La busqu en sus viajes, en su literatura, leyendo todo lo que escribi y descubriendo que aunque olvidada tantos aos, Annemarie fue una escritora de gran nivel. Otro camino fue sondear su presencia en la obra de escritores que la conocieron. Ella tuvo el extrao destino de convertirse en personaje literario en vida. Aparece en los libros de Thomas y Klaus Mann, en La Ruta cruel (Timun Mas, 1999) de Ella Maillart como la inolvidable Christina... Una vida mitografiada. Mezclando esos niveles, el documental, de la vida real, y toda la leyenda creada a su alrededor escrib mi novela". Mazzucco, que dice no haber inventado nada y haber conseguido no enamorarse del personaje, ha estudiado la obra fotogrfica de Annemarie, incluido material indito y ha podido reconstruir dos episodios oscuros de su vida como son el viaje al Congo Belga en 1941, con sus reflexiones delirantes, y los meses de penosa agona tras la cada en bicicleta, cuando el ngel se arrastraba enajenada por el suelo como un animal. Tambin se ha sumergido en el aspecto manicomial de su historial clnico -Annemarie recorri los mejores psiquiatras de su poca-, en el que encuentra conexiones junguianas con el smbolo del mensajero y el joven eterno. Para Mazzucco, lo ms interesante de este "andrgino perfecto, esta mujer-chico que mimetizaba al otro sexo, es como encarna el mito de toda una generacin: el viaje, las drogas, la sexualidad libre, la revuelta contra la burguesa y los padres...".

    Ella tan amada, toma su precioso ttulo de otro poema de Rilke, en el que "ella" es Eurdice. "Quise escribir para reencontrarla", dice Mazzucco, "y Rilke me dio la clave: tan amada, Annemarie, pero incapaz de entregarse".

    El portavoz Permach llama irresponsable al presidente Zapatero. A continuacin dice que se siente sorprendido porque el Gobierno considere grave el robo con violencia de unos cientos de pistolas. Y remata: Hechos graves hay muchos, aludiendo a las acciones judiciales contra miembros y bienes de Batasuna. Las declaraciones tienen el poder (casi potico) de sintetizar el momento de Espaa. Alguien compara, henchido de legitimidad, la actuacin del Estado de Derecho con la de un grupo de delincuentes. Pero su delirio no aparece en una octavilla internutica, sino en la primera pgina de los peridicos. La negociacin con los terroristas ha provocado dos consecuencias: La primera, y fundamental y visible, es la ausencia de cadveres. La segunda, mucho menos evidente, es el descrdito de la razn. No es que la democracia espaola vaya a pagar el llamado precio poltico; es que lo est pagando: Batasuna est cada da en los peridicos (es decir, en el espacio pblico) ilegalizando todo lo que toca, y lo que toca forma parte del patrimonio poltico y moral de la democracia. Debo decir, para que se vea claramente desde qu lugar hablo, que por el momento yo compro. Que cambio vidas por la obligacin de frecuentar a Permach y Barrena, analistas. Me sorprende que los demcratas exasperados, todos aquellos que ante cualquier movimiento del Gobierno hablan, inmediatamente, de alta traicin, no digan alto y claro que no quieren negociar con terroristas y que afrontarn la reanudacin del asesinato (tienen que llegar hasta aqu: si no, no cuenta); me sorprende que no haya este tipo de hombres y mujeres ntidos en un pas tan heroico.

    Pero aunque los hubiera, no los acompaara. A diferencia de personalidades ms complejas yo no quiero convivir y reconciliarme con, ni entender y perdonar a: concretamente me dara mareos que me pidieran perdn. Mi nico inters es vencerles. Creo que negociar puede ser una de las formas de vencer. Sin embargo, entre las condiciones elementales de una negociacin victoriosa est la de identificar en cada momento lo que se est dando a cambio. La naturalidad con que circulan las afrentas de Batasuna (la ilegalizada Batasuna, dicen, para legalizar y legalizarse) y los mecanismos automticos de estmulo/respuesta que parecen haberse creado entre los terroristas y los demcratas erosionan la democracia y la vida. Y tambin me preocupa, ms vulgarmente, el aumento de cach que establece cada uno de sus apoderamientos mediticos. El matonismo, ahora verbal, de la Ilegalizada no es un texto que leer, sino una factura a pagar. Guarismos no versos. Pido solemnemente que cada da se anoten en cuenta.

    Del muerto admiro todo y me alegra coincidir con Vila Matas en la comparacin que hace de Carver con Faulkner, Mac Cullers y Flannery OConnor, ah es nada. Ah es todo. Carver es un escritor que atrapa en el microespacio de unas horas todo un mundo, su mundo, que es el nuestro.

    Auster, premio Prncipe de Asturias de las letras, nos ha descrito como ninguno la msica del azar. La casualidad como detonante de historias que se hacen vida gracias a otras casualidades. Y con una escritura muy caveriana.

    Cada da tengo ante m decenas de carpetas. Son las copias de los expedientes de las causas penales de personas encarceladas o que se encuentran bajo investigacin por "terrorismo". Por qu la palabra "terrorismo" entre comillas? Porque la mayora de esas personas han sido designadas terroristas. Y esta prctica de "designar terroristas" no slo desplaz en 2006 la verdadera lucha antiterrorista, sino que comenz a multiplicar a los deseosos de venganza, a potenciales terroristas. Cuando la fiscala y los tribunales trabajan no en aras de la ley ni para castigar a los culpables, sino por encargo poltico y para rendir cuenta antiterrorista al Kremlin, las causas penales se fabrican como tortillas.

    La cadena de montaje para "conseguir confesiones" garantiza de manera magnfica buenos indicadores de "lucha contra el terrorismo" en el Cucaso del Norte. He aqu lo que me escribieron las madres de un grupo de jvenes chechenos condenados: "Las prisiones reformatorias se han convertido en campos de concentracin para los jvenes chechenos que han sido condenados. Son discriminados por motivos tnicos".

    "No les permiten salir de las celdas ni de los calabozos de castigo. La mayora o casi todos los jvenes han sido condenados en causas amaadas, sin pruebas. En condiciones de extrema crueldad, sometidos a humillaciones de su dignidad humana, ellos comienzan a odiar. Y es todo un ejrcito de hombres que volvern adonde nosotros con sus vidas y sus mentes destrozadas...".

    Honestamente, temo su odio. Temo, porque rebasar los mrgenes. Tarde o temprano. Y no sern los investigadores que los torturaron quienes pagarn los platos rotos. Las causas de los "terroristas designados" es el campo en el que chocan frontalmente dos posturas ideolgicas sobre lo que ocurre en la zona de la "operacin antiterrorista en el Cucaso Norte": combatimos la ilegalidad con la ley? o golpeamos con nuestra ilegalidad la de ellos? Estos dos enfoques chocan y sacan chispas hoy y tambin lo harn en el futuro. Como resultado de la "designacin de terroristas" aumenta el nmero de aquellos que no quieren conformarse con ello.

    Hace poco, Ucrania extradit a peticin rusa a Besln Gadyev, detenido a comienzos de agosto durante una verificacin de documentos en Crimea, donde viva en condicin de desplazado forzoso. He aqu unas lneas de una carta suya fechada el 29 de agosto: "... Despus de que me extraditaron de Ucrania a Grozni me llevaron a un despacho y me preguntaron inmediatamente si yo haba matado a la gente de la familia Saljov, a Anzor y a su amigo, un camionero ruso. Jur que no haba matado a nadie y que no haba derramado la sangre de nadie, ni del checheno ni del ruso. Me dijeron: No, t los mataste. Volv a negarlo. Despus de que por segunda vez dije que no haba matado a nadie comenzaron a golpearme. Primero, me dieron dos puetazos en la zona del ojo derecho. Cuando recuper el sentido despes de esos golpes me torcieron los brazos y me esposaron con las manos por delante, y entre las piernas, por el costado, introdujeron un tubo para que yo no pudiera mover los brazos aunque ya estaba esposado. Luego me cogieron, mejor dicho cogieron el tubo por el extremo al que yo estaba enganchado y me colgaron entre dos cajoneras, a una altura de cerca de un metro.

    "Inmediamente despus de que me colgaron me fijaron unos cables en los meiques de las manos. Un par de segundos despus comenzaron a darme golpes de corriente elctrica y a golpearme con porras de goma por todas partes. Sin poder soportar el dolor, empec a gritar y a invocar el nombre del Todopoderoso. Como respuesta, para no or mis gritos me pusieron una bolsa negra en la cabeza. No recuerdo cunto tiempo dur aquello, empec a perder el conocimiento del dolor. Al ver que perda el sentido me quitaron la bolsa de la cabeza y me preguntaron si iba a hablar. Les dije que s, aunque no saba de qu iba a hablar. Les contest as para librarme del suplicio aunque sea por un momento".

    "Me descolgaron y me arrojaron al piso. Me dijeron: Habla. Les respond que no tena nada que decir. En respuesta a mis palabras me golpearon con el tubo en el que me haban colgado tambin en la zona del ojo derecho. A causa de los golpes ca sobre un costado y, ya casi inconsciente, sent cmo seguan dndome golpes por doquier... Otra vez me colgaron y todo volvi a repetirse. No recuerdo cuanto se prolong. Me arrojaron agua varias veces"

    "Al da siguiente me baaron, me embadurnaron la cara y el cuerpo con algo. A la hora de almuerzo vino a verme un polica de civil y me dijo que haban venido unos periodistas y que yo tena asumir la autora de tres asesinatos y un asalto. En caso de que no lo hiciera me amenaz con que abusaran sexualmente de m. Acept. Despus de la entrevista con los periodistas, me obligaron a firmar una declaracin en que se deca que todos los golpes los haba recibido durante un intento de fuga..."

    El abogado Zar Zakryev, que defendi a Besln Gadyev, declar a los colaboradores de (la organizacin de derechos humanos) Memorial que en la comisara del distrito de Groznenski su defendido fue sometido a abusos fsicos y psicolgicos. Como se desprende de la declaracin del letrado, su defendido se declar culpable de un asalto en 2004 contra efectivos policiales. Sin embargo, los agentes del Departamento Distrital del Ministerio de Interior decidieron que se declarara culpable de una serie de delitos en la aldea Strie Atagu (distrito de Groznenski) que l no haba cometido.

    Segn el abogado, el cuerpo de su defendido presenta lesiones causadas por los crueles malos tratos a los que fue sometido. En la enfermera del centro de detencin preventiva N1 de Grozni, donde actualmente se encuentra Gadyev (acusado de bandidismo, artculo 209 del Cdigo Penal de Rusia), se levant un acta mdica en la que se dej constancia de multiples lesiones, cicatrices, magulladuras, hematomas, costillas rotas y visceras comprometidas.

    Todos nos preguntan si el asesinato de Anna Politkvskaya est relacionado con la preparacin de su artculo sobre las torturas, que anunci durante su entrevista a radio Libertad el 5 de octubre, un da antes de su muerte. Hoy en esta pgina publicamos fragmentos del material que nuestra comentarista dej inconcluso. Se trata del testimonio directo del uso de las torturas, confirmado por los exmenes mdicos. Adems, Politkvskaya recibi un vdeo en el que se ve a supuestos miembros de los servicios secretos chechenos torturando a dos jvenes. Del cuello de uno sobresale un cuchillo y sangra abundantemente; el otro yace en el suelo malherido. Pedimos a la persona que le envi el vdeo que contacte con nosostros. La filmacin la hicieron los mismos verdugos.

    Jos Bono no ser el candidato de los socialistas a la alcalda de Madrid, segn han informado fuentes del PSOE. Ayer por la maana, el poltico castellano-manchego reconoca que le "agradaba" el ofrecimiento porque "a nadie le amarga un dulce", lo que llev a pensar que poda encabeza el cartel del PSOE. Finalmente, Bono mantiene su decisin de permanecer alejado de la vida poltica, que adopt en abril pasado cuando dimiti como ministro de Defensa. Preguntado ayer por la maana en Madrid por el ofrecimiento del PSOE para ser el rival del popular Alberto Ruiz Gallardn en las elecciones municipales de mayo, Bono dijo: "Debo decirle que es algo que, personalmente, me agrada. No me amargan los dulces. Me alegra que en mi partido se acuerden de m para un puesto de esa importancia".

    Y continu: "La decisin sobre los candidatos electorales corresponde en primer lugar al partido y el partido sabe que yo quiero estar en una segunda lnea, que soy militante del partido y que debe tomar las decisiones oportunas". Con esta y las siguientes declaraciones, Bono se pona a disposicin del partido. "Ahora el partido en Madrid, y el partido a nivel federal y el presidente del Gobierno tienen que tomar las decisiones que crean oportunas; yo no creo que deba adelantarlas, ni alimentar ningn tipo de especie que no he promovido".

    A partir de estas consideraciones, el alborozo rein en el PSOE, tanto en la direccin federal como en la ejecutiva de Madrid. En esos mbitos pasaron por alto las primeras consideraciones de Bono respecto a que l haba abandonado la primera lnea de la poltica, voluntariamente, para dedicarse "ms a su familia". Esta cierta disposicin se produjo un da despus de que Bono mantuviera una entrevista en La Moncloa con el presidente del Gobierno, Jos Luis Rodrguez Zapatero. Al anochecer del pasado lunes, despus de una larga entrevista entre ambos, Zapatero despidi a Bono advirtindole de que no renunciaba a convencerle y que en la prxima reunin, sin fijar la fecha, daba por seguro que su ex ministro pronunciara el s, segn han sealado fuentes gubernamentales a EL PAS.

    El presidente del Gobierno, an sin candidato para las elecciones de mayo en Madrid, ha estado presionando a Bono para que aceptara la candidatura. Cuando hace seis meses Bono se retir del Gobierno, Zapatero anunci: "Si l quisiera, no se ira. Me encargar personalmente de que su retirada de la poltica no sea definitiva". Jos Bono desvel en septiembre que Zapatero le haba ofrecido ser candidato a la alcalda de Madrid. "Ni soy de Madrid, ni vivo en Madrid. Nunca me han gustado los paracaidistas en poltica", replic Bono, segn su propia confesin.

    La nueva sonda Opportunity, de la agencia espacial estadounidense NASA tom una espectacular fotografa del robot explorador Mars Reconnaissance Orbiter (MRO por sus siglas en ingls) posado sobre el borde de un crter. El MRO lleg al planeta rojo en marzo, y ahora se encuentra en una posicin adecuada para iniciar investigaciones cientficas. Sus imgenes del crter Victoria les permitirn a los cientficos estadounidenses decidir a dnde hay que enviar al Opportunity para realizar un estudio de campo.

    Visto desde una altura de 297 kilmetros, el robot de 2,3 metros de ancho parece un puntito. "ste es un gran ejemplo de cmo nuestras misiones a Marte, tanto a su rbita como a su superficie estn diseadas para complementarse entre s y aumentar nuestra habilidad de explorar y descubrir", afirm Doug McCuistion, director del programa de exploracin a Marte en Washington.

    Durante los ltimos 21 meses terrestres, la sonda Opportunity ha estado acercndose al crter Victoria. El crter tiene paredes altas con capas de rocas expuestas que pueden dar a los cientficos nueva y significativa informacin sobre el pasado geolgico del planeta.

    El robot ya ha encontrado evidencia de peso de que la regin del planeta en la que se encuentra, el Meridiani Planum, estuvo cubierta por aguas poco profundas hace millones de aos. Se espera que la investigacin sobre las rocas en el crter Victoria pueda aportar ms datos para completar la historia.

    El principal investigador del programa, Steve Squyres, ha declarado que el Opportunity llevara a cabo una breve misin de reconocimiento del borde antes de que se tome la decisin de ingresar o no dentro del crter. "La combinacin de una vista area y una desde el suelo es mucho ms poderosa que cualquiera de las dos solas", seal Squyres. "Si uno fuese un gelogo conduciendo un todo terreno hasta el borde de un crter, lo primero que hara sera mirar la foto area que uno tom y usarla para entender lo que uno est mirando desde el suelo. Eso es exactamente lo que estamos haciendo aqu".

    Antes de tomar una decisin, los cientficos quieren determinar si las laderas que llevan al interior del crter son lo suficientemente firmes como para que el Opportunity pueda salir, una vez que est adentro.

    Las puertas del limbo se cerraron ayer de forma definitiva. En adelante, los nios que mueran sin bautizar quedarn en manos de "la misericordia de Dios" e irn quiz al paraso. La clausura del limbo comenz con el catecismo publicado en 1992 por Juan Pablo II, un texto en el que no se citaba el misterioso lugar de frontera donde los nios "no gozan de Dios pero tampoco sufren", en palabras del catecismo de san Po X. Y ayer se hizo oficial, con la presentacin de conclusiones de una Comisin Telogica Internacional reunida en el Vaticano durante las pasadas semanas.

    El limbo no era una verdad de fe. La "hiptesis teolgica" se haba introducido en la tradicin y haba adquirido solidez hasta llegar a las pginas del catecismo, pero su existencia no era "oficial". Para dejarlo de lado no hizo falta, por tanto, ninguna accin papal ms all de la recepcin, en una ceremonia litrgica, de las conclusiones de una comisin de telogos. Fue un final discreto con una amplia zona oscura, porque la comisin teolgica tom decisiones sobre los neonatos no bautizados, pero no sobre la humanidad anterior a Jess. El destino de esas personas qued en manos de futuras comisiones y, eventualmente, de Dios.

    Tras el cierre del limbo podra quedar comprometida la viabilidad del purgatorio, otro concepto teolgico sin races en los evangelios. La idea de un lugar intermedio, muy desagradable pero no eterno, se estableci gradualmente en la Edad Media para suavizar la tajante escatologa evanglica: fin del mundo, resurreccin de los muertos, juicio final, cielo o infierno.

    Incluso sobre el infierno se discute. La doctrina catlica establece que el infierno existe, pero Juan Pablo II ya hizo saber que no se trata de "un lugar". La tesis hoy mayoritaria entre los telogos dice que el infierno no es un lugar de llamas y suplicio eterno, sino un estado de nimo: dolor por el alejamiento definitivo de Dios. Algunos telogos, como el cardenal suizo Hans Urs von Balthazar, fallecido en 1998, consideran que la misericordia divina podra hacer que nadie llegara a sufrir nunca la pena infernal.

    No pasa de ser una broma de mal gusto la pretensin de que el reciente acuerdo alcanzado entre la vicepresidenta del Gobierno y los jerarcas de la Conferencia Episcopal Espaola en relacin a la financiacin de la Iglesia Catlica a travs del IRPF abre el camino hacia su autofinanciacin.

    Para empezar, tiene bemoles que se hable de abrir el camino de la autofinanciacin de la Iglesia Catlica espaola en 2006, cuando la Santa Sede se comprometi en 1979 (en 1979!) a lograr ese objetivo en el ms breve plazo. 27 aos para dar el primer paso!

    Pero es que, adems, ese paso es ridculo. El Estado no pagar a la Iglesia Catlica a partir de 2007 el llamado complemento presupuestario (asignacin directa), pero a cambio aumentar en un 34% el porcentaje de lo que le asigna a travs del IRPF.

    Conviene no olvidar que es impropio llamar impuesto religioso al 0,7% (o al actual 0,5239%) del IRPF que el declarante puede destinar a la Iglesia de Roma. El contribuyente catlico no pone ni un cntimo de su bolsillo para el mantenimiento de su Iglesia; es el Estado el que renuncia a quedarse con el 100% de lo tributado. Con lo que, indirectamente, seguimos siendo todos los contribuyentes los que corremos con el gasto.

    No menos capciosa es la pretensin de la Conferencia Episcopal de que renuncia a la exencin del pago del IVA en la adquisicin de bienes e inmuebles. A la fuerza ahorcan! La UE haba conminado al Estado espaol a suprimir ese privilegio, amenazando con sancionarlo si no lo haca en el plazo de dos meses. Y los dos meses ya haban transcurrido en el momento en el que se alcanz el acuerdo (que todava no es firme, por lo que la sancin podra llegar a materializarse).

    En cualquier caso, todo esto no pasa de ser el chocolate del loro. Porque el Estado espaol, en sus diferentes niveles (central, autonmicos, provinciales, locales) y divisiones de actividad (Educacin, Cultura, Defensa, Sanidad, Trabajo y Asuntos Sociales, principalmente), concede al ao a la Iglesia Catlica, segn los clculos ms fiables, una cantidad superior a los 5.000 millones de euros. El grueso de esa caudal se va en subvenciones a centros educativos de propiedad eclesial (3.200 millones), gasto al que deben vincularse tambin los salarios de los profesores de religin (517 millones). Arguye la jerarqua catlica que, si su Iglesia no se encargara de esa parte de la labor educativa, lo mismo que de no pocas tareas asistenciales, hospitalarias y caritativas, tendra que asumirlas el Estado, probablemente con un coste superior. Y? Siempre me he opuesto a que el Estado delegue en organizaciones no oficiales (ONG, por ejemplo) responsabilidades que le corresponden de manera directa. El caso de la Iglesia Catlica es doblemente inaceptable, porque la dejacin que hace el Estado de algunas de sus obligaciones permite a una confesin religiosa concreta difundir su ideario a costa del dinero de todos, incluidos los que profesan otras creencias y los que no tenemos de eso.

    Eso sin contar con que hay partidas presupuestarias sufragadas, por tanto, a costa del erario cmodamente instaladas en el surrealismo. Cmo puede ser que un Estado que se dice aconfesional se gaste 30 millones de euros en subvencionar el mantenimiento y las actividades del millar largo de capellanes que realizan funciones exclusivamente religiosas en hospitales, crceles y cuarteles (estos ltimos comandados por un arzobispo que ostenta el grado de general de Divisin, para acabar de rematar el disparate)?

    La comparacin entre el trato que asigna el Estado a la Iglesia Catlica y el que otorga a las otras tres confesiones oficialmente consideradas como de notorio arraigo (islamismo, protestantismo, judasmo) retrata un panorama escandaloso. Esas tres iglesias reciben 3 millones de euros, que son repartidos entre ellas por un organismo formado por la propia Administracin del Estado. Ni un cntimo de ese dinero puede destinarse ni al culto ni al abono de salarios; slo a obras de inters social. Y tienen que rendir cuentas de lo gastado hasta el ltimo cntimo. Adems, esas Iglesias no gozan de ninguno de los privilegios fiscales que disfruta la Iglesia Catlica.

    La cuenta final es clara: cada ao que pasa, el Estado espaol es decir, el conjunto de los que alimentamos sus arcas paga ms dinero a la Iglesia Catlica. Es decir, se aleja ms de la anunciada perspectiva de autofinanciacin.

    lvaro Cuesta, secretario de Libertades de la Ejecutiva del PSOE, ha dejado entrever que en su partido, que no ha sido consultado sobre este acuerdo, hay un considerable malestar por los trminos pactados con la Conferencia Episcopal. Para m no ofrece la menor duda de que Zapatero est tratando de neutralizar la enemistad de la Iglesia Catlica, a la que teme. En esa lnea interpreto tambin el apoyo que concedi hace unos das a las palabras de Benedicto XVI sobre el Islam. Se ve que es otro ms de los que creen que para que las fieras no ataquen hay que darles carnaza sin parar. En vez de meterlas en una jaula bien resistente.

    Como miles de sevillanos, el domingo 1 de octubre acud a la manifestacin convocada por la Asociacin de Vctimas del Terrorismo, porque no deseo que la negociacin con ETA termine en una rendicin del Estado de Derecho. Sin embargo, para m fue una sorpresa que los organizadores tambin convirtieran esa manifestacin en una estrepitosa demanda de explicaciones sobre lo ocurrido el infausto 11 de marzo de 2004. Creo que ese cambio de guin debilita la legtima defensa de las vctimas y no quiero dejar de expresar mi estupor.

    Hace ms de tres aos acud a una manifestacin contra la guerra de Irak, a sabiendas de que encubra un ataque contra el gobierno del Partido Popular. Yo no estaba contra el gobierno, pero s contra la guerra de Irak. Cuntos votantes o militantes socialistas habrn ido a la manifestacin del domingo pasado despus de hacer el mismo razonamiento? Estoy seguro que hubo muchos como Gotzone Mora, concejala del PSE en Getxo. Sin embargo, una cosa era protestar contra el llamado proceso de paz y otra muy distinta utilizar la manifestacin para acusar al gobierno de ocultar la verdad sobre la autora de los atentados del 11-M. El segundo punto no estaba en la convocatoria y me consta que tom por sorpresa a numerosos manifestantes como yo.

    Si el Partido Popular desea ganar las prximas elecciones generales tendr que atraer votantes del PSOE o por lo menos recuperar los votos que fueron hacia el PSOE el 14-M de 2004. Qu les hace creer que lo van a conseguir avivando la fogata del 11-M? Yo no me imagino a Rosa Dez, Nicols Redondo Terreros o Maite Pagaza votando por el PP, aunque s tengan el coraje y la honestidad de manifestarse junto al PP cada vez que las vctimas del terrorismo lo requieran. Es que no se dan cuenta de que estn haciendo con el 11-M lo mismo que cierto sector del PSOE hace con la guerra civil y la memoria histrica?

    Hay una faccin del PP empeada en crispar la vida poltica nacional utilizando de manera irresponsable los claroscuros del 11-M, en lugar de atraer nuevos votantes con argumentos ms slidos e irrefutables. Por ejemplo, que durante el gobierno de Felipe Gonzlez los intereses de las hipotecas estuvieron al 13% y que durante el gobierno de Aznar bajaron a menos del 2%. No es casualidad que los intereses hipotecarios vuelvan a subir bajo el gobierno de Zapatero, pero nadie en el PP ha reparado en que a los votantes espaoles podra interesarles ms el futuro de sus hipotecas que la teora de la conspiracin en torno a los atentados del 11-M.

    Tengo mi propia opinin de la gestin gubernamental del presidente Rodrguez Zapatero, pero tambin tengo clarsimo que mis verdaderos enemigos son los delincuentes terroristas de ETA, su entorno poltico-meditico-econmico y sus aliados del nacionalismo radical. Y como me consta que dentro del PSOE tambin hay lderes y militantes que rechazan las negociaciones con ETA a cualquier precio, considero que manifestaciones como la del domingo pasado deberan servir para atraerlos y no para espantarlos. Mi enemigo es Iaki de Juana Chaos y no el presidente Manuel Chaves. Mi enemigo es Txapote y en ningn caso el alcalde Alfredo Snchez Monteseirn. No son iguales y no es justo equipararlos.

    La ideologa y la educacin son dos cosas muy distintas. Un energmeno siempre ser un energmeno aunque defienda una causa justa y correcta, de la misma manera que siempre ser ms llevadero discutir con una persona educada aunque defienda las causas ms desatinadas y rocambolescas. Quines son los ms civilizados dentro del PSOE y del PP? Quines son los ms razonables dentro de los medios de comunicacin? Quines son los ms sensatos dentro de las instituciones y asociaciones que representan a nuestra sociedad civil?

    Una tarde de invierno de har dos aos fui a casa de Manuel Huerga, el director de Salvador. Una pelcula emocionante, valiente, con mucho cine dentro. Aquella tarde llova muchsimo, como entonces. Me recibieron l y su guionista, Llus Arcarazo. Estaban preparando el guin y queran que les hablase de Francisco Anguas Barragn. Es probable que a ustedes ese nombre no les diga nada, porque apenas ha existido durante los ltimos 30 aos. Francisco Anguas es el que muere al principio.

    En la pgina web de Salvador, Llus Arcarazo recuerda as aquel encuentro: "Charlamos con Marcos Ordez, que nos habl con ambigedad del polica Francisco Anguas". Una frase un tanto sorprendente, porque no creo que hubiera ambigedad alguna por mi parte.

    Debo de ser una de las pocas personas que conoci a Salvador Puig Antich y a Francisco Anguas Barragn. "Conocer" es un verbo exagerado. Digamos que, por un extrao azar, coincid con ambos en el espacio y el tiempo. El espacio era Barcelona, y el tiempo, los primeros aos setenta.

    Les cont a Huerga y Arcarazo que Paquito Anguas era un polica atpico. Es decir, que escapaba del clich habitual del poli franquista. No era gordo, ni sudoroso, ni envuelto en humo de Celtas, ni tena bigote recortado, ni gritaba 20 maldiciones por minuto. Anguas era flaco, pequeito, pelirrojo, con la cara sembrada de pecas. Pareca el hermano menor de los Hollister. Tena entonces 23 aos, aunque aparentaba menos. Le apasionaban las mismas cosas que a m: el cine y los libros, sobre todo.

    Me sorprendi muchsimo, en nuestro primer encuentro, que reparase en el libro que yo llevaba, Le Cinma selon Hitchcock, la larga entrevista de Truffaut, una de mis biblias de entonces, comprada en el mercado de ocasin de Sant Antoni. Comenzamos a hablar de Hitchcock y de Truffaut mientras yo me preguntaba qu demonios haca aquel tipo en la polica. Muchos aos despus, leyendo Cuenta atrs, el libro de Francesc Escribano en que se basa el guin de Salvador, supe que Anguas era sevillano, hijo de un guardia civil. Haba hecho la mili en la Brigada Antidroga y entr en la polica en 1970.

    Aquel primer encuentro tuvo lugar en la comisara de Sants, de la que mi padre era comisario jefe. Mi padre era otro polica atpico, aunque yo no lo vea as entonces. Comenzbamos a no entendernos en absoluto, a hablarnos lo indispensable. Yo no era, ni muchsimo menos, lo que entonces se entenda por un chaval "politizado", pero saba de sobra que mi padre era franquista hasta el tutano.

    Supongo que yo ya haba renunciado a preguntarme por qu entr en la polica. En 1933 estudiaba Filosofa y Letras en Madrid. Y Periodismo, en la escuela de El Debate. Quera ser escritor, y escribi muchsimo: libros, guiones, canciones, artculos. Segn mi madre, entr en la polica porque en su casa no haba dinero y l se saba el temario: haba ayudado a su hermano mayor a preparar las oposiciones al Cuerpo. Pareca un trabajo fijo, bien remunerado. Hasta cierto punto: el rgimen pagaba muy mal a sus hombres. Cuando yo nac, mi padre tuvo que buscar un segundo empleo. Vigilante nocturno, en los almacenes Gerplex. Tampoco era gordo, sudoroso, con bigotito, etctera. Daba igual: entonces, en mi rabiosa e intolerante adolescencia, todo aquello quedaba muy atrs y yo era incapaz de separar al hombre de lo que representaba. En cambio, poda acercarme sin demasiados problemas a otros polis igualmente atpicos, como mi to Toms Salvador, novelista y editor, que cuando yo tena 12 aos me abri las puertas de su inmensa biblioteca y me descubri a Ana Mara Matute, a Aldecoa, a Jules Renard.

    Truffaut era su dios. Godard tambin, pero sobre todo Truffaut. Yo no haba visto todava Los cuatrocientos golpes. "No la has visto? No me lo puedo creer..." Anguas fue el primero en hablarme de un director que yo no tena inventariado: Jean-Pierre Melville. Quizs, pienso ahora, se hubiera metido en la poli, adems de por la impronta familiar y para ganarse la vida, por alguna pelcula de Melville, quizs Crculo rojo, quizs Hasta el ltimo aliento. Melville hubiera sido el cineasta ideal para contar su historia, y la de Salvador Puig Antich.

    Mi segundo encuentro con Anguas tuvo lugar en un cine de la quinta pueta. Un cine de barrio, en Horta. Anguas me llam a casa. Estaba muy excitado. Haba que ir a aquel cine, imperativamente, porque daban una obra maestra, largo tiempo fuera de circulacin: Viento en las velas, de Alexander Mackendrick, una de sus pelculas favoritas. Fuimos juntos. Era, realmente, una obra maestra.

    Me trajo dos libros. El ensayo de Francisco Aranda sobre Buuel, al que Anguas idolatraba, repleto de notas y subrayados. Y Huracn en Jamaica, la novela de Richard Hughes en la que se basaba la pelcula de Mackendrick. No pude devolvrselos. No hubo tiempo.

    La siguiente vez que vuelvo a verle ya est muerto. Veo su rostro impreso en un peridico, que mi padre agita, furioso, ante mis narices. Quizs la Soli o La Prensa, porque en casa slo "entraban" los diarios del Movimiento. Hay otra foto a su lado. Mi padre grita: "Este hijo de puta ha matado a Paquito Anguas". Leo que el asesino era un atracador. Llevaba encima un cuchillo y dos pistolas, una Kommer de 6,35 milmetros y un Astra del nueve largo, con la que dispar sobre Anguas.

    Mi recuerdo de Salvador Puig Antich es todava ms impreciso que el de los encuentros con Anguas, pero mucho ms intenso. No cruc ni una palabra con l. Ni creo que l se fijara en m, por descontado.

    Salvador ("Esta tarde vendr Salva") era amigo de los amigos del hermano mayor de un ni siquiera amigo mo, un compaero de La Salle. Una de esas fiestas a las que vas de rebote, en las que apenas conoces a nadie. Tampoco podra situar el piso. Zona alta, de eso s me acuerdo. Una fiesta doble: a un lado, nosotros, los granujientos. Al otro, los hermanos mayores y su msica. El hermano mayor de mi ni siquiera amigo tena muchos discos. Msica de la poca. Locomotive Breath, como en la pelcula? Podra ser, vendra bien como banda sonora para la aparicin de Salva. Pero dira que aquella tarde fue "antes" de Jethro Tull. Quizs sonaba algo de soul. O de los Creedence, recuerdo sobre todo un disco de los Creedence. As les llamaban ellos: yo haba ledo, casi deletreando, Cree-den-ce-Cle-ar-wa-ter-Re-vi-val.

    Deba de ser casi verano, porque recuerdo el petardeo de una moto a travs de la ventana abierta. Alguien palmotea, varios se asoman. "Ah est Salva". Entra, riendo. Todo l rea. Cmo explicar una irradiacin? Los ojos negros, la cazadora de cuero. Pareca un loubard, el prota de una peli de Truffaut. S, pareca francs. Un tipo condenadamente guapo. Uno de esos que hunden en la miseria a los granujientos. Tambin llevaba tejanos. Desteidos. Yo hubiera dado cualquier cosa por una cazadora y unos tejanos como aquellos. Y por la moto, si hubiera tenido los huevos de conducirla. El tal Salva entr y le bast cruzar la sala para iluminarla. Se puso a bailar casi en seguida. Por suerte no haba tas en la fiesta.

    Aos despus escuch una cancin, gran cancin, de Albert Pla: El hombre que nos roba las novias. Pens, en el acto, en Salvador Puig Antich. El muchacho de la cazadora de cuero y la risa abierta y los ojos radiantes, bailando como si el mundo entero fuera suyo.

    A mi viejo no poda decirle, ni de coa, que haba conocido a Puig y que no pareca otra cosa que un to majsimo. Mi viejo era capaz de brearme a preguntas sobre los asistentes a aquella fiesta desvanecida, de la que slo quedaban unos ojos, una msica, una irradiacin.

    Luego vino la farsa del juicio. Y la ejecucin, el lento e inmundo crujido. La santa izquierda apenas se movi. Respetuosas peticiones de clemencia, las que quieras. Y algunas manifestaciones estudiantiles. Se movieron, hasta la extenuacin, los abogados, con Oriol Arau a la cabeza. Pero no hubo ningn movimiento "coordinado" por quienes podan coordinar. Una huelga general revolucionaria, por ejemplo. A lo mejor no se daban las "condiciones objetivas". A lo mejor resultaba que Puig era un perro loco, perdido y sin collar, es decir, sin partido.

    No me creo la teora de La torna. Entonces s, por supuesto. Entonces nos la cremos todos. El loco Heinz Chez, agarrotado tambin para contrapesar la ejecucin de Puig, el mismo da, a la misma hora. Conceptualmente era perfecta, pero no se tiene. A Franco no le hacan falta tornas para cargarse a quien hiciera falta. Quin iba a impedrselo? Peor: Quin se lo impidi?

    Luego vino la oleada de protestas, en media Europa. Nadie protest, sin embargo, cuando poco ms tarde, los gendarmes de la democratiqusima Francia tendieron una emboscada en la place Vendme a Jacques Mesrine, el enemigo pblico nmero uno, y vaciaron sobre l toda la artillera. No se me olvida la imagen de aquellos gendarmes, tal vez hijos o hermanos pequeos de los que montaron la Ratonnade del 61, abrazndose y saltando, como en una final de liga, Mesrine no fue agarrotado pero qued hecho trizas: nada igual desde la muerte de Bonnie Parker y Clyde Barrow.

    Pasan los aos. Poco a poco, la imagen de Paquito Anguas comienza a desdibujarse. Los artculos de homenaje a Salvador Puig Antich tienden a obviar, curiosamente, el nombre del poli muerto. Como si nunca hubiera muerto, es decir, como si nunca hubiera existido. A fin de cuentas, parece leerse entre lneas, no era ms que un poli franquista. La torna, por cierto, instituye ese modelo de disolucin en la figura del guardia civil asesinado. Recuerdo muy bien la escena de esa muerte en La torna. Es decir, no la recuerdo: est arteramente disuelta por la farsa. Es un guardia civil de chiste, un ttere de cachiporra. Comprendo que darle una mnima entidad humana hubiera fastidiado el retrato del Woyceck de Tarragona.

    Los hechos: la tarde del 20 de diciembre de 1973, Heinz Chez toma un caf en un bar. Entra un guardia civil a comprar tabaco. Chez monta la escopeta que lleva bajo el abrigo y le descerraja dos tiros sin mediar palabra. As lo narra Escribano en Cuenta atrs, pero, detalle significativo, ni siquiera menciona el nombre del guardia civil.

    La primera es un testimonio de Marian Mateos, novia de Josep Llus Pons Llobet, miembro del MIL y compaero de Puig. Marian Mateos tena entonces 17 aos. Fue detenida y conducida a Jefatura, en Via Layetana, donde permaneci tres das y tres noches en el calabozo, con visitas constantes para interrogarla. No la torturaron, cuenta Escribano, pero ordenaron que no le dieran de comer ni beber ni la dejasen dormir durante aquellos tres das. "La nica persona que se port bien conmigo", cuenta Marian Mateos, "fue un inspector joven que me daba agua y trozos de sus bocadillos y me apagaba la luz para que pudiera descansar".

    Aquel inspector, seala Escribano, "no era como los otros. Haba entrado en la polica por tradicin familiar, pero sus inquietudes le separaban del resto de sus colegas. Tena 24 aos y estaba a punto de casarse. Se llamaba Francisco Anguas Barragn".

    Cuenta tambin que, a los pocos das del asesinato de Anguas, apareci en el lugar de su muerte -el rellano de Girona 70- un ramo de flores con una nota escrita a mano que deca "Te quiero, gusanito. Mara Luisa".

    Han pasado casi 30 aos. Una historia empieza a dibujarse en mi cabeza, una historia que tal vez escriba algn da. En la primera parte, contar la historia del poli. Un poli joven, parecido al de La mejor juventud, de Marco Tulio Giordana. Su vida diaria, en una familia de clase baja. El cine de los sbados, con su novia. Van a casarse cuando le asciendan a inspector y puedan, al fin, pagarse un piso. Quiere estudiar Filosofa y Letras, pero el trabajo aprieta. Las horas extras, las guardias nocturnas, la pesada rutina rota, de repente, por un atraco. Una serie de atracos. Van tras la pista de la banda, que se les escapa una y otra vez. Los polis preparan una emboscada. Cae uno de los atracadores. Mientras le golpean vaca el cargador sobre el poli joven. "Nosotros" estamos, a esas alturas, con el poli joven. Los malos son los otros.

    De repente, gira el eje. Segunda parte. Han condenado a muerte al malo que le ha matado. El malo resulta ser un chaval de su misma edad. Flashback. Conocemos, desde la crcel, su vida anterior. Sus ilusiones, sus amores. Su decisin de atracar bancos "para acabar con el sistema". La primera vez que toma un arma en sus manos. Seguimos el juicio, la crcel, la espera. La ltima noche. Cuando llega la escena de la ltima noche, estamos con l. Tambin estamos con l. Cmo no hacerlo?

    Salvador Puig Antich tena 25 aos cuando muri. Paquito Anguas tena 24. Me enter, por el relato de Escribano, que el cine tambin era la gran pasin de Salvador. Problemas del Nuevo Cine era uno de los libros que tena en la celda, que le acompaaron en sus ltimas horas.

    Pudieron haberse conocido, por el mismo azar que hizo que ambos se cruzaran, brevemente, en mi camino. Pudieron haberse entendido. Cosas ms raras se vean entonces. Pero tomaron caminos contrarios, como en una pelcula de Jean-Pierre Melville.

    Abro la vieja novela de Richard Hughes. Vuelvo a ver los rostros de Puig y de Anguas, tan extraamente muertos como Zac y Juan Chvez, llevados por un viento salvaje, irracional, incomprensible. Sopla el viento sobre Jamaica, sobre las velas henchidas de una juventud condenada, sobre el ramo de rosas de Girona 70, sobre las rosas disolvindose bajo la lluvia a la entrada del cementerio de Monjuic, sobre aquella poca asquerosa en la que no deja de llover.

    Beatriz de Moura fund en 1968 una editorial con el equivalente a 1.500 euros. 38 aos despus sigue al frente de Tusquets. Es, sin duda, una de las mejores editoras de Europa. Le acaban de conceder la Cruz de Sant Jordi

    Salvo durante un breve periodo en la adolescencia en que estaba segura de que me convertira en una gran estrella de cine, bailando, cantando y haciendo rer, tipo Ginger Rogers en las pelis de Fred Astaire, desde nia sent que, cuando fuera mayor, quera vivir rodeada de libros. Tal vez por el placer que me produca estar en la biblioteca de mi padre. Ms tarde, las circunstancias parecen haber conspirado para que, en cuanto dejara de ir de un lado para otro por el mundo, viviera, en efecto, rodeada de libros. Y an ms tarde, por carambola, me encontr casi a pesar mo fundando una editorial en la sala de estar de casa. En aquel entonces, si no planificaba mi propia vida, cmo iba a prever que montara un negocio tan complicado? Viva al da; cuando mucho, al mes. Sin embargo, ms de tres dcadas despus aqu estamos hablando t y yo Nadie daba dos duros por la continuidad de aquella editorial ms bien artesanal. A lo mejor, como soy ms terca que una mula, fue precisamente ese desdn, acompaado de palmaditas indulgentes en el hombro, lo que me fue calentando y sostenindome en mis trece.

    En 1968, con unos ocho aos de experiencia adquirida en otras editoriales y el equivalente a unos 1.500 euros actuales, la entonces joven brasilea hija de diplomtico, polglota, licenciada universitaria, afincada en Barcelona, decidi crear con su ex marido scar Tusquets una pequea editorial: Tusquets Editores. Treinta y ocho aos despus, Beatriz de Moura la codirige con Antonio Lpez Lamadrid (sin l, la editorial no slo no sera lo que es hoy, sino que mucho me temo que no sera) y, probablemente, es la directora literaria ms importante de Europa. Ha publicado miles de libros, traducido algunos y es la responsable de un fondo editorial en el que se incluyen nombres como los de Milan Kundera, Italo Calvino, E. M. Cioran, Samuel Beckett, Ingmar Bergman, Albert Camus, Marguerite Duras, Albert Einstein, Ernst Jnger, Malcolm Lowry, Czeslaw Milosz, Arthur Miller, Alexandr Solzhenitsin, Henry Miller, John Irving, Thomas Pynchon, Nadime Gordimer, Andy Warhol o Woody Allen. En la relacin de autores en lengua espaola figuran obras de, entre otros: Gabriel Garca Mrquez, Mario Vargas Llosa, Julio Ramn Ribeyro, Reynaldo Arenas, Severo Sarduy, Enrique Krauze, Juan Jos Arreola, Adolfo Bioy Casares, Gonzalo Celorio, Jorge Edwards, Ramiro Pinilla, Silvina Ocampo y Jorge Semprn. A todo ello habra que aadir que fue la primera editora o cuando menos la gran impulsora de escritores como Almudena Grandes, Luis Landero o Javier Cercas.

    La editorial, como ya se dijo, empez a gestarse en 1968, un ao que se ha convertido ya en leyenda aunque en Espaa tuvo unas caractersticas distintas al afamado swinging London o al desadoquinado Pars. Tiempos que la editora recuerda a la vez que seala algunas de las diferencias con la actualidad. Ante todo, vivamos en una dictadura. Nadie que haya nacido a partir de 1975 puede saber exactamente qu es una dictadura, y mejor que no lo sepa nunca. Luego, la nocin de tiempo. La hora tena realmente 60 minutos, y el minuto, 60 segundos. Era como si se dispusiera de ms tiempo. Iba muy bien para leer y tomar decisiones editoriales meditadas. Adems haba por lo menos en Barcelona, y en un grupsculo paradjicamente muy heterogneo una especie de efervescente fraternidad, laboriosa y ldica a la vez, que permita lazos muy estrechos de trabajo y amistad entre editores, autores y colaboradores.

    El grupsculo paradjicamente muy heterogneo que haba en Barcelona es lo que se vino en llamar gauche divine y que, se quiera o no, forma parte importante de lo que de legendario pudieron tener los finales aos sesenta. Un grupo que, naturalmente, fue mitificado y masacrado con constancia en unos aos en los que la incertidumbre, la duda o la simple diversin se consideraban sentimientos dbiles. Beatriz de Moura vivi aquel tiempo y lugar desde dentro: Lo que Joan de Segarra, no sin mala folla, tild de gauche divine fue un grupo muy reducido de gente joven en torno a los 30 aos, muy heterognea, que empezaba su vida profesional en disciplinas y campos de lo ms diversos y que, por un cmulo de circunstancias favorables, sentan, creo que de un modo ms intuitivo que razonado, que no iban a dejar que la dictadura les fastidiara como les haba jodido a sus respectivos maestros. Por longevo que pareciera Franco, entonces ya se poda entrever su fin, aunque slo fuera en una cama de hospital envuelto en heces en forma de melena Ese cmulo de circunstancias favorables un grupsculo de gente joven inquieta, con ganas de aprender, evolucionar, comunicarse con sus iguales en el extranjero, intercambiar ideas en experiencias diversas, distanciarse de modelos ideolgicos avejentados y, a la vez, desprenderse de la mojigatera que imperaba al tiempo entre la izquierda ms radical y la derecha permiti que ese grupo de gente, del que yo tuve la suerte de formar parte (simplemente estaba ah en el momento adecuado), viviera entre 1967 y 1970 tres aos inolvidables de mucha actividad laboral e intelectual, y, lo que ms envidia provoc, mucha diversin.

    Vivimos momentos de enorme intensidad en nuestras profesiones y en nuestras vidas, aade la editora, y comprendo que, hacia el exterior, nos mostrramos arrogantes, provocadores, libertinos, lo cual ha contribuido hasta hoy a reforzar esa imagen de frivolidad con la que se sigue identificando esa cosa llamada gauche divine. No olvidemos que de aquel periodo y de aquellas vivencias salieron profesionales de primera fila, hoy plenamente reconocidos, como arquitectos, fotgrafos, periodistas, cineastas, actores, diseadores, escritores, polticos, pintores e incluso editores Tampoco hay que despreciar el hecho de que, contra Franco, no slo ramos ms jvenes, sino que Barcelona era la ciudad ms cosmopolita de Espaa y, por tanto, no es de extraar que aqu pudieran producirse modestas, pero festivas, muestras de insubordinacin que en Madrid habran sido impensables. En cuanto a m en esta historia, te dir que sin la atmsfera que se cre en aquellos aos en ese reducido mbito de intrpidos no me habra atrevido a lanzarme a tumba abierta en la aventura de fundar Tusquets Editores en la sala de estar de un piso de 70 metros cuadrados, donde vivan cuatro personas, y a veces hasta ocho, segn las noches o las circunstancias.

    En un estupendo documental de David Furnish sobre su entonces novio, y en la actualidad marido, Elton John, ste explicaba a la cmara que necesitaba viajar con todos sus cientos de pares de gafas y camisas porque la habitacin que las acoga en los diversos hoteles de sus giras era la nica referencia que le resultaba familiar. Algo similar le pasaba a Beatriz de Moura: La biblioteca de mi padre fue desde muy nia mi nico y verdadero hogar, el nico lugar de referencia, el lugar de la estabilidad, el nico que apenas cambiaba en las muchsimas casas en las que la vida diplomtica de mi padre me oblig a vivir. Creo que por eso, si hoy me obligaran a vivir en una casa sin mis libros, perdera la poca seguridad en m misma que an me queda. Adems, se era el lugar donde lea mi padre, y ver con qu gusto lea fue contagioso. Muchsimos aos ms tarde le pregunt si se haba dado cuenta de que me haba aficionado a la lectura gracias a l. Me contest que no y que, en todo caso, nunca fue su intencin inducirme a ese vicio. Dijo vicio, lo recuerdo perfectamente.

    Libros y viajes parecen ser las dos palabras esenciales de la infancia y juventud de la editora. No tengo un buen recuerdo de mi juventud viajera. Como en todo y para todo, hubo aspectos que hoy agradezco, como aprender idiomas en la infancia, que es cuando ya no los olvidas; aprender a adaptarte cada dos aos a costumbres radicalmente distintas, a nuevos colegios y compaeros, a seguir estudios en pases de diferentes culturas, a ir adquiriendo la sensacin de qu significa realmente no ideolgicamente ser ciudadana del mundo. Pero todo esto tuvo un coste muy elevado: el desarraigo, el dolor de las prdidas de afecto, la inseguridad, la ausencia de una familia con abuelos, tos, primos, etctera; la vergenza de sentirme siempre diferente en cada nuevo lugar. Tal vez por eso me horroriza la palabra tolerancia. De hecho, he sido siempre tolerada, jams me han hecho sentir integrada, parte de algo, en lugar alguno, ni en mi propio pas, donde en realidad viv poqusimo, ni siquiera en Barcelona, adonde llegu hace 50 aos!.

    Quiz la tercera palabra clave en su vida sea la de Barcelona. Aparte de que para m ningn pasado fue mejor, la Barcelona de ahora es infinitamente ms agradable para vivir y trabajar que la de finales de los sesenta. La ciudad ha cambiado muchsimo, y para bien. Adems, desde que se abri al mar gracias a los Juegos Olmpicos la disfruto muy especialmente. Pero algo importante se perdi en ese recorrido: contra Franco, Barcelona era cosmopolita, y ahora es turstica. El espritu cosmopolita es algo muy distinto. Es triste, pero Catalua se ha vuelto muy casolana (muy de estar por casa), salvo, como siempre, para algunos notables ciudadanos recalcitrantes que por suerte siguen dando guerra Y s, hay libertad para crear. Pero, ya me dirs, sin espritu cosmopolita, cmo quieres que cualquier obra de creacin se desarrolle, crezca y se expanda, por muy libre que sea? Queda a la medida del mbito en que fermenta. Nace y muere sin salir de su habitculo.

    Si me apuras, aade, me atrevera a decir que un poco cateta es hoy da casi toda Europa, temerosa y como desconcertada ante el fenmeno de la globalizacin que la est minando por todas partes, econmica, social, cultural y polticamente. Cada pas se ha ensimismado en sus propios problemas y ha decidido defender su cultura superprotegindola. Creo que de ah proviene la idea de que la cultura es cara y de que, en efecto, el Estado debe subvencionarla, olvidando lo que esta poltica cultural ha generado en el pasado: o bien grandes proyectos costossimos, vistossimos, pero vacos de contenido, o bien mediocridad (cantidad primando sobre calidad). Recuerdo una visita de Arthur Miller a Jorge Semprn cuando ste era ministro de Cultura, all por 1989-1990. Muy admirado e intrigado, recorri con la mirada el inmenso despacho del ministro y le pregunt: Y para qu sirve realmente un ministerio de Cultura?. Recordemos que Estados Unidos no tiene ministerio de Cultura y durante dcadas ha sido el centro neurlgico de todas las culturas occidentales. Si hoy la creacin literaria norteamericana est en crisis, no es por falta de proteccionismo, sino, creo, por haberse ensimismado y cerrado a otros horizontes culturales. Por otra parte, nunca he sido partidaria de Estados-padrecitos; nunca dan nada sin pedir algo a cambio, generalmente el alma del protegido. En este aspecto, la cultura s es cara, demasiado cara en efecto!.

    La conversacin vuelve al mundo literario, y ms concretamente al mundo literario de Beatriz de Moura. Al fin y al cabo, nosotros elegimos los libros y ellos nos eligen a nosotros, y en ese ir y venir de afinidades o emociones se construye una biografa tan intensa y autntica como la del vivir. Por increble que parezca, muy pronto, quiz entre los siete y los nueve aos, le en serio de la biblioteca paterna dos libros a los que vaya una a saber por qu sigo recordando como importantes para m: La vida de Jess, de J.-E. Renan, y La vida de las hormigas, de Maurice Maeterlinck, libros que, segn mi padre, estaban en el ndice de los prohibidos por la Iglesia. Del primero permanece en m, supongo que por desconocida entonces, una ntida sensacin de pecaminosa sensualidad; y del segundo, algo as como la justificacin de una curiosidad por casi todo, de la que antes de esa lectura siempre me haba sentido culpable, no s muy bien por qu, y a partir de entonces, nunca ms.

    Pasamos por alto, por evidentes y universalmente compartidos, los Salgari, Verne, Defoe o Mark Twain, y proseguimos el recorrido. Hacia los 12 aos, no s si con muy buen tino, en el liceo francs de Roma, por ejemplo, ya empezaban a hacerte leer para analizarlos a autores franceses confrontados, por ejemplo: Racine, Corneille y Molire; Voltaire y Rousseau; Victor Hugo (poeta) y Baudelaire; Balzac y Georges Sand; Flaubert y Stendhal Por encima de todos los tiempos y de todos ellos, para m estuvo siempre Stendhal y La cartuja de Parma. Con este libro viv una experiencia que recomiendo a cualquiera que tenga curiosidad por conocerse mejor. De joven, el personaje de Fabricio del Dongo me fascin, en el fondo quera ser como l, sentir como l. Rele esta maravillosa novela ya con ms de 60 aos y me di cuenta de que Fabricio no era en realidad ms que la representacin de un con perdn gilipollas; tuve la casi seguridad de que Stendhal haca con su personaje una caricatura grotesca del romanticismo mal entendido. En cambio, se me apareci el conde Mosca como uno de los personajes ms fuertemente cargados de razn de ser de la literatura universal. Ya de adulta, el autor que ms me ha marcado y de por vida es Albert Camus. Dicen que hay libros que cambian una vida. Para m fueron El mito de Ssifo y, casi seguido, El hombre rebelde, que le en un momento especialmente difcil, en esa edad abominable de los 20 aos.

    A partir de entonces, mi voracidad de lecturas fue casi enfermiza. Quera leerlo todo, de modo que le de la manera ms catica que pueda imaginarse, ficcin de preferencia. Poda pasar con una naturalidad pasmosa de un ensayo sesudo a una novelita de Corn Tellado. Y, cuando ya trabajaba en editoriales, descubr deslumbrada, casi a la vez, la literatura norteamericana e hispanoamericana. Sin embargo, a partir del momento en que empec a leer por obligacin, o sea, desde que tuve que leer, primero como lectora para otras editoriales y luego como editora yo misma, la naturaleza misma del placer de la lectura cambi radicalmente. Ya no le slo para complacerme a m o instruirme yo, sino tambin para complacer e instruir a un lector hipottico que, por encima de mi hombro, empez a compartir conmigo la lectura del mismo libro. Al principio me cost hacerme a esa presencia fantasmal a mis espaldas, pero hace ya mucho tiempo que me he acostumbrado a ella; tanto, que a veces hasta decide por m.

    As es como la lectora se hizo editora, para el disfrute de otros muchos lectores. En su catlogo son muchos los nombres consagrados, populares o minoritarios, pero quiz la mayor satisfaccin de un editor sea la de descubrir nuevos talentos. Para publicar el libro de un autor desconocido, ste tiene que entusiasmarme o emocionarme o intrigarme o perturbarme o apasionarme o revelarme algo o sorprenderme o hacerme pensar no s. Depende de cada manuscrito. Las lecturas son tan arbitrarias! Nadie hace la misma lectura de un libro. Esto es lo que me fascina de los libros: cada lectura es nica y hace nico a su lector. Es magnfico! Quin sabe si es por eso por lo que mis criterios de lectura son, por un lado, tan poco intelectuales, y por otro, tan escasamente comerciales. Milan Kundera me sopl hace ya muchos aos otro criterio, bastante ms racional que los mos: en principio, descartar los libros difciles de leer y fciles de comprender, y, en cambio, prestarles especial atencin a los libros fciles de leer y algo ms difciles de comprender.

    Es desolador polemizar en pblico con un amigo, por lo cual avanzo que, a pesar de lo que ustedes van a leer, me sigo sintiendo amigo personal de Pasqual Maragall, si l me lo permite. Sin embargo, su escrito del 21 de septiembre en defensa de Montilla es demasiado interesante como para dejarlo pasar.

    La nota, escrita sin duda con muy buena voluntad y contra lo peor del nacionalismo cataln, es un certificado de pureza de sangre ("Pepe, eres ms cataln que muchos que se creen catalanes de pura cepa") expedido por alguien capacitado para ello. El bautizo est guiado por la mejor intencin, pero es inaceptable. En un pas libre nadie debe demostrar nada sobre su nacionalidad. El argumento no puede ser: "T no eres judo, Pepe, sino alemn, a pesar de lo que dicen quienes creen ser alemanes de pura sangre". El argumento tendra que haber sido: "Aquellos que separan a los judos de los alemanes son fascistas". Solo durante el peronismo tenan los argentinos que demostrar que eran (buenos) argentinos.

    El mayor peligro de la partitocracia catalana es que su nacionalismo la ha ido empujando hacia posiciones cada vez ms derechistas, como a todos los partidos nacionalistas europeos. No es un consuelo, ni mucho menos una justificacin, decir que tambin el PP se inclina hacia la extrema derecha. Es muy peligroso que los socialistas usen argumentos nacionalistas, porque dejan a una inmensa parte de la poblacin catalana fuera del Parlament. Por eso no llegaron ni al 50% en la votacin del Estatut. Y veremos si logran recuperar algo en las prximas elecciones.

    La definicin que aparece en la nota de Maragall ("Tienes el carcter cataln") pertenece a la antropologa romntica, cuando haba gente que crea en "el carcter ingls" o "el carcter eslavo". Muchas veces he dicho que el nacionalismo cataln y el vasco no son sino adaptaciones del discurso espaol sobre "el carcter ibrico". He aqu un ejemplo. Dice Maragall que Montilla tiene "carcter cataln" por lo siguiente: "No hablas por hablar, no usas palabras innecesarias, no hablas a tontas y a locas". De lo cual parece desprenderse que los no-catalanes son unos charlatanes tontilocos. Como rasgo de carcter es un invento, y lo comprobar cualquiera que mire de vez en cuando TV-3 o que en el bar caiga cerca de una mesa de culs. Pero como creencia es delirante.

    LA SEGUNDA parte de la definicin es curiosa: "Eres riguroso, eres serio, eres autntico". Viene a ser lo que Maeztu deca de los extremeos y pertenece al mito del cataln como viajante de comercio del que te puedes fiar. Esa poca ya pas y hoy no se puede uno fiar ni de internet. En este momento lo nico serio, riguroso y autntico que queda en Catalunya es Sancho Dvila.

    La tercera parte empieza a ser inquietante: "No escondes la verdad, no haces pactos extraos, no buscas la foto, buscas resultados". Esto es seguramente cierto de Montilla, pero resulta inaplicable a los dirigentes de CiU y ERC, con lo que uno sospecha que la intencin de Maragall es negar que Mas, Puig o Carod son catalanes, lo que me alegrara muchsimo; y por ah habra que empezar, por hacerles ver a quienes se creen catalanes cunto se parecen a los nacionalistas maos y maragatos.

    Pero en la conclusin regresamos a Terra Mtica: "Eres cataln por conviccin. Te has ganado el serlo". He aqu la raz misma del nacionalismo, su inconfundible origen religioso. Uno no es cataln si vive y trabaja en Catalunya, sino que tiene que ganrselo. Y para eso estn los curas, para decirle a cada cual si se ha ganado o no el paraso, lo que viene a ser un puesto de trabajo. Como deca Jos Antonio: "Ser cataln es una de las cosas ms serias que se pueden ser en este mundo". La nefasta influencia del conservadurismo bvaro de Pujol ha penetrado en el alma socialista y han germinado flores del mal.

    Porque este retrato del carcter cataln es incompatible con el socialismo y ms perverso que el modelo convergente, el cual solo es la continuacin del catolicismo y los negocios del franquismo, dirigido por un grupo de presin muy conservador y algo provinciano, perfectamente adecuado para mandar en una regin acomodaticia.

    Y este es el drama: en la definicin de Maragall no hay ningn rasgo atractivo. No se dice que los catalanes sean abiertos, educados, cosmopolitas, emprendedores, simpticos, audaces, acogedores, sin complejos de inferioridad, instruidos, divertidos, viajeros, prcticos, investigadores, curiosos, yo qu s, algo que pertenezca al presente. En esa definicin nacional, los catalanes aparecen como pequeos comerciantes, sobrios y trabajadores, modelo 1962. El ideal de la Ferrusola, de Heribert Barrera, del empresario franquista catalanista, de Lan Entralgo, del Avui...

    Esta visin raqutica del "carcter cataln" es la que ha hundido la posibilidad de un cambio real en la poltica catalana, su autntica modernizacin, la aceptacin de su poblacin real, el fin de los idelogos, la denuncia del clientelismo y la omert mediterrnea. El fracaso del tripartito no parece haberles enseado nada, y queda poco para el 1-N. Como no espabilen...

    de Nueva York, donde recibi ms de un milln de visitantes entre los meses de febrero y mayo de 2006. Son 53 proyectos de arquitectos espaoles y de otros pases de Europa, Asia y Amrica, que en los ltimos ocho aos se han realizado o estn en proceso de realizacin en las diferentes ciudades de nuestra geografa. La muestra plantea cmo, a partir del desarrollo econmico y social alcanzado en Espaa con la llegada de la Democracia, el fenmeno de la arquitectura y las obras pblicas cobra un singular protagonismo que, hoy en da, ha convertido nuestra produccin en una de las ms ricas y singulares del momento. Por su experimentacin y excelencia, son muchos los proyectos que evidencian ese avance en diseo y tecnologa a la hora de realizar nuevas edificaciones. La entrada de Espaa en la Unin Europea en 1986 supuso tambin un fuerte progreso, motivado por una importante fuente de ingresos destinada a la construccin de autopistas, puentes, estaciones e infraestructuras civiles.

    Viviendas, hoteles, aeropuertos, centros de ocio y salud, escuelas, hospitales, mercados, museos y edificios de oficinas han dibujado a lo largo de los ltimos aos un espectacular paisaje arquitectnico, variado y cada vez ms sofisticado. La muestra presenta tambin dos proyectos espaoles que han sido galardonados con el Europan (concurso iniciado en 1989 para arquitectos europeos menores de 40 aos). Se trata de las Viviendas Sociales Junto a la SE-30, obra de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano y el Estadio de Ftbol de Eduardo Arroyo a las afueras de Bilbao.

    Qu Espaa es diferente ha sido el lema de muchas campaas publicitarias y durante largo tiempo ha sido algo que caracterizaba -con mayor o menor acierto- la particular forma de entender la vida y la riqueza de nuestro pas. Sin embargo, hoy en da parece que la tendencia es que todo y todos, a lo largo y ancho del mundo occidental y avanzado, seamos ms iguales. La llamada globalizacin, que tambin afecta a la arquitectura, lleva a los grandes empresarios y a las instituciones a desear que el edificio que es la imagen de su empresa sea obra de tal o cual arquitecto de prestigio. Eso no es malo, a todos nos gusta vivir y trabajar en edificios buenos y bien diseados, pero en el fondo existe el riesgo de ser catalogados por el dime quin te construye y te dir cmo eres, o del todo vale si la obra lleva una firma determinada, olvidndose en muchos casos las necesidades reales de una determinada construccin. Es una hazaa y un orgullo que nuestros mejores arquitectos, algunos de ellos an jvenes, sean objeto de exposiciones en museos como el MOMA, pero todava queda camino por recorrer para que nuestras mquinas de habitar o de trabajar, y nuestras ciudades en general, encuentren un ansiado equilibrio.

    Si la leccin magistral de Benedicto XVI en Ratisbona se ha prestado a crticas, menos doctrinales que en razn de su oportunidad, la del ex presidente del Gobierno en el Instituto Hudson de Washington merece sin duda un aplauso cerrado. Pocas veces una percepcin de la historia tan honda como la suya ha sido expuesta con tanta brillantez conceptual! Si el mundo islmico reclama que el Pontfice pida perdn por sus palabras, cmo explicar que ningn musulmn le haya pedido perdn a l "por conquistar Espaa y estar all ocho siglos"?

    En estos tiempos de recuperacin de la memoria histrica, habr que remontarse as mucho ms atrs y exigir cuentas a quienes acabaron con el reino visigodo de don Rodrigo: crear asociaciones destinadas a establecer el nmero de vctimas de los precursores de Al Qaeda entre 711 y 1492. Tarea ingente, desde luego, pero que no debera desalentarnos: desenterrar fosas, calcular daos, establecer cifras fiables de damnificados y de sumas de vidas. Sin olvidar la demanda fundamental del perdn. Perdn por sus victorias, derrotas y ocupacin ilegal de la Pennsula, ya que no por boca de Tarik y Muza y de sus mandatarios Omeyas, sino por la de Marruecos y, mejor an, de la Liga rabe y de la Conferencia Islmica. Un acto de desagravio colectivo al seor Aznar y, a travs de l, a la Espaa violentada y sometida durante 800 aos.

    Lo malo de tan bien trabado razonamiento es que la culpa retrospectiva no puede extinguirse en una fecha precisa. Puesto que Espaa exista antes de la llegada de la morisma, habra que exigir cuentas a quienes la invadieron antes: suevos, vndalos, alanos, visigodos. Tambin ellos ocuparon nuestra patria y cometieron toda suerte de tropelas.

    No se me ocultan las dificultades a las que se enfrentara una comisin encargada de fijar prdidas, atender reclamaciones, componer una relacin de las vctimas, pero no podemos admitir a estas alturas del razonamiento del anterior jefe de Gobierno un plazo lmite de prescripcin. Porque los romanos conquistaron asimismo la Espaa eterna, siguiendo el ejemplo de cartagineses, fenicios, griegos y tartesios. Cuntas y cuntas afrentas impunes que exigen, si no reparacin de prdidas materiales, al menos una procesin penitencial de los sucesivos ocupantes frente a los despachos del seor Aznar!

    La conviccin del presidente de la FAES de que nos hallamos en guerra y "de que para combatirla es indispensable creer en vencerla" justifica sus sonadas declaraciones de hace unas semanas en la BBC. Segn el hroe de Perejil y de las Azores, la OTAN debera bombardear Lbano, e Israel entrar en el Pacto Atlntico. Las muertes y destrozos ocasionados por la guerra de 33 das en el pas de los cedros no bastaban, puesto que "Occidente no atac al Islam, sino que nos atacaron ellos". Todos recordamos en efecto las venturas y desventuras del colonialismo argelino en Francia, el egipcio e iraqu en Reino Unido, el rifeo en Andaluca. La solidez de estos argumentos avala su sabia combinacin de historiador escrupuloso y de poltico dotado, como su amigo Bush, de visin y de previsin.

    "Necesitamos atlantistas y reconstruir Occidente", dice Aznar y, como ejemplo a seguir, cita a los Reyes Catlicos, unificadores de Espaa y descubridores de Amrica. Pero su admiracin por ellos, se extiende igualmente a la creacin del Santo Oficio y la expulsin de los judos, como algunos de los oyentes de su leccin magistral en el Instituto Hudson debieron preguntarse? Teniendo en cuenta que el islam, y no Al Qaeda constituye una amenaza que "est en todas partes y bajo la cual estamos todos", no es el momento adecuado no obstante para pararse en minucias.

    Otro ftbol es posible. El prximo fin de semana comienza en Surfrica la cuarta edicin del Mundial de los homeless, los sin hogar, una iniciativa que trata de insuflarles autoestima. Jugarn selecciones de 48 pases. Hemos estado con el equipo espaol

    Han bebido vino pelen a mansalva, han bajado a los infiernos en busca del destello, momentneo pero intenso, de la herona o la cocana, han vendido sus cuerpos por un puado de parn, por supuesto han robado al despiste o por las bravas Y defienden con orgullo la zamarra de Espaa. Manuel, Kike, Alfredo, Jos Ignacio, Paco, Luis Antonio, Jess y Giusseppe, para algunos, parsitos, gandules, yonquis, con un deterioro fsico notable y la autoestima en baja forma, vestirn la roja a partir del prximo fin de semana y durante 10 das en la cuarta edicin de la Homeless World Cup de Surfrica, el Mundial de los desamparados.

    Todo lo que s con certeza sobre moral es gracias al ftbol. El memorando, de Albert Camus, cobra sentido cuando se observa a los ocho expedicionarios sin hogar que han acudido a Ciudad del Cabo que tambin albergar el Mundial oficioso de 2010 dejndose el alma en los entrenamientos. Se saben afortunados. Ms de 50 moradores de las aceras de todas las razas y edades pasan cada ao por el proyecto iniciado hace cuatro por la Red de Apoyo a la Integracin Social (RAIS) y el Centro de Acogida de San Isidro de Madrid, en respuesta a la llamada de la Red Internacional de Peridicos Europeos de Calle, promotora de tan peculiar torneo. Es un premio, un reconocimiento a su esfuerzo por salir del pozo. Aunque no necesariamente van los mejores deportistas. La finalidad no es traerse un trofeo, sino que se reincorporen a la sociedad, puntualiza Sal Rodrguez, el responsable del grupo. Palabrera barata? No cuando presenta a Jess Baeza, un hombre de 62 aos al que el vicio por el garrafn no se lo ha llevado al otro barrio de milagro. Entre los 16 y 24 aos se dedic a atracar bancos. Pero sin violencia, no me va eso, puntualiza. Nunca corri la sangre. Bastaba con ensear la recortada. Ahora se convierte en otro cuando le da al baln. El deporte tiene el poder de transformar a las personas, apunta Sal.

    Como ya pas hace tres aos en la ciudad austriaca de Graz y a continuacin en Gotemburgo (Suecia) y Edimburgo (Escocia), el street soccer ofrece la emocin de una versin del deporte rey donde dos equipos de cuatro jugadores, da igual el sexo, disputan 14 minutos de ftbol extremo repartidos en dos tiempos. Sin defensas, centrocampistas ni atacantes. Sin tener que haber nacido en el pas que visten: la patria es la calle, fue el mensaje de los ocho africanos que ganaron para Austria el primer campeonato. El ftbol sala es lo ms parecido, aunque esto es un correcalles, que si todos patrs que si todos palante; no hay distinciones entre puntas ni interiores, observa Paco Calixto, de Andjar (Jan). Tiene 56 aos, dice que jams ha birlado un centavo, y cuenta que hace 15 aos li un hatillo y se fue de casa, harto de las broncas con su seora. Robar es tentador. Es lo fcil. Yo me gano la vida decentemente, vendiendo abanicos, rebuscando en la basura Siempre queda un trocito de carne por ah, en las patas de los jamones. Qu es lo que ms cuesta? Que te vea el vecino, aunque, por supuesto, siempre se har el despistado. El caso de Paco es quiz el ms aterrador: nada de bingos, nada de drogas, nada de vivir la noche. Nada de nada, slo una relacin sentimental fallida. La noche es dura, como la ola de fro de hace un par de aos; seis grados bajo cero Eso es fro.

    El prototipo de las personas sin hogar un mendigo es aquel que pide limosna; un vagabundo, el que va de una ciudad a otra, y un indigente, el que carece de comida y de ropa es el de un varn de entre 41 y 65 aos, soltero, alcohlico, con problemas de salud y poca formacin cultural. Poco a poco, el perfil cambia, conforme al ritmo de la sociedad. La gente no es consciente de lo fcil que resulta terminar en la calle, explica Jos Manuel Caballol, secretario general de la RAIS. Si tienes un empleo inestable, de poca capacidad econmica, temporal, y las relaciones sociales empiezan a resquebrajarse, te sitas en la lnea divisoria. El 90% de los casos se gua por estos patrones. Puede que la advertencia suene exagerada. O no?

    Sigue imperando la idea de que son unos locos o que estn as porque se lo han buscado. Que han optado por una vida romntica, que han nacido en una familia muy pobre. No necesariamente. Es una pobreza muy especial, relacionada con los malos tratos, con el abandono familiar, explica Manuel Muoz, psiclogo de la Universidad Complutense y autor del estudio Los lmites de la exclusin. Sus conclusiones corroboran la magnitud del problema: el 25% es menor de 20 aos, el 15% ha estudiado una carrera, la mitad entra en la categora de inmigrantes econmicos Se calcula que hay entre 50.000 y 200.000 personas sin hogar en Espaa no existen datos fiables; de ellas, unas 15.000 duermen al raso a diario. Las cifras se triplican si se considera a quienes duermen en la calle espordicamente. El 90% de estas personas solventa sus problemas en menos de un ao. Se levantan despus de caerse. Pero hay un 10% reincidente, que por s solos no pueden, dicen en la RAIS. Lo nico que deseas es no volver a despertarte, responden automticamente quienes lo han pasado. La calle les ha convertido en clones.

    La terapia futbolera tiene su irona. La vida les ha tratado a patadas, y es precisamente as, dando golpes a una pelota, como pretenden rescatarles de los das al raso. Funciona. Ms que profundizar en el arte del regate, o de emular a Beckham en los libres directos, el objetivo es que los futbolistas vuelvan a cumplir con unos horarios, que recuerden lo que era el trabajo en equipo. El espritu olmpico del barn de Coubertain en estado puro. Vamos, que esto debera servirnos de trampoln, motivarnos para adquirir hbitos, responsabilidades El ftbol es la herramienta para que te sientas til, para que te vuelvan las ganas de luchar en la vida, confirma Luis Antonio Ramrez, el Araa, que ya estuvo en la cita escocesa. Siempre hay un veterano que hace de gua, que le explica al resto lo que se siente cuando el avin se eleva, cmo es la convivencia con las otras selecciones Por eso uno repite curso, esgrime Miguel Buzeta, uno de los entrenadores.

    No es fcil meter a ocho tipos acostumbrados a deambular por ah en un transporte cerrado, a 10.000 metros de altura, sin fumar ni beber, durante 11 horas. Esta vez le ha tocado hacer de embajador al Araa. Dicen que lo paro casi todo, que tengo 20 brazos. El ao pasado le incluyeron entre los tres mejores porteros del Mundial. Quin me lo iba a decir! Al principio no quera entrenarme; me deca: si son unos manguis!. Y mira, sonre.

    Un gesto que dice mucho de su recuperacin, de lo atrs que queda su erre que erre con la herona. Ojal no le vuelva a ver por aqu, salvo para tomar un caf de vez en cuando, como colegas. Eso significara que ha rehecho su vida, asiente un voluntario. Manuel Gil, en cambio, acude todos los das al centro de ayuda a la drogadiccin detrs de su dosis diaria de metadona. La herona es la droga que ms secuelas fsicas deja. Marca a sus consumidores. Jos Ignacio Aparicio le saca 10 aos a Manuel, pero los dos parecen de la misma quinta. Cuando entr en el mundillo de la droga no haba la informacin que hay ahora. No saba qu consuma. Ni siquiera las consecuencias, cuenta. Jams olvidar su primer chute. Estbamos en el barrio, llevbamos un rollo muy sano, pero vinieron los mayores y nos ofrecieron herona para esnifarla. Me puse malsimo, en parte me sent mal pero me sent bien, de alguna manera me llam la atencin. Pero esa persona que me la ofreci no me dijo ten cuidado, que si la consumes tres das seguidos vas a tener dependencia. Y as pas. Uno de los principales problemas a que se enfrenta la organizacin del Mundial es que muchos de sus participantes no pueden pasarse un da sin metadona ni antirretrovirales. Tenemos que llevarlos encima, en el equipaje de mano. Esperemos que no haya problemas, explica Sal.

    Si mantenemos la fe, por pequea que sea, algn da transformaremos nuestras vidas, es la misiva que Luis Figo transmite a los participantes. Modesto, que hasta hace poco sobreviva en la madrilea plaza de Quevedo, es uno de los modelos. Rehabilitado, se gana el jornal como pintor y por 20 euros diarios convive en una pensin con su esposa. Dicharachero en cuanto se habla de ftbol, advierte del altsimo nivel de los contrincantes. En Suecia, los ingleses iban y venan en sus autobuses, con entrenadores del Manchester que grababan en vdeo los partidos de sus rivales, cuenta. No exagera. Una treintena de futbolistas callejeros han firmado un contrato con algn club o se iniciaron como entrenadores. Si la Administracin se involucra, se notan las diferencias, apostilla Buzeta. Caso de Portugal, donde el seleccionador, Luiz Felipe Scolari, present ante una avalancha de medios a sus ocho representantes.

    Pasan las ediciones y el torneo gana adeptos de 18 equipos en la primera edicin a 48 y mecenas como la UEFA, aunque el ao pasado a punto estuvo de no celebrarse. Lo iba a albergar Nueva York, pero si las trabas burocrticas casi impiden entrar a cualquier viajero sin antecedentes, imagnate a 400 personas marginales de 32 pases!, sealan los seleccionados espaoles. El cofundador del evento, el escocs Mel Young, movi sus hilos y la competicin se termin disputando en Edimburgo. No logr, sin embargo, sortear los problemas con las autoridades; le acech la sombra del 7-J, del jueves que unos terroristas musulmanes coordinados segaron 50 vidas en Londres. A Camern no le dejaron entrar en el Reino Unido. Argumentaban que no tenan el dinero suficiente para estar, pero era por los atentados. Por qu se relaciona la violencia con estas personas? Los estudios dicen que el 80% son vctimas de ella, se queja Caballol. Las estadsticas tambin sugieren que, al contrario de la tesis de Bujadn Boskov, el ftbol es algo ms que un deporte-espectculo. De los ms de 200 participantes en Escocia, 80 encontraron un trabajo estable, 95 se reconciliaron con sus familias, 60 comenzaron a estudiar y 62 de 91, aquellos que libraban un combate cotidiano con la bebida y los estupefacientes, han triunfado. Paco va por el mismo camino. Antes slo quera pasarme todo el da pedo, pimplando vino, suspira.

    Si el Araa ejerce de gran capitn, Sal lo es todo para los integrantes del equipo. Tan pronto suelta una regaina al que ve otra vez tentado por el cartn de vino como le reconforta con un abrazo. Y se desvive por unas equipaciones dignas, vista la apata de la federacin espaola; el ao pasado aport varias camisetas y pantalones a la causa una semana despus del Mundial de Edimburgo. Eso despus de la mediacin del Consejo Superior de Deportes. Vodafone y Coca Cola llevan el peso fuerte del patrocinio. El Real Madrid, a travs de su fundacin, tambin arrima el hombro, ya sea con ropa deportiva, visitas a su sala de trofeos, encuentros con futbolistas de otra galaxia o entradas para los das de partido. Se les ponen unas caras! Es como si vivieran un sueo, sostiene Paulino Garca, de la institucin madridista. El Bernabu? Precioso, cuenta Jos Ignacio, el ms futbolero de los ocho. Con diferencia. El Madrid podra haber prescindido de Van Nistelrooy, soy ms partidario de la cantera. De Soldado, por ejemplo, cedido a Osasuna. Se saldr en Navarra, barrunta. Cuesta creer que haya pasado por la crcel. Pero lo hice. Me junt con unos carteristas, y como no cumpla los arrestos domiciliarios porque no tena casa, prosigue desmenuzando el pasado.

    Ms que la pobreza, los expertos alegan que la mejor explicacin a la presencia de ms y ms personas sin hogar est en lo que denominan sucesos vitales estresantes. Todos tenemos alguno: separacin, maltrato, prdida del trabajo, muerte de un familiar cercano La media de estos sucesos en una persona normal es de tres; la de los sin hogar es de casi ocho. Con la particularidad de que adems estn muy agrupadas en el tiempo. No es lo mismo que los vivas a lo largo de la vida que en uno o dos aos. No es lo mismo que se te muera el padre o la madre a que el otro te abandone o te maltrate, y que entonces no puedas con la casa y te echen de ella por motivos legales, porque unos meses antes no te han renovado en el trabajo Vas sumando. Hay que tener mucha fortaleza para afrontar eso, sostiene Muoz.

    Las historias de seleccionados y reservas daran para muchas telenovelas venezolanas. Jess ensea sus antebrazos, repletos de cicatrices. Cada una vale por un intento de suicidio. Me las hice con cristales rotos. Es que echo de menos a mi madre. Hay casos por ah que buff!, responde el ltimo entrenador que le dio la Copa de Europa al Madrid, Vicente del Bosque, que ha participado en varias campaas de sensibilizacin. La mayora de la poblacin pierde a sus padres en torno a los 40 aos. Manuel los vio irse de sopetn. Mi padre palm cuando tena 11 aos, y mi madre, con 15 cumplidos, recuerda con un caf de por medio. Era el mayor de tres hermanos y no pudo con la presin. Era pinche de cocina y tena mi chica hasta que lleg a casa un colega enganchado y me quise tomar unas vacaciones Todava no las he terminado, aade con irona.

    A Alfredo Momomete, ecuatoguineano de 25 aos, le cuesta hablar; si lo hace, es con la cabeza gacha, sin mirar a los ojos. A ver si salimos adelante, se dice. Aunque no destaca por sus dotes de orador, ya no es el tipo solitario que se refugiaba en el whisky. O en el vodka. O en el ron. Termin yndose de casa. Como Paco y Kike. Como tantos.

    A sus 39 aos, Kike es la vctima de la cocana, la droga de moda. Llevo dos meses sin probarla, narra. Se nota que cuenta los das, horas y minutos, pero no se resigna a abandonarse de nuevo. El problema le vino por triunfar con 22 aos. Era relaciones pblicas, me levantaba 3.000 euros al mes Me crea el amo del mundo. El puto amo. Cuando se rehabilite, igual vuelve por sus fueros, a sus tiempos como monitor de piragismo, esqu acutico o manejo de veleros. El Araa no se corta: Hay millones de personas que le dan al vicio los fines de semana. Ese gramo de cocana les puede llevar en un par de aos a comprarlo todos los das. No consiento que luego me vengan a dar sermones, ni que me miren como a un yonqui.

    Hay miradas que lo dicen todo. Parece increble, pero en Escocia, con simples miradas y con cuatro seas, te entendas con los chinos, rusos, noruegos ramos similares, con vivencias muy parecidas. Cuesta menos que hablar con tu vecino, contina la charla.

    Gane o pierda Espaa, el Mundial es la estacin anterior de otra meta: montar una liga nacional para los sin hogar, como las que proliferan en los pases nrdicos. Me han contado que sueltas a llorar cuando escuchas el himno. Igual o ms sentimiento tiene una persona de la calle que Fernando Torres, Ral o Casillas, concluye Manuel. Se levanta y se va a por su metadona, mezclada con Tang de naranja. Nos ahogamos en un vaso de agua, se despide. Soy como soy, no puedo cambiar, aade Jess resignado. La gente debe de pensar: Vaya cristo se ha montado en Lbano y a stos les pagan una semanita en Surfrica, apostilla el Araa. Estamos con ellos, juntos vamos a meter un gol a la exclusin, es el mensaje grabado en vdeo de Michel Salgado. Con ellos, el ftbol regresa a sus orgenes. Al lugar donde naci. A las calles.

    Cada tipo de ejecucin llevaba aparejada una escenificacin distinta, diferencindose cada una principalmente por el modo de conducir al condenado hasta el garrote: los condenados a garrote noble iban en caballo ensillado, los de garrote ordinario iban en mula o caballo y los de garrote vil en burro o arrastrados. Es la denominacin garrote vil la que ha prevalecido y hoy en da se suele usar este nombre para designar tanto al instrumento como a la pena de muerte que lo utiliza.

    Benedicto XVI, un Papa que ama los nombres largos, signo inequvoco de intelectual, cita a un olvidado emperador bizantino, el cual hace quinientos aos se quejaba de que haban hecho aparicin unos individuos brutales los cuales extendan la religin de Mahoma a golpe de cimitarra (como si los cristianos hubieran actuado de modo distinto, por cierto), y de inmediato se alzan en armas unos seres barbudos, aullantes y desesperados de dolor que queman iglesias, matan monjas italianas, amenazan de muerte a todo bicho viviente y se quejan amargamente de haber sido insultados.

    La primera vez que asist a uno de estos asombrosos espectculos de inocentes enfurecidos fue en San Sebastin, en cuya universidad daba yo clases all por el ao 1982. La noche anterior haba saltado por los aires un sujeto a quien le haba estallado en plena cara la bomba que estaba a punto de activar. Algunos alumnos comenzaron de buena maana a llamar a la huelga y a manifestarse por la ciudad contra la violencia y por la paz. Como no poda creer que aquellos pjaros estuvieran del lado gubernamental, les pregunt la razn de su protesta.

    Anda pues! Que no hay derecho a que la gente tenga que ir por ah poniendo bombas y corriendo peligro y jugndose la vida!. La que as chillaba era una muchacha de unos veinte aos, gordita, simptica, buena mujer, lo que por all suele llamarse gente maja, la estoy viendo rediviva, si es que vive. Para aquella descerebrada, los que se jugaban la vida eran los terroristas.

    Muchsima gente de las provincias vascas sigue pensando (pensando?) del mismo modo. Para estos fanticos, los otros no existen, slo existen los nosotros. En realidad los otros no son asesinados, simplemente se esfuman en el aire y dejan de molestar.

    Exactamente igual que aquellos energmenos que pill un da en Gerona lanzando ladrillos, testeros y hasta una farola a unos pobres policas que estaban a la puerta del ayuntamiento, protegindose con sus escudos de las malas bestias nacionales. Los atacantes gritaban: Fachas! Nazis! Asesinos!, cada vez que les lanzaban un pedrusco con intencin evidente de partirles el crneo. Las autoridades haban dado orden a la polica de que no respondiera al ataque. Vieja tradicin espaola, el poder protege a la banda de la porra.

    As ahora, cada vez que alguien se queja de la violencia, la irracionalidad y la vesania de los islamistas, recibe una amenaza de muerte por manchar el honor del Islam, o lo que todava es ms gracioso por calumniar a la religin. Da un poco de miedo, tanta gente religiosa y pacfica.

    No es muy distinto de lo que le ha sucedido al mentecato de Rubianes que suelta las ms atroces barbaridades sobre la puta Espaa y reza para que les exploten los cojones a los espaoles (su estilo es el hombre) buscando el aplauso de unos empleados de la Generalitat, y luego se empea en estrenar en el Teatro Espaol de Madrid. Hay que ser idiota. De inmediato salen los inenarrables opinadores de sacrista en defensa de la libertad de expresin. Es una opinin decir que te ciscas en la puta Francia? O que los franceses son unos maricones? Altsimo nivel intelectual, el de los defensores de esta opinin.

    Ya slo falta que Farruquito demande por atentar contra su honor a los familiares del seor al que aplast con su cochazo. Como si fuera fcil manejar uno de esos tanques sin tener ni zorra idea de conducir! Anda que no corri peligro ni nada el fino artista!

    El pblico da asco? Durante muchas dcadas el artista tuvo a gala soslayar la contaminacin del vulgo. Agradeca que sus obras triunfaran pero no habra admitido nunca que fueran concebidas slo para gustar a los dems. Y menos a las masas.

    Las masas atufaban por fuera y por dentro. Significaron, desde su misma rebelin, una miasma informe que tenda a acercarnos, absorbernos y convertirnos en papilla. De otro lado, la masa revelndose infantil no digera nada que no se les dispensara previamente masticado, servido en papilla.

    Con este presupuesto venal, muy querido por los poetas, la creacin debera abordarse sin mirar aqu o all, ni al mercado ni al gento, tan slo al propio interior. Como consecuencia, las obras nacan pringadas de una intimidad supuestamente inalienable, tan abisal como original. El olor de lo original se convirti as en el valor supremo. Algo vala tanto en cuanto no se haba percibido nunca, independiente de que fuera difcil de soportar.

    Las cosas han cambiado mucho respecto a este modelo y en favor de un planteamiento opuesto, de manifiesta condicin empresarial. Frente al asco que el artista declaraba sentir por lo comn, el empresario aspir sin descanso a fabricar artculos que complacieran, y a cuantos ms mejor. El sueo del empresario y su consecuente gloria no resida principalmente en su originalidad sino en su tino. Con el anhelo de perfeccionar los tinos fueron desarrollados los estudios de mercado y las ahora meticulosas listas sobre hbitos, creencias, necesidades, perversiones, oraciones y frustraciones del pblico consumidor. Un quehacer que, a continuacin, se ha extendido a la predicacin o a la poltica y que actualmente representa un instrumento central en el diseo de las producciones cinematogrficas, los guiones de cine, de televisin, de los videojuegos o de la pgina web. El pblico ha emergido como el gran colaborador de la innovacin. El supermotor de la ms vasta imaginacin productiva.

    Pero inventa el pblico? imagina algo de suficiente inters? Nadie lo habra aceptado hace unos aos pero hoy los departamentos de marketing, el sector ms creativo de la nueva sociedad, reconocen el 50% de su fuerza a la interaccin con el comprador.

    Ms an, los ms adelantados de estos departamentos consideran que el porvenir de gran parte del arte ms visible e influyente depende de esa ntima relacin.

    El conflicto interior, los dolores del artista, su caudal de inspiracin, sus periodos de sequa o fertilidad, desplazan la sede tradicional desde el aliento interior al ambiente del mercado. No al pestilente vaho de las muchedumbres ni al sucio olor del dinero sino a una transparencia copulativa entre productor y comprador.

    En Tokio, en Londres o en Nueva York hay perfumeras que se caracterizan por la ausencia total de perfumes enfrascados y etiquetados. Los empleados atienden al cliente sin pregonar las cualidades de una u otra coleccin con firma. Su intervencin consiste en averiguar algunos aspectos vitales del visitante, sus pequeos hbitos, sus colores preferidos, indicios de su situacin profesional o emocional. Tras esta cata llegan las sugerencias. Sugerencias que no culminan en una esencia hasta que el comprador ve concentrados sus deseos (su personalidad? su necesidad? su creatividad?) en una esencia preparada exclusivamente para l.

    La reciente poca de customizacin de los productos ha sido una fase intermedia en la que el fabricante ha conservado todava el control del muestrario. La nueva y actual etapa de personalizacin creadora trata, sin embargo, de transformar al cliente en productor y conseguir su complicidad mediante un bucle en los roles. De esta estrategia se deriva que las marcas abandonen su anterior posicin de dominio y se conviertan en ofertas de poder con nuestro nombre. El cliente se convierte as en autor. Y el marketing fue su profeta.

    Contesto a su carta en la que me comunica que se me otorga el premio Boira (Niebla) debido a mi posicionamiento poltico y a mi crtica del nacionalismo cataln. La forma y el contenido de la carta es el testimonio perfecto de la obscena impunidad poltica que asola este territorio y la confirmacin visible de los motivos por los que el ayuntamiento de Bellpuig me lanza la infamia en forma de premio. Tal y como declar, queda an ms patente que nacionalismo y democracia se muestran incompatibles.

    Debido a la informacin que me haba llegado del peridico Segre, deduje que los premios Estel i Boira (estrella y niebla) eran responsabilidad de las entidades privadas de Bellpuig. En ste sentido, tena la disposicin de contestar el menosprecio con un texto humorstico. Pero su carta me revela que el autntico inductor y creador de tales salivazos al adversario es usted como alcalde de Bellpuig, expresidente de la Diputacin de Lleida y diputado del Parlament de Catalunya. Por tanto, dejo de lado el humor porque es una forma de expresin que en ltima instancia, demuestra una consideracin sobre el grado mental y moral del otro.

    Usted no merece esta consideracin. Ostentando cargos de gobierno y de representacin parlamentaria, utiliza el cobijo de unos premios para denigrar pblicamente a cualquier disidente de sus manas. En este caso, un consistorio municipal promueve la degradacin democrtica, dedicndose a organizar un acto para desacreditar la libre opinin de un ciudadano. En vez de participar al fomento de la tolerancia y la pluralidad de criterios, como es su obligacin por los cargos que tiene asignados, se sirve de ellos para incitar a la censura cvica de un artista del pas.

    Con su eclesistico invento de lestel i la boira, compruebo que utiliza el tiempo (y tambin mis impuestos) para dividir a los catalanes entre buenos y malos, o sealar enemigos externos. Usted se erige impdicamente en juez moral de Catalunya, y a travs de sus veredictos, induce el odio a instituciones o personas no afines al rgimen. Sigue una tradicin muy cultivada por los totalitarismos, entre ellos, el que sufrimos los espaoles hace treinta aos, un rgimen nacionalista obsesionado tambin en este tipo de infecciones sociales. Hoy, afortunadamente, exceptuando su caso, no hallaramos en Espaa un nivel semejante de vileza institucionalizada y promovida por dirigentes pblicos.

    Resulta curioso que este tipo de vocacionales de la inquisicin, siempre conviven con un trasfondo personal bastante menos escrupuloso que sus filantrpicas exhibiciones. Compruebo que usted tampoco es una excepcin sobre la regla. No muestra la misma sensibilidad patritica a la hora de cargar una cuantiosa deuda a sus conciudadanos espaoles a travs de la Seguridad Social. Deuda provocada por la empresa Aiges Rocafort de la cual era administrador y accionista. Ni tampoco le tiembla el pulso cuando deja de pagar a los empleados -que se ven obligados a reclamar por el juzgado social- o a la Caixa de Catalunya, la cual tambin tiene que proceder judicialmente para reclamarle 33.656.256 Pts.

    No se inquiete, su comportamiento tampoco trasluce anomala alguna en el clima actual de Catalunya, incluso es natural. Forma parte de la impostura patritico-sentimental que en los ltimos tiempos impera entre los gobernantes de este territorio.

    Sin embargo, quin le ha dado a usted las atribuciones para infamar en pblico a un ciudadano que cumple escrupulosamente con sus deberes? Desde hace 45 aos, dirijo una empresa de 25 trabajadores dedicados al arte. Nunca he dejado de pagar puntualmente a la hacienda pblica ni a ningn colaborador. Esta es la principal contribucin que en cualquier pas puede hacer un ciudadano, sea cataln o sueco. Las otras contribuciones, las del libre pensamiento o las creencias, slo son materias de escarnio, censura, y persecucin institucional en las dictaduras. En este sentido, la nica boira incvica que constato, es la que pone usted por delante, a fin de disimular su falta de decencia... eso s, Catalana!

    Por tanto, como despedida, quiero decirle sin hostilidad ni irona, pero con serenidad y tambin con una ntima satisfaccin: vyase concretamente a la mierda, usted, sus premios y la Catalunya que nos pretende imponer.

    T te imaginas a Franz Kafka ganando cualquier premio literario, explicando en pblico, ante mil personas importantes , con el trofeo del premio en una mano y en la otra su pequeo sombrero, la trama de "El Castillo"? Y te imaginas a James Joyce presentando el "Ulises" en la Fnac acompaado de un famoso? Te imaginas a Cernuda ganando el Loewe? Y a Borges alargando un relato para que su agente lo venda como una novela? Ves acaso a Cline firmando dedicatorias amables en la Feria del Libro? Y a Pessoa de gira por los almacenes de Portugal promocionando su desasosiego? Pareca que la literatura era irreductible, y que los escritores tambin eran irreductibles, y eso estaba bien, tena su gracia, su punto de fuerza, su humanidad pura. Pero ya la literatura es esto: una mesa de novedades, las mafias, una feria, un premio, la televisin y la pasta, y ni siquiera mucha pasta. O sea, el xito. Pero para eso ya estaba la poltica y el mundo de los negocios, las cenas de sociedad y los discursos de los pedantes. Dnde est la literatura entonces? Se est muriendo. Casi ni queda. Casi ni existe. No, chaval, la literatura nunca fueron libros de xito. Era otra cosa. Era lo inesperado, lo gratuito. Y no me hables de calidad, como si los libros fuesen electrodomsticos o coches. Acaso el "Ulises" tiene calidad comn, la tiene "El Castillo"? No, la calidad comn, de la que hablan los listos del negocio, es cosa de consumidores lelos. La calidad sirve para los electrodomsticos y los coches, para los televisores y las tostadoras, para las neveras y los vdeos. La literatura era otra cosa. Era valor, valor personal. Si quieres calidad en serie, cmprate los libros de los premios literarios o cmprate un Volvo, pero si quieres literatura personal tendrs que ir a buscarla t solito: ya no est en las tiendas. Tendrs que ir a buscarla al matadero y a los hospitales. Y ni siquiera all la ibas a encontrar. Lo mismo tienes que ir a buscarla al cementerio, t sabrs.

    Castigar personalmente cualquier tipo de intento de atravesar esa frontera, sea quin sea la persona que la transgreda. Aquel que lo intente se puede ir preparando. He crecido como una joven con inters por la educacin y tambin con necesidades humanas.

    La vida diaria: Estaba regulada. La mayora de las veces haba un desayuno conjunto, ya que l casi nunca trabajaba. Yo haca las labores del hogar, lectura, televisin, hablbamos, cocinaba. As fue durante aos, todo con el temor a quedarme sola.

    Sobre la relacin: No era mi amo y seor. Yo era igual de fuerte. Me mimaba y al mismo tiempo me pisoteaba. Pero no poda conmigo y eso l lo saba. El secuestro lo organiz l solo, todo estaba preparado ya. Despus acomodamos juntos el recinto, que meda ms de un metro y 60 centmetros de alto.

    No haba motivo para sentirme infeliz. A mi modo de ver, su muerte no era necesaria. No se habra hundido el mundo si le hubiesen castigado. Era parte de mi vida. Por eso en cierto modo estoy afligida por su muerte.

    Naturalmente, es cierto que mi juventud ha sido diferente de la de muchos otros, pero en principio no tengo la sensacin de que me haya faltado nada. Me he ahorrado un montn de cosas. Por ejemplo, no he empezado a fumar ni a beber y no he tenido amigos malos.

    Mensaje a los medios: Lo nico que quiero de la prensa es que me deje en paz con las eternas calumnias, las interpretaciones equivocadas, los sabelotodo y la falta de respeto hacia mi persona.

    Actualmente me siento bien donde estoy, quizs un poco bajo tutela. Pero yo he decidido contactar con mi familia slo por telfono. Yo decidir por mi cuenta cundo contactar con los periodistas.

    Sobre mi fuga: cuando tena que limpiar y pasar la aspiradora al automvil, l se alej porque la aspiradora haca ruido. sa fue mi oportunidad. Simplemente, dej en marcha la aspiradora.

    Por cierto, nunca lo llam "amo y seor", aunque l quera que lo hiciera. Creo que l lo quera -que lo llamara as-, pero no lo pretenda realmente en serio.

    Tengo un abogado de confianza que arregla conmigo todo lo jurdico. Tengo buena relacin con la abogada especializada en juventud, Monika Pinterits, que es una persona de mi confianza; y con el doctor Friedrich, ; y con doctor Berger .

    El equipo del seor Frhstck me trat muy bien. Les envo mis cariosos saludos, aunque fueron un poco curiosos, pero sa es su profesin.

    Cuestiones ntimas: Todos quieren siempre hacer preguntas ntimas, que no incumben a nadie. Quizs alguna vez lo cuente a una terapeuta o a otra persona, si tengo necesidad de hacerlo, pero quizs no la sienta nunca. La intimidad me pertenece slo a m.

    Al seor H., ste es mi mensaje: No debe sentirse culpable. l no poda hacer nada, fue una decisin propia de Wolfgang tirarse a las vas del tren.

    Me une un sentimiento de empata con la madre de Wolfgang. Me puedo imaginar su situacin actual y sus sentimientos. Nosotras dos pensamos en l. Pero tambin deseo agradecer a todas las personas que tanto me acompaan en mi destino.

    Por favor, concdanme un respiro en los prximos das. El doctor Friedrich lo explicar con esta nota. Muchas personas se ocupan de m. Dadme tiempo hasta que yo misma pueda contarlo".

    El moro de Venecia, los celos, la tragedia. La silueta de una dama de Henry James. Las baldosas desparejas que pisa Marcel Proust. La sombra de la muerte de Thomas Mann. Hemingway frente a una cerveza y a sus papeles. Los ecos de Petrarca...

    Es la magia de Venecia, la ciudad flotante, la maravilla de un mundo del pasado que se resiste a desaparecer. Un vnculo misterioso une a Venecia con la literatura universal: algo en la otrora poderosa ciudad subyuga a los hombres de letras y los atrapa con un abrazo que nace en los canales y termina en el cielo por donde se internan sus torres y campanarios.

    Hay muchas maneras de recorrer Venecia, pero para quien quiera una manera ms ntima, ms esencial, un paseo literario ser inolvidable. Un paseo por donde caminaron, vivieron y amaron personajes de papel y autores de carne y hueso, por lugares donde se dan la mano la vida y el arte.

    Hablar de Venecia, desde luego, es hablar de Thomas Mann. Quienes hayan ledo su Muerte en Venecia querrn ver el Lido, aquella zona residencial entre la ciudad y el mar que evoca la novela. Esta isla era uno de los lugares ms amados tambin por los romnticos ingleses, como Shelley y Lord Byron, siempre deseosos de buscar en Italia aquello que su pas no les daba. Sol, sueos, aventura, un pasado glorioso... Con el tiempo, el Lido se transform en un lugar de moda, frecuentado por la realeza europea y los personajes de moda: es precisamente la poca de Muerte en Venecia, de aquel Von Aschenbach obediente al llamado oscuro de la belleza y de la muerte que emana de la ciudad de los canales. Aqu, en el Lido, se encuentra tambin el Hotel des Bains, donde Mann escribi la novela y donde Visconti ambient la pelcula.

    Hubo otro ingls que cay bajo elinflujo de la ciudad. Henry James ambient aqu parte de Las alas de la paloma y su corta novela Los papeles de Aspern, escrita en el Palazzo Barbaro, uno de los magnficos edificios que muestran su fachada sobre el Gran Canal. Su Venecia, como la de cada escritor, es una ciudad personal y propia, un escenario a la medida de Mlle.Bordereau y de Jeffrey Aspern, probablemente muy diferente de lo que fue realmente la ciudad a fines del siglo XIX. James tambin termin en Venecia el Retrato de una dama, en la residencia que lleva el numero 4161 de la Riva degli Schiavoni, otro de los lugares imperdibles de la ciudad por su tradicin libresca. Muy cerca de all en la distancia, pero muy lejos en el tiempo, esta calle era tambin aquella donde vivi Petrarca durante su estada veneciana.

    La Riva degli Schiavoni recibe su nombre de los antiguos comerciantes dlmatas que pasaban por este lugar, siempre superpoblado de embarcaciones, y tiene el orgullo de albergar uno de los hoteles ms conocidos del mundo: el Hotel Danieli, donde en 1630 se realiz la primera presentacin de una pera en Venecia. Los huspedes del antiguo palazzo tienen nombres ilustres: Charles Dickens, Jean Cocteau, Richard Wagner, Claude Debussy, Honor de Balzac, John Ruskin, Marcel Proust... Las guas tursticas no dejan de sealar que en este hotel, habitacin nmero 10, vivieron su apasionado y escandaloso romance la novelista George Sand y el poeta Alfred de Musset: Dans Venise la rouge/pas un bateau qui bouge/Pas un bateau dans leau/pas un falot... (En la roja Venecia, ni un barco se mueve. Ni un barco en el agua, ni un farol...).

    Hay una Venecia de piedra, de canales, de carne y hueso. Y hay una Venecia de palabras, de papel, de literatura. Tal vez nadie como Marcel Proust haya recorrido mejor el camino que hay entre una y otra. El autor de En busca del tiempo perdido estuvo slo dos veces en Venecia, la ciudad de sus sueos de la infancia. De la primera vez, en la primavera de 1900, se conserva su conocida foto en el Lido: en esa oportunidad estaba acompaado por Reynaldo Hahn y su prima inglesa, Marie Nordlinger, gran admiradora de la obra de John Ruskin, y que entre el Florian y el Quadri ayud a Proust con las traducciones del escritor ingls. El segundo viaje fue en octubre de aquel mismo ao, esta vez solo. Ser suficiente para hacer de Venecia una de las cuatro ciudades evocadas al principio de su larga novela: Pasaba la mayor parte de la noche recordando nuestra vida anterior en Combray, en casa de mi abuela, en Balbec, en Pars, en Venecia.... En el largo camino de recuperacin del tiempo perdido, Venecia ser al final de la obra la conjuncin de la naturaleza y la cultura, de lo soado y lo realizado, de la literatura y el arte.

    Paradjicamente, en su larga historia Venecia tuvo muchas veces una imagen ambigua, un lado de pureza y un lado de corrupcin simultneos, como el reflejo de sus edificios en las aguas de los canales. Esta ciudad ambigua es tambin la de Ezra Pound, que haba visitado Venecia tempranamente, a los 13 aos, durante a un viaje a Europa con una ta en 1898. Oh sol veneciano/t que alimentaste mis venas/y ordenaste el curso de mi sangre/t llamaste a mi alma/desde el fondo de lejanos abismos... Para l Venecia era esencialmente aquella ciudad de piedras vistas a contraluz, de mrmoles veteados, de piedra cincelada y de arte que haba conocido en sus estadas: pero era tambin el sinnimo del comercio y la comercializacin de ese arte, y por eso tambin de corrupcin. Quienes vayan tras las huellas del poeta, no dejarn de visitar la isla cementerio de San Michele, donde fue enterrado Ezra Pound despus de una vida llena de vicisitudes no siempre literarias.

    Volviendo atrs en el tiempo, para encontrar fantsticas vicisitudes habr que recordar tambin al seductor aventurero Casanova, nacido en una casa de la calle Malipiero, cerca de la iglesia San Samuele, donde hoy lo recuerda una placa. Tiempo despus vivi en el Palacio Bragadin, en el barrio de Santa Marina, en la poca en que vivi un secreto romance con una monja de un convento de Murano. Pero Venecia no slo le reservaba placeres: el 25 de julio de 1755, Casanova es arrestado por muy graves faltas, principalmente de ultraje pblico hacia la Santa Religin, segn reza en el registro de sus carceleros. Poco despus de un ao, Casanova se evade junto con otro prisionero y escapa en gndola, dando comienzo a su largo exilio. No volver a su ciudad natal sino hasta 1774: es cuando vive en Barbaria delle Tole, una larga calle detrs de la iglesia de San Giovanni y San Paolo, en un modesto barrio de artesanos. Es su ltima direccin en Venecia, antes de volver a partir rumbo a otros destinos ms acogedores de la Europa de su tiempo. Hoy da se pueden visitar las celdas de donde se escap Casanova gracias a una visita guiada por los calabozos del Palacio Ducal, llamada Itinerari segreti.

    El amor de los hombres de letras por Venecia parece no tener ni principio ni final. Seguir recorriendo la ciudad que los escritores amaron y, a veces, tambin odiaron, implica por lo menos pasar por la Casetta delle Rose, donde vivi Gabriele DAnnunzio en tiempos de la Segunda Guerra; por el magnfico CaRezzonico, donde el escocs Robert Browning vivi en 1888; por el Palazzo Mocenigo donde se hosped Lord Byron en 1818, por el imperdible Museo Goldoni (Palazzo Centrani, en la calle dei Nomboli) que rene objetos de la historia de la Commedia dellArte. Pero tampoco se puede dejar de pasar por los clebres cafs Florian -donde gustaban ir Proust, Dickens y Lord Byron- y Quadri, adems del ms moderno Harrys Bar, el preferido de Ernest Hemingway.

    Lapuesta en escena es inconfundible : chndal adidas ltima generacin ;peridico del da con foto en portada; barba de varios das, sonrisa forzada, mensaje de nimoa los familiares y amigos...

    "Un amigo cuenta que hace apenas unas horas, al visitar al Comandante a fin de despachar brevemente ciertos asuntos, fue testigo de una buena noticia que entusiasmado resumi en una frase: El caguairn se levant", refiere Granma en su portada haciendo referencia al rbol con que compar a Fidel Castro hace seis das.

    ( Angel Souto es un ciudadano gallego. Esta crnica la dej en un blog y es, desde mi punto de vista, la mejor que se ha escrito sobre los incendios de Galicia. Es un relato de una emocin contenida donde no faltan los datos y la propia experiencia. Ms all de los hechos narrados, suficientemente crticos y trgicos, copio su relato a mi ventana para dejar constancia, una vez ms, que internet supera en veracidad a quienes tienen la obligacin - los peridicos- de no despreciarla nunca. Gracias Angel por tu contundente escrito)

    Desde el corazn de la tragedia. San Xorxe en Cotobade (Pontevedra) uno de los municipios ms afectados hasta ahora por los incendios de agosto. Extensiones enormes forman una franja negra y humeante que abraza a varios trminos municipales. Me dice un concejal que el 75 % del trmino ha ardido.

    Estamos a jueves. El lunes, de buena maana, la ruta entre San Xorxe, el pueblo donde nac, y Santiago atravesaba lugares cubiertos por un manto blanco. Pero no era la pacfica bruma de otras maanas, sino espesas capas de humo. De un humo, que en ciertas zonas, sigue brotando de la tierra calcinada. En San Xorxe, el humo se haba hecho dueo del ambiente, irritaba la garganta y los ojos, haca doler la cabeza. Sin urgencia, con calma, sacamos a todos los nios de casa, los de mi hermana y los mos, y nos los llevamos a Santiago. Para proteger sus pulmones y no desencadenar la superada bronquitis de uno de ellos, y para evitarles la tristeza de ver como tanta belleza, rboles y naturaleza esplndidos, con todas las tonalidades del verde, quedaban convertidos en esqueletos negros, marrones, grises, desmadejados y muertos o moribundos sobre una alfombra negra. Nos los llevamos por prudencia, con el fuego a unos ochocientos metros de la casa de mis padres. Ayer, el fuego par a unos cincuenta metros, en el permetro que forman algunas fincas y prados y que han defendido, con desesperacin, mangueras y mquinas porttiles, los dueos de la casa, los vecinos y amigos.

    La Guardia Civil, infatigable, se ha multiplicado, pero slo poda aparecer y manifestar su disposicin. Algn avin ha dejado caer su carga con precisin y sin regularidad. Pero, al final, ha ardido todo, absolutamente todo, hasta esa ltima frontera donde ya sabamos desde el principio que se librara la ltima batalla. Y donde estaramos, solos, haciendo guardia toda la noche. Para que la hierba de las fincas no trasladase el fuego hasta la misma puerta de la casa, hasta los frutales. Incluso sin electricidad para extraer agua de un pozo. All, solos, cada uno defendiendo lo suyo, en un frente de decenas de kilmetros, cada uno con sus vecinos, parientes y amigos. Como muri el vecino de Campo Lameiro, a seis kilmetros de la casa de mis padres, temerario, audaz, desesperado, impotente.

    A los gallegos no les queda ms remedio que ser ndividualistas y autosuficientes; para sacar petrleo de la entrada de las ras y para apartar el fuego de las casas. El Ejrcito, representado por un camin, una ambulancia y un vehculo de mando, estaba aparcado a cincuenta metros con rdenes expresas de intervenir slo en defensa de las personas, o sea, para desalojarlas a la fuerza, se ve, y para exasperar ms a los vecinos con su inactividad. Tal como son estos gallegos, si llegado el caso tienen que intervenir, ms de algn uniformado se habra llevado una pedrada en la cabeza o algo peor. El que los envi ah, ya no slo es un total ignorante de la situacin, sino que, adems, le falta sentido comn. Para ms exasperacin, en la TVG se los vea apagando el fuego. En San Xorxe, como vio mi hermano, slo corrieron cuando pasaron las cmaras.

    Hoy es mircoles, los nios siguen en Santiago. Las lneas telefnicas estn cortadas. Ayer slo funcionaba una compaa de mviles. Esto es normal. El fuego se lo lleva todo por delante. Pero volveremos a nuestro pueblo. Con el corazn en un puo, les diremos a los nios que todo volver a crecer y en cinco o diez aos todo ser igual. Los carballos (robles) habrn brotado de nuevo, si slo se han quemado superficialmente. Los buxos (bojes), sabugueiros (sacos), vidueiros (abedules) y freixos (fresnos) tendrn que empezar de nuevo, pero lo harn. Y los eucaliptos corrern suertes variadas dependiendo de si los talan o no. Pero todo volver a ser verde. Y quiz las ardillas y los zorros que hemos visto escapar vuelvan al monte. El bosque habr recuperado su esplendor y su enorme masa forestal y todo volver a ser igual. Y todo volver a arder como ahora, tras una poca sin fuegos, como la que hemos vivido estos ltimos aos, gracias a la cual ste ha sido el ms devastador de todos. A la fuerza, los de mi pueblo tenemos que ser fatalistas. Salvo que se pongan los medios para evitarlo: ordenacin de las plantaciones, con mayores masas de robles y castaos, que crean muy poco sotobosque; cortafuegos bien planificados y mantenidos con regularidad; mayor dotacin de aviones antiincendios; personal de mantenimiento preventivo de los bosques (ordenacin y limpieza) y no solo esforzados apagafuegos. Pero no se preocupen, para no defraudar a los alimentadores de tpicos, los gallegos seguiremos siendo fatalistas y nos conformaremos con un gran centro coordinador de incendios en Santiago, ms personal en oficinas y muchos GPS en camiones que no entran por algunos caminos. O quiz no, ya veremos.

    Hoy es jueves, pero el sbado rozamos la tragedia. Recordarlo nos provoca una emocin ambivalente, de gran alivio, por un lado, y de terrible desasosiego, por el otro, con solo imaginarnos la ratonera en la que podramos habernos encontrado los participantes en la romera del pueblo, ni ms ni menos que unas dos mil personas.

    A Romera do San Xusto se celebra en una carballeira que ocupa un estrecho llano situado a medio camino en una abrupta ladera que desciende hacia el ro Lrez. El paisaje es prodigioso, con suaves meandros hacia el Noreste, ro arriba, y una inmensa ladera enfrente, con peascos tapizados de arbustos, virgen, salvaje y exuberante. El llano de la carballeira est poblado por robles que alguien empez a poner, o a reponer, all en el siglo XIV, poca de construccin de la ermita. Seguramente, no queda ninguno de aquellos primeros ejemplares, pero puede que alguno de los que hay pase de los cinco siglos y en general, muchos de ellos, pasan sobradamente de las tres centurias. Pasear entre estos enormes rboles crea un estado de nimo especial, de arraigo, de vinculacin con el pasado y el futuro. Cambia la percepcin de uno mismo en el tiempo saber que bajo esas mismas ramas, una noche precisa del ao, los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos bailaban, beban, rean, besaban, adoraban, holgaban y ... estos gallegos!

    Pues bien, para llegar a esta carballeira, hay que bajar por una estrecha carretera que serpentea por la ladera medio kilmetro, en medio del monte. El sbado por la maana, 5 de agosto, da de San Xusto, todo el pueblo la recorra varias veces para llegar all e ir preparando el lugar donde se celebrara ms tarde la romera, con procesin, cena y luego baile, bajo los rboles. Mientras movamos tablas y maderos de mesas, asientos y toldos, veamos una inmensa columna negra en direccin Noreste, a unos diez kilmetros. Un humo espeso y extraamente negro que vena en nuestra direccin arrastrado por un fuerte viento y que tea el terreno de un amarillo intenso, al tamizar la luz del sol. Aquel humo, demasiado negro, demasiado abundante, no presagiaba nada bueno. Mientras trabajbamos, un vecino se acerc para decirnos que tena que asistir al levantamiento de dos cadveres en la carretera entre Pedre y Cerdedo, a unos cinco kilmetros: dos personas en un coche, calcinadas por las llamas. Aquel fuego era ms de lo que haba visto nunca en mi vida, yo que a los doce aos, me paseaba con una sulfatadora al hombro apagando rescoldos a cien metros de la casa de mis padres, con toda la buena voluntad e ingenuidad del mundo. Pero entonces el humo era gris plomizo y esta vez era negro, mortfero, devastador. Quiz el fuerte viento, quiz la masa forestal que haba crecido durante diez aos sin grandes ataques, quiz una maldicin. Cuando llegamos por la tarde, despus de la procesin y tras entrar a los santos en la capilla, los presagios eran todava peores. El fuego estaba todava en la otra ribera del ro, pero ya slo nos separaban de l unos dos kilmetros. Nada lo haba detenido. Se empezaba a respirar el humo y cierto nerviosismo. Las ganas de fiesta se iban disipando y slo nos mantena all el pundonor de acabar lo que habamos empezado y el nimo acumulado durante el ao. Bajamos de los coches las viandas, empanadas, jamn y cordero asado, roscas y dulces, vinos blancos y negros de las vias de casa y nos empezamos a sentar en las mesas. Pero, en cuestin de minutos, empez a correr por todo el campo de la fiesta un estado de alerta especial y generalizado: haba que salir pitando de all, sin histeria, pero lo ms rpido posible. En diez minutos, las dos mil personas que all estbamos nos pusimos espontneamente de acuerdo y recogimos todo lo posible, nos distribuimos apresuradamente por los coches, cada familia controlaba que nadie se quedase sin asignar a algn coche, sin caos, pero con cierta inquietud, y emprendimos la salida por la estrecha carretera que nos llevaba a la carretera general. En la parte de arriba de la ladera, todava nos detuvimos algunos para ver que la otra parte del ro arda como una tea, con varios frentes de fuego que la recorran en horizontal. El calor, a unos quinientos metros, era apreciable y en la ribera en la que nos encontrbamos ya haban empezado a brotar algunos focos del incendio. Trasladamos la cena a casa y todava nos remos cuando un vecino nos trajo una caja de botellas de vino que uno de nuestros invitados, con la precipitacin, haba puesto en su coche. A partir de ah, conscientemente, dimos la espalda al drama y celebramos nuestra reunin, unas treinta personas, con la mayor alegra de la que ramos capaces. Era la ocasin de sentarnos a la mesa juntos, algunos tras un ao sin vernos, y no podamos desaprovecharla. De noche el fuego avanza cuanto quiere, no salen los aviones, ni las brigadas, por pura lgica.

    Al da siguiente nos contaron que la ladera por donde sube la carretera haba ardido en no ms de media hora. El fuego haba hecho un efecto chimenea y, avivado por el viento, que soplaba cada vez con ms fuerza, haba recorrido de abajo arriba la ladera como una ola de llamas. Dicen que los coches explotan slo con la proximidad del fuego. Al da siguiente, los vecino nos evitamos los detalles al comentar el hecho, pero la parquedad con la que abordbamos el asunto era suficiente para deducir las imgenes que cada uno de nosotros se estaba haciendo: dudas a la hora de salir con presteza, algn problema mecnico o atasco, decidir entre quedarse y aguantar el humo o huir por caminos, mejor dejarlo. No pas nada. Nos contaron luego que un vecino, al ver que los coches estaban atrapados en la carretera por la que salamos, cort la carretera nacional para que no tuviramos que hacer el Stop.

    En el 2005, Portugal ardi de Norte a Sur. Se repiten las mismas escenas desoladoras. Hoy le toca a Galicia, pero tambin al Norte de Girona. Hasta el 30 de julio haba ardido slo la mitad que el ao pasado. Estamos ante un hecho no solo premeditado y planificado, sino tambin coordinado. Parece un acto de terrorismo. O quiz alguien quiere alterar el precio de alguna materia prima, del papel, por ejemplo. Durante unos aos, la produccin de eucalipto, la mejor madera para hacer pasta de papel, se habr visto mermada extraordinariamente en Portugal y Galicia. Que investiguen los que puedan.

    Hay muchos que, tradicionalmente, tienen inters en quemar el bosque y as lo han hecho, o se dice: enfermos mentales, madereros, ganaderos, personal de brigadas antiincendios, vecinos que quieren ahorrarse una limpieza, pero es difcil pensar que hubiesen podido actuar con tanta coordinacin y tanta maldad en todo lo que hemos visto estos das. Se habla de que han apresado a 50 personas. Ya veremos, quiz algn loco pirado se ha apuntado a la quema general. Pero el asunto es muy complejo. No es fcil simplificar, ni seguramente hay un nico culpable.

    Los medios antiincendios son ridculos: dos aviones Canadair para toda Galicia. El mismo nmero que en 1975 y quiz sean los mismos aviones. Las tripulaciones vuelan sin descanso hasta jugarse la vida.

    La contratacin de personal antiincendios se ha demorado tres meses hasta coincidir con el inicio de la temporada. Se ha contratado bastante menos personal. Los mximos responsables de la lucha antiincendios, con gran experiencia, fueron cesados en su totalidad con el cambio de gobierno. A los integrantes de las brigadas se les exige acreditar su conocimiento de gallego, cuando la mayora de ellos son gallego hablantes, pero su nivel educativo es bajo.

    Los policas autonmicos que estaban de vacaciones siguen as (los que trabajan estn doblando turno). Se les ha ordenado que vayan a dar la cara y aguantar el rapapolvo.

    El presidente de la Xunta dice que Todo est bajo control. Realmente, si no es as, la tendencia es que lo sea en un futuro cercano: cuanto ms arde, menos queda por arder. Mientras tanto, la descoordinacin es supina y los medios ridculos. Y l con su voz enftica nos transmite la tranquilidad de un capitn iletrado en el puente de mando de un barco que se hunde. Por suerte, no se lo cree nadie. La magnitud de la tragedia convierte al presidente Prez Tourio en un pelele ridculo incapaz de valorar la situacin en su amplitud. La exhibicin pomposa de su autoridad se reduce a manifestar que han pasado del nivel 3 al nivel 2 de alerta. Y ...??? No hay otra muestra de accin, ms que la que se deduce: dejar arder. Hoy, ya no se puede hacer nada. Es evidente. Quien haya estado cerca de un bosque con eucaliptos de doce metros sabe que ese fuego es imparable. Pero ese fuego hay que combatirlo en enero, febrero y marzo, limpiando los bosques, abriendo cortafuegos, preparando personal, contratando medios, reforestando con sensatez.

    La ministra Narbona, en su distante ignorancia, atrevida y simplificadora hasta casi la estupidez, nos dice que tenemos que acostumbrarnos a denunciar a nuestros vecinos, si desconfiamos de ellos. La pobre no conoce el tema. En vez de decir lo primero que se le ocurra entre bao y bao en la piscina, tendra que hablar con algn responsable del germen de la polica autnoma de Galicia, miembros de la Polica Nacional asignados a ese cuerpo. Ese responsable le dira que saben exactamente quienes son, pero que es tremendamente difcil pillarlos con las manos en la masa. Los expedientes se archivan y ya est. A lo mejor, a la ministra se le ocurre ponerles pulseras controladas por GPS. La ministra Narbona, en vez de cargar la responsabilidad sobre las vctimas, tendra que leer ms, estudiar ms, ser ms aplicada y ser ms prudente con su tremenda y osada ignorancia, al menos, en este caso.

    Hemos visto correr a muchos vecinos con las llamas al pie de sus casas, a algunos bomberos para protegerlas, a algn personal de las brigadas, a miembros del Ejrcito cuando han pasado las cmaras de televisin y a la Guardia Civil, sobre todo a la Guardia Civil. Sus coches pasan zumbando, hasta en la ms recndita carretera. Me han apartado ms de una vez con la sirena y he visto como se dejaban los retrovisores por los caminos estrechos. Me imagino que ni han dormido, ni han comido, ni casi bebido. Ayer, una conocida le estaba medio echando una bronca a uno de ellos, porque no iban a atender un fuego cerca de una casa y el guardia se ech a llorar, tal cual, desbordado por el agotamiento y la impotencia. A ese guardia yo le dira que, al menos para m, ha quedado claro que es una de las pocas instituciones que se ha tomado las cosas con responsabilidad. Nunca sabremos si los muertos del sbado se hubiesen podido evitar con un corte de carretera. Pero parece como si la Guardia Civil se hubiese tomado ese hecho como un fallo propio y ahora nos vuelve locos con los cortes de carretera. Pero lgicamente, solo pueden extremar la prudencia, porque no pueden confiar en nuestra sensatez como conductores ante una carretera invadida por el humo, donde en un par de minutos, puedes encontrar fcilmente la muerte, si despus del humo, vienen las llamas.

    La fecunda exhuberancia de Galicia, donde los rboles adquieren proporciones majestuosas y donde crece la hierba hasta por dentro de las ventanas, se nos ha vuelto hoy en nuestra contra. Esa pletrica naturaleza nos ha estallado como un polvorn. Un polvorn ignorado por gestores y polticos con la mirada muy corta e incapaces de prever lo que es evidente, que en Galicia, en verano, el bosque arde. Arde poco, si se adoptan todas las medidas posibles para evitarlo, y arde mucho, si uno espera a verlas venir.

    La polica britnica ha detenido esta maana en Londres a 21 personas como presuntos integrantes de una red terrorista "de dimensin mundial" ligada a Al Qaeda que planeaba hacer estallar artefactos explosivos ocultos en el equipaje de mano en aviones en pleno vuelo entre Reino Unido y EE UU. La operacin ha obligado a aumentar los niveles de alerta en Reino Unido y EE UU y est provocando un caos areo en toda Europa. El ministro del Interior, John Reid, que daba las primeras explicaciones de la operacin antiterrorista, "compleja y sin precedentes", ha declarado que los principales miembros de la red terrorista han sido arrestados, aunque la operacin, iniciada hace meses, contina abierta. Las 21 detenciones se han producido en Londres y sus alrededores y en Birmingham (centro del pas), segn ha declarado el jefe adjunto de la polica, Paul Stephenson, que estima que los agentes han impedido que los terroristas cometieran un asesinato en masa de una amplitud inimaginable.

    El jefe de la polica antiterrorista, Peter Clarke, ha dicho que la red tena una "dimensin mundial" y que las reuniones, los viajes, movimientos y gastos de un gran nmero de personas en el Reino Unido y en el extranjero han sido objeto de una estrecha vigilancia. Por el momento no se conoce la identidad o nacionalidad de los detenidos. El secretario estadounidense de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, ha afirmado que lo descubierto "apunta a una trama de Al Qaeda".

    Los planes de los terroristas consistan en detonar artefactos explosivos, que deban ser construidos en Gran Bretaa, desde los aeropuertos britnicos", segn Clarke, aunque no ha podido precisar cuntos aviones eran objetivo de los terroristas -la BBC los cifra en unos 10. Segn las investigaciones, los artefactos deban estar compuestos por algn tipo de explosivo lquido, como los utilizados el 7-J, y ocultos en el equipaje de mano. Por ello, en los aeropuertos britnicos y estadounidenses se ha prohibido que los viajeros accedan a los aviones con ningn tipo de envase con lquido refrescos, cremas, lociones, champ

    El Gobierno ha elevado en todo el pas el nivel de alerta hasta crtico, el mximo de una escala de cinco, que significa que el atentado o atentados iban a cometerse de forma inminente, tal vez hoy mismo, y que conllevan un extremado nivel de amenaza para el Reino Unido. Tambin EE UU ha elevado su nivel de alerta antiterrorista para los vuelos desde Reino Unido, despus de que el primer ministro britnico, Tony Blair, telefoneara al presidente americano, George W. Bush, para informarle de la situacin.

    La operacin antiterrorista est provocando un caos areo en toda Europa. La autoridad aeropurtuaria britnica ha pedido la suspensin de todos los vuelos que tengan como destino el aeropuerto de Heathrow, el mayor de Europa, al menos hasta las dos de la tarde (las cuatro de la tarde en Espaa) y muchas compaas -British Airways, Lufthansa, Olympic, Air France, Iberia, entre otras- as como algunos aerdromos, como el de Bruselas, han cancelado sus vuelos a este aeropuerto y a otros del Reino Unido. En Espaa, Iberia ha cancelado todos sus vuelos al aeropuerto de Heathrow y el Ministerio del Interior ha ordenado aumentar los controles areos en los vuelos con destino al Reino Unido y EE UU.

    Los aeropuertos britnicos registran retrasos debido a que se han incrementado las medidas de seguridad. Las compaas han prohibido a sus viajeros que entren en los aviones con los equipajes de mano y se revisa exhaustivamente incluido el calzado- a todo el pasaje. Slo se permite subir a bordo bolsos transparentes con lo estrictamente necesario: pasaporte, documentacin, biberones, medicamentos. Todos los aparatos elctricos estn prohibidos a bordo.

    Maneja a los personajes de sus novelas como un mago. El premio Prncipe de Asturias 2006 ama tambin llevarlos al cine, como hace ahora con La vida interior de Martin Frost

    La literatura es un oficio de fe. Pero la fe, pese a lo que digan los metafsicos y los creyentes ms fervorosos, es algo cuantitativo: se puede llegar a poner en la bscula de un sistema mtrico decimal muy particular e igual de fiable. El mundo de Paul Auster nos lo demuestra de sobra, porque en l algunos rasgos del comportamiento humano rebasaran varias toneladas de optimismo y vitalismo, en igual medida que otras variables menos recomendables para afrontar los agujeros negros de la vida.

    Los personajes que pueblan el ADN de este escritor adoptado en la orilla neoyorquina, pero que naci en Newark (Nueva Jersey, el Estado del otro lado del ro) en 1947, saltan del poderoso cocteleo de su imaginacin, que produce fluidos de seres que huelen y tienen sabor, que padecen y respiran, que intentan ser felices a la altura de sus circunstancias, cuando en algunos casos stas no dan ms que para la desolacin.

    Cuando pintan bastos es cuando Auster, como un superhroe, como un fabuloso redentor, los rescata, en un alarde de confianza ciega en su oficio. Como quien est absolutamente convencido de que posee las claves secretas de la salvacin mediante la creacin de historias, que es el medio para que, segn l predica, toda la humanidad vea un poco de luz en el camino. As, Auster, ms que en un escritor, se convierte en un evangelista de nuestro tiempo. Un urdidor de parbolas fantsticas protagonizadas por gente de lo ms corriente para que podamos seguir confiando en la especie de los de aqu abajo. l ha demostrado tambin que ese tipo de historias es el mtodo ms eficaz contra los fanticos del ms all y los fabuladores baratos de discursos apocalpticos que tratan de atemorizarnos con demonios y terroristas.

    Uno cae en esto cuando comprueba que casi todas sus narraciones comienzan con alguien desesperado o que va a morir, como el desvalido Nathan Glass, el hroe de su ltima y maravillosa novela, Brooklyn follies, que elige regresar al barrio de su infancia para quitarse la armadura. Glass es un todo, un referente de ese enternecedor circo de pobres diablos en crisis, nmadas triturados por la vida que parecen toros en busca del burladero para doblar la pata bien resguardados. Son las criaturas que inventa Auster al principio de sus libros para poderlos redimir, el autntico y ms cabal sentido de su literatura, a lo largo de toda la narracin. Inventa para salvarlos. Escribe para darles esperanza. Urde palabras para que se confiesen y confen.

    Dice que no es consciente de ello, que le sale as sin querer. No me doy cuenta, asegura Auster, en un hotel de Lisboa, un da de descanso del rodaje de su pelcula La vida interior de Martin Frost, que ha filmado all casi en familia, con su hija Sophie, de 18 aos, cantante y actriz, en el reparto. Est relajado, contento y con ganas de hablar del Premio Prncipe de Asturias de las Letras, que recoger en Oviedo en octubre y que le hizo imponerse en las votaciones a otro de los enormes escritores estadounidenses del presente, Philip Roth, al que conoci esta primavera por casualidad. Muchos le han querido contraponer al estilo de Auster, en una especie de lucha literaria bipolar en busca quiz de conflictos que en esta poca del imperio eclctico no llevan a ninguna parte. Ya no es pecado que te puedan gustar los dos. Elegir a uno frente a otro resulta una niera fuera de lugar cuando se les puede sacar su jugo a partes iguales y cuando ambos retratan una Amrica tan real como desolada, tan aterrada como digna de elogio, tan perdida como desesperada en su bsqueda de una felicidad que se hace cada vez ms cara.

    Auster, con sus ojos esfricos de gur indio y su voz grave y quebrada, no muestra ms que buenas palabras por Roth, a quien le emocion realmente conocer en un restaurante de Nueva York hace nada. El maestro le felicit por haber ingresado en el club, es decir, en la academia norteamericana de las letras. El autor de Mr. Vrtigo, La noche del orculo, La msica del azar, El libro de las ilusiones o Triloga de Nueva York, entre otras obras, lo cuenta con el mismo entusiasmo que habla de los poetas a los que ms admira y que le guiaron sus primeros pasos como autor lrico antes que novelista; la misma ilusin que le hace releer constantemente el Quijote, a Shakespeare o a Garca Mrquez, un autor con el que se siente especialmente identificado este novelista que ha sido marinero y profesor de universidad.

    Le estimula hablar de ellos lo mismo que de Brooklyn, el barrio en el que vive hace 26 aos, y que, segn l, no es el paraso, pero es muy interesante. O lo mismo que escrutar los secretos de la creacin en palabras o imgenes porque no deja escapar en la conversacin su delirio por el cine, un espacio creativo al que se enganch lo mismo que a la nicotina de los puritos que fuma sin cesar cuando escribi Smoke, de Wayne Wang, con quien codirigi despus Blue in the face antes de lanzarse solo a rodar Lulu on the bridge y ahora La vida secreta de Martin Frost.

    No saba que este ao era candidato. Otras ediciones tambin fui finalista en las votaciones; el ao que gan Claudio Magris, que le en The New York Times: Magris gana el Prncipe de Asturias imponindose a Paul Auster y Milan Kundera. Ja, ja! Pero este ao, ni me haba enterado.

    Lo gracioso es que, aunque los dos hemos nacido en Newark, Nueva Jersey, nos conocimos por primera vez en un restaurante en Nueva York una semana antes de que me viniera a Portugal a rodar. Hablamos y me dijo: Tenemos que volver a Newark juntos. Me pareci muy simptico, encantador. Es un escritor completamente opuesto a m, otra sensibilidad radicalmente distinta. Aunque compartimos gustos: l adora a Conrad, como yo.

    Mi obra tiene una escala muy ancha. Hay novelas muy atadas al suelo. A m tambin me resulta extrao ser al tiempo el creador de Mr. Vrtigo, la historia de un chico que levita, como tambin les ocurre a algunos en Macondo, y de Brooklyn follies. O haber filmado una comedia loca como Blue in the face y una pelcula como Lulu on the bridge. Pero la medida de eso ya lo da Shakespeare; para l, un da era una tragedia, y otro, comedia. De lo que se trata es de hacerlo bien.

    Porque es una pelcula muy pequea. Un haiku es como un respiro; una pelcula as, con cuatro actores y unas localizaciones como las que hemos utilizado una casa, su jardn y un camino, no hay ms, tambin.

    Lo digo porque usted enfrenta a sus personajes a algunas paradojas curiosas. Algunos disfrutan de una libertad absoluta encerrados en algn sitio y otros se sienten oprimidos siendo nmadas. La buena literatura surge de la contradiccin?

    Cierto, muchas cosas desagradables les ocurren a algunos cuando estn en el camino. Estoy totalmente de acuerdo en ese punto de partida para la literatura, el de la paradoja. O el de las preguntas sin respuesta. Las preguntas que todos nos hacemos, pero que carecen de respuestas. Algunos las consiguen a veces, pero suelen ser locuras las conclusiones que sacan.

    Eso es lo que puede pasar. Creo que todo mi trabajo reta a las dudas, busca un equilibrio en un mundo inestable. El escritor es un ser dudoso; no slo del mundo, sino de s mismo. Si no dudaras, si no te plantearas lo que realmente merece la pena de lo que haces, no valdra para nada, no sera bueno. Nunca he conocido a un buen escritor completamente seguro de lo que escribe. Lo que la gente no entiende es que te sientes a escribir una novela de un tirn. Escribes muchsimas cosas que no valen nada, lo tiras, luego lo vuelves a intentar; as que lo que aprendes cada da es lo intil que puedes llegar a ser, y eso es una cura de humildad.

    No, tampoco. Tienes que creerlo para hacerlo, y estar convencido de que la historia que tienes entre manos es tan real como la vida misma. Cuando escribo una novela trabajo todos los das, siete a la semana, y pongo mi cabeza y mi alma a su servicio. Si me tengo que ir una semana o dos y luego vuelvo a la historia, me entran las dudas, me cuesta meterme dentro otros dos das, en ese mundo creado. Por eso busco estabilidad, para m es la mejor manera de hacerlo.

    No, estoy tan ocupado que la idea de escribir algo me resulta imposible. Pero es bueno tomarse un descanso, sin quejas. Yo eleg meterme en esto, nadie me ha obligado y lo estoy disfrutando. Me viene bien salir de mi cuarto y trabajar con gente.

    Muy poca, poco reparto, poco equipo, pero resultados alucinantes. Las interpretaciones son tan buenas; la fotografa, tan increble, que estoy muy satisfecho, me da muy buen plpito. Mi hija Sophie est en la pelcula, tiene un papel muy pequeo, y me dice que es impresionante que durante el rodaje no haya habido ninguna metedura de pata de nadie, y es porque estn tan concentrados que no corren el riesgo de equivocarse, ni de olvidarse de sus partes, ni nada. Tambin ha venido muy bien que ensayramos dos semanas antes del rodaje.

    Martin Frost surgi como un guin para un cortometraje que me encarg un productor alemn y que finalmente no se hizo. Pens que la historia dara para mucho ms. Luego lo inclu en El libro de las ilusiones, y despus se me ocurri que lo interesante es lo que le pasa despus de que acaba la historia tal y como est en el libro. As que lo nico que quiero contar de l es lo que est publicado, no ms; slo que es una historia tan salvaje como impredecible.

    Lo gracioso es que soy esencialmente un escritor, aunque amo el cine. Pero me considero un escritor muy poco cinematogrfico. Mis libros no parecen pelculas; no estn poblados de escenas pequeas, seguidas una de otra. No hay mucho dilogo, son muy descriptivos. Precisamente por eso creo que trabajar en el cine es bueno para m. Porque es una manera completamente distinta de contar una historia.

    O sea, que no es usted de esos autores que mientras escriben ya estn pensando en la adaptacin al cine. Lo bueno, uno de los grandes retos de un escritor en estos tiempos, no es escribir una novela que nadie sea capaz de adaptar al cine?

    Estoy de acuerdo, s seor. Una de mis novelas fue adaptada al cine, La msica del azar, y me di cuenta de que al adaptarla perdera mucho, se convertira en algo distinto. Lo que ocurre en mis libros tiene tanto que ver con el interior de los personajes que no acaba de plasmarse bien en pantalla. Aunque he hecho una excepcin. Con mi primer libro, In the country of last things. Hay un joven director argentino, Alejandro Chomsky, que quiere hacerlo; un chico con mucho talento. Le he ayudado con el guin y ahora est intentando juntar el dinero para rodarlo en Buenos Aires en ingls y en espaol. Vamos a ver. Los proyectos de cine tienen propensin a evaporarse, pero es algo que me gustara que saliera adelante.

    Cierto. Mi lucha, mi ambicin es la claridad, la limpieza; mi sueo es escribir un libro tan transparente que el lector sienta que el mdium entre l y la historia no son ni siquiera las palabras, que se sienta dentro de ellas, metido en algo invisible. Al tiempo, el proceso de la escritura tiene que ver con la msica, el sonido, el ritmo; relacionar un prrafo con otros, para que la gente no lea slo con la mente, sino tambin con el cuerpo. Los lectores muy sensibles captan esa msica. Yo no s en qu parte del proceso surge eso, pero s cuando lo hago bien y cuando lo hago mal.

    Tampoco. El trabajo debe ser as y ya est. Sin compromisos. La obligacin de contar la verdad a cada paso, y, como sabemos, la verdad puede ser muy incmoda, y hay est la dificultad. El dolor, lo que dejas de ti en cada libro.

    Creo que el arte es una enfermedad, te infectas y no te recuperas. Todos los artistas, aunque tampoco quiero exagerar, son gente que sufre, gente que no encaja en este mundo y busca otro. Hay gente encantada de conocerse a s misma; que se siente cmoda con su mente, con su cuerpo, con su manera de ser. Yo les admiro, pero no soy de sos.

    Un enorme cario. No me abandonan, siguen a mi lado aos despus. Lo vern en mi nueva novela, que saldr pronto, Troubles in the scriptorium, que trata de la relacin de un autor con sus personajes. Empieza con un hombre sentado al borde de la cama, en pijama, aguantndose la cabeza con las manos. As, con esa imagen comienza, explorando esa visin.

    No mucho, es un hecho. Qu puedo hacer para impedirlo? Es fascinante, no me asusta. Simplemente me impresiona tener la edad que tengo, 59 aos ya. En mi mente me parece que tengo 32, y no es as.

    Tampoco. Me llama la atencin el misterioso trabajo que lleva a cabo el tiempo, eso me interesa cada vez ms. Tambin llegas a un punto, ahora, en que te das cuenta de que muchas de las personas que has querido han muerto. Empleas mucho tiempo hablndoles a sus fantasmas. Cuando eres joven no haces estas cosas. Es como si tuvieras un pie en ese mundo de los muertos y otro en el presente. Ahora me acuerdo de cuando tena veintitantos aos y vea a escritores mayores que me impresionaban porque parecan vencidos, derrotados; se les notaba vagos, no se interesaban por nada. No era as, ahora que he envejecido me he dado cuenta de lo que les pasaba: que sentan que nadie iba a ser capaz de cambiarlos, que no vendra ningn jovencito a descubrirles nada. Cuando tienes 20 aos cambias cada da: un da escribes como Hemingway, otro como Faulkner; pero cuando superas eso encuentras tu manera de ver el mundo y no vuelves atrs.

    Siempre estaba insatisfecho, porque buscaba mi camino y no lo encontraba. Por eso escriba tantos poemas, cientos de poemas, y no me gustaban, no se los enseaba a nadie. Fue cuando comenz todo. Dej de preocuparme por encontrar una voz propia cuando de repente comenz a surgir, y lo que escriba cobraba importancia en su propio sonido. Lo que es el contenido y la forma. Si tienes que expresar algo, la historia en s encontrar la manera de hacerlo.

    Entonces, las estructuras de las novelas no surgen slo de la creatividad del escritor, sino que es la propia historia la que va moldeando su estructura, la que de alguna forma necesita su propio encaje.

    Novela de novelas. Historias que entroncan con historias hasta que de repente te encuentras en un agujero con espejos. Soy un gran amante del Quijote, pero sobre todo de la segunda parte. sa es la novela moderna. Me fascina esa manera de dejar rastros para el lector, reales, fiables o no, que nos conducen hasta el camino que seguimos explorando hoy da.

    El Quijote es un libro que leo y sobre el que reflexiono a menudo. Pero no pienso en mis influencias. No quiero ser consciente de ellas. Ni tampoco de lo que desprecio. Pero creo que han influido ms en m los poetas que los novelistas.

    Hay algo de eso. Hay que ser un obseso. Casi no existe otra cosa ms fiable que el lenguaje, por eso me refugio en los grandes a menudo; leo mucho a Shakespeare, a John Donne; pero tambin a quienes me han aportado mucho personalmente, como George Oppen, un poeta desconocido que fue amigo mo, por ejemplo.

    Ahora soy vicepresidente, s. Me lo pidi Salman Rushdie, que es el presidente, y no poda negarme. Es de las pocas organizaciones de escritores que promueven los derechos humanos en el mundo. Me siento obligado a ayudar a escritores en peligro, cuyos derechos no se respetan, y tenemos influencia, hemos sacado a muchos de la crcel. Cranme, es muy aburrido sentarse en las reuniones, discutir los presupuestos, muy tedioso; pero lo hacemos porque es por una buena causa.

    Est ms enfermo que nunca en la historia. En el Pen hemos creado un grupo de emergencia, 10 o 15 escritores lo forman en Cooper Union; all hay un lugar muy emblemtico, llamado The Great Hall, que fue donde Abraham Lincoln anunci que se presentara a las elecciones. All hacemos reuniones y congresos, el ltimo fue sobre la tortura. Se llena de gente. Son cosas que hay que hacer; no s si valen para algo, pero al menos hablamos. Si nos quedramos callados seramos cmplices de lo que ocurre. Creo que somos responsables y debemos hacer algo, por pequeo que sea.

    Tambin hacemos un festival internacional. Tratamos muchos temas, pero hay uno que a los estadounidenses nos preocupa muchsimo. Una de las tragedias de nuestro pas es la completa falta de inters por lo que ocurre en el resto del mundo, cada vez menos; se traducen poqusimos libros, se pierde el contacto con otras culturas, el pas se desgaja del resto y va a la deriva. No ramos as! Solamos tener curiosidad por las cosas, pero ahora estamos aislados y demasiado satisfechos de nosotros mismos. As que reunimos a 60 o 70 escritores de todo el mundo para que hablen y participen. Lo malo es que la prensa americana lo cubre poco, aunque todos los actos estn a rebosar. Aparece ms en la prensa extranjera.

    Es un himno a la vida normal. Comenzamos un nuevo periodo en la historia. Hay que ser conscientes de que es una suerte y una gozada vivir. Es una comedia, literalmente; lo necesitaba para tomar distancia. Me inspir esa frase de Billy Wilder: Si te encuentras bien, satisfecho, escribe una tragedia; si por el contrario te sientes desesperado, derrotado, haz una comedia. El 11 de septiembre me hundi; estaba tan afectado, tan desolado, que no poda trabajar. Di ms entrevistas entonces que en toda mi vida, la gente buscaba respuestas y a m me vena bien hablar. Me dej la cabeza conversando.

    Escrib un artculo el ao despus, en 2002. Todava se hablaba de invadir Irak, algo que desde la perspectiva que me daba la zona cero supona un desastre completo para m. Ya han pasado cuatro aos, y desgraciadamente he comprobado que entonces tena razn. A da de hoy no veo la salida, hemos creado un monstruo. Ni siquiera estoy seguro de que retirar las tropas hoy mismo fuera una solucin. Supongo que habr que hacerlo, pero con un plan. No puedes ocupar un pas tanto tiempo. Ni siquiera el petrleo lo vale.

    Muchos de mis personajes son excesivos y estn en el extremo, a punto de tirarlo todo por la borda, aunque buscan lo mismo que todo el mundo: amor, un sentido del equilibrio en sus vidas, escapar de la soledad. Muchos de ellos se rinden, y es cuando encuentran espacio en mis libros.

    Claro, tenemos que proporcionar placer, gusto a los lectores; si no lo hacemos, no va a merecer la pena que la gente nos lea. Para qu? Si nos sintiramos constantemente desesperados no tendra sentido agarrar la pluma.

    No me siento cmodo con un teclado. La pluma es distinta, o el lpiz. Aunque luego, cada da, lo paso todo a mquina. Hay tantos tachones que si espero al da siguiente no hay forma de que me aclare.

    Para muchos espaoles, el parte ms importante de la Guerra Civil reza: "Cautivo y desarmado el ejrcito rojo...". Pero es otro el que recuerdan, con los ojos enrojecidos, numerosos represaliados del franquismo, sus hijos y sus nietos. Deca as: "Nada tiene que temer de la justicia aquel que no tenga las manos manchadas de sangre". Era falso.

    Tres largusimos aos de guerra haban trado un deseo enorme de paz. Y ganas de creer en el espejismo. Muchos miles de republicanos y sus hijos, los que no se exiliaron, confiaron en esas palabras del dictador. Se entregaron, y fue el principio de su calvario. "Cuando escuchamos eso gritamos: Viva Franco!. Pero al da siguiente ya bajaban sus tropas quitndonoslo todo, abusando de las chicas. Tena 15 aos. Pens: la guerra no ha terminado, la guerra empieza ahora, la ms larga, la de verdad. La del hambre, la miseria, la esclavitud, el terror, el fusilamiento, la injusticia", se emociona a sus 79 aos el guerrillero Jos Murillo, Comandante Ros.

    El viernes, el Gobierno discutir la Ley de Memoria Histrica, que intenta resarcir a aquellos que creyeron en ese segundo parte de Franco. Muchos de estos hombres y mujeres, algunos muy ancianos, confan en que por fin, tras casi 30 aos de democracia, el pas reconozca oficialmente su desgracia.

    La guerra fue terrible -600.000 muertos en total-, y la represin, an peor. En la zona nacional cayeron 100.000 personas asesinadas; en la republicana, 60.000, entre ellos 7.000 religiosos. Hasta ah el terror compartido. Porque a partir de 1939, con todo a su favor para ser generoso, el rgimen de Franco encarcel a 270.000 personas y fusil a 50.000. Al menos 4.000 murieron de hambre y fro en las prisiones (Vctimas de la Guerra Civil, Temas de Hoy; Morir, matar, sobrevivir, Crtica).

    "Los primeros aos fueron dursimos. Nos comamos las hierbas que crecan entre las piedras de la prisin. Cada da te enterabas de algn compaero muerto o fusilado. La crcel estaba en el centro de Madrid, y cuando los sacaban para matarlos gritaban: Viva la Repblica!. Les ponan un tapn de corcho en la boca".

    "En 1943, en Ocaa, un da me dijeron que me iban a matar esa madrugada. Los compaeros me despidieron. Pas toda la noche viviendo las ltimas horas; escribiendo cartas al partido, a mis amigos, y escondindolas en las grietas, como hacan todos los condenados. Escuchaba los pasos de los carceleros, pero no venan a por m. A la maana siguiente leyeron mi conmutacin. El jefe de servicio, que me odiaba, lo haba retenido para que pasara la ltima noche de un condenado a muerte".

    "En Ocaa, cuando haba saca, el corneta tocaba silencio de una manera especial, prolongaba el sonido. Cuando se iban los camiones haba un silencio mortal, porque escuchbamos los tiros de gracia para saber a cuntos haban matado. Y comenzbamos a golpear con las cucharas".

    "Nos organizbamos y repartamos hasta el hambre. Al principio fue dursimo; pero cuando los nazis perdieron en Stalingrado, los carceleros empezaron a aflojar. Pensaron que el franquismo se acabara".

    "La verdad es que siempre he sentido ms calor fuera que dentro de Espaa, porque nosotros, los comunistas y republicanos espaoles, estbamos en el corazn del mundo. Los falsificadores del pasado quieren establecer un juicio salomnico sobre la historia de Espaa, pero no es igual luchar contra la libertad que defenderla. Esa guerra nosotros no la queramos, no la necesitbamos, habamos ganado las elecciones unos meses antes. Necesitbamos la paz. Quisieron cerrar a sangre y fuego ese proceso democrtico".

    "Se hacen algunas cosas, pero de extranjis, sin afirmar los valores que representamos. Incluso en el terreno econmico se hace poco. Los portugueses dieron un milln de pesetas por cada ao de crcel. Yo me habra podido comprar una casa, que no tengo! He sido el que ms he cobrado: 2.200.000 pesetas. Un milln por los primeros tres aos y 200.000 por cada trienio".

    Nunca ha vuelto al valle. Ni siquiera lo llama as. Para l es Cuelgamuros, el nombre de la finca. Este peridico le propuso acudir all para rememorar su condena. Su respuesta fue tajante: "Cuando desalojen al bicho". O sea, cuando saquen de all los restos del general Franco y se los entreguen a su familia. "Pueden hacer un centro de interpretacin o lo que les d la gana, pero para m es insuficiente. La cripta puede tener la tumba de Franco y Jos Antonio, y al lado unas placas hablando de la represin y los campos de concentracin? Se dan de patadas!".

    "Espaa tiene que darse cuenta de que es Europa, tiene que compartir sus estndares, y no admitir el mausoleo. Algunos sostienen con toda la razn que ellos, como europeos, tienen derecho a opinar sobre el mausoleo, que no es un hecho privativo de los espaoles. Es un hecho europeo".

    "Conmigo haba gente que desde 1939 no haba pisado la calle. Por qu nueve aos despus de terminar la guerra tenan que estar presos? Era un gran negocio. ramos alquilados a las empresas por 10,50. Nos daban 50. Los patrones tenan obreros a precio de saldo y disciplinados".

    " se ha convertido en un smbolo del fascismo, donde se renen para todas sus ceremonias, incluidos los de la Legin Cndor. La gente est harta; 4.000 fascistas no son nada frente a 40 millones de espaoles y 500 millones de europeos. En Espaa ha aparecido una generacin que est pidiendo cuentas y reabriendo las fosas, pidiendo informacin de sus abuelos. Si sacan a Franco de all, qu va a hacer el PP cuando vuelva, traerlo otra vez? Sera irreversible y resolvera el problema para siempre. Si no, resurgir".

    Vive en una humilde casa del barrio de Usera, en Madrid. Nunca se reconoci el carcter militar de la guerrilla, por lo que no recibe ms pensin que la mnima. "Mi padre era socialista de toda la vida, pero cuando acab la guerra crey que no le pasara nada porque no tena las manos manchadas de sangre. Acab en Castuera (Extremadura), uno de los peores campos de concentracin. Los hombres moran comiendo races. Logr sacarlo un amigo falangista. Tena seis hijos, yo era el mayor. Pens que todo haba acabado, pero el mismo da que volvi, con piojos y sarna, irreconocible, vino un falangista al que llamaban El Berraco -imagnese el personaje- y dijo que nos requisaba los animales y la casa".

    "Mi padre me llev aparte y me dijo: a mi hijo no lo van a matar de rodillas. Defenderemos nuestras vidas, no somos hombres de crcel. Nos fuimos al monte. A mi madre la metieron en la crcel como represalia. Seis aos. A mi padre lo mataron de un tiro".

    "Me hirieron, an tengo las cinco balas en el hombro. Para hacerse una idea de cmo era un juicio franquista haba que escuchar al fiscal: Se puede consentir que en esta Espaa catlica, apostlica y romana existan seres que seis meses antes de nacer ya tenan instintos revolucionarios? Pido la pena de muerte!".

    "En la crcel comamos habas podridas y lentejas con bicho. Vivamos entre ratas, yo incluso amaestr a un lironcillo para que comiera el bicho de las lentejas de mi mano, en la celda de castigo".

    "Yo no he matado a nadie. He disparado muchas balas; me defenda, pero nunca a sangre fra. Murieron guardias civiles, s, a manos de la guerrilla; pero los mat Franco, no yo. l empez la guerra. Slo quiero que se reconozca que luchamos por la libertad, y que nos den una pensin digna".

    "Las nuevas generaciones no tienen ni idea de lo que llegamos a sufrir, moral y fsicamente. Por eso yo, a mis 86 aos, sigo en la brecha: para que no se pierda esta memoria. Yo no quiero venganza ni remover el pasado. Pero veo esas inmensas manifestaciones contra el terrorismo de la ETA, apoyadas por el PP y la Iglesia catlica, y pienso: vale, pero por qu no condenan tambin el otro terror, el del franquismo? Porque en la guerra hubo bestialidades en los dos bandos, pero cuando acab, en vez de ser generosos, siguieron matando, y de qu manera. Yo estuve en la crcel Modelo de Valencia. All cada da se llevaban 10 o 15 a fusilarlos".

    "Pas ocho aos encerrado despus de la guerra. Estuve en cuatro campos de concentracin. Te pegaban tantos palos que firmabas cualquier cosa. En las oficinas de depuracin era terrible, haba informes falsos que venan de los pueblos. ramos 10 o 12 presos en tres metros cuadrados. Tenamos un vter y nos turnbamos para no dormir al lado de l".

    "Mi to Miguel, el cuado de mi padre, tena influencia con un falangista importante. Mi padre le pidi ayuda. Le respondi: T vienes a pedirme avales cuando sabes que debas estar t tambin en la crcel por republicano? Mi to!".

    "Cuando llegu a Cuelgamuros, en 1942, era diciembre. Haca un fro horrible en esos barracones de madera, que tenan brechas por donde entraba el viento helado. No podamos dormir por el fro. No te podas lavar porque all no hay ros ni nada. Te daban un cazo de agua sucia que le llamaban caf, y hala, al tajo. A picar. Y eso que no me toc en el agujero, sino en la carretera de acceso".

    "Todava hace poco, en una entrevista, vi que el abad de Cuelgamuros, con toda su caradura, un representante de Dios, deca que bamos acumulando mucho dinero en un banco y que cuando salamos nos comprbamos las mejores casas! Le voy a escribir para saber en qu banco est mi dinero, para reclamarlo. Hicimos lneas de ferrocarril, reconstruimos el pas, y empresarios como Bans se hicieron millonarios con los presos".

    "Mis padres trabajaban en la sede del POUM en Valencia: l, de chfer; ella, limpiando. Yo tena cinco aos cuando los nacionales entraron en la ciudad. Hice el saludo fascista, como todos, y mi madre, una mujer profundamente anarquista y republicana, me peg un coscorrn enorme. Nos metieron a todos en la crcel; all estuve con mi madre y mi hermano pequeo dos aos, hasta que los fusilaron, en Paterna. All cayeron 2.238 personas entre 1939 y 1956. A ella le acusaron de matar a una mujer rubia de 17 aos. Sin nombre, sin cadver, sin testigos. Hasta los 17 aos estuve en un asilo de monjas, una crcel de otra manera".

    "Yo no puedo resucitar a mis padres, pero s se les puede devolver el honor. Al pasar de la dictadura a la democracia se olvidaron de los perdedores. Yo no he pedido nunca dinero. Para m el fusilamiento de mi madre y mi padre no tiene precio. Yo quiero que con los mismos papeles con los que los condenaron, que los tengo, pongan un tribunal de demcratas y anulen la sentencia".

    "Un seor alemn dijo haber odo a mi madre decir que haba matado a tres mujeres. Luego dijo que era mi padre. El tribunal, en vez de aclarar la cosa, dijo: bueno, pues los dos. Los mataron el 5 de abril de 1941, San Vicente Ferrer, patrn de Valencia, con otros 10. Los enterraron como perros en una fosa. La llenaban, y cuando estaba repleta, le echaban cal y abran otra".

    "El PSOE de Felipe Gonzlez no toc para nada este tema. Pero una herida cicatriza bien cuando se limpia bien. Si dejas el pus dentro, vas a tener que volver a abrirla para curarla. Piensan que el tiempo lo va a arreglar. Slo la justicia lo arregla. Slo pido que no se les acuse de auxilio a la rebelin. Los que se sublevaron fueron ellos! Es como si ahora alguien cogiera las armas porque no le gusta el Gobierno. A m no me ha gustado ninguno desde que hay elecciones, pero no se me ocurre coger un arma contra l, porque es democrtico".

    "Mi padre se muri pensando que algn da se recuperara la memoria de mi abuelo. Casi desde el principio se supo que lo haban matado y enterrado con Garca Lorca en Vznar (Granada). Mi padre tena 23 aos, estaba en cuarto de medicina. Huy. Cuando Franco dijo lo de las manos manchadas de sangre, se present, le pegaron palizas porque le reconocieron como hijo de Discoro y le metieron en la crcel, dos aos. Luego se vino a Madrid para estar lejos del pueblo, por miedo. Le destruyeron la vida. Estaba estudiando y tuvo que dejarlo. No quiso reclamar sus papeles universitarios por miedo a que fueran a buscarlo. Trabaj de repartidor, albail y descargador de camiones. Nunca fue a Vznar, por miedo".

    "Yo cumplir su deseo. Ni siquiera pedimos sacarlos de la fosa, sino slo tener la certeza de que estn all. Es muy fcil, porque a mi abuelo le faltaba una pierna. La familia de uno de los banderilleros tambin est de acuerdo. Pero la familia de Garca Lorca no quiere porque dice que eso es remover el pasado. Est todo pendiente de la Junta de Andaluca, que no ha dado el paso. Si es necesario, iremos al juzgado".

    "Lo detuvieron un 25 de septiembre y lo juzgaron el 7 de enero. Ese da ya estaba la condena a muerte. Apelamos. El 15 de febrero se confirma la sentencia, y el 2 de marzo de 1974 era ejecutado. Les interesaba ir rpido, como venganza por lo de Carrero Blanco . Al da siguiente del atentado tenamos visita con Salvador. Slo 20 minutos. Nada ms vernos, l lo dijo: ETA m ha matat. Tena razn. Recuerdo cada minuto de las ltimas 12 horas, las que llaman en capilla. A ratos hablbamos, a ratos nos abrazbamos, nos tocbamos el pelo. A veces l tena que ir al servicio por el miedo que estaba pasando, y le obligaban a hacerlo con la puerta abierta. Era horrible. Una hermana ma perdi la cabeza y deca que mi madre, muerta, iba a hacer algo".

    "Hay un momento en que yo me quedo sola. Eran las cuatro de la maana. Y un hijoputa de funcionario, un to de 50 aos, que me acuerdo de su cara, pero no de su nombre, me dijo: T sabes cmo van a matar a tu hermano?. No, le contest, ingenua. Me explic con pelos y seales cmo funciona el garrote vil. Cuando volvi mi hermano no saba qu cara poner. Yo tena 19 aos".

    "Cuando estall la guerra y tomaron Sevilla, yo estaba en las Juventudes Socialistas. Organizamos una columna para venir a buscar a Queipo de Llano. Pero nos engaaron, nos dejaron solos a los de las Juventudes, nos ametrallaron y mataron a todos los que iban en el camin. Yo me salv porque iba detrs con una moto".

    "Nos fuimos al monte. Vivamos en los tneles de viejas minas abandonadas. Nos juntamos 200 personas. Cuando acab me entregu. Me condenaron a muerte, pero me libr gracias a un familiar. Acab en el campo del canal. Era muy duro, pero mejor que la crcel. Se coma algo, porque haba que trabajar duro y no podan tenernos muertos de hambre".

    "En la crcel mora mucha ms gente, de hambre y de pena. Te daban un cazo de agua a medioda y otro por la noche. En la prisin de Cdiz estuve siete meses comiendo lentejas con bicho al medioda y por la noche. An as, en el campo haba hambre. Un da cay muerto un mulo atravesado en el canal y a los 20 minutos no quedaba nada, nos lo habamos comido. Aunque no todo era malo. All me enamor de una chica de Dos Hermanas que vena a llevarme comida. Me llev tortilla la primera vez, an me acuerdo del sabor. Luego nos casamos".

    "El Gobierno no se preocupa de nada. No es justo que te den un milloncejo de pesetas por pasar 15 o 20 aos de crcel y campos de concentracin sin ningn motivo. Slo quiero que reconozcan que luchamos en beneficio de Espaa, no nuestro, por la libertad de todos. A m, como a todos, me hacen homenajes, pero a nivel particular; el Estado no hace nada, no hay reconocimiento oficial".

    Isabel Gonzlez Losada no ha hablado para este reportaje, pero tambin fue vctima del franquismo. Perdi a su hermano. Su tesn hizo que se abriera la primera gran fosa en El Bierzo, en 2002. Hace unos meses se quejaba de la lentitud del Gobierno: "Estbamos esperando algo de una vez, fuimos a la comisin interministerial para las vctimas de la guerra y el franquismo. Nos escucharon, pero luego no nos han dicho nada. Estamos perdiendo la paciencia. Somos gente muy mayor y no podemos esperar". Isabel muri hace dos semanas.

    DESDE EL NAZISMO hasta los regmenes comunistas en la Europa del Este, pasando por las dictaduras en Amrica Latina, casi todos los pases tienen un pasado cargado de tragedias, crmenes, odios y vctimas, pero muy pocos han sido capaces de ajustar las cuentas con l para aliviar el dolor. Surfrica ofrece uno de los caminos ms interesantes. En su transicin del apartheid a la democracia en los noventa no se poda permitir un Nuremberg: los miembros de la polica y del Ejrcito acusados tenan las armas para abortar la transicin. Otra opcin fue una amnista general; una posibilidad invlida porque, como record el arzobispo Tutu, "resultara una amnesia general". Se opt por una tercera va: la Comisin de la Verdad y la Reconciliacin, en la que los perpetradores seran amnistiados si reconocan la verdad y en la que las vctimas se explicaran. Muchos perpetradores desvelaron la verdad del apartheid: torturas, secuestros, desapariciones, asesinatos. Muchas de las vctimas se mostraron agradecidas slo con ser escuchadas.

    Alemania ha tenido que luchar dos veces con su pasado. Tras la II Guerra Mundial, los aliados impusieron el procesamiento de los nazis ms destacados. Sin embargo, muchos siguieron en cargos pblicos hasta su jubilacin. A finales de los aos sesenta, los jvenes provocaron un profundo debate al preguntar a la generacin de sus padres cul fue su papel durante el rgimen nazi. Hoy, las insignias nazis son anticonstitucionales. Adems de la apertura de los archivos de la antigua polica poltica, las vctimas de la dictadura en la antigua Repblica Democrtica Alemana (RDA) perciben ya una pensin del Estado. En Hungra y Rumania, el pasado es un arma arrojadiza en la vida poltica cotidiana. Algo que tambin ocurre al otro lado del Atlntico.

    Argentina no ha logrado pasar la pgina completa de los aos ms atroces de su historia reciente, mientras que Uruguay s. Tan pronto como el presidente Ral Alfonsn lleg a la Casa Rosada en 1983, tras una dictadura de casi nueve aos, orden el enjuiciamiento de los dirigentes de los grupos guerrilleros ERP y Montoneros y los de las tres cpulas militares que haban estado en el poder desde 1976. Una comisin de la verdad dirigida por Ernesto Sbato sac a la luz las atrocidades. El procesamiento y posteriores condenas logradas por un Gobierno democrtico supusieron un hito en el mundo. La democracia encabezada por Alfonsn, sin embargo, an era vulnerable. Mucha presin y un par de alzamientos de jvenes oficiales llevaron al Gobierno a aprobar las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, dos normas muy cuestionadas en Argentina. En 1989, siendo ya Carlos Menem presidente, ste indult a los jefes militares y guerrilleros. El actual presidente, Nstor Kirchner, arranc su mandato pidiendo perdn en nombre del Estado por los desaparecidos y ha reabierto el debate proponiendo la anulacin de esas leyes de impunidad. La herida sigue sangrando.

    "Ha sido emocionante y duro a la vez. Tenamos la comida racionada y haba das que navegbamos hasta 14 horas. Cada jornada debamos buscar un lugar para dormir. Hemos pernoctado en cabaas de pescadores, en la playa...", relat ayer recin llegado, en San Sebastin el bertsolari Jon Maia, uno de los componentes de la expedicin que se ha desplazado a Canad para estudiar y recrear la vida de los balleneros vascos en el siglo XVI.

    A principios de junio siete vascos del siglo XXI cambiaron los pantalones vaqueros por atuendos propios de hace 500 aos, se avituallaron de alimentos bsicos en aquella poca y se embarcaron en Quebec en la rplica de una chalupa de hace cinco siglos. El objetivo? Conocer de primera mano el modo de vida de los cientos de antepasados que se dedicaron a la caza de la ballena en las aguas de la Pennsula canadiense de Terranova y Labrador.

    El germen de esta aventura se remonta a 1565. Aquel ao, el ballenero vasco San Juan, al que acompaaban seis chalupas, se hundi en aguas prximas al pequeo pueblo de Red Bay. Hace tres dcadas, el Gobierno canadiense decidi invertir en un proyecto cientfico que pas por sacar el galen del mar para su investigacin. Entre la nao y el fondo los arquelogos encontraron, bien conservada, una de las chalupas.

    El centro de investigacin y construccin de embarcaciones tradicionales Ontziola, ubicado en la localidad guipuzcoana de Pasaia, se hizo en 2004 con los planos de la chalupa. Desde entonces ha construido dos rplicas de ocho metros de largo y dos de ancho.

    A bordo de una de ellas, Beothuk, han navegado los miembros de la expedicin, a remo o a vela, desde Quebec hasta Red Bay. Les acompa un indgena de la tribu Mi kmaq. En seis semanas recorrieron 700 millas y recalaron en las ms importantes estaciones balleneras vascas del siglo XVI.

    "Fue un largo viaje geogrfico e histrico", subray Maia. De la presencia all de los vascos dejan constancia "un montn de toponimia" en euskera y las "historias orales" que todava pasan de una generacin a otra.

    El hallazgo de nuevos restos de homnidos en la sierra de Atapuerca ha cambiado los esquemas de los arquelogos en la teora sobre el canibalismo que practicaba uno de los antecesores del hombre hace unos 800.000 aos. Pensbamos que el canibalismo en el Homo Antecesor haba sido algo puntual, pero los nuevos hallazgos nos llevan a pensar que practicaron el canibalismo seguramente durante cientos de aos, ha dicho uno de los codirectores del yacimiento, Eudald Carbonell. Segn esta teora, hace 800.000 aos los habitantes de la sierra burgalesa coman a miembros de grupos que venan de fuera, fundamentalmente nios y nias, lo que es, para los expertos de Atapuerca ms un hbito cultural que gastronmico. Los encargados de las excavaciones esperan encontrar nuevas pruebas que consoliden esta teora en la parte del yacimiento de la Gran Dolina, donde ya se han localizado una decena de fsiles pertenecientes al Homo Antecesor.

    Los arquelogos que trabajan durante este verano en la Gran Dolina estn sorprendidos por la cantidad de restos de este antecesor del hombre. La riqueza de esta parte del yacimiento es tal que estudian la posibilidad de reforzar el equipo de trabajo y prolongar la poca de excavacin, que actualmente es de poco ms de un mes, a tres o cuatro meses al ao. Los trabajos en este nivel (a unos 15 metros) se haban paralizado en 1994, pero ahora han confirmado la cantidad de fsiles existentes, esperamos un festival de restos del Homo Antecesor en los prximos aos, ha dicho otro de los codirectores, Jos Mara Bermdez.

    Los arquelogos que trabajan en Atapuerca estudian tambin la importante industria ltica hallada tras las excavaciones, lo que permite barajar la hiptesis de que pudo haber un desarrollo de los homnidos en Europa, Asia y frica.

    Las excavaciones tambin han sacado a la luz restos ms recientes de hace 500.000 aos-en la Sima de los Huesos. Los arquelogos han desarrollado un sistema de identificacin de la cadena de ADN con restos en osos y prevn hacer lo mismo con los restos humanos. Aunque el objetivo es encontrar restos de homnidos, los hallazgos realizados hasta ahora han permitido establecer el clima que haba en esa poca en la sierra.

    Independientemente de que logren sus objetivos militares la incursin de Israel en la franja de Gaza y su masiva reaccin a lo que fue sin duda un acto de guerra de Hezbol -representante de Irn en Lbano- sin que hubiera existido ninguna provocacin, hay una cosa que est clara. La guerra que libra actualmente Israel en dos frentes ha asestado un golpe mortal al "plan de convergencia" para Cisjordania, la razn de ser fundamental del Gobierno de Olmert y su partido Kadima. Tres meses despus de su formacin, el Gobierno israel se ha quedado sin agenda poltica. Y lo curioso es que slo Hams puede salvarle de caer en una agona poltica sin perspectivas.

    El caso de Hezbol es distinto, y la solucin a la crisis en el frente norte tiene que ser diferente. Israel no mantiene ninguna disputa territorial con Lbano, y Hezbol no es ningn movimiento nacional que est luchando legtimamente para "acabar con la ocupacin". Es, por el contrario, un instrumento de la estrategia regional de desestabilizacin que propugnan Irn y Siria. Existen razones para creer que el arsenal de misiles de Hezbol -algunos seguramente ms complejos que los empleados hasta el momento en la presente crisis- forma parte del despliegue militar regional de Irn, y no del sistema de defensa de Lbano. En Lbano, lo que est en juego es la credibilidad de la comunidad internacional, que hizo de intermediaria y dio legitimidad a la retirada israel del pas en mayo de 2001. Hezbol es un actor importante en la poltica libanesa; incluso tiene ministros en el Gobierno. Sin embargo, en la crisis actual, est actuando ms como una pieza en el puzzle regional de Irn que como defensor de los intereses nacionales de Lbano. Israel ha entrado en guerra con Irn y Siria a travs de los grupos que les representan.

    Es triste y lamentable que, en ambos lados, la poblacin civil tenga que sufrir las consecuencias de esta tragedia. Pero los motivos de Israel son justos. sta no es una guerra de ocupacin ni una guerra de asentamientos. Es una guerra por la validez de una frontera internacional trazada, definida y reconocida por Naciones Unidas. Cualquiera, sea en Israel o especialmente en la comunidad internacional, que predique que los israeles deben retirarse de los territorios palestinos ocupados a las fronteras permanentes reconocidas tiene que estar de acuerdo con Israel en el caso de la guerra actual. Cualquiera que proclame seriamente la necesidad de que los israeles "pongan fin a la ocupacin" debe apoyar ahora a Israel. Lo contrario supondra eliminar con cualquier perspectiva de acabar esa ocupacin en donde ms importa, en el caso palestino; significara adems desautorizar a las fuerzas polticas que, dentro de Israel, llevan aos luchando por un Estado palestino con unas fronteras reconocidas internacionalmente. Esto no quiere decir, en absoluto, que haya que aprobar todas las acciones del ejrcito israel, aunque algunos de los que hablan del uso de una "fuerza desproporcionada" por parte de Israel podran darnos a todos lecciones sobre cmo borrar ciudades enteras del mapa; es el caso de Putin en Grozny. Personalmente, creo que la reaccin de Israel podra ser ms imaginativa y precisa. La indignacin causada por la prdida de vidas humanas en Beirut est justificada; pero tampoco pueden dejar de mencionarse los ataques indiscriminados contra la poblacin civil israel.

    En cuanto al dilema palestino de Israel, es evidente que el estallido actual plantea la necesidad de revisar el plan de convergencia del Gobierno, como, de hecho, ya han pedido varios ministros. En cualquier caso, la retirada y el desmantelamiento de los asentamientos en Cisjordania, de donde hay que evacuar a 800.000 colonos, constituyen una operacin mucho ms complicada que la retirada unilateral que llev a cabo Ariel Sharon en Gaza, de donde slo se repatri a 8.000 colonos. Ahora bien, si en Gaza, una franja compacta cuya frontera con Israel nunca ha estado en duda, la retirada engendr tal estado de guerra que Israel se vio obligado a invadir los territorios que haba abandonado menos de un ao antes, qu posibilidades hay de que una operacin similar salga bien en Cisjordania, donde es necesario un reparto de responsabilidades mucho ms sutil, fluido y ambiguo, con un lado palestino -el Gobierno de Hams- que ha quedado descartado como socio desde el principio?

    La operacin Lluvia de Verano en Gaza ha dejado al descubierto de forma dramtica la equivocacin de la estrategia israel de retirada unilateral de los territorios palestinos, y los primeros que se han dado cuenta han sido los propios israeles. Un sondeo de opinin del Instituto Reut de Tel Aviv, realizado bajo la conmocin del brote actual de violencia, muestra una marcada cada del respaldo de la poblacin al "plan de convergencia"; hoy slo

    Las tristes lecciones de la retirada de Gaza significan que el espectro del lanzamiento de misiles Kassam desde un nuevo frente en Cisjordania contra los principales centros urbanos de Israel en la zona de Tel Aviv, incluido el aeropuerto internacional Ben-Gurion, ya no es una hiptesis exagerada. Si el primer ministro Olmert desea salvar su "plan de convergencia", tendra que coordinarlo con un socio palestino, que slo puede ser el Gobierno de Hams presidido por Ismail Hanyieh. Eso significa, fundamentalmente, utilizar la guerra actual en Gaza como oportunidad para alcanzar un acuerdo con Hams que no se reduzca al problema del soldado secuestrado. Un Gobierno israel dispuesto a abandonar la inercia de las incursiones y los asesinatos selectivos debera ser capaz de aprovechar el sondeo del Instituto Reut que indica que al menos el 45% de los israeles apoyara hoy unas negociaciones directas con Hams.

    Despus de una victoria electoral no deseada ni prevista, porque le obliga a reducir considerablemente su libertad de accin para poder mitigar las penosas consecuencias que tuvo su triunfo para el pueblo palestino, Hams es ms susceptible que la OLP de Abbas a la posibilidad de alcanzar un acuerdo provisional a largo plazo con Israel. Lo que la OLP, obsesionada con el resultado final, se niega a tener en cuenta -un acuerdo provisional- es algo que Hams, con toda probabilidad, estara dispuesto a estudiar.

    Sin embargo, para lograr un acuerdo con Hams que sea ms duradero y fiable que un acuerdo con la OLP, Hams debe volver a ser lo que siempre fue, una organizacin disciplinada y jerrquica, capaz de respetar un alto el fuego. Tanto el fracaso de la lgica que represent la retirada israel de Gaza como el que supone el asalto de Hezbol a los razonamientos que acompaaron a la retirada de Lbano en mayo de 2000 son un triste recordatorio de un fallo fundamental en la estrategia del presidente Bush para Oriente Prximo. La democracia rabe no es necesariamente la clave para la paz y la estabilidad. Es una cuestin de orden y autoridad. Al fin y al cabo, la guerra actual en dos frentes la desencadenaron milicias independientes sobre las que los dos nicos Gobiernos elegidos democrticamente de todo el Oriente Prximo rabe, los de Palestina y Lbano, no tienen absolutamente ninguna autoridad.

    Para ser un socio respetable, Hams debe tener cuidado de no caer en una anarqua institucionalizada tan desastrosa como la de Al Fatah ni convertirse en un Estado dentro del Estado como Hezbol. Ariel Sharon conoca perfectamente la capacidad de Hams para cumplir sus compromisos cuando, al retirarse de Gaza, y gracias a la mediacin del presidente Abbas, alcanz un acuerdo tcito con el movimiento que garantizaba la retirada suave y pacfica de la franja.

    Pero los motivos para llegar a un acuerdo con Hams sobre el "plan de convergencia" en Cisjordania son ms fundamentales. Curiosamente, Israel y Hams comparten un profundo escepticismo respecto al "proceso de paz". Ninguno de los dos cree en que sea factible una paz negociada inmediata, ni se aferra a sueos pasados sobre un "final del conflicto" celestial. Israel no est dispuesto a pagar el precio de un acuerdo definitivo, y Hams no es capaz todava de hacer concesiones en su ideologa esencial mediante un apoyo inequvoco a la solucin de dos Estados y las fronteras de 1967, que supondra prcticamente renunciar al derecho de retorno de los refugiados palestinos.

    Un acuerdo sobre el "plan de convergencia" es positivo para el inters de Israel en tener una frontera estable, aunque sea provisional, con Cisjordania, y beneficia perfectamente a Hams. Supondra el fin del ostracismo internacional al que ha vivido condenado su Gobierno desde que asumi el poder y les permitira conciliar el rechazo ideolgico a Israel con un paso importante hacia el "fin de la ocupacin", al mismo tiempo que les permitira tener un respiro para poder abordar sus problemas internos, que, al fin y al cabo, fueron el motivo principal por el que la gente les vot.

    Es cierto que, como dira con razn Israel, la situacin de los palestinos no es ms que un pretexto para las provocaciones de Hezbol. No obstante, la guerra en dos frentes que libra actualmente Israel representa el fracaso de la filosofa de la derecha israel -as como de los neocons del entorno del presidente Bush- de que alcanzar un acuerdo con el mundo rabe e imponer disciplina a los "Estados canallas" de la regin eran dos condiciones previas y necesarias para llegar a una paz entre Israel y Palestina. Lo que vemos hoy es una clara confirmacin de que la estrategia poltica de "primero Palestina" emprendida por dos Gobiernos laboristas, el de Rabin y el de Barak, era la acertada. Lo que llev a Rabin a Oslo y a Barak a Camp David y Taba fue la conviccin de que exista una mnima oportunidad para lograr la paz con los palestinos antes de que Irn se convirtiera en una potencia nuclear y el fundamentalismo islmico en una amenaza mortal para los regmenes rabes moderados.

    Ahora debera ser un objetivo fundamental para Israel y para esos regmenes rabes moderados que la guerra en el norte no empeore hasta ser una conflagracin regional. Y, a diferencia del caso palestino, en el que hay tantas diferencias que resolver entre las partes antes de poder llegar a un acuerdo, en el caso de Lbano la solucin est ya inventada. Israel se retir hace seis aos del pas, hasta la frontera internacional, conforme a la resolucin 425 del Consejo de Seguridad, y posteriormente se aprob la resolucin 1559, que exiga a Lbano que desmantelara Hezbol, desplegara su ejrcito en el sur y acabara con la absurda y peligrosa anomala consistente en que una milicia al servicio de Irn y Siria controle la frontera con Israel y prcticamente tenga en sus manos la llave de la estabilidad de todo Oriente Prximo.

    La vieja costumbre de culpar a Israel por el uso de una "fuerza desproporcionada" no puede sustituir a un esfuerzo multilateral serio para terminar con este espantoso ciclo de violencia. En lo esencial, eso significa un alto el fuego y que el Consejo de Seguridad reitere la validez de la resolucin 1559, adems de ofrecer al Gobierno libans toda la ayuda que necesite para su puesta en prctica.

    Lbano es una sociedad que ha demostrado recientemente una capacidad admirable de movilizacin por la causa de la democracia y por su independencia de la tutela de Siria. Puede hacer lo mismo respecto a Hezbol. Y si, incluso con la atencin de la comunidad internacional, Lbano llega a la conclusin de que el desmantelamiento de la estructura militar de Hezbol -como exige de manera explcita la resolucin 1559- est por encima de su capacidad, aun as contribuiran a la paz el despliegue definitivo del ejrcito libans junto a la frontera israel y el establecimiento de mecanismos que impidan que este "Partido de Dios" vuelva al sur. Un Estado soberano es el que se comporta como tal, y el monopolio del Estado sobre el derecho a llevar armas es una barrera crucial contra la desarticulacin de la soberana. La debilidad del Gobierno libans y la fragilidad de su equilibrio inter-tnico exige que el posible alto el fuego vaya acompaado del despliegue de una slida fuerza internacional en el sur del pas.

    Me temo que Israel no estara dispuesto a aceptar un alto el fuego que no vaya acompaado de nuevas normas de conducta en su frontera norte. Es ms, en realidad, no es que sean nuevas normas, porque son las condiciones que estableci la propia comunidad internacional hace seis aos para conseguir que Israel se retirara hasta la frontera. En aquel tiempo yo era miembro del gabinete de crisis de Israel, y recuerdo hasta qu punto se pact con la ONU cada mnimo detalle de nuestra retirada (a la que, por cierto, se opuso el ejrcito). Por consiguiente, es la comunidad internacional la que debe garantizar que un alto el fuego no degenere en otro estallido de aqu a unos cuantos meses.

    Dijo que el operativo de las fuerzas armadas israeles en Gaza est fuera de toda proporcin y que lo avergenza ser amigo de Israel. Estas palabras no provienen de algn judo que se odia a s mismo, como Tel Aviv y sus lobbies de Occidente califican a todo judo de la dispora o no que rechaza sus polticas de colonizacin y agresin al pueblo palestino. Pertenecen a Mario Vargas Llosa, quien no entra en esa categora por razones obvias: no es judo ni se odia a s mismo. El gran novelista las formul en una entrevista al diario israel Haaretz (

    , 9-7-06): Israel agreg se ha convertido en un pas poderoso y arrogante y cabe a los amigos ser muy crticos de sus polticas. Qu habr pensado en materia de proporciones el Premio Jerusaln 1995 y miembro honorario de la Universidad Hebrea de Jerusaln cuando das despus tropas israeles, en represalia por la captura de dos de sus soldados, incursionaron en el sur del Lbano, bloquearon sus puertos, bombardearon el aeropuerto de Beirut y dos bases militares libanesas, causaron la muerte de 53 civiles y provocaron la respuesta de Hezbol (Reuters, 13-7-06).

    Tel Aviv recibe de EE.UU. un promedio de 15 millones de dlares diarios en concepto de subsidios y ayuda militar. Las ONG palestinas, unos magros 232.000 dlares diarios que adems la Casa Blanca ha suspendido desde el triunfo en las urnas de Hamas. Gracias a la ayuda norteamericana, las Fuerzas de Defensa de Israel cuentan con ms de 3800 tanques, 1500 piezas de artillera pesada, 2000 bombarderos, helicpteros de combate y cazas, incluidos los F-16 de fabricacin estadounidense, y un nmero indeterminado de bombas nucleares que se estimaba en 300 a fines de la dcada pasada. El ao que viene se cumplen 40 desde que Israel ocupa territorios palestinos con mano de hierro y sus tropas han vuelto a entrar en Gaza. La respuesta, esos atentados suicidas que siegan la vida de inocentes civiles israeles, es ciertamente repudiable. Pareciera, como seal Vargas Llosa, que paradjicamente, los extremistas de uno y otro lado comparten una agenda cuyo propsito es impedir cualquier posibilidad de negociaciones y de concesiones mutuas. Claro que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

    La notable periodista israel Amira Hass ha hecho los distingos. Un palestino es un terrorista cuando ataca a civiles israeles y cuando ataca a soldados israeles acantonados a las puertas de una ciudad palestina... cuando una unidad del ejrcito israel irrumpe con tanques en su vecindario y el palestino dispara contra un soldado israel que emerge por un instante de la torreta de su tanque... cuando es alcanzado por fuego procedente de un helicptero mientras empua su rifle. Los palestinos son terroristas tanto si matan a soldados como si matan a civiles. Agrega: El soldado israel es un combatiente cuando dispara un misil desde un helicptero, o un obs desde un tanque, contra un grupo de personas reunidas en Kahn Yunis (poblado de Gaza)... cuando dispara una granada contra una casa (palestina) de la que el ejrcito israel afirma que ha salido un cohete Qassam y mata a un hombre o una mujer... el soldado israel mata a gente armada y mata a civiles... mata a comandantes de batallones de terroristas asesinos y mata a bebs y ancianos que se hallan en sus casas. Ms exactamente, stos caen bajo el fuego israel (Haaretz, 9-10-02).

    No es el nico modo de morir que los palestinos conocen. La Cruz Roja Internacional ha informado en El Cairo que entre 3000 y 7000 palestinos esperan desde fines de junio el permiso para regresar a Gaza. Se amontonan del lado egipcio de la caseta de cruce al poblado fronterizo de Rafah y578 de ellos necesitan atencin mdica urgente (Haaretz, 11-7-06). El martes 4 fallecieron una joven palestina de 19 aos que haba sido operada en un hospital cairota y cuyas condiciones se deterioraron durante la espera hasta que le lleg la muerte, y un infante de ao y medio por infarto. Dos enfermos ms cruzaron esa otra clase de frontera, un hombre de 68 aos y un muchacho de 15 que haban sido tratados de enfermedades cardacas en la capital de Egipto (Reuters, 11-7-06). Los dems siguen aguardando el permiso israel para volver a Gaza mientras se escriben estas lneas.

    No son los nicos que esperan: por primera vez desde la Guerra de los Seis Das de 1967, Tel Aviv prohbe ahora la entrada de palestinos con ciudadana extranjera, en su mayora estadounidenses, pero tambin europeos. Varios miles no pueden regresar a sus casas y puestos de trabajo, o visitar a sus familias, en el territorio palestino ocupado de la Ribera Occidental. Esta medida tambin incluye a extranjeros casados con una palestina o un palestino y a profesores visitantes. Hace falta un permiso emitido por la Autoridad Palestina y autorizado por los funcionarios israeles, pero este mecanismo se interrumpi en septiembre de 2000. El Ministerio del Interior y la Administracin Civil (de Israel) declinaron comentar el hecho de que durante 40 aos los ciudadanos palestinos residentes en pases occidentales no necesitaban un permiso de visita (Haaretz, 11-7-06). Pero se es un detalle y el gobierno de Israel no es detallista.

    POR qu no se puede hablar de los judos?, se pregunta un tal Berlanga en La Razn. Las preguntas estpidas no buscan respuesta. Son formas de empezar y de encubrir. Exordios y eufemismos. El tal Berlanga no quiere preguntar nada, sino colarnos su opinin (sera excesivo atribuirle un pensamiento) disfrazada de visin del mundo. Por qu no se puede hablar de los judos? significa: Cmo que no se puede hablar mal de los judos? Pasen y lean lo que pienso de esta cuestin. Pensar, lo que se dice pensar, el tal Berlanga, repito, no piensa nada. Shakespeare y Baroja hacen el gasto, Berlanga glosa. Los judos, dice, se hacen las vctimas para matar ms a gusto: esto es de Mein Kampf, Berlanga. No es tuyo, aunque opines lo mismo. Los judos, dice, protestan todava de que los expulsaran de la Espaa de los Reyes Catlicos y de la Alemania nazi. Opinin errnea, Berlanga. A los judos no los expulsaron de la Alemania nazi. Los exterminaron. Que s, Berlanga, ceporrillo. Entrate. No es cuestin de opiniones, como parece que le contestaban a la pobre Hannah Arendt en la posguerra alemana cuando haca preguntas indiscretas y, al contrario que la tuya, inteligentes: Por qu invadieron ustedes Polonia? No, mire usted, los polacos nos invadieron primero. Pero, oiga, eso no fue exactamente as. Cuestin de opiniones. El nazismo siempre pretendi ser cuestin de opiniones.

    A m me parece que las opiniones del tal Berlanga son perfectamente prescindibles. Me parece incluso que el tal Berlanga es perfectamente prescindible, no ya en La Razn (lo que cae de su peso), sino en la Historia y en la existencia en general. Pero no voy a ponerme a enmendar la plana al Eterno, que, si lo ha creado, algn motivo habr tenido. Como judo, s que hasta la ms miserable de las criaturas cumple una funcin en el orden moral. Intuyo, por ejemplo, que Simancas existe para que Aguirre resplandezca. Encontrarle funcin y sentido a la existencia del tal Berlanga, para qu les voy a engaar, es mucho ms difcil. Pero tenerla, seguro que la tiene. Quiz slo fue creado para que yo escribiera este artculo. Todo un dispendio, una inversin excesiva del Rey del Universo, bendito sea su Nombre. Con lo que ha costado producir al tal Berlanga, cualquier ONG habra salvado de la extincin a varias tribus de la Amazonia o mantenido una red de orfanatos en los Urales. O los israeles habran convertido el Neguev en un bosque rtico. Vale, pero no eran esos los designios del Altsimo, que algn da espero conocer, porque me intrigan, y en este caso an ms: me desconciertan.

    Ser judo en Espaa no es fcil. No voy de vctima, entindase. Ahora bien, cuando te ponen alegremente el sambenito de verdugo, desconfa. Van a por ti. Llamar a los israeles genocidas es apuntarse a los planes de Irn, que son los de Hitler Cmo? Entonces, no se puede llamar genocidas a los israeles? Hombre, por poder, s se puede, como lo demuestran Simancas, Berlanga y un largo etctera, pero hay que saber dnde te colocas al hacerlo. Contra m, para empezar, y a muerte. Una web islmica me acusa de estar preparando con otros sionistas el futuro holocausto de los musulmanes europeos. Tal como van las cosas, en efecto, no es imposible un nuevo holocausto en Europa. Pero no ser el de los musulmanes, con el barril de crudo a ochenta dlares y la marea integrista inundndonos. Ni siquiera el de los judos, porque no nos pillarn en otra, pero, si yo fuera cristiano, ya estara tomando precauciones, lo digo en serio. En cuanto a la pornografa antisemita, pienso en nuestros nios judos. En los compaeros de mi hijo, por ejemplo, en nios concretos. Y te juro, Berlanga, que ninguno de ellos terminar en un nuevo Auschwitz. O sea que ve tomando nota. Ya sabes dnde me tienes.

    Hacia las 10.30 horas de la maana (una hora menos en la pennsula), esta cronista regres al hotel justo a tiempo para contarles a Hanan y Ahlam, que salan para instalarse en un pequeo apartamento cercano, cmo ha quedado su barrio, el suburbio Haret Hreik (imaginen Legans o Hospitalet), que sigue siendo bombardeado. Desde el principio, intensamente bombardeado por Israel. Apenas queda gente all. Algunos coches con banderas de Hizbul, con personas muy amables y amistosas dentro. Muchos edificios destruidos, y muchos otros por destruir, les he dicho. Hanan y Ahlam son hija y madre, y durante estos das han sido vecinas de mi planta del hotel, pero ya no pueden permitirse los precios de las habitaciones. Las he visto a la hora del desayuno, con su sirvienta srilankesa (sentadas a la mesa las tres: no crean que ocurre con frecuencia: hay quien les deja dar cuenta de las sobras), da tras da. Nos hemos abrazado, nos hemos deseado buena suerte. Hanan, la hija, lleva velo color de rosa; la madre, una bonita melena negra, suelta y libre. Las dos forman parte de este pas convertido en vctima colateral y que a nadie parece importarle. Arrancadas de cuajo de sus hogares, como tantas familias.

    Los barrios de la periferia sur mayoritariamente chies de Beirut, lo que aqu se llama Dahiye (literalmente en rabe, suburbio), cercanos al aeropuerto, forman un paisaje de desolacin perfectamente indescriptible, que espero que ustedes contemplen en imgenes. Las personas merecen palabras: esas vctimas, esas familias escindidas. La gente que no puede encontrarse, aunque que lleg a tiempo (o no) para poner a buen recaudo a su mujer o a su hija, y a refugiarse en otro lugar. Hay una conmovedora emisin en el canal New TV: continuamente recibe llamadas de espectadores que dan su direccin e indican el nmero de camas de que disponen, para acoger a refugiados. Uno de los grandes objetivos de Israel en estos momentos es fragmentar Lbano para comrselo a trozos. Es de esperar que el pueblo libans sepa que su nica oportunidad para el futuro consiste en unirse ante la agresin (y convertir a Hizbol en parte del ejrcito regular, bajo las leyes civiles estatales), y no permitir que los puentes materiales que ya empiezan a separarles se conviertan en puentes psicolgicos. Esto va a empeorar mucho, lo dicen fuentes diplomticas europeas muy fiables.

    Familias escindidas, deca. Hombres y mujeres pendientes de cualquier televisin por si reconocen, entre los escombros de cada bombardeo, su lugar natal, aquel donde dejaron a su madre; o la casita que han ido hacindose con sudores de esclavo para retirarse cuando puedan. Abed, matre del caf Gemayze en la zona cristiana, se pasa las horas muertas pegado al televisor del mostrador, junto con otros compaeros. l sufre por una vieja ta que se asusta por todo y a la que no puede localizar. Viva con su mujer, su hija (recin licenciada en literatura francesa) y su hijo, en un piso adquirido con esfuerzo en el populoso y humilde barrio de Mreijeh, pegado al aeropuerto. Se han mudado un poco ms lejos, a Chiah, que tal vez sea ms segura porque all viven tambin maronitas que antiguamente bajaron de las montaas. Pero yo no dara un duro, en este momento, ni siquiera por el barrio de Hamra, en el que vivo. Esto tiene toda la pinta de que Israel quiere repetir el acoso del verano del 82. Porque, si slo quieren eliminar a Hizbul, por qu bombardea hospitales? Qu dao les ha hecho el faro de Beirut? A qu viene inutilizar el laborioso puerto, y el ms chiquitn de Junieh, en el norte cristiano, cerca de la estatua de la Harisa, la virgen, y con el casino de juego y espectculo al lado? Tienen hambre de Lbano. Y de Siria e Irn. Y sed de venganza. Hizbul precipita las cosas.

    Sigamos con Abed. Es un chi laico, que reza por dentro, carnal y emotivamente enamorado de su esposa de toda la vida. Una vez me sorprendi dndole una palmadita en el trasero en mi presencia, en la intimidad de su hogar. Abed sufre porque su esposa haba recibido a sus tres hermanas, libanesas que emigraron a Senegal, y haca tiempo que no se vean. Planeaban pasar el verano en familia, pero han tenido que marcharse al poco de llegar. Abed tiene a su primognito, Ahmed, trabajando en el mismo caf, en otro turno. As puede pagarse una Universidad de poco prestigio, en la que esperaba ingresar este curso. Este incierto curso. En cuanto a Farida, la chica, da clases de francs para contribuir a la economa familiar. Ahora no tiene vecinas con ganas de saber idiomas, y eso le permite leer a Flaubert y Stendhal en lengua original.

    Les estoy contando quines son las vctimas de esta guerra atroz. Gente que vive muy mal. Entre clase media-baja e infrabaja, trabajadores humildes. La mayora de ellos, ahora mismo, no tienen para comer.

    Hizbul ayuda a los pobres. Esa es su estrategia. Cuando cobras 400 dlares al mes por doce horas de trabajo diario, tienes que elegir entre alimentar a tus hijos o enviarlos al colegio. Hizbul tuvo la astucia de instalar dispensarios, dar trabajo y ofrecer escuelas. Ms vale aprender el Corn que no saber nada. Ms vale tener a buen recaudo a los nios sin escolarizar, en un lugar piadoso, antes de que vaguen por las calles o se pasen al pegamento. Por eso Hizbul tiene tanta fuerza en el sur de la marginacin y el abandono, que el tan (pstumamente: en vida era otra cosa) llorado presidente Rafic Hariri, ocult construyendo las autopistas y los puentes elevados que han destruido los israeles: no los sirios, ni los iranes, ni tampoco Hizbul.

    De modo que abrac a Hanan y Ahlam, quedamos en vernos pronto, nos deseamos suerte. Cuando entraba en mi habitacin son la primera bomba. Una ms, entre las muchas que volvieron a caer sobre Harek Hreik y alrededores, ahora como represalia por los misiles recibidos en Haifa desde el sur de Lbano.

    16.00.- El cuartel general del jefe de la faccin libanesa de Hizbul, situado en el sur de Beirut, es destruido totalmente por los bombardeos israeles, segn la agencia oficial.

    11.45.- Proyectiles israeles impactan contra dos vehculos que evacuaban habitantes de la localidad libanesa de Shamad el Bayada, en el sur del pas, y matan a 18 civiles, nueve de ellos nios. Aviones israeles bombardean adems un barrio chi de Beirut.

    Cuando esto acabe, voy a enmarcar tres documentos como recuerdo de los das y las noches de Beirut. Uno, la codiciadsima entrada que consegu para asistir la noche del sbado, ayer para ustedes, al concierto de la diosa Fairuz en el festival de Baalbek (pospuesto indefinidamente). Dos, un folleto del Museo Nacional. Y tres, el billete de mi regreso a Barcelona, por Air France, previsto para el prximo da 21 y en absoluto realizable, por razones de bombardeos israeles repetidos, del aeropuerto de Beirut, y de las rutas que a l conducen.

    En realidad, debera enmarcar tambin el mensaje electrnico que Air France acaba de enviarme, amabilsimo, anuncindome que mi vuelo ha sido anulado. Mira t.

    Todos esos papeles, que antes representaban el cotidiano fluir de la vida en circunstancias normales, han devenido en objeto de culto porque son el smbolo, en papel, de algo muchsimo peor: la destruccin de una porcin de Lbano por parte de una fuerza invasora que responde como un Goliath, armado con los ltimos adelantos, a un David (Hezbol) que hace lo que puede para aumentar su predominio en el pas y el de Siria e Irn en la zona.

    Esos papeles pertenecen a los das antiguos. En los de ahora hay lo que ustedes ya han visto por televisin y en las fotos de los diarios, y que me voy a ahorrar describir porque una imagen de personas que huyen del horror -hacia no saben qu otro horror-, arrastrando sus pertenencias, no slo vale ms que mil palabras. Es la insignia de nuestro tiempo: refugiados, desplazados, perseguidos.

    Lbano ya pas por esto, por demasiados estos y aquellos, y aqu en Beirut todos los que tienen edad para recordar, incluida esta reportera, sabemos que estamos abandonados a nuestra suerte, pero no solos. Pegadas a cada nuca se encuentran las sombras de la ruina y el dolor de nuestros ayeres. Y no podemos creer que en este pobre pas lo peor est sucediendo de nuevo. Un pobre pas con una de las sociedades ms vitales y una iniciativa privada de las ms ingeniosas que conozco; frenadas, sin embargo, por la inoperancia de su clase poltica y por el exceso de sectarismo que marca a todos, del Gobierno y el Parlamento abajo.

    El conflicto de la regin levantina, de la que constituye un punto estratgico, es la guinda que corona el desastre. Lbano no tiene otro tesoro que su situacin, su belleza, su gente y su agua, que mana de las montaas y brota de los manantiales subterrneos. Agua que, por cierto, cuando le apetece le roba Israel, saqueando el sureo ro Litani, cuyos puentes tambin ha volado ahora el invasor.

    Slo horas antes de que los papeles de que hablo se convirtieran en parte de mi historia en esta historia, recib la llamada de mi colega Toms Alcoverro, de La Vanguardia, decano de los corresponsales en Oriente Prximo, acrrimo beirut y tan hamriota -ciudadanos de Hamra, el barrio ms apasionante de la ciudad- como quien esto firma. "Hezbol ha secuestrado a dos soldados", me anunci. "Se te han acabado las vacaciones, porque se va a armar". Calcul, con esa absurda lgica que se impone cuando avistas un abismo, que, por poco que tardara la reaccin israel, me daba tiempo a visitar, una vez ms, el Museo Nacional.

    Les contar por qu. Una razn personal: por el entonces llamado "paso del museo" corra yo como loca en la primavera del 89, para pasar de zona musulmana a zona cristiana y viceversa, en medio de los bombardeos entre sirios y las tropas del general Aoun. Y el edificio semidestruido del museo, con su estilo neofaranico, segua en su sitio, como un piln de resistencia. Las extraordinarias antigedades que cobija -todo Lbano es un vivero subterrneo de civilizaciones anteriores- se encontraban en el stano, protegidas de la destruccin por baos de cemento que las haban convertido en bloques fantasmales. Igual que, en la Banque du Liban, se encontraban las reservas de oro, en sus cofres, con el director viviendo all abajo, ejerciendo de viga.

    Por tanto, fui al reconstruido museo porque para m constituye un monumento a la belleza y al orden y a la perseverancia. A la persistencia de la idea de que puede existir un mundo mejor: conservado, no derruido. Pero haba otra razn: quera relativizar. Pasear lentamente desde la prehistoria hasta el siglo XVI. Llenarme de la Fenicia sometida a los persas, conquistada por Alejandro, descontrolada por los selucidas, anexionada por Pompeyo, regalada por Marco Antonio a Cleopatra; del pas rabe en que se convirti 637 aos despus de Cristo, de su periodo bizantino, y de la conquista de los mamelucos. Este museo calienta el corazn y enfra la cabeza. Del mismo modo, las placas que otros ejrcitos invasores de los dos siglos pasados dejaron en el Nahr el-Kelb, en las afueras de Beirut, hacia el norte, para conmemorar que estuvieron all, y es la prueba palpable de que todos, lo digan o no las placas, tuvieron que irse. Tambin se han ido otros conquistadores de tiempos ms recientes, Israel especialmente. Esas seales en la agreste montaa forman parte en este momento del patrimonio ms voltil, el que ms se necesita. El de la esperanza. Tarde o temprano, acabarn yndose.

    Sin embargo, el presente viene mordiendo la yugular, y los hospitales rebosan de heridos, hasta el punto de que el ministro de Sanidad va a (o dice que va a) obligar a los hospitales privados y carsimos, que aqu rebosan y resultan inaccesibles, a atender al pueblo soberano.

    Y anoche sal a dar una vuelta por Beirut. Previamente haba estado en el caf El Rawda, inocente merendero situado junto al mar que ahora cuenta con el inconveniente de hallarse cerca de los barrios chiitas en los que Hezbol huronea e Israel bombardea. Las enormes terrazas, vacas. Cuatro clientes. Un par de camareros. Se notaba que tenan cargo, porque lo hacan fatal; los camareros de verdad, que son pobres, estn escondidos en sus peligrosos suburbios, o han huido a las montaas.

    Debajo, en las rocas, unos viejecitos en baador, en mesas de cmping, jugaban al baggamon. Nos saludamos y nos dirigimos una pattica V de victoria. Entonces retumb un proyectil ms al sur, en el mar, y luego son otro. En dos minutos estaba en el coche, camino del hotel, en donde me informaron de que Hezbol haba acertado a un barco israel.

    Sal a la noche beirut y lo encontr todo cerrado, todo oscuro. Las dicharacheras discotecas, los bares de moda, los restaurantes refinados de Monnod y Gourad, las calles hace poco inundadas de jvenes, parecan sepulturas. Cerca, la fatdica calle Damasco pareca recuperar su antiguo maleficio, del tiempo en que durante ms de tres lustros dividi en dos la ciudad como un frente y tambin como un nido de ratas humanas armadas. Los boquetes que an quedan en bastantes casas parecan, anoche, torvos anuncios de lo por venir.

    16.00.- El cuartel general del jefe de la faccin libanesa de Hizbul, situado en el sur de Beirut, es destruido totalmente por los bombardeos israeles, segn la agencia oficial.

    11.45.- Proyectiles israeles impactan contra dos vehculos que evacuaban habitantes de la localidad libanesa de Shamad el Bayada, en el sur del pas, y matan a 18 civiles, nueve de ellos nios. Aviones israeles bombardean adems un barrio chi de Beirut.

    Suelo elegir para ir de vacaciones las ciudades que ms amo, y aquellas que temo no volver a ver. Mi repentina decisin de pasar unos das en Beirut se vio apoyada por este peridico con un estimulante consejo: "Haz un reportaje para agosto y cuenta cmo se pasa all el verano". "As fue como llegu a Beirut la primera vez, en 1987: para informar sobre la paradoja del verano libans en guerra", respond. Por entonces el verano era caliente -campos palestinos sitiados, coches bomba, secuestro de extranjeros-, y ste va a serlo de nuevo.

    De modo que, 20 aos despus, estaba yo tomando el sol en la piscina del hotel St. George, pegada al lugar donde volaron al primer ministro Rafik Hariri, un pedazo de calle hoy convenientemente reasfaltado y cercado para guardar todos los secretos; un sitio piadosamente bautizado como Rafik Hariri Place. Hay que reconocer que en Beirut te ponen una calle cuando ests vivo y que, cuando te han asesinado, te ponen varias. Pocas horas despus, Hezbol montaba lo de los soldados israeles, y el futuro ya ser historia. Como el pasado. Desde el profundo lugar en donde le mantienen en coma, Ariel Sharon ve cumplidos sus designios. Destruir la resistencia palestina, jorobar a Lbano.

    Una temporada turstica que se prometa feliz, que ya empezaba a dar sus frutos -el lujoso Movenpick Hotel lleno de saudes con bungals que cuestan lo que un piso en Madrid-, los tenderos de Hamra frotndose las manos: "Dicen que vendrn milln y medio de visitantes". El cuento de la lechera que los beirutes se cuentan para resistir la realidad se ha visto, una vez ms, con el cntaro roto. Todava con las emociones calientes del Mundial de Ftbol, que les haba hecho sentirse ganadores, pues con astucia iban reemplazando banderas hasta hacerse con la del ganador.

    Se rompi el cntaro. Mientras escribo esto, en mi hotel de toda la vida, Le Cavalier, la gente espera con las maletas hechas los autobuses que les llevarn a Damasco o a Ammn -las nicas vas expeditas, al menos en estos momentos-, desde donde tomarn un avin hacia sus pases respectivos, o recuperarn la paz de sus hogares en Siria y Jordania. Hoy me han entrevistado para una televisin, cazndome en la calle: mujer extranjera sola que elige quedarse. Formaba parte de lo extico del da.

    He salido a dar una vuelta por los alrededores -conviene no acercarse a los barrios chies del sur de Beirut, ms fcilmente bombardeables: y adems, con sus excitados habitantes celebrando las hazaas de Hezbol mediante tiros al aire o petardazos-, y he visto a la gente de siempre, ms triste y desesperanzada que nunca. Ha vuelto. Se refieren a algo ms que los israeles. Se refieren a la incapacidad de sus polticos, a la inoperancia de un Gobierno que se rene para decidir que no decide o para determinar -e incumplir- que no se insultarn mutuamente en pblico. Slo la extrema gravedad de esta crisis les ha hecho juntarse en consejo de ministros... para realizar una declaracin que es toda una demostracin de esquizofrenia. El Gobierno se desentiende de aquello que hace un partido al que pertenecen algunos de sus ministros. Israel lo tiene fcil. Hezbol y sus patrocinadores, tambin.

    Pero es la gente la que sufre, la que teme. Y la que agradece que le compres los peridicos, como siempre. Que te intereses por su salud, como siempre. Que te tomes un par de cafs, en donde siempre. De nuevo los nombres de las tiendas, como en las otras guerras ocurra, me ponen un nudo en la garganta: La Vie en Rose, Dernier Crie. Hay una nueva, cuyo nombre, Princess Diane, ms bien parece una maldicin.

    En el hotel, a mi lado, un matrimonio sirio y la ta materna me cuentan que se encuentran aqu para adquirir el traje de novia de su hija y sobrina. No se pueden ir: es carsimo, nada menos que de La Belle Marie -recuerdo los escaparates rotos, con sus fantasmagricos maniques vestidos de novia, en la Beirut sin luz de las otras guerras- y se lo entregan dentro de dos das. Hasta entonces, habr que esperar. La chica, Nada, es preciosa. Se casa en un par de semanas. Inshallah.

    De momento, en esta zona no se ha ido la luz, pero los generadores estn siempre a punto. Y la letana de los vendedores de cupones de Hamra resulta ms certera que nunca: El Yom, El Yom, El Yom. Hoy. Hoy y slo hoy. La suerte para hoy. Como dice Hassan, afanado en su restaurante: "No pienses. No pienses".

    La seora a la que estn atendiendo se vuelve hacia m y me pide disculpas. "Perdone, en seguida termino". "No importa", replico, encogindome de hombros. "No tengo a dnde ir".

    Antranik Helvadjian es el director general de la Librairie Internationale y este viernes est especialmente indignado: "Nadie, nadie en ningn lugar del mundo quiere a los rabes. Nadie hace nada para detener a Israel. Y por qu Israel se cree con derecho a todo? A invadir un pas para defenderse de quienes defienden sus propias fronteras? Debido a que sufrieron un Holocausto? Sabe cuntos cientos de miles de personas perecieron en el genocidio perpetrado por los turcos contra mi pueblo? Me da eso derecho a invadir, a matar?". Antranik Antoine, para los amigos- es armenio pero defiende a los rabes y afirma es un hombre bien informado- que los soldados israeles fueron detenidos por Hezbul dentro de Lbano. Recuerda muy bien las anteriores ocupaciones de Israel, las matanzas, los asedios. El buen hombre ignora que yo utilic algunos de sus rasgos de carcter y fsicos para uno de los personajes de mi ltima novela. Y no pienso contrselo ni bombardeo mediante. Nunca se sabe. En todo caso, una vez me dijo, durante la paz de los 90, que muchas veces haba pensado en suicidarse, cosa que nunca le ocurri durante el interminable conflicto. Y, demonios, hoy he visto en su mirada el bro y la irritacin y el orgullo que le mantuvieron, sin claudicar, a pie de librera, en los aos de guerra.

    Es un viernes extrao, este da santo para los musulmanes. Un viernes cncavo, en el que resuenan las campanadas de la iglesia del Rosario Wardiy- y el estreo deciblicamente insoportable de la oracin del medioda del ulema de la pequea mezquita Hamra, un hombre que siempre me ha parecido especialmente latoso. Dentro del tranquilo recinto de la mezquita, algunos hombres descalzos reposan, sentados en las alfombras, aprovechando la frescura y la sombra, y la momentnea paz. Muy cerca, en lo que fue mtico hotel Commodore, en la actualidad convertido en una especie de mausoleo hotelstico para nuevos ricos, congresistas y turismo depredador emocional ya saben: aqu vivan los reporteros, vamos a echar un ojo, acurdate de que hubo un loro mascota que muri en un tiroteo-, empresarios de Ghana y de Ethiopa aguardan con impaciencia los coches que les sacarn del pas. El de seguridad, a la entrada, quiere registrar mi bolso que cada da se hace ms grande y pesado: por si tengo que quedarme a dormir en cualquier parte-, pero entonces yo pronuncio una palabra que vuelve a tener magia en este Beirut, en estos das: "Sahafie", digo. Periodista. El tipo me contempla con una agitacin que me recuerda la de mi amigo, el librero. La parte buena de los viejos tiempos tambin ha regresado. La tribu informativa est volviendo. Empezamos a ver fotgrafos, chalecos multibolsillos, teleobjetivos aparatosos. Los taxistas ya echan sus cuentas. Los empleados suean propinas.

    Pero es difcil fotografiar lo peor de esta guerra, esos aviones que sobrevuelan los edificios durante la noche, camino de la siguiente orga de destruccin. En el insomnio, que ya empieza a agriar las caras de los prudentes y preocupados viandantes, uno se pregunta a dnde van, qu ms piensan destruir, de qu indispensable fuente de energa o camino o carretera o puente van a privarnos. Los telfonos mviles tambin pueden sufrir interferencias deliberadas, me dice la amable persona del Instituto Cervantes que me anuncia que ha empezado la evacuacin de espaoles. Uno se pregunta cuntas vidas ms segarn. En los bombardeos de esta noche casi se cargaron la iglesia de Mar Mikhail San Miguel-, cerca de donde as es Beirut- el antiguo antisirio general Aoun firm no hace mucho un acuerdo con el lder de Hezbul, Nasrallah, para mantener al presidente Lahoud, prosirio, en el poder, para que aguante mientras Aoun intenta suplantarle.

    Las farmacias, aparte de los libreros, permanecen abiertas durante el viernes. Hacemos cola. Unos piden calmantes, otros estimulantes, otros artculos normales. La seora a la que estn atendiendo se vuelve hacia m y me pide disculpas. "Perdone, en seguida termino". "No importa", replico, encogindome de hombros. "No tengo a dnde ir". La alusin a nuestro aislamiento despierta una carcajada general.

    Por eso me gusta quedarme con ellos, florecen inesperadamente. Iman, un joven amigo mo oriundo de un pueblo cercano a Jezzin, junto a la maltratada Saida, me dice que sabe que un miembro de su familia ha muerto la noche pasada bajo las bombas. Pero en el caos, an no sabe quin puede haber sido la vctima. "Es el destino. Yo no tengo miedo. Podrn matarnos, pero no conseguirn que tenga miedo".

    Adems, Antoine el librero me ha asegurado que "todava no hay plazas en el Paraso para nosotros", refirindose a l y a m. Y los cajeros automticos funcionan, aunque la libra libanesa se desploma, y pronto van a pedirnos que lo paguemos todo en dlares contantes, sonantes, crujientes y sin marcar.

    Qu suerte. He escrito una crnica y no he incurrido todava en uno de los tpicos del periodismo: tensa espera. Pues ni se la imaginan. Pero las buganvillas y los flamboyanes de Beirut estn preciosos.

    16.00.- El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, anuncia el envo a Oriente Prximo de una delegacin formada por tres personas para intentar mediar en la crisis entre Israel y el Lbano.

    13.00.- Fuentes de la Liga rabe informan de que los ministros de Exteriores de los pases rabes celebrarn el sbado una reunin urgente en El Cairo para debatir las medidas a tomar ante el deterioro de la situacin en El Lbano.

    12.00.- Fuentes libanesas hablan ya de 47 muertos en el pas. Mueren 11 miembros de una misma familia en uno de los bombardeos israeles sobre el sur del pas. En Israel, los ataques de Hizbul con cohetes Katyusha se cobran la vida de una mujer.

    Tarde-noche.- Israel empieza a bombardear por la tarde el sur del Lbano por tierra, mar y aire. La artillera se intensifica durante la noche. En varias reas del sur del pas quedaron destruidos los puentes y rotas las comunicaciones telefnicas.

    12.30.- Tropas israeles penetran en el Lbano en busca de sus soldados. Mientras tanto, la aviacin militar y la artillera israel continan atacando reas del sur libans.

    09.00 h.- Hizbul e Israel intercambian disparos en la frontera norte. La milicia chi libanesa dispara cohetes dirigidos al norte de Israel y el Ejrcito israel ataca objetivos en el sur de Lbano.

    Lo sabemos desde hace tiempo: es posible tratar de destruir un pueblo con la complicidad silenciosa del mundo entero. Ocurri con el pueblo iraqu, sometido a un horrible embargo durante 12 aos (1991-2003); hoy sa podra ser la suerte reservada al pueblo palestino. En medio de un gran, de un espantoso silencio. Pero como la hipocresa humana no tiene lmites, tambin sabemos que aquellos que hoy callan ante el crimen, maana vendrn a darnos lecciones de derechos humanos y sobre el deber de la memoria. sta es la situacin: delante de nuestros ojos, el pueblo palestino es aplastado bajo las bombas de una de las mayores potencias militares contemporneas. Por tanto, los sucesivos gobiernos de Israel han ganado. No frente a los palestinos, ya que stos siguen resistiendo, por desgracia utilizando en ocasiones unos medios dementes, sino frente a los gobiernos del mundo entero y frente a la opinin pblica internacional. El actual primer ministro israel Ehud Olmert, apoyado por el Partido Laborista, puede utilizar sus bombarderos para destruir ciudades, sus misiles para asesinar a dirigentes palestinos, sus soldados para matar a mujeres y nios en la calle, y sus bombas para extender la muerte en las playas palestinas. Y nadie reacciona. Sin duda se debe a que Israel viola desde hace tanto tiempo la ley internacional que ha conseguido agotar la indignacin del mundo. Y todos saben que este pas disfruta de la doble complicidad de Estados Unidos y de los regmenes rabes a su servicio. En Europa, ni una sola condena, ni una palabra, ni un suspiro, nada. Europa prefiere defender el derecho abstracto, la democracia abstracta, la justicia abstracta.

    Cmo interpretar este silencio? Seguramente no se debe a una hostilidad de principio hacia la causa palestina. En Europa existe, independientemente de las preferencias respecto a tal o cual protagonista de este conflicto, un acuerdo sobre el reconocimiento mutuo y la existencia de dos Estados, uno israel y otro palestino. Pero esta posicin siempre ha sido rechazada por Israel (que no admite un Estado palestino) y ya no es consentida por los palestinos (Hams no acepta oficialmente la declaracin de reconocimiento de Israel por la OLP). Adems, el principal actor del conflicto, Estados Unidos, que es el nico que puede imponer a su aliado israel una decisin de derecho internacional, se niega a hacerlo. Es tan sensible a los grupos de presin favorables a Israel en EE UU, que le interesa utilizar al Estado hebreo como polica de su estrategia en Oriente Prximo. Por ltimo, la victoria de Hams ha debilitado todava ms a Europa, ya que la ayuda que sta le concede deber ser gestionada a partir de ahora por un gobierno palestino que no comparte formalmente su posicin de principio. Conclusin: Europa, que no existe como potencia poltica (no puede influir ni sobre EE UU, ni sobre Israel, ni sobre los palestinos), se ve reducida en este conflicto a un testimonio simblico y moral. Pero lo aberrante de la situacin actual es que incluso ha renunciado a desempear este papel. Se trata de un giro estratgico de suma importancia. Significa que Europa comparte ahora la presuposicin israelo-estadounidense de que la nica estrategia que cuenta es la de la fuerza militar? O quiere castigar al pueblo palestino por haber votado a Hams? En ambos casos, es una estrategia arriesgada. Porque nunca habr una solucin exclusivamente militar a este conflicto, y los dirigentes de Hams pueden aducir que no tienen ninguna leccin de democracia que recibir de una Europa que no respeta el veredicto de la soberana popular. Y, en efecto, Hams ha sido elegido libremente y de acuerdo con todas las reglas de la democracia. Europa ha recusado de entrada esta decisin, exigiendo unas condiciones que se niega a plantear a Israel. Para mantener relaciones con Hams, le exige que renuncie a la violencia y reconozca a Israel. Est bien. Pero, por qu no plantea las mismas condiciones a Israel: que renuncie a la violencia de Estado y reconozca el derecho a la existencia de un Estado palestino en los territorios ocupados ilegalmente desde 1967? Acaso no es el deseo de toda la comu

    Los regmenes rabes? En su mayora, estn ocupados en aplastar a sus pueblos. La prensa rabe, desde luego, est que rebosa de clera y estos regmenes dejan que sus medios de comunicacin calienten los nimos, todava ms cnicamente porque se niegan a mover un dedo. La opinin pblica mundial? Nosotros? La impotencia. Entonces, qu queda? Lo peor: la espiral de la violencia ciega de los palestinos frente a la violencia racional, fra, industrial, de los militares israeles. Porque se trata de lo siguiente: el actual Gobierno israel ha decidido tomar como rehenes a todos los palestinos, despus de que una banda de locos tomara como rehn a un soldado israel. Todos los palestinos: mujeres, nios, ancianos y hombres. Es el principio de la responsabilidad colectiva, condenado tanto por el humanismo ms elemental como por la Convencin de Ginebra sobre las leyes de la guerra. Pero parece que en la poca del derecho internacional hay potencias que estn por encima de las dems: al parecer, ningn derecho humano, basado en la justicia, puede pretender perturbar sus intereses. EE UU en Irak e Israel en Palestina estn por encima del derecho. As, desde la victoria de Hams, el Gobierno israel se ha permitido pura y simplemente detener a ministros, funcionarios, a personas cuya culpabilidad es el nico en determinar. Y acta todava con ms facilidad porque la victoria de Hams ha perturbado totalmente los puntos de referencia. Sin embargo, este movimiento fue ayudado en secreto por Israel a comienzos de los aos ochenta, para debilitar al Al Fatah laico y convertir la guerra israelo-palestina en una guerra de religin. La derecha y la extrema derecha israeles, entonces en el poder, y los islamistas palestinos, apoyados por el imn Jomeini, se aprovecharon de ello. Porque tanto los unos como los otros tienen una visin mutuamente integrista de este conflicto. Por ello, 20 aos despus -despus de que Sharon, ayudado por la falta de visin estratgica de Arafat, destruyera los Acuerdos de Oslo- Israel y los islamistas se han convertido en los principales protagonistas del conflicto. El Gobierno israel y EE UU han establecido que el "islamismo" es una amenaza para el mundo. Tomar como rehn a un pueblo que ha votado a un partido islamista se convierte en algo legtimo. As pues, la trampa se ha cerrado sobre los palestinos. Estn solos. Y en el mundo, este crimen ha sido perpetrado a la sombra de un ambiente festivo: el ftbol es lo que interesa a la gente.

    sa es la realidad de nuestro tiempo. Sin embargo, nos queda un consuelo: quienes han realizado la crtica ms honesta contra el comportamiento del Gobierno israel son algunos grandes medios de comunicacin israeles. El Yediot Aharonot se subleva ante la destruccin de las infraestructuras (centrales elctricas, canalizaciones de agua, infraestructuras); el peridico Haaretz acusa al Gobierno de haber "perdido la razn" y, en su editorial del 6 de julio, escriba: "El encanto de la retrica de la seguridad, una vez ms, cautiva el corazn de la opinin pblica, pese a que esta frmula, utilizada durante los 40 aos que dura la ocupacin, ha fracasado totalmente. En estos momentos, hay que decir y repetir que, a la larga, a Israel no le queda ms opcin que retirarse de los territorios y poner fin a la ocupacin.

    Y terminar con la ocupacin debera ser el objetivo al que debera conducir toda tctica utilizada en la crisis actual". Al da siguiente, el Gobierno israel recordaba que no cambiara de tctica. Poco importa, porque las dudas de la opinin pblica bien informada en Israel son una verdadera llamada de socorro. Si los gobiernos del mundo fuesen tan valientes como estos editorialistas israeles! Quin ayudar a los palestinos e israeles a salir de este ciclo infernal? Qu coalicin de potencias dir que en este conflicto infinito la paz debe ser impuesta por una Conferencia Internacional con todos los protagonistas implicados? Quin tendr la virtud de reafirmar la fuerza del derecho y el respeto a la vida de los civiles, palestinos e israeles? Nos habra gustado que fuese Europa, porque encarna una idea de civilizacin de la que nos gustara sentirnos orgullosos. Nos habra gustado, aunque ella calle de una forma tan bochornosa.

    Lleg el Mundial y pas. Unos corran como ratones de colores sobre el tapete de juego mientras otros, ante pantallas reverberantes, acechbamos el advenimiento del gol. O, clnicos y vociferantes, congregados en plazas y gradas, zarandebamos el aire con cnticos y banderas. Ahora no queda ni el eco. Ya somos todos fantasmas en el recuerdo. Y yo por partida doble. Por cuanto soy un fantasma con seudnimo. O sea, doblemente fantasmal. Pero, por los cuernos del ms crujiente cruasn!, este Mundial ha merecido la pena.

    Algunos se lamentarn de su carcter defensivo. Y harn suyo el dicho de "la mejor defensa es un buen ataque". Olvidando que el aserto deja de ser cierto en cuanto el buen ataque se topa con una mejor defensa. Podramos revertir la cuestin para afirmar que el ataque comienza en la defensa y que la defensa debe ejercerse incluso en el rea contraria con la presin de los delanteros sobre los zagueros cuando stos se hacen con el baln. "Ya no hay atacantes, slo contraatacantes", se lamentaba hace aos Platini. Su nostalgia estaba justificada porque sus tiempos, como las golondrinas del poeta, no volvern.

    El ftbol total ha impuesto su ley. La rapidez y la fuerza fsica coordinadas con la inteligencia tctica, tambin. Hemos visto partidos vibrantes en que los contendientes se contraan y desplegaban como un solo organismo, sin tregua ni resuello, hasta la extenuacin. Nunca los goles han resultado tan caros. Ni tan apreciadas las jugadas a baln parado. Aoraremos a los extremos de antao en sus respectivas bandas o al delantero centro en el rea. Pero ahora los espacios hay que crearlos para poder ganarlos por anticipacin y es aconsejable saber controlar la pelota en plena carrera o devolverla al primer toque antes de que el contrincante cierre compuertas. Jugar rpido es pensar rpido. O de memoria. Y tambin ah radica la belleza. Me arriesgara a decir que, al igual que los atletas actuales saltan y corren ms, la mayora de las selecciones que hemos visto en el Mundial derrotaran a las mticas de antao y, retroactivamente, incluso se ganaran a s mismas.

    Y en lo que respecta a ectoplasmas, ya que fantasmas somos y de fantasmas hablamos, el aura de Zinedine Zidane resplandece, a pesar del triste reflejo de la tarjeta roja, con la misma intensidad que la de los selectos espritus que le precedieron en el velador de la memoria: Di Stfano, Pel o Maradona. Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Ni peor. Pero es pasado. Y el pasado... pasado est.

    Este Mundial tambin pas. Ahora nos queda Johannesburgo y una extraa sensacin. La de que, a fin de cuentas, en la fantasmagrica danza final, todo se ha reducido a tres cabezazos y dos patadas. La primera patada fue la que Zidane propin al baln en el magistral lanzamiento de su penalti a lo Panenka. Dio en el larguero y entr. La segunda patada fue la que Trezeguet propin al baln en el fatdico lanzamiento de su penalti a lo Zidane. Dio en el larguero y no entr. El primer cabezazo fue el que Materazzi propin al baln a lo Materazzi y Barthez, a lo Barthez, se trag. El segundo cabezazo fue el que Zidane, a lo Zidane, propin al baln y Buffon desvi a lo Buffon. El tercer cabezazo fue el que Zidane propin a Materazzi a lo Materazzi en pleno plexo solar y que hizo que el tal Materazzi se desplomara, a lo dama de las camelias, doblado en dos. Esta concatenacin de estilos, cabezazos y patadas culminaron un Campeonato del Mundo en el que Francia fue el mejor equipo con creces, pero Italia se llev el gato al agua. Lstima de que el gato no le comiera la bfida lengua a Materazzi aunque el veneno lo matara.

    No hay conclusiones, pero s grandes proclamaciones. El Congreso Teolgico termin ayer sin aprobar documento alguno. No lo habr hasta que Benedicto XVI d el plcet. Su sustituto al frente del ex Santo Oficio de la Inquisicin, el cardenal Willian Joseph Levada, norteamericano, fue ayer tajante. El catlico tiene "obligacin en conciencia" de no seguir las leyes que Roma considere inmorales. Se refera a Espaa, un pas donde, segn el portavoz de los obispos, se ha deshecho "jurdicamente el matrimonio" y quienes dicen que ste lo es entre hombre y mujer "estn al margen de la ley". "El ciudadano tiene obligacin en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando son contrarias a las exigencias del orden moral o a las enseanzas del Evangelio", dijo el prefecto de la Congregacin para la Doctrina de la Fe. Al frente del antiguo Santo Oficio de la Inquisicin desde hace un ao, Levada apel al Catecismo de la Iglesia Catlica para reiterar las execraciones contra las leyes que reconocen "los matrimonios homosexuales o los polgamos". Tambin respald la propuesta reiterada estos meses por el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Antonio Caizares. "Las leyes humanas y las decisiones judiciales que no respeten la enseanza fundamental inmutable son contrarias a la ley de Dios, por lo que "deben ser consideradas injustas", dijo.

    La ofensiva de los obispos espaoles contra la legalizacin del matrimonio entre personas del mismo sexo ha centrado buena parte los discursos y las declaraciones privadas en este V Encuentro Mundial de las Familias. La tesis es que esa legalizacin pone en riesgo a la familia. En realidad, la Iglesia catlica nunca acept otra autoridad que la suya en la organizacin de la convivencia entre parejas. En el caso de Espaa, hay un precedente clamoroso. Cuando en 1870 las Cortes legalizaron el matrimonio civil, la Iglesia romana combati al Gobierno de entonces con gran saa. "La ley de la manceba", argumentaron los 41 prelados espaoles, reunidos en Roma por el papa Po IX para el Concilio Vaticano I. "El matrimonio civil no ser jams otra cosa que un inmoral concubinato o un escandaloso incesto", dijeron en una pastoral.

    Tambin el cardenal Levada opina que es "el mismo Dios el autor del matrimonio". La desobediencia a las leyes civiles "cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta convivencia" la justifica en "la distincin entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad poltica". "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Uno de los "grandes desafos" a las que se enfrenta la Iglesia catlica, en su opinin, es el "intento en sociedades secularizadas de cambiar las leyes que durante siglos han reconocido el plan de Dios para el matrimonio y la familia como se presenta en la Creacin".

    El portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martnez Camino, fue an ms radical. "El Cdigo Civil espaol ha tachado la palabra hombre y mujer, padre o madre. Ser esposa o esposo est fuera de la ley hoy en Espaa. Todos los padres y madres no tienen derecho a ser llamados esposa y esposa", dijo ante el Congreso de los Hijos que se ha celebrado en los ltimos das dentro del V Encuentro Mundial de las Familias.

    Segn el portavoz episcopal, el Gobierno de Rodrguez Zapatero "ha legislado para un grupo minoritario que ha conseguido que el matrimonio no sea considerado legal para el resto de los ciudadanos". "El matrimonio se ha deshecho jurdicamente. Este tipo de leyes sectarias no favorecen la libertad verdadera ni la religiosa", sentenci.

    El congreso teolgico vivi ayer un momento emotivo cuando intervino el cardenal de Cracovia, Stanislaw Dzwisz, secretario del anterior Papa y hoy su sucesor en la sede polaca. Fue recibido con una ovacin e interrumpido su discurso con aplausos varias veces.

    Tambin tuvo una cierta emotividad la presencia en el congreso teolgico del nuevo mximo responsable de los Legionarios de Cristo y del Movimiento Regnum Christi, el sacerdote lvaro Corcuera. El fundador de los legionarios, el mexicano Marcial Maciel, ha sido retirado apresuradamente por Roma por acusaciones de pederastia, pero su organizacin sigue siendo, con el Camino Catecumenal del espaol Kiko Argello (los kikos), uno de los movimientos con ms seguidores y, por tanto, muy mimado por muchos prelados. La presencia de Corcuera en este congreso, como ponente y arropado por cardenales, manda el mensaje de que el golpe a Maciel -un protegido del anterior papa Juan Pablo II-, por muy duro que sea, no tiene por qu afectar al conjunto de la organizacin.

    Desde la dcada de 1920, la Casa de Misericordia viene gestionando las corridas de toros celebradas en Pamplona durante las fiestas de San Fermn. En 1959, y ante las dificultades surgidas a la hora de cuadrar presupuestos, dadas las exigencias de las figuras del toreo al negociar sus contratos, Sebastin San Martn, miembro de la Junta de la centenaria institucin benfica, decidi dar un giro radical y transformar el ciclo taurino de los Sanfermines. Esta decisin estuvo motivada por el deseo de otorgar el protagonismo de la feria no a los toreros, sino a las ganaderas ms importantes del pas, y que fueran ellas las que ofrecieran toros con peso y trapo, como reto para los toreros que quisieran enfrentarse y triunfar con ellos. Naca as la primera edicin de la Feria del Toro de Pamplona, la feria torista por excelencia de Espaa, que ha permanecido activa desde entonces.

    Desde el primer momento, la Comisin Taurina comprendi la necesidad de elaborar un cartel anunciador que sirviera para dar a conocer la Feria. As, en sesin de 14 de abril de 1959, se decida encomendar la elaboracin de la escena de dicho cartel al artista sevillano Andrs Martnez de Len, gran pintor taurino, eligindose para la edicin de los carteles la empresa de artes grficas Heraclio Fournier, de Vitoria.

    Andrs Martnez de Len naci en la localidad sevillana de Coria del Ro en 1895. Estudi en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla en la que ingres en 1909, y comenz dibujando en el peridico

    . Durante la Guerra Civil cre el personaje del Miliciano Oselito, que goz de una enorme popularidad. Debido a sus simpatas hacia la Repblica, el rgimen de Franco lo conden a muerte, pena que en 1941 le sera permutada por una condena de treinta aos de prisin. En la crcel sigui pintando para mantener a su familia y, gracias al popular fotgrafo Serrano, pudo vender en Sevilla sus dibujos. En la Navidad de 1945 sala de prisin gracias al indulto que se le concedi.

    , de Tnger, y comenz entonces a emprender de forma ms decidida sus trabajos al leo. Como pintor, Andrs Martnez de Len se especializ en escenas costumbristas y fundamentalmente en temas taurinos que trat con singular maestra, incorporndose al grupo de seguidores de la escuela creada por Roberto Domingo, del que forman tambin parte Antonio Casero y ngel Gonzlez Marcos. Celebr numerosas exposiciones en Sevilla y en Madrid, as como en distintas ciudades como Argentina, Mxico y Colombia. Tambin desarroll una importante labor como ilustrador de publicaciones relacionadas con la tauromaquia, entre las que destacan las ilustraciones realizadas para el libro

    , escrito por Manuel Chaves Nogales. Hizo igualmente su incursin en el terreno del cartelismo y en el mundo del diseo publicitario, en el que conviene sealar la serie de escenas sobre la lidia y suertes de la tauromaquia que sirvieron para decorar las cajas de cerillas de Fosforera Espaola, as como una baraja de Heraclio Fournier, empresa vitoriana que guarda la coleccin de los cartones originales del artista; igualmente, deben mencionarse los diseos de etiquetas para diversas firmas de licores.

    La obra de este artista se muestra extenssima en todo lo relacionado con la lidia. Cualquier lance acontecido en el ruedo, hasta los incidentes ms menudos han sido recogidos por l. Su pintura se puede considerar heredera del impresionismo, tcnica especialmente adaptable a la luminosidad y movimiento de lo taurino, que se exagera a base de grandes trazos y sueltos estoques de materia que dinamizan la escena pese al empleo de un empaste grueso que en ocasiones parece aplicado con esptula; la mancha sin contorno definido, la lnea discontinua y entrecortada del dibujo, y los rebrillos del color, empleado casi siempre en una gama clida que sugiere un sol ntido a veces contrastado con los morados y azules fros de la sombra, persiguen ese mismo afn de movilidad general de la escena. El resultado es un conjunto de obras sin lmite en los matices vibrantes de luz y color y en la captacin del movimiento de las faenas en el ruedo, cargadas de una significacin emocional de dinamismo y alegra festiva; ms que una visin realista de la fiesta, es la visin que el pblico quiere ver en ella. El protagonista de la misma es el toro con su bravura, podero y belleza, un toro de extraordinario trapo que se ajusta a las caractersticas morfolgicas ideales del toro bravo con cabeza bien proporcionada, buena cornamenta, cuello corto, sealado morrillo, gran desarrollo del tercio anterior o profundidad del pecho y extremidades cortas.

    A estas premisas se acomoda el cartel de la Feria del Toro, encargado por la Comisin Taurina de la Casa de Misericordia de Pamplona en 1959 para anunciar la primera edicin de la misma. En la escena, el toro aparece en movimiento en un ruedo resplandeciente por la luz del sol; el animal se convierte en protagonista absoluto de la composicin, en la que no tienen cabida otros elementos de la fiesta como los tendidos o el pblico. Un toro jabonero capirote, bien armado de pitones, acaba de efectuar una salida de bravo y derrota ante las tablas del burladero tras el que acude a refugiarse el que parece un subalterno, a juzgar por la banda de plata de su vestimenta; en su precipitada huida ha lanzado el capote al ruedo, en tanto que el astado destroza con violencia el burladero y lanza la madera por los aires. Es el toro pletrico de energa y vitalidad que se convierte en metfora de la recin estrenada Feria pamplonesa. El cartel elaborado a partir del leo original y que fue editado por la casa vitoriana de Heraclio Fournier, se limita a incorporar una faldilla en la que aparecen los nombres y hierros de las ganaderas de la primera Feria del Toro de Pamplona.

    Finalmente dos de las ganaderas anunciadas, las de Carlos Nez y Bentez Cubero, no tomaron parte en la Feria, siendo sustituidas por las de lvaro Domecq y Hermanos Peralta. Curiosamente, lvaro Domecq recibi el premio al toro ms bravo; el galardn concedido no fue otro que el lienzo original presentado por Martnez de Len y que sirvi para la elaboracin del cartel. Dicha prctica conceder el lienzo original como premio al toro ms bravo de la Feria-, se mantendra hasta 1967, ao en el que la Comisin Taurina decidi quedarse con los ejemplares originales con el fin de formar una pinacoteca. Surga as una de las colecciones de pintura taurina ms importantes de Espaa.

    EN 1946, Pablo Garca Baena publicaba su primer libro, Rumor oculto. Un ao ms tarde apareca en Crdoba el primer nmero de Cntico, una revista que tomaba su nombre de un grupo de poetas entre los que se contaban Juan Bernier, Ricardo Molina, Julio Aumente y el propio Garca Baena. Pionera y a contracorriente, aquella revista dedic en 1955 un nmero de homenaje a Luis Cernuda que entonces rompi, por primera vez, el silencio que exista en Espaa en torno al poeta sevillano, exiliado en Mxico, y que hoy aparece como un hito en las historias de la literatura. Inhspita para casi todos, la posguerra lo fue especialmente para los poetas de Cntico. Pocos entendieron su esteticismo vitalista en un tiempo marcado por la poesa social. "ramos muy jvenes y bastante ingenuos", recuerda Garca Baena. "Tuvimos el apoyo de los tres grandes del 27 que quedaron en Espaa: Vicente Aleixandre, Dmaso Alonso y Gerardo Diego. Creamos que se estaba haciendo algo importante. Despus vimos que no. Nos dimos cuenta de que haba una intencin de dejarnos a un lado. Aquello nos desilusion. Fuimos abandonando". La desilusin llev a los poetas por otros caminos. Molina se volc en el flamenco, Bernier se dedic a la arqueologa y Garca Baena abri en Torremolinos una tienda de antigedades. La travesa del desierto termin en los aos setenta, con la aparicin de una generacin que reivindic el culturalismo de Cntico: los novsimos. Gimferrer se declar poco menos que discpulo suyo, Guillermo Carnero public un libro que ilumin de nuevo la obra del grupo cordobs y Luis Antonio de Villena se convirti en el principal estudioso de la obra de Garca Baena. Suyo era el prlogo de la Poesa completa publicada por Visor y suyo es el de la antologa que acaba de aparecer: El nocturno azahar y la melancola (Renacimiento). El reconocimiento de los jvenes devolvi a la escritura a los poetas de Cntico. "Se lo debemos a los novsimos. Si ellos se alimentan de nosotros, nosotros tomamos de ellos ese nuevo espritu de vida. Vimos que no todo haba sido intil. S, haban pasado diez, quince aos, veinte, pero al menos la semilla haba servido para algo. Nos ayud mucho. Casi todos volvimos a publicar", apunta Garca Baena, que desde 1978 ha publicado Antes que el tiempo acabe, Fieles guirnaldas fugitivas (reeditado ahora por la Universidad Popular Jos Hierro de San Sebastin de los Reyes) y el reciente Los campos Elseos. Tiempo de reconocimientos. En 1984, el poeta cordobs recibi el Premio Prncipe de Asturias de las Letras. Es cierto que corran los aos en los que la fundacin asturiana todava no haba empezado a premiarse a s misma en la figura de los astros de la galaxia literaria internacional, pero tambin es cierto que aquel premio certific la importancia de Pablo Garca Baena como lo que es: un clsico vivo de la poesa espaola.

    "Cuando llegu a mi casa de Neu Ulm, tras una desaparicin de cinco meses, todo estaba empaquetado. Mi mujer y mis hijos, segn me dijeron, se haban marchado a Lbano...", inform Jaled el Masri, secuestrado por la CIA, el pasado jueves ante la investigacin del Parlamento alemn, en Berln. Acto seguido, El Masri se vino abajo entre sollozos. "Sent que me quebraba. Aunque he narrado los hechos tantas veces, no termino de dominar la situacin. Y all, ante los miembros del Parlamento y las cmaras, estaba muy tenso", dijo el pasado viernes en conversacin telefnica con EL PAS.

    "El recuerdo no me deja en paz. Llegu en autobs el 31 de diciembre de 2003 al puesto fronterizo de Tabanovce y fui detenido por las autoridades de Macedonia. Pas 23 das en un hotel, en Skopje, detenido ilegalmente. El 23 de enero de 2004, tras filmarme en vdeo, en el que me identificaba y deca que me haban dejado marchar libremente, empez mi calvario", evoca. Aunque no lo supo entonces y sigue sin saberlo, la polica inform a la oficina local de la CIA, que se haba hecho cargo del prisionero. Su delito: visitar una mezquita en Ulm en la que haba conocido a personajes sospechosos, segn Berln y Washington.

    "La maana del 23 me pusieron esposas y me cubrieron la cabeza con una venda. Me llevaron al aeropuerto, me quitaron la ropa, me cambiaron la venda por una capucha. En ese momento vi a ocho hombres vestidos de negro y con los rostros cubiertos con mscaras negras. Me taparon los odos y me aplicaron inyecciones en los brazos. Me llevaron a un avin. Sub 15 escalones, lo recuerdo". Ese da, el destino de El Masri y Espaa se cruzaron: el Boeing alquilado por la CIA al que acababa de subir haba estado el da anterior, el 22 de enero de 2004, en Palma de Mallorca.

    "Yo no pude ver el avin. Me ataron los pies y las manos y me tumbaron en el suelo. Escuch los motores. Pareca un avin grande. Despus de muchas horas debimos de aterrizar. El calor era tremendo. Not que no estaba en Europa. Anocheca y el sol luca rojo. Despus supe que estaba en Kabul. Fui introducido en una celda subterrnea diminuta y mi anfitrin, un guardia, me dio la bienvenida: "Usted est en un pas en el que nadie sabe quin es usted. En este pas no hay ley. Si muere, le enterraremos. Y nadie lo sabr".

    Jaled el Masri, ciudadano alemn nacido en Lbano, fue sometido a tratos crueles y degradantes durante cuatro meses. Antes de que la sombra de una eventual colaboracin de Gobiernos europeos con la CIA se extendiera, El Masri estaba casi seguro de que un polica al que en su cautiverio en Kabul llamaban Sam era el agente alemn Gerhard Lehman. August Hanning, viceministro de Interior alemn, ha sealado a este diario que las investigaciones indican que no hay constancia del presunto funcionario, agente o espa alemn en Afganistn. El Masri ha visto la cara de Lehman. Aunque cree que se trata del tal Sam, no se ha atrevido a asegurarlo por completo.

    El 26 de septiembre de 2002, Maher Arar lleg al aeropuerto JFK de Nueva York de unas vacaciones en Tnez e iba hacia Montreal (Canad), donde vive. Arar, informtico nacido en Siria hace 34 aos, lleg a Canad en 1987 y all tuvo dos hijos, explica su abogado, Lorne Waldman.

    En inmigracin, su nombre debi de encender alguna alarma. Segn declar al Parlamento Europeo en marzo pasado, fue interrogado sobre Abdullah Almalki, un sirio detenido en EE UU. Arar replic que era amigo del hermano de Almalki y pidi un abogado. Le fue denegado porque "no era ciudadano americano".

    El 8 de octubre, Arar fue llevado al aeropuerto de Bargor (Maine, EE UU), metido en un avin de la CIA identificado como N829MG y trasladado a Roma, donde aterriz a las 20.22. Tres horas y 32 minutos despus, el avin despeg hacia Ammn, considerado por el Consejo como uno de los "centros de transferencia de detenidos" de la CIA.

    Far Filastin, un centro de tortura, segn Amnista. Arar ha declarado que fue interrogado por tres hombres y amenazado. El 10 de octubre de 2002 descubri su celda. "Era una fosa subterrnea de dos por dos metros con un agujero en el techo a travs del cual orinaban los gatos, l afirma. Pas 10 meses y 10 das en una tumba, y para m eso es tortura", explica Waldman. Arar sostiene que cada cierto tiempo era golpeado. El 23 de octubre de 2002, los guardias le asearon para recibir al cnsul de Canad. En agosto confes -l insiste en que bajo tortura- que haba ido a un campamento en Afganistn para terroristas. Arar fue liberado el 5 de octubre de 2003.

    Ya en Canad, denunci su caso. Cuando a su abogado se le pregunta si Arar tuvo relacin con Al Qaeda, ste replica: "Antes de ir al Parlamento Europeo quisimos saber si su nombre estaba en una lista de sospechosos. No lo est. Ni all ni en Canad, donde trabaja en redes inalmbricas". Arar ha demandado a EE UU y estudia hacerlo con Italia, donde hizo escala. Un juez decidir si el Gobierno de Canad toler su secuestro. Arar sufre estrs postraumtico.

    Wahab al Rawi tuvo una gran idea: producir aceite de cacahuete en Gambia, un pas estable, de la Commonwealth, y con una economa abierta. Con una inversin de 250.000 dlares, iba a obtener un beneficio de 100 dlares por tonelada de cacahuete, 4.000 dlares al da. Lo que no saba es que el negocio acabara llevando a su hermano Bisher y a uno de sus socios, Jamil el Banna, a Guantnamo. Tampoco saba que Bashir era un colaborador del MI5, los servicios secretos del Reino Unido. S saba que Bisher, como l mismo y como Jamil, conocan a Abu Qutada, clrigo islamista al que Londres y Washington consideran peligroso terrorista.

    Wahab cuenta la historia en un modesto apartamento de Leeds. All intenta superar su insomnio y rememora el incidente banal que acab en tragedia. Recuerda cmo en noviembre de 2002 Bisher, soltero y de unos 35 aos, y Jamil, padre de cinco hijos y rondando la cincuentena, fueron detenidos en el aeropuerto de Gatwick, en Londres, cuando iban a viajar a Gambia. Oficialmente fueron detenidos por portar un artefacto para fabricar explosivos. Era un cargador de pilas que se puede adquirir en cualquier comercio. Les soltaron a los das. "No tenan nada que ocultar y reemprendieron viaje a Gambia", explica Wahab.

    En el aeropuerto de Banjul fueron detenidos. Los servicios secretos britnicos haban alertado a la CIA, sin decirles que el aparato detectado en el primer momento era inofensivo. Wahab cree que fue una maniobra del MI5, quiz porque su hermano haba dejado de pasarles informacin sobre Abu Qutada. "Estaba cooperando con el Gobierno, intentando demostrar al MI5 que no tena que preocuparse de Abu Qutada". Bisher es un hombre muy religioso, pero su hermano asegura que "eso es un asunto colateral".

    Wahab y el otro socio fueron liberados a los 27 das, pero Bashir al Rawi y Jamil el Banna siguieron detenidos. En Gambia, la ley prohbe la detencin indefinida sin cargos y la CIA ech mano de la llamada "rendicin extraordinaria". Fueron trasladados en secreto en el vuelo N379P que parti de Banjul el 8 de diciembre de 2002 a las 21.45 y lleg a El Cairo a las 3.45 del da siguiente. Una hora despus, el avin emprendi vuelo a Kabul, adonde lleg a las 9.04 del da 9.

    La familia no saba dnde estaban, slo que ya no estaban en Gambia. Se enteraron luego, por la Cruz Roja, de que estaban en la prisin de Bagram. En Afganistn sufrieron torturas, segn testimonios recogidos por sus abogados, Brent Mickum, en EE UU, y Gareth Peirce y Clive Smith, del Grupo Reprieve, en Reino Unido. Meses despus fueron trasladados a Guantnamo.

    En la familia Al Rawi, la historia parece repetirse. "Siento un dj vu. Algo similar le ocurri a mi padre, un empresario en Irak. Fue detenido por Sadam y encarcelado 18 meses y fue torturado", explica Wahab, que se hizo britnico, no como Bashir, que "est orgulloso de ser iraqu".

    Londres ha intentado desentenderse de Bisher al Rawi con el argumento de que no es britnico. Al final gestion su liberacin por su relacin con el MI5, pero Washington no le ha hecho caso. Bisher al Rawi y Jamil el Banna siguen en Guantnamo esperando que les acusen de algo ms grave que llevar un cargador de pilas o conocer a un clrigo radical.

    Hanan Attia recuerda el 8 de diciembre de 2001. Su marido, el egipcio Ahmed Agiza, sali de su casa en Estocolmo (Suecia) para estudiar sueco. "No volva y me asust. Me llam pidiendo su medicina para la lcera. Dijo que estaba detenido y la conversacin termin, como si alguien hubiera cortado la llamada. Fue la ltima vez que hablamos", recuerda Attia por telfono desde Suecia. Ahmed haba llegado a Suecia para pedir asilo tras ser condenado por terrorismo en Egipto en un juicio en el que no estuvo presente, segn Amnista Internacional.

    Tras la detencin, la mujer, que tiene cinco hijos y 47 aos, acudi a Amnista y al Gobierno sueco: "Tras semanas de preguntas dijeron que haban rechazado su solicitud de asilo y pens que estara en un centro en Suecia". No era as. Agiza haba salido en un avin de la CIA desde Estocolmo a El Cairo el 18 de diciembre a las 14.43. Ahmed fue juzgado de nuevo en Egipto y condenado a 25 aos de crcel por un tribunal militar. "No nos dejan hablar con l. Qu mal puede hacer que hable con sus hijos?", lamenta su esposa.

    En el mismo vuelo que Ahmed iba el tambin egipcio Mohammed Alzery, detenido esos das en Estocolmo por las autoridades suecas y entregado a las estadounidenses. Alzery fue liberado en octubre de 2003 tras pasar casi dos aos en una crcel egipcia. Ha denunciado a las autoridades suecas ante la ONU. Su abogado, Knell Jonnson, afirma que Alzery no habla "por motivos de seguridad".

    Abu Omar, nacido en Egipto en 1963, lleg a Italia en 1997 como refugiado y se cas con la egipcia Nabila Ghali. Omar, imn de una mezquita de Miln, estaba siendo investigado por Italia por incitar con sus discursos a acciones terroristas. El 17 de febrero de 2003, dos coches le cortaron el paso, y unos hombres que se identificaron como policas lo trasladaron a la base militar americana en Avino, al norte de Italia. De all le llevaron, va Alemania, hasta El Cairo, donde fue encarcelado durante 14 meses.

    En abril de 2004 fue liberado tras firmar una renuncia a la lucha armada. Abu Omar realiz dos llamadas. La primera fue a su esposa, a la que le dijo que haba estado "muy cerca de la muerte". La segunda, a su amigo Mohamed Reda, al que le explic cmo fue secuestrado. Pocos das despus, Abu Omar fue de nuevo encarcelado en Tora, donde permanece. Abu Imad, amigo de Abu Omar, afirma que no se explica "por qu detuvieron a Abu Omar, que es una buena persona". "Su mujer, Nabila Ghali, est todava muy mal. Lloraba todos los das" y se pregunta cmo est encarcelado si fue liberado.

    A mediados de agosto de 2005, un tribunal de Miln emiti una orden de arresto contra 22 agentes de la CIA implicados en el secuestro, pero ni el Gobierno de Berlusconi ni el de Prodi han enviado la orden de extradicin a EE UU.

    Hace 10 meses que la esposa y los tres hijos de Mohammed Haydar Zammar no tienen noticias de l. "La ltima vez que supimos algo estaba..., digamos que no estaba enfermo, pero no estaba bien", declar a este peridico Gl Pinar, abogada de la familia. Segua en Damasco, en la crcel de Far Filastin, donde seis agentes alemanes lo interrogaron durante tres das en noviembre de 2002. Segn la prensa alemana, Zammar fue secuestrado en diciembre de 2001 al regreso de un viaje a Marruecos y entregado a la CIA. En 2002, Siria pact con el Gobierno alemn un intercambio: los alemanes queran tener a Zammar porque podra informarles sobre la clula islamista de Hamburgo. A cambio, Alemania suspendera el proceso contra dos espas sirios.

    La abogada est convencida de que el secuestro fue posible gracias a la informacin de los servicios secretos alemanes. "Saban cundo iba a volar" de vuelta a Hamburgo, dice. Las respuestas de Alemania a sus preguntas son nulas. El viaje de los servicios secretos alemanes a Siria de Zammar es objeto de la comisin de investigacin parlamentaria.

    Las araas llevan unos 385 millones de aos tejiendo sus telas en la Tierra y una de ellas ha llegado a nosotros desde el Cretcico Inferior conservada en mbar. El hallazgo se ha producido en Escucha (Teruel) y es la telaraa con insectos atrapados ms antigua del mundo, datada hace 110 millones de aos, segn publicar maana la revista cientfica Science. La ms arcaica localizada hasta ahora estaba en un mbar de Lbano y tena entre 138 y 124 millones de aos. En la trampa de Teruel hay una mosca, un escarabajo y una avispa pertenecientes a especies extinguidas hace ms de 80 millones de aos. El grupo de cientficos que ha llegado a cabo la prospeccin paleontolgica en Escucha (Teruel) est formado por el colaborador del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biologa Evolutiva de Universitat de Valncia Enrique Pealver, el investigador del Departamento de Estratigrafa, Paleontologa y Geociencias Marinas de la Universitat de Barcelona Xavier Delcls y el experto del American Museum of Natural History de Nueva York David Grimaldi.

    El fsil, depositado en la coleccin de la Fundacin Conjunto Paleontolgico de Teruel-Dinpolis, es un fragmento de tela de araa con insectos atrapados en una estalactita de mbar transparente que tiene unos 110 millones de aos y pertenece al periodo Albiense, en el Cretcico Inferior. En la tela de araa, que segn los expertos fue construida por un espcimen del grupo de las Araneae, se han encontrado una mosca, un escarabajo y una avispa parsita de puesta de huevos de cucarachas con el abdomen roto y lleno de resina fsil. Estos insectos pertenencen a especies extinguidas hace ms de 80 millones de aos.

    Todo indica, segn los autores del artculo, que los insectos sirvieron de alimento a una araa: muestran el abdomen roto y lleno de resina fsil, y probablemente la araa succion sus tejidos internos despus de inocular los jugos digestivos, como siguen haciendo hoy en da las araas. Una vez muertos y vacos, quedaron sumergidos en la resina. La pequea avispa, adems, est atada por un conjunto de hilos que le atrapan eficazmente la pata.

    La tela encontrada en la pieza de mbar de Teruel tiene "un gran inters cientfico" por otras dos razones: presenta gotas originariamente pegajosas, y la geometra de una parte indica que los hilos que formaban la red estaban dispuestos de manera regular. En concreto, la tela tena una estructura circular, y estaba formada por una espiral pegajosa sobre un sistema de hilos radiales. El registro ms antiguo de esta caracterstica de las araas es un hilo con gotas pegajosas encontrada en un mbar de Lbano que tena entre 138 y 124 millones de aos.

    Segn explican los expertos en el artculo de Science, las araas tienen "un destacado papel ecolgico en el ecosistema terrestre desde su aparicin, hace unos 385 millones de aos" y han logrado sobrevivir gracias al uso del hilo y la construccin de diferentes tipos de telas para capturar insectos voladores y saltadores. Adems, la datacin de la tela fsil coincide con la diversificacin explosiva de las plantas con flores y de los insectos de grupos polinizadores, que establecieron una relacin simbitica en los medios terrestres, antes ocupados por conferas y afines. Por lo tanto, segn los autores del descubrimiento paleontolgico, "gracias a este fsil se puede afirmar que las araas afectaron a la evolucin inicial de los insectos polinizadores".

    "...La reunin examin adems un lamentable e inusual caso de incapacidad de un cuadro poltico para superar sus errores: el de Juan Carlos Robinson Agramonte. Criticado, advertido y exhortado ms de una vez por la Direccin del PCC a superar sus faltas, simul reconocerlas y ponerles fin. No result realmente as. Ello oblig a un nuevo y profundo anlisis de su comportamiento, que determin la decisin de separarlo como miembro del Bur Poltico y del Comit Central, as como de las filas del Partido.

    Es de sealar que lejos de asimilar las crticas y advertencias mencionadas, se hicieron ms visibles todava ciertas manifestaciones de prepotencia y altanera, abuso de poder y ostentacin del cargo, indiscreciones y reblandecimiento en sus principios ticos, que han puesto de manifiesto actitudes deshonestas incompatibles con la conducta de un comunista y menos an de un cuadro del Partido.

    Antes de tomar esta decisin, una comisin del Bur Poltico discuti profundamente con l todas estas cuestiones. Se investigan las consecuencias legales que puedan derivarse de su comportamiento".

    Produce terror leer la resea. En el breve comunicado encontramos: Una iglesia, muchos pecados, falta de penitencia, nulo propsito de la enmienda, carencia total de dolor de los pecados, ternura en la represin...condena a los infiernos eternos, si bien, mucho antes, los santos padres estudian la posibilidad de putearlo en vida, toda vez que existe legislacin suficiente para hacerlo y si no la hubiere se creara, como manda cualquier teologa que se precie.

    El Gobierno de Fidel Castro lanz ayer un mensaje contundente y claro de hasta dnde est dispuesto a llegar en la lucha contra la corrupcin y en su empeo por revitalizar el Partido Comunista Cubano (PCC). Por primera vez desde la fundacin del PCC, en 1965, un miembro de su Bur Poltico, el ex secretario de la organizacin partidista en las provincias de Guantnamo y Santiago de Cuba, Juan Carlos Robinson, fue puesto a disposicin de los tribunales y sancionado con 12 aos de crcel por "trfico de influencias" y corrupcin.

    La condena de Robinson, de 49 aos, quien fue expulsado del Politbur y de las filas del partido en abril, se produce en momentos de reestructuracin dentro de la cpula dirigente del PCC y cuando Castro ha pedido ejemplaridad para "fortalecer" el papel del partido. Tambin, cuando el ministro de las Fuerzas Armadas, Ral Castro, acaba de decir que el nico "heredero digno" de su hermano Fidel y capaz de sucederle es el Partido Comunista.

    El 28 de abril, al anunciar la destitucin de Robinson, el Bur Poltico le acus de "manifestaciones de prepotencia y altanera, abuso de poder y ostentacin del cargo". Ayer, en un comunicado, inform de que el Tribunal Provincial de La Habana consider probado que Robinson, "en franco proceso de debilitamiento ideolgico, con abuso de su cargo, olvido de sus altas responsabilidades y de la probidad exigida para un cuadro revolucionario, hizo uso de sus influencias con el propsito de obtener beneficios".

    Robinson fue acusado del delito de "trfico de influencias con carcter continuado", es decir, de corrupcin rampante. Juzgado el 16 de junio, durante la vista oral "se declar responsable de los hechos imputados", segn el Bur Poltico. El carcter ejemplarizante de la sancin se hace explcito en el ltimo prrafo de la nota oficial: "En nuestro pas, nadie, con independencia de sus responsabilidades y mritos, puede violar la ley. Quien lo haga recibir inexorablemente el peso de la justicia revolucionaria".

    En la historia del PCC no hay precedentes de miembros de la cpula dirigente de tan alta jerarqua que hayan acabado entre rejas. Hasta ahora, las defenestraciones de miembros del Bur Poltico se haban limitado a la expulsin deshonrosa de los imputados, pero nunca stos haban sido llevados ante los tribunales. S hubo en el pasado sonados casos de corrupcin con condenas ejemplarizantes, pero ninguno de los sentenciados ocupaba tan alto cargo partidista.

    Tampoco el momento era el mismo. El 28 de abril, cuando el Bur Poltico decidi la destitucin de Robinson, anunci una intensificacin del "combate contra todo aquello que tienda a lesionar, retrasar o impedir el desarrollo de la obra de la Revolucin", y pasos para que el PCC ejerciera "una mayor influencia y elevara su papel de direccin" en la sociedad. En aquella reunin, el Politbur decidi restablecer el Secretariado del Comit Central, uno de sus rganos auxiliares de direccin -eliminado en 1991-, que se encarga de "asegurar" el cumplimiento de sus acuerdos.

    Junto a la voluntad expresada por Fidel Castro de "fortalecer" el PCC, en vsperas de su 80 cumpleaos, estn los pronunciamientos de otras importantes figuras del Gobierno, como el canciller Felipe Prez Roque, en la lnea de "prepararse" para garantizar la supervivencia de la revolucin cuando Castro desaparezca. Segn Prez Roque, para asegurar la continuidad, es de vital importancia "mantener la autoridad moral" de la dirigencia. Que haya "un liderazgo basado en el ejemplo, en la autoridad que emana de la conducta austera, de la dedicacin al trabajo, de que nuestro pueblo sepa que los que dirigen no tienen privilegios".

    No debemos olvidar en estos momentos de euforia que Espaa es Adidas y que hasta el momento slo gole a la marca Lotto (Ucrania) y gan con cierta angustia a Puma (Tnez). En octavos, tal y como ruedan las cosas, tendremos que enfrentarnos a marcas mucho ms serias y globalizadas O bien a una seleccin gemela del sponsor Adidas, la temible e imprevisible Francia si es que maana vence al Puma de Togo, o a un siempre pelen equipo Nike, Corea del Sur, si se impone a Suiza, otro Puma.

    Que me perdonen los puristas del Mundial, pero as es como hago las cuentas y las apuestas patriticas desde que me tom en serio la globalizacin. No entiendo nada de cientficas tcticas en el centro del campo (simetra lateral y rotatoria) y por lo que he podido observar hasta el momento, slo sirven para justificar a posteriori cosas muy poco geomtricas: psicologas incontroladas, meteduras de pata o chiripas de ciertos dolos. Pero entiendo algo de marcas y tengo una fe ciega en los sabios publicitarios de las zapatillas, camisetas, calcetines y sudaderas que han pagado millones de yens, euros y dlares para financiar sus selecciones. Si los genios de Nike, Adidas o Puma han gastado lo que se han gastado en este primer Mundial de la globalizacin por unos paquetes de patrias, quin soy yo y mi pequeo localismo para discutirles a los linces de las marcas globalizantes lo que ocurrir en la final y hasta en la semifinal.

    Hasta el momento, y en el terreno de juego, vence Adidas, vencemos por goleada, pero los mejores spots de este primer Mundial son los de Nike en contraste con el ftbol que estn haciendo. Brasil aburre a las piedras, Holanda no ha hecho nada digno de mencin y Portugal y Mxico slo aguantan. Admitamos, sin embargo, que las publicidades de Nike son las mejores imgenes globales vistas en las pantallas planas del televisor y eso explicara la decepcin brasilea: sus estrellas han filmado tantos anuncios deslumbrantes de jogo bonito que estn agotados o dormidos despus del esfuerzo de tantos rodajes. A los de Adidas, en cambio, se les ve ms frescos, concentrados y tienen un ftbol ms eficaz (Alemania, Argentina, Espaa) aunque sus publicidades, ay!, sean mucho peores.

    A las 20.00 h. del 9 de Julio, en Berln, est escrito que ser un duelo entre Nike y Adidas. La nica incertidumbre consiste en saber si sern los nikes de Brasil, Pases Bajos o Portugal o los chicos adidas de Argentina, Espaa o Alemania. El resto de las marcas (Puma, Umbro, Lotto o Marathon) no tienen las menor posibilidad.

    Todo este berenjenal esfrico en el que estamos metidos tambin es batalla de marcas globalizadas en el que los patriotismos locales pintan muy poco. Slo hay dos opciones posibles y el nico suspense consiste en saber si el rival del Nike amarillo, si despierta de su millonaria digestin publicitaria, ser un Adidas argentino o europeo.

    Cataln libre: Bellaterra. En estos das sosegados, los ms largos y hermosos del ao, cuando el verano ya amaga -el que avisa no es traidor- con ser cruel como suele por estas latitudes, no hay clases. Quedan solo las evaluaciones, lo nico que parece importarles a quienes administran guarderas, institutos y universidades. Y a bastantes de los estabulados, para qu nos vamos a engaar.

    Como mi facultad tiene nota de corte alta, hay ms chicas: siete por cada tres chicos. Casi la misma proporcin que en la sandez estatutaria: tres que dicen s por siete que dicen no o piensan ja us ho fareu. Recibo en mi despacho a quienes quieren venir, persona por persona primero y por equipos de tres despus, para ir viendo y comentando juntos lo que han hecho a lo largo del curso. Por ejemplo, el trabajo del primer da: cmo es mi familia, qu me gusta y qu no, por qu he venido a esta facultad, qu cosas he preferido en ella y cules he odiado, por qu he elegido esta asignatura.

    Si hay que creer lo que dicen, todas son de clase media: la hija del constructor de barrios enteros, la del portero, la de la asistenta. Una, no obstante, en principio parece acertar: en su papela indica la condicin laboral de pap y mam: funcionaris.Intento afinar un poco ms, pues funcionarios pueden ser un bedel y un subdirector general: La meva mare es mestra. I el teu pare? Larga pausa. Despus: No magrada dir-ho. He iniciado mis cogitaciones acerca de qu ominosas actividades puede recubrir la condicin funcionarial del padre, cuando ella se decide bruscamente, como quien atraviesa la va mientras se acerca un tren y sea lo que Dios quiera: Es gurdia civil.

    A partir de ah ya viene todo. De golpe, atropelladamente. Ha dejado de ser una confesin para convertirse en proclama: sus padres son de fuera pero ella ha sido escolarizada en cataln desde el principio, se siente nacionalista de piedra picada, vota a ERC, su padre le habla en castellano pero ella le contesta en cataln, l no es mala persona pero a ella le da verguenza decir que es guardia civil. Pregunto: Vergonya o por? Responde: Vergonya ...i por.

    Este es el pas que hemos hecho. Por accin o por omisin. O el que nos han hecho. O el que nos hemos dejado hacer. El que nos estamos dejando hacer da a da. Lo de menos es que un cataln de cada tres haya dicho s al nuevo Estatut. En estos aspectos La Cosa se limita a legalizar lo que los nacionalistas catalanes llevan siglo y medio infiltrando arteramente, subrepticiamente, empecinadamente en la vida real de la gente a travs de lo que ellos llaman la sociedad civil.

    Lo ms grave no es -sindolo mucho- que, por ejemplo, el cataln se convierta absurdamente en la nica lengua normal de una escuela donde nios y maestras tienen como propia la castellana o espaola, de Badajoz o de Lima. Lo ms grave es que todo eso lo presida el fanatismo y lo hagan posible el miedo y la vergenza.

    Para entender lo que es un agujero negro empecemos por una estrella como el Sol. El Sol tiene un dimetro de 1.390.000 kilmetros y una masa 330.000 veces superior a la de la Tierra. Teniendo en cuenta esa masa y la distancia de la superficie al centro se demuestra que cualquier objeto colocado sobre la superficie del Sol estara sometido a una atraccin gravitatoria 28 veces superior a la gravedad terrestre en la superficie.

    Una estrella corriente conserva su tamao normal gracias al equilibrio entre una altsima temperatura central, que tiende a expandir la sustancia estelar, y la gigantesca atraccin gravitatoria, que tiende a contraerla y estrujarla.

    Si en un momento dado la temperatura interna desciende, la gravitacin se har duea de la situacin. La estrella comienza a contraerse y a lo largo de ese proceso la estructura atmica del interior se desintegra. En lugar de tomos habr ahora electrones, protones y neutrones sueltos. La estrella sigue contrayndose hasta el momento en que la repulsin mutua de los electrones contrarresta cualquier contraccin ulterior.

    La estrella es ahora una enana blanca. Si una estrella como el Sol sufriera este colapso que conduce al estado de enana blanca, toda su masa quedara reducida a una esfera de unos 16.000 kilmetros de dimetro, y su gravedad superficial (con la misma masa pero a una distancia mucho menor del centro) sera 210.000 veces superior a la de la Tierra.

    En determinadas condiciones la atraccin gravitatoria se hace demasiado fuerte para ser contrarrestada por la repulsin electrnica. La estrella se contrae de nuevo, obligando a los electrones y protones a combinarse para formar neutrones y forzando tambin a estos ltimos a apelotonarse en estrecho contacto. La estructura neutrnica contrarresta entonces cualquier ulterior contraccin y lo que tenemos es una estrella de neutrones, que podra albergar toda la masa de nuestro sol en una esfera de slo 16 kilmetros de dimetro. La gravedad superficial sera 210.000.000.000 veces superior a la que tenemos en la Tierra.

    En ciertas condiciones, la gravitacin puede superar incluso la resistencia de la estructura neutrnica. En ese caso ya no hay nada que pueda oponerse al colapso. La estrella puede contraerse hasta un volumen cero y la gravedad superficial aumentar hacia el infinito.

    Segn la teora de la relatividad, la luz emitida por una estrella pierde algo de su energa al avanzar contra el campo gravitatorio de la estrella. Cuanto ms intenso es el campo, tanto mayor es la prdida de energa, lo cual ha sido comprobado experimentalmente en el espacio y en el laboratorio.

    La luz emitida por una estrella ordinaria como el Sol pierde muy poca energa. La emitida por una enana blanca, algo ms; y la emitida por una estrella de neutrones an ms. A lo largo del proceso de colapso de la estrella de neutrones llega un momento en que la luz que emana de la superficie pierde toda su energa y no puede escapar.

    Un objeto sometido a una compresin mayor que la de las estrellas de neutrones tendra un campo gravitatorio tan intenso, que cualquier cosa que se aproximara a l quedara atrapada y no podra volver a salir. Es como si el objeto atrapado hubiera cado en un agujero infinitamente hondo y no cesase nunca de caer. Y como ni siquiera la luz puede escapar, el objeto comprimido ser negro. Literalmente, un agujero negro.

    No es bueno que los estados de nimo transiten entre la euforia y la depresin en el actual proceso que debera de conducir al final de toda violencia por parte de ETA. Lo ms sensato es estar a los hechos, siempre que tengamos en cuenta que en poltica las tomas de posicin pblicas son tambin hechos, en cuanto pueden incidir en las actitudes y sentimientos de las personas. En este sentido, las recientes declaraciones de portavoces de la banda armada al diario Gara son un hecho, con alcance poltico, que no conviene despachar con la benevolente consideracin de que estn realizadas para consumo interno. Estn hechas o no para tranquilizar a ese mundo mal llamado de la izquierda abertzale, lo cierto es que reflejan una manera de enfocar la cuestin que est fuera de la realidad y, adems, imposible de asumir por un sistema democrtico. Por eso es coherente que desde los poderes pblicos se haya repetido, hasta la saciedad, que la desaparicin de la organizacin terrorista no supondr ninguna contrapartida de naturaleza poltica.

    Pero, qu quiere decir, en las actuales condiciones, pagar un precio poltico? Se supone, en pura lgica, que eso sucedera cuando los poderes pblicos modificasen algn elemento del orden constitucional o legal vigente a cambio del final de la violencia, ya fuese aceptando el derecho de autodeterminacin, o la llamada territorialidad, la amnista o cualquier otro aspecto que chocase con nuestras normas de convivencia. Pues bien, en una democracia ningn gobierno puede hacer este tipo de concesiones, aun cuando as lo desease, que no es el caso. Siempre he pensado que cuando una democracia cede al chantaje de la violencia, esa democracia est herida de muerte, y no creo que la democracia espaola, con lo que ha costado traerla y con la solidez de que disfruta, vaya a cometer tamao desatino. Y sera menester que esta imposibilidad la asumieran aquellos que deben abandonar, de manera definitiva, todo tipo de violencia y, tambin, los partidos que, al margen de toda evidencia emprica, siguen planteando cuestiones que saben perfectamente que no son viables dentro de las normas que nos rigen, que deben ser respetadas y que todo gobierno tiene la obligacin de hacer cumplir.

    Ahora bien, sera errneo, y conducira a un callejn sin salida, confundir el pagar un precio poltico con la aplicacin normal de la legalidad vigente. Es decir, no tiene nada que ver el hacer concesiones a los violentos con la aplicacin regular de las normas democrticas, una vez que se ha constatado fehacientemente que ETA ha abandonado la violencia. En este sentido, por ejemplo, la legalizacin de un nuevo partido que representase a la llamada izquierda abertzale no supondra ninguna licencia o cesin ilegtima, sino la simple aplicacin de la legalidad, siempre y cuando dicho partido cumpliese con las condiciones y requisitos establecidos en la Ley de Partidos. Y una vez en la legalidad esa formacin poltica, como otra cualquiera, podra defender el derecho de autodeterminacin, la independencia de Euskadi y todo aquello que no supusiese un ilcito penal, como por otro lado ya lo hacen otros partidos, a travs de mtodos estrictamente democrticos. Lo que no se puede pretender es ser legal, y presentarse a las elecciones, sin el previo abandono de cualquier connivencia expresa o tcita con la violencia, sin su condena, o de una forma que suponga la mera continuacin o sucesin de las actividades de un partido que haya sido declarado ilegal y disuelto, pues ello no lo permite la ley de partidos. Ley que, por otra parte, tiene vocacin de permanencia.

    Lo mismo podra suceder con la delicada cuestin de los presos por actividades terroristas. Nuestra Constitucin no permite la concesin de amnistas y cuando seala, en su artculo 62, que corresponde al Rey ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, aade expresamente "que no podr autorizar indultos generales". En consecuencia, est fuera de la realidad plantear esta posibilidad, pues para ello sera necesario modificar la Constitucin. Ahora bien, tambin nuestra ley de leyes dice en su artculo 25.2 que "las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarn orientadas a la reeducacin y reinsercin social". Es decir, el encarcelamiento del que delinque no tiene una finalidad vengativa sino que, sobre todo, busca que el penado abandone la actividad delictiva y se integre en la vida social como un ciudadano normal.

    Por tanto, una vez desaparecida definitivamente la actividad violenta y la organizacin que la provoca, las leyes penales y penitenciarias de la democracia contienen los mecanismos para encauzar el problema, sin necesidad de "generosidades" forzadas y con respeto escrupuloso a la dignidad de las vctimas. Las leyes democrticas son siempre generosas, pero no ms all de lo que las propias leyes dicen y en los trminos en que deben ser interpretadas en concordancia con el contexto en que se aplican. Por eso, la solucin que se d en el futuro a la situacin de los presos por terrorismo no debera contemplarse como una concesin al cese de la violencia sino como la normal aplicacin de las leyes y la consecuencia lgica del fin de esa violencia.

    Igual acontece con la cuestin del lugar donde se cumple la condena. El objetivo de la medida que se tom en su da no creo que fuese el alejamiento de los presos del lugar de residencia sino la dispersin, que es cosa bien distinta. Certificado el cese permanente de la violencia, dejara de tener sentido tanto la dispersin como el alejamiento, pues habra desaparecido la causa que lo motiv.

    En otro orden de cosas, se oyen voces solicitando ya la convocatoria de una mesa de partidos vascos, que sera la encargada de debatir los temas de naturaleza poltica. Aqu tambin se plantea el asunto de manera desenfocada. Supondra un disparate que los partidos democrticos se sentasen a discutir colectivamente con organizaciones declaradas fuera de la ley. E igual de grande sera el dislate si un gobierno democrtico se pusiese a negociar cuestiones polticas con una entidad terrorista. Una mesa de partidos, en democracia, slo puede formarse con organizaciones legales, tengan o no, en un momento determinado, presencia parlamentaria. Todo ello por un principio bsico que debe presidir siempre un proceso de estas caractersticas y es el del respeto a la ley y a las formas que esa legalidad establece.

    De esta suerte, una negociacin poltica sobre el futuro institucional de Euskadi debe hacerse por los partidos polticos legales, sin exclusiones, en ausencia definitiva de toda violencia y en el respeto de los procedimientos constitucionales. Pretender, como insinan o afirman algunos, iniciar un dilogo poltico sobre cuestiones sustantivas mientras subsista la posibilidad de un regreso a la violencia por parte de ETA, no me parece lo ms recomendable.

    Resultan, por el contrario, muy correctas las opiniones que han expresado que primero la "paz" y luego la "poltica", lo que no empece para que la poltica pueda ayudar a conseguir el fin de la violencia.

    Una ltima reflexin sobre el famoso "derecho a decidir" que por algunos se utiliza como sinnimo del derecho de autodeterminacin. Parto de la base de que el actual ordenamiento constitucional y estatutario reconoce ese derecho a decidir, esto es, asume que la ltima palabra la tienen los vascos. Al igual que la tienen los catalanes y la van a manifestar el prximo 18 de junio. Lo que conviene recordar es que Euskadi no parte de un vaco legal e institucional. Su autonoma se sustenta en la Constitucin de 1978 y en el Estatuto de Gernika, que han sido votados por la mayora de los que ejercieron el sufragio. Luego cualquier modificacin de ese marco estatutario debera contar con un acuerdo por lo menos tan amplio como el que tuvo entonces y plasmarse a travs de los mecanismos que las propias normas establecen. De lo contrario, se estara violentando la voluntad de los propios vascos. Porque como est sucediendo en las reformas estatutarias en curso, una vez acordado por los parlamentos vasco y espaol el texto de que se tratase -en el caso de que se desease abordar una reforma- ste debera ser sometido a la voluntad de la ciudadana de Euskadi, que podra aprobarlo o rechazarlo. Por el contrario, lo que se propone desde los que interpretan el derecho a decidir -versin autodeterminacin- es lo siguiente: la Constitucin y el Estatuto no existen y los vascos y vascas, como le gusta decir al lehendakari, desde su soberana -ergo ya independientes- deciden si desean o no seguir formando parte de Espaa o cualquier otra frmula. Esta opcin, adems de no ser legal, no es aceptable polticamente ni por la inmensa mayora de los espaoles, ni como mnimo por la mitad de los vascos y conducira a resultados indeseables que cualquiera puede comprender. Otegi lo ha explicado muy bien, quiz sin darse cuenta, al preguntarse: por qu los vascos no podemos decidir como en Montenegro? Quiz por la simple razn de que los vascos no quieren vivir como en Montenegro y, desde luego, Espaa, ni Europa, desean terminar como Yugoslavia. Seamos sensatos.

    Aunque despacio, algo vamos ganando. La primera vez que Fernando Savater se refiri a este modesto historiador desde las pginas de EL PAS, fue para tratarme de tonto. La segunda, en agosto de 2003, trabuc desdeosamente mis apellidos. La tercera -el pasado 15 de mayo- ya los ha escrito bien, y slo me tacha de embustero. Ser, como en la secuencia final de Casablanca, el comienzo de una gran amistad?

    El caso es que, en un acto poltico convocado por Basta Ya! en San Sebastin no precisamente a favor de las perspectivas abiertas por el cese de la actividad de ETA, el filsofo donostiarra asegur a principios de abril que la ley de Partidos Polticos de 2002 slo desagrada "a los que tienen un pie en el Parlamento y otro en la calle, con la capucha puesta". Ante tan abusiva e insultante identificacin entre el rechazo de dicha ley y la prctica del terrorismo, utilic un artculo aparecido en la edicin de EL PAS de Catalua para recordar a Savater que, por lo menos en esta comunidad, somos muchos millares los ciudadanos de casi todas las sensibilidades polticas y sin veleidad filoterrorista alguna que, en 2002 como hoy, consideramos la ley de Partidos democrticamente regresiva, jurdicamente dudosa y polticamente poco eficaz -ah estn, en el Parlamento de Vitoria, los diputados del Partido Comunista de las Tierras Vascas, ah estn los dirigentes de Batasuna haciendo declaraciones todos los das-; que, para resumirlo con uno de esos galicismos de los que gusta don Fernando, se trata de una loi sclrate. A lo cual ste me replica que no, que no existe en Catalua esa oposicin nutrida y transversal a la ley de marras, que eso es "otro embuste nacionalista, si me disculpan la redundancia" Qu ingenioso!

    Por fortuna, no se trata de una cuestin de fe ni de ciencia infusa, ni tampoco de un careo entre la palabra del seor Savater y la ma; el estado de opinin que yo describ y que el filsofo impugna concierne al dominio de las posiciones y las actitudes polticas, sobre las cuales hemerotecas y archivos arrojan un testimonio difcil de refutar. En Catalua, durante el debate meditico y parlamentario sobre la ley de Partidos, dos de las cinco fuerzas con presencia institucional -Esquerra Republicana e Iniciativa per Catalunya Verds- mantuvieron una oposicin invariable y completa a ese proyecto legislativo apadrinado por el Partido Popular y el PSOE. Dentro de Convergncia, el asunto provoc un verdadero sesmo: "Cuadros de CDC se movilizan contra un s a la ley de Partidos", titulaba La Vanguardia el 10 de mayo de 2002; tres das ms tarde, la portada de ese mismo peridico rezaba: "Rebelin interna en CDC contra la ley de Partidos". Y es que, en efecto, el consejo nacional convergente (mximo rgano entre congresos) haba mostrado una vehemencia y una unanimidad inslitas, incluso entre sus exponentes ms moderados, en el rechazo de esa ley. Cuando, por aquellas fechas, apareci el consabido manifiesto de intelectuales contra la ley de Partidos, el entonces portavoz de CiU en Madrid, Xavier Trias, declar que "probablemente, yo tambin lo firmara", y el entonces vicesecretario del partido, Pere Macas, dijo que la ley "no es necesaria, ni oportuna, ni resolver el contencioso vasco". Desbordado e incmodo, pero cautivo del apoyo que le daba el PP en Catalua, Jordi Pujol trag quina, y a la postre impuso a los suyos el s a la dichosa ley, aunque cuatro senadores desertaron de la votacin final. Si el retroceso electoral de CiU en 2003 es imputable a la alianza con el PP, no hay duda de que el de la ley de Partidos fue uno de sus captulos ms onerosos.

    No se crea que las cosas fueran ms fciles para el otro gran partido cataln, el PSC. ste -en palabras de su dirigente Joaquim Nadal- tena "algo ms que dudas sobre la efectividad" de la ley de Partidos. Pasqual Maragall mostr serias reservas, y la Joventut Socialista de Catalunya expres por boca de su primer secretario un rechazo "frontal", igual que la plataforma Ciutadans pel Canvi, entonces con 15 diputados en el Parlamento autnomo, dentro del grupo socialista. Entre los senadores del PSC, el ponente constitucional Jordi Sol Tura dio a conocer su oposicin, aunque acabase por acatar la disciplina de voto; dos de sus compaeros prefirieron ausentarse, pese a las llamadas al orden del vrtice partidario.

    En resumen: dentro del pentapartido cataln, slo el PP estuvo unnime y granticamente a favor de la ley concebida para ilegalizar a Batasuna. Los que se oponan a ella (ICV y ERC) representaban a la sazn a unos 350.000 votantes (hoy representan a ms de 800.000), cifra a la que en 2002 caba sumar un porcentaje imprecisable pero nada nfimo de electores convergentes y socialistas. Y bien, si mientras ETA mataba la ley de Partidos ya suscit en Catalua esa considerable desaprobacin poltica y tambin social, es descabellado pensar que, cuatro aos despus, suspendida de forma permanente la actividad terrorista, el rechazo sea sensiblemente mayor, bastante por encima de los "muchos miles" que yo invoqu?

    Pido perdn a los lectores por haberles aburrido con una retahla de viejas referencias periodsticas. Es lo malo de discutir con Fernando Savater: que ste te aplica la presuncin de culpabilidad y, lejos de ser tarea suya demostrar la falsedad de tus asertos, eres t quien debe probar que no mientes. Pero si encima ests catalogado como "nacionalista", entonces ya no hay escapatoria: tus argumentos carecen de cualquier validez y son mendaces -o estpidos- por definicin. S, por consiguiente, que ni toda la erudicin del mundo ni el ms exhaustivo de los sondeos de opinin induciran a Savater a enmendarse o a retirar sus descalificaciones. Cuando uno est instalado en el complejo de infalibilidad, cuando lleva lustros pontificando sobre una visin unilateral y sesgada de la realidad vasca, cuando ridiculizar o criminalizar a los contraopinantes ya se ha convertido en una rutina, entonces el verdadero dilogo es imposible. Lo cual no significa que los dems debamos consentir en silencio que nos tilde de embusteros.

    Es explicable que el mensaje de los socialistas catalanes contra el Partido Popular se entienda como una agresin. Los socialistas, y no slo los catalanes, tratan a la derecha del modo que les han enseado a hacer los nacionalistas. Es un modo cuya palabra clave no es el no, sino el fuera!. Si yo tuviera edad, me afiliara de inmediato al PP, como escudo humano. Creo que es una noble propuesta para la juventud idealista. Los mtodos nacionalistas del socialismo cataln no se traslucen tan slo en esa parte del mensaje que afecta directamente al Partido Popular. Donde el mtodo deslumbra con ms intensidad es en el obsceno contra Catalunya que incorpora. El PP usar tu no contra Catalua tiene, al menos, dos sentidos: la evidencia de que la derecha har poltica anticatalana con los votos negativos; pero tambin, por contagio (especialmente fcil de producirse dada la lengua sioux en que est redactado el eslogan), el que resulta de la cadena no contra Catalua, donde el voto negativo queda magnticamente estigmatizado como un voto contra Catalua.

    Nunca haban llegado tan lejos los socialistas. Uno de los ejes recurrentes de su poltica fue la acusacin a Pujol de que se haba apropiado de Catalua. En este sentido, los socialistas llegaron a exigir del presidente que no se autotitulara, como lo haca, cada vez con ms frecuencia, presidente de Catalua y respetara ese distanciamiento democrtico que incorporaba el atributo de la Generalitat. La propia palabra Catalua nunca apareci particualrmente enfatizada en sus mensajes electorales.Preferan otras: futuro. Y, oh l l!: Izquierda. As fue, exactamente, hasta el ao 2003, donde los socialistas se colgaron de un eslogan que aventuraba lo peor: El canvi per Catalunya, donde la preposicin per fue, desde el primer momento, ms por que para, es decir, ms esencia que servicio.

    Sin embargo, el paso definitivo acaban de darlo ahora. Y ni siquiera puede decirse que les hayan forzado a darlo las obligaciones tripartitas, que es el argumento que han utilizado hasta ahora para justificar lo que -bien claro se ve- no son otra cosa que sus ms profundos (y tan mal ventilados) sentimientos. Este eslogan, que con beocio e impudoroso orgullo mostraba uno de los funcionarios socialistas a la prensa, supone el ansiado clic retrico con que culmina un proceso. Ya son lo que quisieron ser (agentes y no pacientes) desde que les cay el fundacional salivazo -resbalaba lento y espeso sobre la americana del largo Obiols- en las puertas del Parlament, en los das de Banca Catalana. Desde aquella tarde, bajaron la cabeza y empezaron a salivar en silencio. Pero no fue hasta ayer cuando la cosa cogi forma y vuelo en su boca.

    (Coda: Un tiempo donde fue muy difcil ejercer la razn crtica, porque toda crtica real fue tomada siempre como una crtica contra Catalua; porque esas dos palabras, contra Catalunya, justo esas dos palabras, fueron la moral de ese tiempo. Popular.)

    No poda ser ms que alguien que tuviese el talento lingstico de Arcadi Espada, unido a una atencin hipersensible y a una constante vigilancia de todos los decires que le asaltan el odo desde la prensa y otros textos pblicos, el que no se dejase escapar un prrafo, ya aprobado, del Prembulo del proyecto de reforma del Estatuto andaluz (El Mundo, 2-V-06). El prrafo, que Espada no vacila en calificar, con toda la justicia del mundo, de "monstruoso", reza, segn su propia transcripcin, de esta manera:

    "Andaluca ha compilado un rico acervo cultural por la confluencia de una multiplicidad de pueblos y de civilizaciones, dando sobrado ejemplo de mestizaje humano a travs de los siglos. La interculturalidad de prcticas, hbitos y modos de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histrica, y se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinmico y cambiante, popular y culto, nico entre las culturas del mundo".

    Por mi parte, me voy a quedar rezagado con respecto a la direccin en que se mueve el comentario crtico de Espada (aunque tampoco en sus palabras pueda dejar de resonar inevitablemente, aun sin mentarlo expressis uerbis, el que es aqu el demonio principal: el pestilente narcisismo andaluz), para detenerme en el trmite de la expresin por s misma.

    Empecemos por el rasgo general que, de principio a fin, recorre y caracteriza el prrafo transcrito: no hay en l una sola palabra requerida en razn de demanda por la necesidad de un contenido, sino que el contenido mismo se ha compuesto y se ha determinado a partir de la oferta de ingredientes verbales preexistentes: viejas acuaciones estereotipadas por la inercia verbal, de las que van virtualmente acompaadas por un tcito "ya sabes lo que quiero decir". En una palabra, como la mayonesa. sta, en efecto, fue inventada -si no recuerdo mal- por el cocinero de los oficiales de la guarnicin britnica asediada en Mahn: "Y qu puedo yo darles de cenar esta noche a estos golosos, si no puedo mandar afuera un solo soldado a por provisiones sin que me lo maten de un tiro por el campo? Me las tendr que ingeniar como sea para sacar alguna cosa rica con lo que hay en la despensa".

    El prrafo del prembulo andaluz citado por Espada est hecho "con lo que hay en la despensa", como la mayonesa; los cocineros del estatuto se las arreglaron con las existencias que tenan a mano, pero no porque no quisiesen poner en riesgo la vida de ningn soldado, sino porque su paladar cerebral se conformaba, y acaso hasta se complaca, con esa mayonesa elaborada a base de los inertes y baratos estereotipos que ya hay en la despensa.

    La gratuidad, en cuanto indiferencia frente al contenido, se manifiesta en el recurso a muletillas formales, como la terna de miembros, que ofrece dos ejemplos: una terna simple y una terna de parejas. Esta frmula parece responder a una preocupacin por la exhaustividad: una banqueta con tres patas se tiene de pie; deja al hablante la comodidad de sentir que satisface la demanda de informacin del oyente, completa sus preguntas, imaginadas sobre el modelo, tan genrico, de "largo-ancho-alto", "eslora-manga-puntal", etctera. La terna simple con que nos encontramos en el texto citado es de tan extrema gratuidad, que nos descubre otra caracterstica del mismo: su naturaleza de "relleno". Dice as: "La interculturalidad de prcticas, hbitos y modos de vida..."; sabra decirme usted, mi estimado seor Arcadi Espada, qu lmites precisos podran interponerse entre "prcticas", "hbitos" y "modos de vida" que comportasen en su espectro semntico tan siquiera sa mnima franja de exclusin que habra que exigirles para que sean separadamente desplegados en una misma enumeracin? No vamos a negar aqu matices ni connotaciones; las sinonimias perfectas son poqusimas, pero la propia marcha del texto es tan sumaria, que no permite que uno piense en cosas y que no deje de or ms que palabras-comodn. An ms redonda, ms eufnica y ms inapelablemente convincente les ha salido la terna de parejas, que reza como sigue: "Se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinmico y cambiante, popular y culto, nico entre las culturas del mundo".

    en el odo una fuerte resistencia: "jvenes y enfermos, viejos y sanos". De los tres pares de adjetivos que califican el "patrimonio cultural" del texto comentado, vemos cmo el primero y el tercero toman el criterio de la oposicin; el primero, de una oposicin privativa, y el tercero, de una oposicin, por as decirlo, "distributiva". Es el segundo par: "dinmico y cambiante", el que suena rarsimo y hace sospechar que probablemente es un mal consensuado producto de una discusin infructuosa y tal vez un tanto encarnizada. Es posible que empezasen por tratar de recoger los atributos correspondientes al espeluznante tpico de "tradicin y modernidad"; la modernidad quedara cubierta con cualquiera de los dos adjetivos propuestos: "dinmico" o "cambiante", o sea con el que acabase siendo consensuado. Pero, ahora cmo hacer honor a las prerrogativas de la tradicin? En medio de la cada vez ms desatada ideologa de que todo est cambiando aceleradamente, de que nadie puede ni debe quedarse un solo paso atrs, con el creciente desprestigio de lo que no se mueve, de lo que "se aferra al pasado", a un ayer prescrito y aun proscrito, qu adjetivo podra implementar con la cautela suficiente, casi como pasando de puntillas, la parte de la tradicin? Y esto en una regin en la que el culto de lo tradicional -garanta de "lo autctono"- es el ms celoso y acendrado "entre las culturas del mundo". La cosa -siempre segn lo que yo me imagino que pudo pasar- tena mal arreglo; pero la frmula de la terna de parejas, prospectada por delante de los seis adjetivos que habran de llenarla, o ms bien rellenarla, tena un tan armnico efecto de columpio o doblar de campanas, que, antes que renunciar a ella, pudo haberse preferido rellenar la vacante con esa extraa semi-redundancia de "dinmico y cambiante".

    En cuanto a la primera de las tres parejas copuladas: "tangible e intangible", que as de pronto podra sonar un tanto mstica, no hay que temer que exija, para su inteleccin, remontarse tan alto como a una reminiscencia del Credo de Nicea: "Visibilium omnium et invisibilium", sino que es muy probable que tenga explicacin en una procedencia mucho ms cercana: en Francia y en un pleito reciente: el de la reivindicacin de la "mmoire", palabra bastante ms encumbrada que su traduccin castellana: "memoria histrica". En nuestra pareja, "tangible", por la propia obviedad de aquello que designa, no tiene otra funcin que la de mero soporte de "intangible". Jos Vidal Beneyto, en su artculo Guerra de nacionalismos / 1 (EL PAS, 6-V-06), habla de cuatro opciones del concepto de "nacin", de las que la que aqu importa es la que designa como "nacin-herencia". A sta, pues, sera a lo que pretende remitirse el panfleto estatutario con lo "intangible" del "patrimonio cultural". La institucionalizacin de la "mmoire" (en Francia se ha llegado a hablar hasta de "devoir de mmoire") no se contenta ya con que las tradiciones sigan siendo meras tradiciones, que sera dejarlas al modesto nivel de las costumbres; ahora quieren tener "calado", "profundidad histrica". La repelente expresin de "patrimonio cultural" connota inmediatamente la nocin de "herencia"; en palabras de Chirac: "Cest un hritage que nous devons assumer tout entier". El patrimonio hereditario implica, a su vez, que las naciones son linajes; estas "naciones-linaje" -y tanto las profesas como las postulantes-, para acreditar su abolengo, su solera, y legitimar su nobleza, apelan a lo que entre los apologetas cristianos se designaba como "auctoritas uetustatis". A esta "vetustez" se remite por dos veces el "Prembulo": "a travs de los siglos", "a lo largo del tiempo", y es justamente a eso que yacera en las profundidades del ayer, pero an palpitara plenamente vigente en lo "tangible", a lo que, a mi entender, pretenden aludir con lo "intangible". Lo intangible goza, adems, del privilegio de sustraerse a toda posible verificacin tctil.

    En el "rico acervo cultural" andaluz -y como en cualquier otro, por supuesto- solamente el folclore es "distintivo", pues es lo que especficamente se ha acuado, concentrado y petrificado de una vez para siempre con esa funcin. Ah es, en efecto, donde se ejerce, de manera ostensible y recurrente, el culto de la propia identidad. As que me temo que no va a quedar lugar ni justificacin posible para el segundo par de adjetivos copulados que califican "patrimonio cultural", o sea para "dinmico y cambiante", porque la autocomplacencia que comporta el culto de la "identidad" -y decirlo resulta redundante- necesita que la propia imagen sea siempre idntica a s misma. "Dinmico y cambiante", cualquiera que haya podido ser su gnesis -ya sea la que yo he supuesto, ya sea otra-, se han quedado ah pasmados, como una reverencia al signo de los tiempos, pero completamente fuera de lugar, junto al exacerbado, ensimismado, tradicionalismo de una gente que exige reconocerse fielmente en el espejo a cada recurrencia, que se gusta tanto a s misma y est tan encantada de ser y de haber sido desde siempre como es que no podra dejar de cuidar escrupulosamente de que todo se repita ao tras ao exactamente igual.

    Los redactores del "Prembulo" se han preocupado, finalmente, de anticiparse a disipar posibles dudas u objeciones, ajustndolo todo, sin resquicio, al ms plausible "como debe ser". Todo tena que quedar repugnantemente mono. Si la "confluencia de una multiplicidad de pueblos y civilizaciones" podra hacer pensar en el surgimiento y hasta perduracin de conflictos, se le sale al paso, disipando recelos y temores, con la clusula "dando sobrado ejemplo de mestizaje humano a travs de los siglos"; si "la interculturalidad de prcticas, hbitos y modos de vida" podra a su vez suscitar la imagen de separaciones o aislamientos sociales, he aqu que de nuevo se tranquiliza a los lectores con la frmula -por otra parte sumamente misteriosa- de que esa interculturalidad "se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histrica". En mis tiempos, ante este tipo de frases en forma de atrevidos arreboles lgico-semnticos, se sola exclamar: teme usted esa mosca por el rabo! El texto entero, en fin, confeccionado con pereza, con desinters, y uno dira que incluso con aburrimiento y con desdn, acumulando tpicos y convencionalismos y adobndolo todo con muletillas pedaggicas y comodines moralizantes, parece puro relleno de un vaco ya innecesario por s mismo y que, por tanto, precisamente rellenado se revela an ms positiva y manifiestamente vaco e innecesario. No slo es "monstruoso" como pieza de literatura jurdica en s misma, sino tambin por la tremenda inmoralidad que comporta el haberlo aprobado en calidad de documento pblico, para tirrselo a la cara a sus destinatarios, que se supone que son los andaluces.

    Hubo un tiempo en el que las mejores pginas literarias de un novelista eran las que el lector siempre se saltaba: sus descripciones del paisaje. Dado que nuestra novela tard tanto en llegar a la ciudad, hasta La Regenta y Galds, no es extrao que durante buena parte del siglo XX los narradores espaoles hayan sido los ltimos maestros occidentales en el difcil arte de describir el primer paisaje, el de la naturaleza. La fotografa, el cine, la televisin, los vuelos charter e Internet le han quitado a la pintura y la novela aquella exclusiva que tenan hasta principios del siglo. El actual problema de los comparatistas e hispanistas es: Son mejores nuestras actuales descripciones del paisaje urbano que las de los paisajes espaoles de aquella naturaleza hoy reconvertida en parque natural protegido o en agricultura euro-subvencionada?

    Hay varias teoras. La ms pesimista dice que las descripciones espaolas del segundo paisaje, el metropolitano, son bastante peores que las del primero y que se nota demasiado nuestra muy tarda incursin en la narrativa urbana porque, concluyen, aunque ya todo est urbanizado, la mayor parte de los literatos mayores de cincuenta han llegado tarde o de mala gana al segundo paisaje y cuando lo describen se limitan a reproducir las viejas figuras lricas sin que se les haya puesto la mirada pop. La novela metropolitana espaola existe y empieza a ser muy buena, pero parece ser exclusiva de los autores menores de treinta y pico, sobre todo en la descripcin de los paisajes suburbanos o del extrarradio.

    La segunda teora dice que los paisajes espaoles han cambiado y que en lugar de dos (el de la naturaleza y el del asfalto) habra otro ms que describir. Aunque eso ya no sea un problema tpicamente espaol porque nadie, ni aqu ni en Nueva York, le presta la menor atencin narrativa a lo que ya se llama el tercer paisaje, como lo bautiz en su reciente manifiesto Gilles Clment, el ingeniero, botnico, escritor e inventor del clebre Jardn Planetario.

    Qu hacer con ese tercer paisaje que no es urbano ni rural, que est ms all de los centros comerciales y del ltimo cinturn de los adosados, pero tampoco es parque natural protegido ni paisaje agrcola subvencionado por la PAC (Poltica Agrcola Comn)? Es cierto que en su da algo parecido al tercer paisaje simboliz el arte de vanguardia del siglo XX: cuando el land art, las excursiones gasolineras de la beat generacin y las road movies. Pero las noveleras y la peliculeras espaolas nunca le han prestado demasiada atencin al tercer paisaje; excepto algunos pintores abstractos castellanos y a pesar del caballo y la mula del Quijote, aquel 2CV que inaugur el on the road.

    El otro da, en un vuelo nocturno que atravesaba la Pennsula, descubr dos cosas. Que a vista de pjaro (o de Dios) las poblaciones agrcolas de la meseta y alrededores, cuando parpadean sus luces, son figuras idnticas a la geometra de las neuronas aisladas tal y como las pint Cajal por vez primera. Y que hay una inmensa tierra de nadie que nunca se menciona ni se describe entre esas desconectadas neuronas noctvagas mesetarias y las tambin nocturnas luces metropolitanas cuando te acercas a Barajas o El Prat, que desde arriba sus potentes luces semejan con igual precisin a las microgeometras de un cncer o cualquier tumor maligno, tal y como en House podemos comprobar.

    A bordo de Iberia en mi transversal vuelo nocturno sobre la Pennsula, con la frente pegada a la ventanilla, descubr que somos muy ricos en materia de tercer paisaje desrtico, mucho ms que cualquier otro pas de la UE, y slo comparables en pequea escala a ese inmenso tercer paisaje USA que en el siglo pasado gener tan magnficas vanguardias. Porque eso tan largo que hay entre nuestras desconectadas neuronas agrcolas y nuestros tumores metropolitanos on-line, ese espectacular e incomparable no mans land espaol, es exactamente lo que Clment llama el tercer paisaje y nadie sabe qu hacer con l.

    No es un paisaje urbano ni rural, no es PAC ni pop, carece de explotacin agrcola, de explotacin turstica y de especulacin inmobiliaria, y es una inmensa frontera entre las desconectadas neuronas mesetarias y los tumores metropolitanos on-line. Ni siquiera es un territorio protegido, como esos parques naturales en los que est terminantemente prohibido tirar basuras y adjetivar como si no hubiera pasado un siglo.

    Qu hacer con nuestro impresionante tercer paisaje, nico en Eurolandia? Lo primero que habra que hacer es describirlo, luego ya veremos. Pero no olvidemos que un da del siglo pasado los jvenes norteamericanos inventaron una pica de esa tierra de nadie y la describieron con moderna lrica contagiosa. Eso s, tuvieron que salir de casa, subirse a la Harley o al Ford 49, abandonar la ciudad, el trabajo y la familia, mirar hacia Oriente y consumir mucha gasolina. Ya s que las ideologas, el canon literario, las distancias y el precio del barril de Brent han cambiado mucho desde entonces, pero ah abajo est, esplndidamente indito, ese muy dominante tercer paisaje espaol que hace varios centenarios recorri Cervantes a bordo de su Citron 2CV.

    All, en su estudio, Ernesto Gimnez Caballero ha comenzado a hablar moviendo las aspas. Y a los cinco minutos uno ya se ha hecho su composicin de lugar. Una de tres: este hombre es un sacamuelas imperial o un visionario con las meninges en carne viva o un humorista que se saca de la manga dioses, mitos, caudillos de pilas, hroes de trapo y otros sueos brutales de inmortalidad, es decir, este ciudadano es un loco que se ha echado al monte, no como un guerrero, sino como una cabra. O tal vez uno est equivocado y Ernesto Gimnez Caballero slo es un poeta que suea con un universo lleno de gloria y escombros sin nimo de molestar a nadie. Ahora el aspa de los brazos vuela sobre su crneo mientras su lengua va triturando la historia.

    -Fue durante aquella cena, dos das antes de la Nochebuena de 194 1, invitado a casa de Goebbels, all, en Berln, cuando expuse a Magda, su mujer, mi grandsima visin, la posibilidad de reanudar la Casa de Austria que se haba interrumpido con Carlos II el Hechizado. Antes de cenar yo le haba regalado a Goebbels un capote de luces para que toreara a Churchill, y en eso Gocebels tuvo que salir porque lo llam Hitler. Qued solo con Magda en un saln privado donde ard una chimenea de leos. Se sent frente a m en un sof de raso verde y oro. Pero luego hizo que me acercara a ella para ofrecerme una copa de licor que calent con las manos y humedeci levemente los bordes con los labios. En aquel ambiente de ascua y pasin, en una noche alerta de patrullas y alarmas de bombardeo sent que iba a jugarme la carta de un gran destino, no slo mo, sino de mi patria y del mundo entero. Entonces le propuse la frmula para llegar al armisticio de Europa reanudando al mismo tiempo la estirpe hispano- austraca. Se trataba de casar a Hitler con una princesa espaola de nuevo cuo, como Ingunda, Brunequilda, Gelesvinta y Eugenia. Slo haba una candidata posible por su limpieza de sangre, su fe catlica y sobre todo por su fuerza para arrastrar a las juventudes espaolas: Pilar Primo de Rivera! Haba que casar a Hitler con la hermana de Jos Antonio. Al or esto los ojos de Magda se humedecieron de emocin. Tom mis manos y las estrech con las suyas. Y acercando su boca a mi odo musit el gran secreto: Su visin es extraordinaria y yo la hara llegar con gusto al fhrer, pero resulta que HitIer tiene un balazo en un genital y es impotente desde sus tiempos de sargento. No hay posibilidad de continuar la estirpe. Lo de Eva Braum no es ms que un tapadillo para disimular.

    No tiene fronteras ni se para en barras. Gimnez Caballero limita por detrs con el propio Zeus, por delante con el Apocalipsis total y a derecha e izquierda con los respectivos cajeros de Abc y Diario 16, que le paga 1.800 pesetas, menos descuento, por cada artculo donde este poeta abrasado junta las estrellas con los testculos, a Carlo Magno con el turrn de coco, a Rusia con la gimnasia y a Norteamrica con la magnesia. me contars si se puede vivir con est miseria. Estoy pasando por una situacin muy precaria. La imprenta Gimnez est llena de problemas laborales por culpa del comit obrero dominado por los comunistas y nuestra papelera de Cegama ha cado prcticamente en manos de ETA, as que estoy pensando en largarme a Paraguay, donde mi amigo el presidente Stroessner es posible que me eche una mano. Puedes creer que a mis 82 aos todava hago el amor como un chaval?

    En el tico de un hotel de tres plantas en la colonia de El Viso ha hecho nido la ltima guila imperial, que an sube y baja los peldaos de tres en tres, canturreando y abierto de zancos. Gimnez Caballero tiene una osamenta muy proftica en la cara, esa quijada que le recoge la boca como una pala y le aproa el mentn dndole un aire de voluntad desmedida. En plena empanada ideolgica del final de los aos veinte, el socialista Gimnez Caballero abandon a la sobrina del cura de El Escorial y se cas con una florentina rubia y de Ojos azules. Viaj a Roma y las pompas fascistas le deslumbraron el cerebro reblandecido por la luna de miel. Las calles de Roma estaban llenas de desfiles con tambores, correajes, pendones. camisas negras y saludos varoniles, todo rebozado con una visualidad revolucionaria. Ernesto se convirti al fascismo en la acera. como un turista al ver pasar la procesin, y en su noble pecho se juntaron el hambre con las ganas de comer. Desde ese momento el sueo de este iluminado consisti en rastrillar garitos, tertulias, redacciones, despachos buscando un hroe que se prestara a hacer el papel de Mussolini en Espaa.

    -Poda ser Azaa. Le conoc en el Ateneo y le escuch algunas veces en sus corrillos del Regina y de la Granja del Henar. Nunca intim con l, ni creo que nadie, ni siquiera su mujer. Una vez le llam tirano cuando quiso romper con el mango del cuchillo el gollete de una botella de vino porque el camarero tardaba en hacerlo con el sacacorchos. Yo le propuse a Azaa que fuera nuestro Mussolini, pero Azaa no era un hombre para la revolucin trascendente, era demasiado burgus, oficista y feo. Despus so con Indalecio Prieto, pero le falt genio y herosmo, nos result demasiado bilbano con sus gustos por la buena vida. La noche en que le dije que fuera nuestro conductor nacional socialista, all en su despacho de Obras Pblicas, me contest: No se meta usted en poltica, Gimnez Caballero, porque en poltica le abren a uno el vientre y hay que volverse a meter el bandullo con las manos. Luego estaba Ledesma Ramos, que era de raigambre humilde, como Mussolini, tena talento y coraje, pero era muy enteco y esmirriado y encima pronunciaba las erres a la francesa, deca egue, egue, y dnde iba un condottiero hablando con la egue? Ledesma se dej tup y bigote de mosca como Hitler y luego una perilla a lo Italo Balbo. El dibujante Bagara le llam Balbo raqudeo. No haba nada que hacer. En seguida apareci Jos Antonio. Ese ya era otra cosa, lo que se dice un caballero, aunque le faltaba tener un origen proletario. Dio lo mximo que poda dar un seorito: su vida. Se lo dije el primer da que le conoc: t eres el cordero de Dios que quitas los pecados de Espaa.

    El profeta Ernesto tambin pens en Largo Caballero, que tena los ojos claros y la figura noble; en Fernando de los Ros, por su barba levtica de seda negra; en Ramn Franco, que usaba una cara de moro palestino; en Madariaga, a quien Lequerica llamaba Madariagalmatas porque saba muchos idiomas; en Maran, que, por fin, podra curarle la pleura a Espaa, As andaba Gimnez Caballero como un poseso por el desierto buscando un hroe de paisano cuando, en un descuido, le sali delante un militar con el toque de zafarrancho.

    -Fue el 7 de noviembre de 1936 cuando pude ver a Franco en persona, en el Cuartel General de Salamanca. Antes de entrar en su despacho, en aquel segundo piso del palacio del obispo, me cruc con doa Carmen, que llevaba en el brazo una guerrera militar y un cesto de costura. Al abrirse la puerta, Franco estaba de espaldas, leyendo unos informes, de pie ante su mesa, llena de mapas, libros y papeles, vestido de caqui, pantaln largo y el fajn flojo, que le penda como un tahal por el costado. Alz la cabeza para mirarme. Y, aunque yo le haba visto en Marruecos y luego en fotografas, mi impresin fue insospechada e imborrable. Cre encontrarme con una figura legendaria y bblica: un rey David! Breve de estatura, pero con una cabeza entre el guerrero y el artista, con ojos de inspirado, como de msico. Y en vez de los papeles que tena en la mano, me pareci adivinar un arpa. Franco era David, David en persona, tocando el arpa! Con el doble talento del gallego y del judo. El rey David me desilusion cuando decidi no entrar en la guerra mundial con Hitler. Al abandonar el andn de la estacin de Hendaya comenz el consenso en Espaa, que todava dura.

    La calle donde vive Gimnez Caballero es silenciosa y est en pendiente, como su famosa revolucin. Por encima de las tapias de los chals se asoman copas de acacia, yedras, madreselvas y agujas de haya. Las paredes estn llenas de pintadas agresivas en favor de Tejero, de la Guardia Civil de Almera y del horno crematorio para rojos. Vas caminando entre insultos de alquitrn por la revolucin abajo, hasta que llegas a una tapia donde la misma mano ha escrito con brocha gorda: Poesa que promete E. G. C.. Enfrente mismo de este enigma vive el propietario de las siglas, Ernesto Gimnez Caballero.

    -Eso lo escriben los chavales. Se ve que saben que vivo aqu y lo ponen ah como homenaje. Durante la guerra saquearon nuestra casa de la calle de Canarias, donde todava tenemos los talleres de la imprenta. Al entrar en Madrid me fui a vivir con mi madre, en la calle de Velzquez, y luego nos trasladamos a este hotel de El Viso. Mi mujer acomod una planta para cada hija, la tercera para nosotros, y yo instal el estudio en este tico, que es donde me ves. Pero resulta que a una hija nos la mat un coche en la avenida del Doctor Arce y la otra se cas con el embajador belga, as que alquilamos los dos pisos, uno al cnsul de Francia y otro al marqus de Torrelaguna, y de eso vivo. Aparte de las colaboraciones, que suponen una miseria, y de la jubilacin de embajador y catedrtico, que vienen a ser unas 60.000.

    Los sueos imperiales quedaron en agua de borrajas, pero nunca por falta de empeo. Gimnez Caballero es un personaje que lleva aplastado en el crneo el sol de Dios, un profeta sobrado de facultades, con la imaginacin a toda mecha, aunque hoy, sobre sus viejos ideales, hayan montado un negocio de zapatera.

    -De pequeo, mi abuelo me llevaba muchas tardes al Antiguo Caf de Levante, donde cantaba la Zarzamora, en plena Puerta del Sol. Cuarenta aos ms tarde, cuando los alemanes perdieron la guerra y ya vi que era imposible restaurar la Casa de Austria con el enlace de Pilar y Adolfo, enterr los sueos del imperio en los stanos de este caf. All fund la Cripta de Don Quijote para poder pactar con los enemigos que haban vencido, con los que urga reconciliarse. Por otra parte, en este caf haba estado Rubn Daro, por aqu haba pasado Simn Bolvar camino de casa de su novia, en la calle de Fuencarral; en sus peluches corridos se haban sentado el cubano Mart, Rizal de Filipinas y el general San Martn, todos los libertadores de Amrica. Me puse en contacto con las embajadas de cada pas hermano para fundir un bronce de su libertador correspondiente y dar una fiesta con chocolate y churros madrileos y productos tpicos de su tierra con la nica obligacin de invitar a cualquiera que entrara en el caf hasta la madrugada, a chulos, borrachos, noctmbulos, serenos, bohemios. Otro da llen el caf de ciegos en honor a Buero Vallejo, y los ciegos, en su ardiente oscuridad, tocaron el piano, recitaron versos y nos hicieron pasar una velada inolvidable. Franco no quiso apoyarme en est empresa y se equivoc. De todo aquello hoy slo quedan unas chapas de bronce de cada libertador, que yo rescat antes de que nos echaran a patadas de all para montar una tienda de zapatos. Aquello pudo haber sido como el caf Greco, de Roma: un centro de peregrinacin para estudiantes hispanoamericanos.

    Ha varios Gimnez Caballero. Aquel de y la Gaceta Literaria, vestido con mono azul elctrico de tipgrafo vanguardista o de gris humo con cremalleras de plata, como inspector de alcantarillas. La Gaceta Literaria inici su publicacin el 1 de enero de 1927 y. se extingui en mayo de 1932. Durante cinco aos aglutin a todos los escritores de la poca en pleno barullo ideolgico.

    -Algunos llegaron all saludando con el brazo en alto y la mano abierta, como Alberti y Csar Arconada, y salieron con el puo cerrado. De los poetas, a Alberti le tom mucho cario. Bajaba a los talleres de la Gaceta y sobre una pila de resmas correga poemas sobre Harold Lloyd y Los ngeles en ruinas. Creo que se hizo comunista por lo mismo que yo me hice fascista: por una mujer. Mara Teresa Len se llev a Alberti a las estepas rusas. Al principio todos tenamos una gran confusin ideolgica, pero estbamos de acuerdo a la hora de aborrecer la vieja poltica liberalona del tipo de Romanones. Y lleg un momento en que hubo que definirse. La politizacin de la literatura comenz en el ao 1930, y un caso clebre en este sentido fue el banquete con ms de cien comensales que Ramn Gmez de la Serna me dio en Pombo, donde se arm una trifulca espantosa. Mientras Alberti reparta entre las mesas un panfleto contra la Revista de Occidente, el escritor Antonio Espina se levant para protestar por la presencia del comedigrafo fascista Bragaglia y aprovech la ocasin para atacar la dictadura de Primo de Rivera. En seguida se alz Ramiro Ledesma, no para defender al dictador, sino para pedir un clima de herosmo entre las juventudes. Antonio Espina haba sacado una pistola simblica, la de Larra, pero Ledesma empu una de verdad, con lo cual se arm un jaleo terrible en el caf y Ramon tuvo que utilizar su voz estentrea para sofocar aquel fuego. La guerra civil haba comenzado en Espaa, y una vez ms los poetas precedan a los polticos. Yo haba publicado, en febrero de 1929, en la Gaceta, el manifiesto Carta a un compaero de la joven Espaa, que fue el gimenazo donde se iniciaban los grmenes de un sindicalismo nacional y heroico, tenido como la primera proclama del sambenito llamado fascismo. Lo curioso es que quienes recogieron este ideal, desde Ledesma Ramos hasta los falangistas actuales, ninguno ha querido que se le llamara fascista, olvidando que mi ideario lo traje de Roma en mi viaje de novios, en el ao 1926. Despus mis amigos y colaboradores de Gaceta Literaria me fueron abandonando.

    Y luego est el otro Gimnez Caballero, ese que se ve en las fotos de la guerra con el triple arreo del militar, del falangista y del requet, toda la paera puesta encima, como un hombre-anuncio de la Revolucin Nacional Sindicalista Tradicionalista y de las Jons, una guerrera cuadrada, correas y cinchos de mando por doquier, camisa azul, boina roja, gafas de intelectual, bigotito imperial, mandbula salida en busca de la verdad absoluta, la lengua de fuego y la polaina hasta la altura de la genuflexin. Ms que un nio con una tiza disfrut Gimnez Caballero bajo los caones y los smbolos, el estertor de los cimientos de la historia y las bragas de Isabel la Catlica puestas otra vez a remojo. Nuestro hroe insufl con su retrica el nacimiento del Nuevo Estado, recorri los frentes de batalla pregonando la ira del vengador, subi al plpito de la catedral de Salamanca vestido mitad de monje y mitad de soldado y lanz unas letanas surrealistas sobre aquel lejano Madrid, la breva que se resista a caer.

    -En a quella primera entrevista, Franco me pidi que me hiciera cargo de la propaganda a las rdenes de Milln Astray. Y all sellamos quiz el mismo pacto que Ockam con el emperador bvaro en el siglo XIV: T me defenders con la espada para que yo te defienda con la pluma. Todo lo que he conseguido de Franco en esta vida ha sido lo siguiente: que viera en m un peso pluma, o sea, un mensajero dictador, que me confiara la propaganda, que me protegiera de los que queran asesinarme en Salamanca por apoyar la unificacin, que me llamara a formar parte de su primer Gobierno, que me nombrara consejero nacional, procurador en Cortes y embajador en Paraguay, que me invitara a almorzar a solas con l y con su familia ms de una vez, pero, sobre todo, que me dijera un da, en El Pardo: Qu inteligente es usted, Gimnez Caballero. Y ante el presidente Salazar, que me llamara la primera pluma de Espaa. Y delante de los ministros de Justicia, Trabajo espaoles y, del embajador de Paraguay, que repitiera que, adems de ser la primera pluma de Espaa, yo tena... corazn. Lo que en boca de un militar como Franco significaba una laureada, o sea, tener cojones.

    El aspa de sus rbazos sigue rodando sobre su cogote visionario. Gimnez Caballero habla de Europa, que huye de Asia a lomos de un toro que la deposita precisamente en Mahn habla de judos, moros y visigodos, lances del esgrima, desafos, del Imperio Romano; del Ateneo Libertario, que estaba cerca des u casa. Tiene una extrema cordialidad este caballero seco y alambrado con huesos puntiagudos. Me regala libros y artculos como un ilusionado principiante. De pronto, se arroja en paracadas desde lo alto del imperio carolingio, me mira bien la cara y me pregunta:

    Oh, el Meditertneo, Csar Borgia, Luis Vives de Europa! Lo que yo te diga: un fascista eres t. Y a m aqu me ves: hecho un toro a mis 82 aos. Nunca me han puesto una inyeccin. Todos los das hago gimnasia como un instructor alemn. Y soy capaz de hacer el amor cada noche.

    El da que Jrgen Bernd toco el timbre de la casa de Armin Meiwes, la vida social de la humanidad cambi para siempre. Hasta entonces el mundo era una extensin enorme de tierra, llena de gente sola y perdida en sus fobias y deseos, trastornada y nica en su soledad. Gente callada, esquiva, chorreando traumas inconfesables. Desde chiquito Armin quera ser canbal; Jrgen slo fantaseaba con ser devorado vivo. Jams hubieran llegado a conocerse en otra poca, pero vivan en sta. El 6 de marzo de 2001 se encontraron en un foro de Internet, y programaron una cita el fin de semana. Para comer(se).

    Busco seor alto, buenmozo, con conversacin culta, bien formado, rico en fsforo y calcio. Para comrmelo con ensalada o papafritas mientras l mira y eventualmente se hace la paja o algo.

    A nuestros hijos pequeos, que han nacido con un puerto USB integrado en el culo, les ser imposible entender el mundo que nosotros conocimos en el siglo veinte. La absoluta desconexin, la apata brutal, la soledad incomprensible de nuestras obsesiones. En nuestros tiempos, si por ejemplo desarrollbamos el deseo de comernos vivos a alguien, lo ms probable es que jams hubiramos logrado conversar con otro al que le pasara lo mismo, y mucho menos encontrar a uno que nos hiciera el favor de dejarse, por placer.

    Hace unas semanas, durante una sobremesa, me informaron que existe una clase de gente que anhela ser amputada. S, seora, como lo oye. Se renen en unos foros macabros, en donde conversan sobre sus deseos de que les corten una pierna, o un dedo, o un brazo, o los dos. Se conectan desde todas partes: desde Londres, desde Mxico, desde Nueva Zelanda, desde Zaragoza. Al llegar por primera vez al foro, todos se sorprenden de ver a tantos con la misma tara. Yo crea que esto me pasaba solamente a m, es la frase ms recurrente de los nuevos integrantes registrados.

    Ayer escani mi foto de casamiento, una que estoy con mi vestido blanco, y con el Potochop me saqu entero el brazo derecho... Ay qu emocin! No saben lo linda que quedaba con ese vestido blanco y con un brazo solo..... :-)

    Enhorabuena Lecter! Pero recuerda que si te amputas alguna extremidad realmente, debers pasarte al foro de discapacitados. Este es solamente para los que tienen la fantasa latente.

    A la ciencia le ocurra lo mismo. Ningn socilogo, ningn siquiatra, ningn doctor de bigotito y bata, nadie con dos diplomas en la pared saba de la existencia de este trauma colectivo, hasta el arribo masivo de Internet a la casa de todo el mundo.

    En 2001, Armin Meiwes era un tcnico informtico callado y poco sociable, de 43 aos, que viva en la ciudad alemana de Rotemburgo. Hijo nico de padres ms o menos normales, desde chico haba desarrollado la fantasa de comerse a sus compaeritos del colegio. Pas la adolescencia entera sin hablar de esto con nadie, sin morder a ninguno, y sin hacerse mayormente el loco. Cmo hubiera podido conversar sobre su drama? Con quin? Por qu? Creci y lleg a la adultez con el secreto atragantado en la garganta, y con los dientes afilados pero vrgenes.

    En la otra punta de Alemania viva Jrgen Bernd, un militar ya retirado, de 42 aos, que fantaseaba locamente con que alguien se lo masticara con cuchillo y tenedor. De a poquito, de a rebanadas, con l mismo mirndolo todo. Pas cuatro dcadas enteras creyndose loco, y sabiendo (esto es lo peor) que nunca encontrara a su media naranja, ni a nadie con quien poder hablar del asunto.

    Antes, a toda esta gente le quedaba nicamente la opcin de matarse. Era imposible para ellos pensar que encontraran, en su barrio, en su ciudad, a otros con las mismas aficiones descarriadas. La gente, cara a cara, no es muy dada a hablar sobre sus patologas. Lo que propicia Internet no es slo una comunicacin global en donde todos los locos pueden encontrarse buscndose en Google, sino tambin la oportunidad de hablar sin los velos que existen en el mundo real.

    De todos modos, ya quedan tambin muy lejos los tiempos (y parece mentira) en donde la ltima opcin del hombre era el suicidio triste, solitario y final. La juventud japonesa, que de todas las juventudes del mundo es la que est ms adelantada, ha creado la maravillosa opcin de los suicidios en grupo.

    Si algo tena el suicidio de malo, era justamente la falta de conversacin durante los trmites y los preparativos. Limpiar el cao de la escopeta, o prender el gas y esperar, o colgar la soga en los barrotes del stano, haban sido siempre tareas aburridsimas, solitarias, hasta penosas. Antes era imposible conversar con alguien sobre tu propia muerte programada, sin que el otro quisiera disuadirte o mandarte a un siclogo.

    Ahora, con una conexin adsl y un poco de suerte, podemos encontrarnos con un grupito de nuevos amigos de messenger, y quedar para matarnos, maana a las 21 horas, de una manera idntica y compleja, hasta artstica.

    Yo soy china pero me prendo. Apuntme. Pero lo del cianuro no lo recomiendo. Hace unos meses hicimos uno que fall porque termins vomitando. Propongo un tiro en la boca, o meter la cabeza adentro del horno.

    El da que Jrgen Bernd toco el timbre de la casa de Armin Meiwes, el anfitrin estaba en la cocina, preparando una ensalada de rabanitos, lechuga, cebolla y nueces. Armin se haba vestido con un traje que le quedaba perfecto; Jrgen lleg con una camisa salmn y vaqueros negros. Traje el vino dijo el recin llegado cuando el otro le abri la puerta, y sealndose a s mismo agreg: Y tambin el postre.

    Horas ms tarde, para el mundo tradicional, se cometera un asesinato del que ahora comienza el juicio, en la ciudad de Kesser. A Armin Meiwes se lo acusa de grabar durante cuatro horas la mutilacin, asesinato y posterior manduque de Jrgen Bernd, que vio con sus propios ojos el principio del festn, pero ya no le llegaba la sangre a la cabeza cuando su amigo se comi los veinte kilos restantes de su cuerpo en una semana.

    Ambos queran aquello sa es la defensa del abogado de Armin, los dos estaban compinchados con los detalles de la cena y, sobre todo, estaban de acuerdo en lo que habra para comer.

    No es el principio de la locura lo que ocurri aquella noche entre dos hombres alemanes de mediana edad, sino el final de la desesperacin solitaria y el inicio de una nueva forma de patologa: la grupal, la que antes slo se daba en ciertas sectas caribeas, cada cierto tiempo, y que ahora empieza a ser cada vez ms frecuente en la casa del vecino, y hasta en la nuestra.

    Era marzo de 2001, era el nacimiento de este siglo. Meses ms tarde unos aviones de pasajeros contra unos edificios neoyorquinos cambiaran para siempre nuestra visin del mundo, hacindonos ver nuestra locura global, obligndonos a decir por primera vez la frase yo pens que esto nunca poda pasarnos. Pero fue un poco antes, en Alemania, cuando comenz a torcerse sin remedio el sentido de la locura solitaria del hombre. La indivisible, la secreta y oscura. Fue entonces que empezamos a escuchar esa otra frase que ahora omos cada vez con ms frecuencia:

    Mara Jos, la telefonista del hotel Coln, me va a echar una bronca, como suele, en plan: esta vez se ha pasado varios pueblos, don Arturo, de Dos Hermanas a Lebrija, o ms lejos, a ver quin le manda a usted meterse con la Sevilla de mi alma. Pero uno debe ser consecuente; y la semana pasada, al socaire de Matanza cofrade y la parafernalia blasfemo-judicial que arrastra cual bata de cola, se me calent la tecla y promet hablar hoy de cultura sevillana. De manera que cumplo, arriesgndome a que me quiten los premios que en esa ciudad me dieron por la cara, a que el director de ABC -all y en Madrid El Semanal sale con ese diario- se acuerde de mis muertos, a que los amigos dejen de mandarme aceite, y a que Enrique Becerra diga que el cordero con miel o la carrillada de ibrico me los va a poner la madre que me pari. Pero uno tiene derecho a hablar de lo que ama. Y el caso, como dije que dira, es que con la palabra cultura ocurre algo extrao. Cuando la pronuncian, cinco de cada diez sevillanos piensan en la Semana Santa o la Feria de Abril. A lo ms que llegan algunos es al barroco de las iglesias. Mi compadre Juan Eslava cuenta lo del turista que va en carruaje por la Alameda, y cuando pasa ante una estatua y pregunta si se trata de un pintor, un escritor, un msico o un poeta, el orgulloso cochero responde: Qu va, hombre. Es Manolo Caracol.

    Pese a los esfuerzos, casi suicidas, de heroicos paladines locales por romper la burbuja en que esa ciudad vive ensimismada, el grueso de los esfuerzos culturales sevillanos pasa por el embudo de las cofradas locales, estructura social en torno a la que se ordena la vida pblica. El resto es secundario, no interesa. Los museos languidecen, las exposiciones llegan con cuentagotas -y slo si est Sevilla de por medio-, las libreras cierran, las bibliotecas no existen o se ignoran. Si se tratara de una ciudad donde imperase la modestia, uno creera que sta se avergenza de cuanto la hizo hermosa e inmortal. Pero no es modestia sino egosmo autocomplaciente, indiferencia a cuanto no sea arreglarse el Jueves Santo para salir con la medalla de la cofrada al cuello, a pintarla en la Feria, a tomarse una manzanilla en Las Teresas o en Casa Romn, mirando alrededor mientras se piensa, o se dice, que Sevilla es lo ms grande del mundo, y qu desgracia la de quienes no nacieron sevillanos.

    Siempre que viajo all me pregunto lo que podra ser esa ciudad si dejara de mirarse en su espejo autista y se abriera al mundo con la cultura como reclamo y bandera. Hablo de la cultura de verdad, no de la caduca soplapollez de diseo que pretenden vendernos polticos y mangantes en busca de la foto y el telediario del da siguiente, o del folklore demaggico y sentimental con el que quienes manejan el cotarro pretenden -y lo consiguen desde hace siglos- llevarse al huerto a la ciudadana. Hablo de la Sevilla que va ms all de los retablos barrocos en misa de doce, de los bares de tapas, de los pasos de Semana Santa, de la Feria de Abril y los carnets del Betis o del otro, de los apresurados rebaos de chusma guiri que el sevillano necesita tanto como desprecia. Imaginan ustedes parte de la pasta invertida en cofradas y casetas de feria, empleada en hacer de esa ciudad un verdadero polo de atraccin, no slo del turismo, sino de la cultura internacional? Calculan lo que supondra aprovechar el clima, el fascinante escenario, la abrumadora riqueza de palacios, atarazanas, lonjas e iglesias, para proyectar la ciudad hacia el exterior, celebrar conciertos de renombre internacional, organizar ferias y exposiciones que atrajeran a artistas, crticos y pblico culto de todo el mundo? Imaginan una gestin cosmopolita, lcida y eficaz, de tanto arte, arquitectura y belleza, con la extraordinaria marca registrada de Sevilla como argumento? Es desolador que una ciudad as no se haya convertido -la ocasin perdida de la Expo se esfum con los mediocres y los catetos que la gestionaron- en sede anual, bianual, quinquenal o lo que sea, de acontecimientos culturales que pongan su nombre, a la manera de Venecia, Salzburgo, Pars o Florencia, en la vanguardia de la cultura internacional. En lugar de eso, Sevilla sigue resignada a ser una pequea ciudad onanista y a veces analfabeta, que no llora por las cenizas perdidas de Murillo, pero s cuando pasa la Virgen; y que emplea el resto del ao en discutir sobre si los arreglos florales de la Esperanza Macarena eran mejores o peores que los de la Esperanza de Triana.

    Fue la figura ms importante de la arquitectura moderna, aunque su sueo era lograr pasar a la historia como pintor. Durante siete aos trabaj en un libro que sera su testamento vital y artstico, el Poema del ngulo recto, una serie de 19 litografas llenas de signos y seales esotricas que se expone por primera vez fuera de Francia.

    Ha pasado a la historia como el arquitecto que descubri las virtudes del hormign armado para la construccin de edificios, pero Charles Edouard Jeanneret-Gris, conocido universalmente como Le Corbusier, fue fundamentalmente un artista, una figura clave de la cultura contempornea, un hombre ultrasensible que muri con la amargura de no ser considerado pintor al mismo nivel que arquitecto. Su testamento vital y artstico, el Poema del ngulo recto una serie de 19 litografas realizadas en secuencias de siete partes a lo largo de siete aos (de 1947 a 1953), y publicada en forma de libro, la parcela menos estudiada de su obra y, paradjicamente, la que revela ms detalles de su biografa, se muestra por primera vez en Espaa. Esta exposicin presenta a un Le Corbusier que hasta ahora slo han conocido los especialistas, y que le acerca a un pblico que en l ve nicamente al arquitecto de edificios como cajas de zapatos, seala Juan Calatrava, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Granada y comisario de la muestra que podr verse en el Crculo de Bellas Artes de Madrid, y matiza: Aunque ms que el descubrimiento del libro, se trata del descubrimiento de la importancia que tiene el libro.

    Collages, pinturas, dibujos y poemas de puo y letra del arquitecto suizo dan forma al Poema del ngulo recto, una experiencia inslita en la obra de Le Corbusier. El libro condensa su filosofa como pintor y arquitecto, afirma Calatrava, quien aade: Siempre se ha dicho que Le Corbusier era un racionalista que deseaba construir edificios como mquinas, y es verdad, pero no toda, y este libro es la otra parte de la verdad. Es el aspecto potico que haba detrs de toda aquella arquitectura mecanicista. Me gusta mucho comparar el Poema del ngulo recto con la obra de Baudelaire porque representa la obra potica que permanece oculta siempre detrs de la obra de arte.

    Corbu, como firmaba muchos de sus trabajos, vivi siempre con la doble personalidad del pintor y el arquitecto. Charles Edouard Jeanneret-Gris naci el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds, una prspera ciudad relojera suiza de 27.000 habitantes. Su padre era relojero, segn algunos, o grabador, segn otros, y su madre, una sensible profesora de piano. Sus inclinaciones artsticas le llevaron a la escuela de arte de su villa natal, y fue all donde decidi cambiar de rumbo y dedicarse a la arquitectura siguiendo el consejo de su profesor Charles LEplattenier, un pintor y escultor del montn que logr inocularle la pasin por las formas.

    En 1907, el joven Charles Edouard, acabada su formacin, se traslada a Pars y adopta el nombre con el que se le conocera desde entonces, tomado de un antepasado francs, Le Corbesier, que transform en Le Corbusier, un ave rapaz. l mismo se represent como ese tipo de pjaro en una caricatura que envi a sus padres en 1909. Kenneth Frampton, uno de sus bigrafos, traza un paralelismo entre estos gestos y el simbolismo del guila en la tradicin mitolgica y el del cuervo en la cultura egipcia. El espritu, el sol y el origen de la vida estn en la explicacin de esa identidad, acompaados del fuerte sentimiento de orgullo que senta Le Corbusier de su ascendencia aristocrtica, una familia de la nobleza de la regin del Languedoc francs del siglo XVII: Las fronteras de mi tierra natal pertenecen a los mrgenes topogrficos y geogrficos de los grandes xodos de antao, escribi. Soy originario del sur de Francia, somos albigenses.

    Esa afirmacin, un tanto romntica, de pertenencia a una religin hertica puede explicar la dualidad en la vida y en la obra del arquitecto suizo. Los ctaros, los herejes albigenses, a los que Le Corbusier aseguraba pertenecer por linaje, no aceptaban que Dios hubiese creado un mundo tan lleno de sufrimiento. Rechazaban, por tanto, la cruz y los sacramentos, y asociaban el bien con lo espiritual y el mal con el cuerpo. Tales creencias llevaban inevitablemente a un modo de vida muy puritano, basado en el vegetarianismo, la meditacin y la abstinencia sexual. Le Corbusier, con sus rasgos de sabio despistado, elegante y alto como un huso, se ajustaba al prototipo por l perseguido: un hombre inconformista, hereje, en constante bsqueda.

    La arquitectura es el juego sabio y magnfico de los volmenes frente a la luz del sol, afirmaba, para mostrar el combate permanente entre lo racional y lo telrico, entre el Sol y la Tierra, el agua y el fuego. El tema mtico de los cuatro elementos, presente siempre en su ideario, inspir su libro Poema del ngulo recto. El ttulo hace referencia a la obsesin del arquitecto por encontrar la geometra oculta en la naturaleza, a la que, segn l, slo se llega a travs de un proceso lento, laborioso, intelectual. Categrico / ngulo recto del carcter, / del espritu, del corazn. / Me he mirado en ese carcter / y me he encontrado. La portada del libro revela este dualismo. En ella aparecen el Sol y la Luna, y los tonos azul y rojo. Son lo masculino y lo femenino. Segn Calatrava, el poema ha estado aos en el limbo. Los estudiosos de Le Corbusier han pasado por l de puntillas y siempre intentando encontrar la alquimia en el libro. Sobre la figura de Le Corbusier hay infinidad de bibliografa, pero sobre el Poema, la documentacin existente puede contarse con los dedos de la mano, posiblemente porque con su libro, misterioso, colorista, Le Corbusier contradice su imagen racionalista. Segn Juan Calatrava, las pinturas del libro estn en perfecta sintona con lo que hace Matisse en aquella misma poca y con lo que pintaba Picasso.

    Soy un constructor / de casas y pala-cios. / Vivo entre los hombres. / En medio de su madeja. / Embrollada. / Hacer una arquitectura es / hacer una criatura. Le Corbusier da rienda suelta a su imaginacin. Pinta con brochazos largos, fuertes, a la Medusa y a Apolo, a Pasifae y al toro solar cuya unin dar lugar al nacimiento del Minotauro de Creta. Desarrolla una figura femenina alada, la mujer Capricornio, claramente opuesta al Unicornio. En una pgina dibuja, enfrentadas, una concha marina, el smbolo femenino, y la pia, el smbolo masculino. La simbologa en el Poema es abrumadora. Es leer en colores el pensamiento del hombre que revolucion la arquitectura del siglo XX. Es un libro que recoge muchos de los temas que aparecen una y otra vez en su trabajo: las manos, el guijarro y la piedra, el barco como la obra humana capaz de trazar un puente entre la solidez de la tierra y el agua. Entre el puo y la mano abierta. Una mano que simboliza la postura del artista como mediador entre el universo y la humanidad: La mano abierta / est abierta porque / todo est disponible. / Abierta para recibir, / abierta tambin para que cualquiera pueda cogerla.

    La estructura del libro, en forma de cruz, se inspira en la del iconostasio ortodoxo ruso (un retablo con imgenes pintadas que consta de una puerta grande y, a su lado, dos ms pequeas que aslan el altar del resto de la iglesia), como si fuera un velo entre los fieles y el sacerdote. Le Corbusier dividi el Poema en siete filas de iconos, identificadas con las siete primeras letras del alfabeto. En cada lnea aparece dibujado un nmero diferente de imgenes: cinco, tres, cinco, una, tres, una, una. Los siete estratos de este poema tienen sus propios atributos, caracterizados por letras y colores. La letra A, el punto medio, es de tono verde; la B, el espritu, es azul; la C, la carne, violeta; la D, la fusin, rojo; la E representa el carcter y es de color blanco; la F, ofrenda, es amarillo, y la G, lo til, prpura. Las sucesivas litografas marcan los ritmos dentro de la obra. Es un poema profundamente religioso. El valor mstico atribuido a los nmeros es una constante en la obra del arquitecto. Habl de cinco puntos para conseguir una arquitectura nueva, tres asentamientos humanos, cuatro rutas, siete vas Todos los escritos y dibujos de Le Corbusier son una fuente de metforas que explican el valor que el pintor daba a la alquimia, y busc en los mitos su motivacin espiritual.

    Cuando Corbu viaj en 1911 a Grecia y Turqua, la impresin que le provoc la Acroplis de Atenas fue tan fuerte que perdur a lo largo de toda su vida. La mitologa griega le permiti explorar mundos que influyeron en sus obras. Otro viaje posterior a frica en los aos treinta le descubri la visin de las ciudades desde las alturas: El avin no procura placer, incita a una larga y sombra meditacin. Fue esta experiencia mstica sobre las fuerzas csmicas y sus ciclos de destruccin y regeneracin la que le hizo tomar conciencia de la fragilidad de la especie humana frente a las mquinas. Y cuando viaj despus a India, el terreno para realizar unas obras de vuelta a los orgenes del hombre ya estaba abonado. En aquella enorme nacin, Le Corbusier edific una serie de obras con elementos revolucionarios para la arquitectura: bvedas catalanas, tejados cubiertos de csped, piscinas en los tejados de las casas.

    La aparicin del Poema del ngulo recto en Francia fue todo un acontecimiento. El griego Efstratios Eleftheriades, Teriade, un agitador cultural de la poca, fue el editor de la obra. Teriade, promotor de exposiciones, galerista y creador de la editorial y revista Verve, donde publicaron algunos de sus trabajos Picasso y Matisse, fue la mano amiga del arquitecto y quien aguant el tirn de sus manas. Le Corbusier particip activamente en la edicin del libro (en la exposicin del Crculo de Bellas Artes podrn verse tambin los dibujos previos). Fue aqul un trabajo obsesivo, un proceso de una tensin intelectual increble. El libro tuvo una tirada muy limitada (200 ejemplares) y cara.

    Si Le Corbusier no hubiera sido arquitecto, el mundo le reconocera como pintor. Juan Calatrava lo afirma sin lugar a dudas: Hubiera tenido un lugar entre los grandes pintores del siglo XX, pero prim su faceta de arquitecto.

    En pintura, Le Corbusier pas por dos etapas. La primera, en los aos veinte, la que l llamaba el purismo, como derivacin del cubismo. El purismo era para l un cubismo intelectualizado porque crea firmemente que el estilo cubista se haba dejado llevar por una cierta metafsica. De hecho, el manifiesto con el que Le Corbusier inaugura su fase pictrica lo titula Aprs le cubisme. A partir de los aos treinta, su pintura se aleja de lo geomtrico y se llena de formas orgnicas, siguiendo en cierto modo una evolucin paralela a la de Picasso. Le Corbusier, como otros muchos intelectuales y artistas, pierde la fe en la industrializacin tras la debacle de la II Guerra Mundial, cuando deducen que la tecnologa no es algo intrnsecamente bueno, sino que ha producido horrores como Auschwitz y la bomba atmica.

    Le Corbusier se refugia en el arte, en la espiritualidad como rechazo a la decepcin sufrida tras darse cuenta de que los grandes patronos de las empresas francesas no asumiran la responsabilidad del bienestar de la sociedad gracias a su capacidad de producir viviendas.

    Le Corbusier mantuvo una cierta relacin con Picasso. El pintor malagueo le respetaba y segua sus proyectos a distancia. Pero con quien tuvo un contacto ms estrecho fue con Fernand Lger. Juntos proyectaron algo que nunca se llev a cabo: una baslica subterrnea. Ambos idearon horadar una montaa en Sainte Baume, en el sur de Francia, y construir bajo tierra un santuario decorado con murales de Lger. Solicitaron permisos y buscaron patrocinadores, pero, finalmente, las autoridades eclesisticas no concedieron el permiso para un proyecto religioso que vean con mucha prevencin.

    Su incursin en la escultura fue tambin consecuencia de la amistad: la que tuvo con el escultor bretn J. Savina, con el que realiz varias tallas de madera. Siempre estuvo relacionado con los crculos artsticos de la poca. Junto a Matisse presidi una asociacin para la sntesis de las artes.

    Nunca le llamaron la atencin, al contrario que a otros arquitectos de la poca, las religiones orientales. A Le Corbusier le fascinaba el cristianismo primitivo. Le interesaban mucho los temas olvidados por la Iglesia, como el de los ctaros y la vuelta a los orgenes de la religin, fruto de su formacin en la Suiza protestante. De hecho, l siempre llev una vida austera, como un ermitao, sin lujos ni dispendios.

    Se fabric para su uso particular una especie de religin en la que entraba el ascetismo protestante y el cristianismo primitivo. Y aunque parezca paradjico, Le Corbusier conect muy bien con el espritu de renovacin de la Iglesia catlica que desembocara en el Concilio Vaticano II. Entabl una relacin privilegiada con el padre dominico Alain Couturier, quien le encarg la capilla de Ronchamp y el convento de La Tourette, dos obras religiosas decisivas en la renovacin de la arquitectura catlica.

    Las viviendas que Le Corbusier proyect para obreros fueron, en realidad, un cierto fracaso personal. Los trabajos que le encargaban eran siempre casas unifamiliares, lejos de la obra de arte nica que l quera construir. No obstante, las ideaba como un prototipo, el germen de lo que sera la vivienda moderna del siglo XX. Cuando quiso ponerlas en prctica, en un barrio de viviendas en Burdeos, sus casas ultramodernas fueron un desastre. A los pocos das de estar instalados en ellas, los inquilinos levantaron tabiques y abrieron ventanas donde no estaban proyectadas, todo de manera distinta a como l lo haba decidido. Aquello abri una brecha en sus convicciones. Haba ideado la casa modelo del siglo XX, pero al hombre del siglo XX le gustaba vivir como al hombre del XIX.

    En los ltimos aos de su vida se volc ms en la pintura. Su jornada estaba claramente partida. En su tico de las afueras de Pars, hoy propiedad de la Fundacin Le Corbusier, en Auteuil, muy cerca de las pistas de tenis de Rolland Garros, estaba su casa, en un lado, y su taller de pintor, en el otro. Por la maana se dedicaba a pintar, y por la tarde se acercaba al estudio de arquitectura, en la Rue de Svres. No lo vea como actividades separadas, sino como dos modos creativos que se alimentaban mutuamente. Trabajaba en su arquitectura porque por la maana meditaba sobre pintura. Las dos cosas eran para l arte. Una sntesis de cmo la arquitectura y la pintura deban vivir no slo del ojo, sino tambin del odo. Cuenta Juan Calatrava que Le Corbusier se planteaba incluso escuchar las resonancias del paisaje. En la misma poca en que trabaja en este libro est inmerso en un conflicto que l llamaba la acstica plstica. La plstica que surge no slo del ojo del artista, sino del artista que sabe escuchar los ruidos del universo. Por eso en muchas de sus pinturas aparece la imagen del pabelln auditivo. El artista escuchando.

    El Poema del ngulo recto, hasta ahora jams expuesto, se editar en espaol. Los originales de la obra nunca haban salido en conjunto de la sede de la Fundacin Le Corbusier en Pars, y sta ser una ocasin nica para adentrarse en el trabajo de un artista clave del siglo XX. El arquitecto que traspas fronteras, y al que el escritor Andr Malraux ministro de Cultura con el general De Gaulle rindi un emotivo homenaje en el Louvre en 1965, haba muerto el 27 de agosto nadando hacia el sol en Cap-Martin.

    Durante 10 aos, la fotgrafa Sofa Moro ha buscado y retratado a los ltimos protagonistas de la Guerra Civil. La generacin del 36 que combati por sus ideales. Brigadistas internacionales, fascistas italianos, jvenes falangistas y leales republicanos. A punto de cumplirse 70 aos del comienzo de la guerra, ste es su testimonio, tambin reunido en el libro titulado Ellos y nosotros y en una exposicin.

    No es lo mismo conocer la Guerra Civil por un libro de historia que te la cuente una mujer a la que, embarazada, asesinan al marido delante de sus ojos. Un soldado que te describe el trgico xodo republicano hacia la frontera francesa con la nieve sembrada de cascos y armas inservibles. Otro que an llora al evocar los cadveres de un beb y su madre muertos tras un bombardeo. O el falangista que recuerda aquella machacona musiquilla de un tiovivo que envolva los fusilamientos de sus compaeros. sa ha sido la intencin de la fotgrafa Sofa Moro (Madrid, 1966). Retratar nuestra contienda a travs de los recuerdos de sus protagonistas. De sus testimonios y sus viejas imgenes. Sin filtros. La historia de hombres y mujeres muy jvenes; espaoles y miles ms llegados de todos los rincones del planeta. Con la vista puesta ms all de nuestras fronteras: en el futuro de una Europa que se debata entre el fascismo y el comunismo, que viva el preludio de la II Guerra Mundial. Ideales de un mundo mejor. La maravillosa generacin del 36. Frente a frente en los campos de batalla durante tres aos.

    Hoy son ancianos que recitan de un tirn sus recuerdos: Brunete, Gernika, Guadalajara, Teruel, Belchite, el Ebro, Valencia. Escenarios blicos que conocen como la palma de su mano. All, nacionales y republicanos sufrieron el mismo miedo, hambre y fro. Coincidieron en el tiempo y el espacio. Pero cuentan los acontecimientos desde un punto de vista muy distinto. Todos hablan sin odio. Algunos no perdonan. Como la enfermera comunista Trinidad Gallego (Madrid, 1913): 16 crceles franquistas, y dcadas de tortura y vejaciones. Para Trini, contar su historia es la nica forma que le queda de hacer justicia. Siempre ser comunista. Otros, como Teodomiro Hidalgo y Leandro Prez, del bando nacional, reconocen despus de 70 aos que aquello fue un error. Esta estpida guerra. Tanto sufrimiento!.

    La guerra es la foto ajada que an preside su cartera. Marc su biografa. Cambi sus destinos. Se rompieron familias y sueos. Fernando Macarro (Salamanca, 1920) vio morir a su madre en una zanja a las puertas de la crcel franquista donde estaba encerrado; el hermano del capitn legionario Juan Jos Orozco (Las Palmas, 1911) expir en sus brazos en el frente del Ebro. Mercedes Sanz Bachiller (Madrid, 1911) perdi a su marido Onsimo Redondo, cofundador de Falange, asesinado a los seis das de comenzar la guerra y al hijo que esperaban. La guerra ha estado siempre presente en sus vidas. Lo nico que me llev a mi casa desde Espaa en 1938 fue un duro de plata. Cuando me cas, mand hacer con l mis alianzas. Son stas, confiesa Vicenzo Tonelli (Italia, 1916), soldado de la XII Brigada Internacional.

    Tambin son los bellos recuerdos de juventud. De aventura y romanticismo. Fernando Macarro, el republicano espaol que ms aos estuvo en prisin, an es capaz de proferir: Miro aquello casi con nostalgia. Joder, aqulla fue una de las pocas ms hermosas de mi vida!. Una afirmacin que, al otro lado de la trinchera, al final de sus das, el teniente general Orozco Massieu, el franquista ms condecorado, tambin comparta: Repaso mi vida, miro mis viejos lbumes de fotos y me doy cuenta de que mi historia es la guerra.

    En el primer momento, lo que ms me sorprendi era cmo se podan contar las mismas cosas desde puntos de vista tan diferentes, explica la autora. Y llegu a la conclusin de que un relato sobre la Guerra Civil no es real si no cuentas con el relato del bando opuesto. Yo creo que lo que da valor a mi trabajo es que hablen los dos bandos, que estn juntos por primera vez. Es una especie de reconciliacin. Ha habido personajes a los que les ha costado entrar en este libro con gente del otro lado. Al final han transigido. Porque no he buscado buenos ni malos. No he querido retratar dirigentes, sino gente corriente, como si te lo contara tu abuelo, para que, a travs de su testimonio, todo el mundo se sienta representado. Yo quera saber. Entender. Soy de izquierdas, pero tambin soy capaz de aguantar un discurso duro de derechas. Mis dos abuelos eran franquistas. Y eso me daba ventaja. Quera saber qu pas. Y ellos queran que se conociera su historia, que no se olvidara. No por venganza, sino por justicia histrica. Una guerra civil es una gran tragedia, y yo quera saber de dnde sali ese odio que les dividi. Y ellos me lo dijeron, explica Sofa Moro.

    De ah el ttulo, Ellos y nosotros (editorial Blume), que la autora ha rescatado de una vieja foto que tom Teodomiro Hidalgo (un mdico gallego que luch con las tropas franquistas) en el frente de la Casa de Campo. Est fechada el 20 de febrero de 1938. En ella se contempla la trinchera de los republicanos el enemigo, en la que sobresalen borrosas las cabezas de los milicianos. Estn a slo unos pocos metros de la trinchera de Teo. En el horizonte, Madrid. Hidalgo escribi en el margen: Ellos. Nosotros. Hoy, esa imagen es un documento. Pero aquel 20 de febrero, tras hacer la foto, Teo volvi a disparar su fusil contra esas sombras sin rostro. Tan lejos y tan cerca.

    Y quiz la expresin ms clara de esa visin divergente de los mismos acontecimientos est en el relato que hacen de los ltimos das de la guerra. La esplndida primavera del 39, en la retrica de los vencedores. Entre ellos, el testimonio del alfrez falangista Juan Manuel Crdenas (Len, 1919): La mxima emocin fue recibir la noticia de la entrada de las fuerzas nacionales en Madrid. Nos invadi una alegra enorme. Y al da siguiente la resaca. Nos mandaron a Valencia. All estbamos de seoritos y de vencedores. Qu felicidad! La guerra haba terminado. En ese mismo instante, en ese mismo escenario, los derrotados vivan el fin de un sueo. Y el anticipo de lo que se les vena encima. Lo recuerda Theo Francos (Valladolid, 1914), comisario poltico de la XI Brigada: Nos retiramos hacia Alicante, donde los dos ltimos barcos deban partir. Nos juntamos millares de vencidos. Habamos cado en una trampa. Los aviones italianos empezaron a bombardearnos. La desesperacin llev a algunos a suicidarse tirndose del puerto a las rocas. Desmoralizado y vencido, fui hecho prisionero.

    En aquel abril de 1939 se abra un nuevo captulo para Ellos y nosotros. Para los leales a la Repblica empezaba un tiempo de crcel y exilio. Y de nuevas batallas. Cinco meses ms tarde, en septiembre de 1939, estallaba la II Guerra Mundial. Muchos lucharan junto a los aliados en sus ejrcitos regulares o capitaneando la resistencia a los fascistas en Italia y Francia. Otros acabaran en campos de concentracin nazis. O purgados por Stalin. O en la Divisin Azul. La guerra durara para ellos en total 10 aos. Incluso ms. Los brigadistas suizos an tuvieron que pasar duros procesos de depuracin en su pas. Y los miembros de la Brigada Lincoln fueron objetivo de la caza de brujas del senador McCarthy en los aos cincuenta. La lucha poltica de los brigadistas nunca concluy. Su derrota en Espaa contra el fascismo fue la tragedia de su vida. Nunca se rindieron. Hasta hoy. El brigadista norteamericano Harry Fisher (Nueva York, 1911) falleci el 22 de marzo de 2003 tras participar en una manifestacin contra la guerra de Irak. Era su ltima batalla.

    Para Sofa Moro han sido 10 aos de trabajo. En solitario. Arrastrando por Espaa, Francia, Alemania, Marruecos y Estados Unidos sus luces y una grabadora prestada. Una labor de antropologa social con el fin de rescatar las voces de la guerra. Los ltimos del 36. Una carrera contrarreloj para no perder la memoria de una generacin que pronto se extinguir.

    Sofa Moro estudi biologa, pero siempre quiso ser fotgrafa, como su abuelo materno, que luch junto a la Falange. Tras dos aos rumiando el oficio en el californiano Brooks Institute of Photography, regres en 1993 a Espaa y comenz a trabajar en la agencia Cover. El problema de trabajar en una agencia, con toda la presin del da a da, es que al final no tienes nada tuyo. Me plante hacer cada ao un trabajo fotogrfico personal, que no me diera dinero, pero me llenara. En 1994 hice el primero: una semana en la vieja crcel de mujeres de Carabanchel.

    En noviembre de 1996, Sofa Moro cubre para su agencia el homenaje en Albacete a las Brigadas Internacionales, 60 aos despus de su llegada a nuestro pas para luchar contra el fascismo. El acto, al que acudieron 400 brigadistas de aquellos 35.000 de ms de 50 nacionalidades que pasaron por Espaa, estaba organizado por la Asociacin de Amigos de las Brigadas Internacionales. Su presidenta, Ana Prez, ha sido un soporte bsico en todo el trabajo de la fotgrafa. En estos momentos, esta profesora universitaria ya prepara el 70 aniversario de la llegada de los brigadistas. Ser el ltimo. No sobreviven ms de 200. All mismo, en Albacete, instal mi chiringuito, mis luces, mi fondo y empec a retratarles. Todos estaban orgullosos de posar, de contar su vida y mostrar sus cicatrices. Hice 20 retratos. Cuando los revel esa noche comenc a darle vueltas; me propuse ir ms lejos. Buscar a los supervivientes espaoles. Y no ceirme a los republicanos, sino reflejar lo que era vivir la guerra en ambos bandos. El problema es que no saba cmo moverme, no tena informacin, no conoca gente. La guerra nunca me haba interesado. Me pareca como del siglo XIX. Nunca relacion la guerra con mi realidad. Era como un rollo de abuelos. Tena que empezar desde abajo.

    El golpe de suerte le llega en forma de una beca de fotografa de La Caixa. Un milln de pesetas de 1998 que le permiten comprarse una vieja Hasselblad; una cmara manual, ruidosa, con la que se dispara desde el vientre. Con ella realizar 150 retratos en blanco y negro. Sin ms aditamentos que un fondo negro. Cuando se ofrecan a ponerse un uniforme o un distintivo, aceptaba; pero en cuanto vi las primeras fotos decid que lo importante eran ellos: sus rostros, sus arrugas, sus miradas, sus manos. Ah estaba la guerra.

    Con el magro dinero de su beca, en 1998, Sofa Moro comienza a armar el rompecabezas de la Guerra Civil. Despacio. Armada de paciencia. Con intervalos de desnimo. Unos contactos le llevan a otros. Tras los brigadistas de Albacete comienza a trabajar con el bando nacional; fotografa al antiguo galn del rgimen franquista, Ramn Serrano Suer, que la recibe, casi centenario, elegantemente ataviado de blanco. Despus les toca el turno a los anarquistas afincados en el sur de Francia. Irreductibles. Como en su lucha contra Hitler. Ms tarde, los brigadistas americanos en Nueva York. Y los olvidados miembros de las Fuerzas Regulares, en Marruecos. Y los cenetistas catalanes. Y los falangistas de primera hora. Hasta llegar a los fascistas italianos de la Divisin Littorio y los comunistas italianos de la Brigada Garibaldi. El punto final es un piloto de la Legin Cndor, enviada por Hitler a Franco, al que fotografa en Dsseldorf. Diez aos de trabajo, 170 retratos, 170 historias. Y cientos de fotografas histricas de aquellos jvenes de 1936. Muchos han muerto durante el proceso. Nos quedan sus testimonios.

    (Almera, 1921). Sofa Moro no olvidar nunca la noche de 1998 en que conoci a Diego Camacho. El silbido de La Internacional en el rellano de la escalera de un desvencijado inmueble barcelons. El encuentro con el viejo anarquista. La botella de tinto y el pitillo en los labios. Las eternas ganas de luchar. Qu quieres que te cuente? Aquello no fue una guerra civil, sino una guerra entre ricos y pobres. Una guerra social y una revolucin. Diego conserva intactos sus ideales anarquistas. Con slo 14 aos se afili a la CNT; con 15, ya era un lder sindical. Particip en la defensa de Barcelona y en las primeras colectividades anarquistas. Tras la derrota escap de Espaa y fue internado en un campo de concentracin francs. En 1942 volvi a Espaa para combatir con el maquis. Detenido, pas nueve aos en prisin y fue desterrado. Volvi a huir de Espaa, donde no volvera hasta 1975. La foto de la derecha fue tomada en Barcelona en 1937.

    Militar y la Cruz Laureada. Sofa Moro le recuerda en su elegante piso madrileo rodeado de trofeos de caza. Y profiriendo sentencias que l consideraba histricas: Los socialistas y los comunistas son todos unos cobardes, y eso no es que yo lo diga, eso lo sabe todo el mundo. Conspirador activo contra la Repblica, afiliado a grupos tradicionalistas, Orozco ingres en las filas rebeldes como soldado en 1936. Alfrez provisional, legionario, herido siete veces, particip en todas las batallas de la guerra. Despus march a Rusia como miembro de la Divisin Azul, donde Hitler le concedi la Cruz de Hierro. Impedimos el triunfo del comunismo en Espaa. Si el comunismo gana aqu, qu hubiera sido de Europa. La foto de la derecha fue tomada en Segovia en 1936.

    (Austria, 1921). En la foto de la izquierda tena 17 aos. Fue captada durante la despedida a las Brigadas Internacionales, en Barcelona, en 1938. Sin embargo, Hans se resisti a abandonar Espaa. Me qued con un grupo de compatriotas hasta el final. El 9 de febrero de 1939 devolv mi fusil en el paso fronterizo de Portbou.

    Landauer haba llegado a Espaa en el verano de 1937. Tena 16 aos. Minti sobre su edad para luchar. El triunfo del Frente Popular nos haba llenado de entusiasmo. Por eso nos afect mucho el golpe de Estado. Y decid que quera ir a Espaa. Hans combati en Brunete, Belchite y Teruel. Tras la guerra fue deportado al campo de Dachau, donde permaneci hasta 1945.

    Ldoli, alfrez de la Divisin Littorio, enviada por Mussolini en auxilio de Franco, conserva los ideales que le trajeron a Espaa a comienzos de 1937. Hoy preside la Associazione Nazionale Combattenti Italiani in Spagna, que visita cada ao nuestro pas y honra a sus cados en los cementerios de Extremadura, Cantabria y Zaragoza. Ldoli, un voluntario ms de aquellos 50.000 soldados y camisas negras que pasaron por Espaa, recuerda su llegada en un barco sin nombre y con un uniforme sin insignias; la batalla de Guadalajara, donde se enfrent a los brigadistas italianos, y a sus compaeros espaoles, que eran de paredn fcil. A partir de 1939 luchara en la II Guerra Mundial contra los aliados. Su foto de la derecha, con gafas, fue tomada en Guadalajara en 1937.

    (Alemania, 1908-2003). Contar con un piloto de la Legin Cndor era la pieza que le faltaba a la autora para armar su rompecabezas. Al final, en 2002, un pollero del barrio aficionado al coleccionismo militar le proporcion un contacto. La cita fue en Dsseldorf. Neumman estaba casi ciego. Y fue ambiguo al hablar de los bombardeos sobre civiles. Por ejemplo, en Gernika, en abril de 1937. Soltbamos las bombas intentando dar a objetivos militares, pero a 4.000 metros no podas afinar. Confesaba que su motivo para venir a Espaa fue la aventura, aunque tambin quera luchar contra el comunismo. Posteriormente fue paracaidista en la II Guerra Mundial. Su foto de la izquierda, vestido de piloto, es de 1940.

    (Madrid, 1913). Trini es de las que no perdonan. Hija de una portera, las desigualdades de la poca influyeron en su toma de conciencia social. Con la Repblica empec a enterarme de cosas. Conoc la casa del pueblo y vi las primeras manifestaciones anarquistas. Ah surgi su militancia comunista y la creacin del Comit de Enfermeras Laicas. Cuando estalla la guerra me fui a la casa del partido. Qu hago?, pregunt. Me contestaron que me fuera al hospital de San Carlos y empezara a funcionar. All pas la guerra sin librar ni un solo da. En 1939 fue detenida junto a su madre y su abuela, de 87 aos. Pas cuatro aos en prisin. Fue violada. Hoy sigue siendo comunista. La foto antigua es de 1936.

    (Huesca, 1916). Uno de los rostros ms doloridos y de las historias menos picas. Lacunza era maestro en un pueblecito del Pirineo. No militaba, pero tena ideas progresistas. Aunque del comunismo se deca que les quitaban los nios a las madres y el Estado los educaba. Cuando estall la guerra me fui a alistar. Tena la mentalidad de un nio: me vea de oficial y con un caballo!. El sueo dur das. En el frente de Teruel comprendi el terror que le inspiraba la guerra. Que se confirm durante la retirada del ejrcito republicano. Era como lo que hemos visto de Bosnia: carreteras llenas de mujeres, ancianos y nios. Pas la frontera el 9 de febrero. Fui a un campo de concentracin. Luego estuve preso dos aos y medio. La foto de arriba fue tomada en el campo de Rivesaltes en 1939.

    (Valladolid, 1911). El 24 de julio de 1936, Onsimo Redondo, cofundador de Falange, era asesinado. Y su mujer perda el hijo que esperaban. La guerra haba comenzado seis das antes. Me qued viuda con 25 aos. Una nia! Y con tres hijos. En esos das pensbamos que la guerra iba a durar una semana. Por eso, cuando creamos el Auxilio Social, para ayudar a los hurfanos de la guerra, lo llamamos Auxilio de Invierno. sa fue su particular batalla. Una labor que la enfrentara con la otra dama del rgimen, Pilar Primo de Rivera. Tena un poco de calva, la pobrecilla. Sin embargo, sus ideas nunca cambiaron: La guerra fue inevitable. La hicimos para que Espaa no fuese Albania. Pero Franco debi marcharse antes. La foto superior fue tomada en Valladolid en 1936.

    (Irn, 1917-Bilbao, 2005). La guerra es la plaga ms horrorosa que puede caerle a un pueblo. A Aristizbal le sorprendi un domingo volviendo de misa. Era militante del PNV. Ese mismo da se alist en sus milicias. Y el 20 de julio, ya estbamos en la frontera de Navarra formando nuestras unidades. El que tena una escopeta de caza la llevaba. No haba uniforme. Las botas de monte y as. La principal diferencia con el ejrcito nacional era que ellos traan mandos con preparacin militar. Aristizbal, que durante la transicin llegara a ser diputado del PNV, combati en los frentes de Bilbao y Santander. Recuerdo Gernika tras el bombardeo, estaba todo destruido. Era desolador. Hecho prisionero por los italianos, escap por los pelos de ser fusilado por los carlistas. Estuvo en prisin hasta 1943, y despus, en la clandestinidad. En la fotografa, con los gudaris condenados a muerte en la crcel de Burgos, en 1942.

    (Barcelona, 1908). Muchas veces, a mitad de una intervencin quirrgica sonaban las sirenas, se apagaban las luces y tenamos que acabar con la luz de una linterna. En poco tiempo adquirimos una gran experiencia en ciruga de guerra. Moiss Broggi tena el grado de capitn. Pero fue, sobre todo, un mdico.

    Se dedic a salvar vidas. Primero, librando del paredn a prisioneros rebeldes heridos. Despus, perfeccionando las tcnicas quirrgicas. En los tres aos de contienda trabaj en los frentes de Madrid, Brunete, Belchite, Teruel, el Ebro y Catalua. Particip en la creacin de los primeros hospitales de campaa y las primitivas uvi mviles. Tras la guerra fue juzgado e inhabilitado para trabajar en la sanidad pblica. En la imagen, operando en el frente de Aragn, en 1937.

    (Bilbao, 1909-Madrid, 2001). La guerra fue inevitable. Franco no slo salv a Espaa, sino que la transform socialmente, explicaba poco antes de fallecer este arquitecto vasco. Era el prototipo del vencedor de la contienda. Defensor a ultranza de un rgimen que le premi con la vicesecretara del Movimiento y una embajada. Su carrera poltica se inici al lado de Jos Antonio Primo de Rivera, a los 22 aos. Detenido antes de la guerra junto a su jefe de filas, colaborador de los conjurados, das antes del alzamiento ya saba lo que se avecinaba. Condenado a muerte, escap de milagro y organiz el espionaje nacional en Madrid.

    (Salamanca, 1920). Mis padres eran campesinos sin tierra; tan sumisos que cuando pasaba el amo hacan la seal de la cruz, como si fuera un representante de Dios en la tierra. Pero a los 15 aos, Macarro decidi romper con su destino y se afili a las Juventudes Socialistas. Con 16 march al frente, pero fue devuelto por menor de edad. En 1938 volvi a luchar y alcanz el grado de comisario poltico. Tras la guerra fue detenido en Alicante, torturado y condenado a muerte. Pasara 23 aos en las prisiones de Franco. La crcel fui mi universidad. Coincid con Miguel Hernndez, Buero Vallejo y muchos ms. All comenz a escribir poemas bajo el seudnimo de Marcos Ana. Y comenz una gran amistad epistolar con Alberti. La imagen superior es en la crcel de Porlier, en 1939.

    (La Corua, 1916). El 18 de julio de 1936 le pill en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Quera ser ingeniero. All coincidi con Lorca, Buuel y Dal. Cuando estall la contienda no regres a su pueblo. Mi idea era aguantar. Pensaba que en unos das todo estara arreglado, pero no fue as. Fue alistado en una compaa de zapadores minadores. Su misin era volar puentes, abrir trincheras, minar. Ir por delante. Estuve en todas las batallas. De 183 hombres que ramos, quedamos 23. Vi de todo. El horror. Imgenes que no te puedes quitar de la cabeza. Yo no me acuerdo mucho de la guerra; si no, me volvera loco. Las guerras hay que evitarlas a toda costa. Yo fui del Movimiento, pero si yo llego a saber que la democracia era esto. En la foto, Leandro, a la izquierda, en 1937.

    (Guipzcoa, 1908). Nunca pienso en la guerra. Tengo ms de 90 aos, as que la guerra no ha sido ms que un tres por ciento de mi vida. Es curioso que este ingeniero vasco haya borrado de su memoria la Guerra Civil. l, que fue el piloto de bombardero ms condecorado del ejrcito nacional. Y el primer espaol destinado en la Legin Cndor. Para ingresar en la aviacin minti sobre sus escasos conocimientos aeronuticos. Slo tena ocho horas de vuelo. La madre santificada! Estbamos haciendo la guerra! Nosotros! Pero con el nimo que tenamos nos comamos el mundo. Pilot un Heinkel 46 en los principales frentes. Y recibi la Medalla Militar. Tras la guerra volvi a dirigir la empresa de su familia. En la foto superior, a la izquierda, en el aerdromo de Sanjurjo, en 1938.

    (Italia, 1916). Cmo no voy a llevar a Espaa en el corazn. Cuando llegamos los brigadistas, los espaoles nos reciban con flores y naranjas. Vicenzo era miembro de las Juventudes Comunistas italianas desde 1934. En 1936 se vino junto a su mejor amigo, Armelino Zuliani, a defender la Repblica. Cuando me dieron por primera vez un arma se me puso la piel de gallina. Yo, el antimilitarista, aprendiendo a hacer la guerra!. Y aprendi. Aunque al horror y el miedo no te acostumbras nunca. Luch cuerpo a cuerpo contra los moros de Franco en la Ciudad Universitaria de Madrid; en Brunete, con un calor terrible, y en Guadalajara, contra los italianos fascistas. En 1938 abandon Espaa y luch en la resistencia contra Hitler y Mussolini. La imagen superior fue tomada en 1937.

    (Valladolid, 1914). Theo Francos se despidi de Sofa Moro con esta frase: Cuando quieras presentar tu libro me llamas, que doy un golpe de mano y me presento en Madrid. Theo es el ejemplo vivo de una vida dedicada a luchar contra el fascismo. Francs de origen espaol, comunista desde los 16 aos, cuando en Espaa se produjo el alzamiento me indign. Me asust que el fascismo estuviera ganando posiciones cerca de nuestras fronteras. Particip en la defensa de Madrid, donde fue herido. Despus, Brunete, Belchite, el Ebro. En 1939 fue detenido en Alicante y torturado. Huy y se uni al ejrcito britnico como paracaidista, participando en la liberacin de Europa. La foto es de 1937.

    A quin va usted a creer? A m o a sus propios ojos? La ocurrencia es de Groucho Marx pero se puede aplicar ahora al Ayuntamiento de Madrid: a quin creer? Al alcalde o a nuestros propios ojos? Porque los ojos de la mayora de la gente que vive en Madrid ven un Paseo del Prado muy hermoso que va a ser sometido a una intervencin desproporcionada, innecesaria e injustificada. Es posible que el proyecto de lvaro Siza y del equipo de arquitectos espaoles que le acompaa sea un proyecto estrella. Nadie discute que el Ayuntamiento ha buscado expertos, e incluso artistas, de reconocida fama y solvencia, pero, simplemente, el Paseo del Prado no necesita que lo cambien por algo, quizs hermoso, pero distinto. No hace falta. A la mayora de la gente que vive en Madrid o que visita la ciudad le gusta, y mucho, como es.

    Las ciudades tienen zonas que las identifican y que se supone que dan races a la aoranza. Quien viva en Barcelona tendr su imagen de las Ramblas, como la tienen los vecinos de cualquier ciudad del mundo de su calle o plaza ms hermosa. Seguro que Picadilly Circus, en Londres, podra ser mejor, pero a nadie se le ocurre remodelarlo ahora para que se parezca a la plaza que fue en el siglo XVII. Es posible que la plaza del Comercio, en Lisboa, pueda ser todava ms bella, pero quin lo necesita? La mayora de sus vecinos y visitantes queremos verla como es. Eso es exactamente lo que pasa en Madrid. La ciudad ha experimentado cambios brutales en pocos aos, quizs es la capital europea que ms se ha transformado en la ltima dcada. Transformacin tras transformacin, Madrid ha ido perdiendo casi todas sus posibles referencias. Una de las pocas que contina en pie es precisamente el emblemtico Paseo del Prado con sus hermosos rboles, el lugar en el que han jugado miles, decenas de miles de madrileos de nacimiento y de adopcin.

    Los defensores del cambio aseguran que el paseo recuperar una imagen parecida a la que tuvo a finales del siglo XIX, cuando se pavoneaban por all caballos y carruajes. Es posible, pero nuestros bisabuelos ya no estn aqu para reconocerlo. Y los bisnietos queremos que nos dejen un poco en paz y reconocer la belleza que vieron nuestros ojos infantiles Alguien niega que el Prado es ahora hermoso? Nadie, ni, por supuesto, el Ayuntamiento. Simplemente quieren cambiarlo. Hacerlo todava mejor. Pues no hace falta. Como dice el arquitecto Eduardo Mangada (responsable de la mejor poltica urbanstica que ha tenido Madrid en mucho tiempo), "cuando no hace falta cambiar algo, lo que hace falta es no cambiarlo". En eso consiste la elegancia de un urbanista: en no acometer cosas innecesarias.

    Claro que el Paseo del Prado necesita que lo limpien y arreglen. Seguro que hace falta quitar la gasolinera que afea la vista del Museo, seguro que se puede mejorar su mobiliario urbano y seguro que se puede quitar un carril de trfico para ampliar la acera del Banco de Espaa y del Museo Thyssen. Muy probablemente el ornato y decoro de todo el paseo (como se deca antes) necesita un buen repaso. Dicen que los rboles no son de la poca de Carlos III, sino que tienen 70 50 aos. Y que ms da? Lo que importa es que son una belleza. Dicen que arrancarn slo unos pocos y que los sustituirn, tres por uno. Pero no se cambia un velzquez por tres warhol.

    El recin fallecido John K. Galbraith se rea de sus colegas los economistas y de los polticos porque, deca, siempre quieren convencernos de que las cosas desagradables terminan por tener efectos benficos. No es verdad. A veces las cosas desagradables son simplemente desagradables e innecesarias. Madrid, mejor dicho, las varias generaciones que conviven hoy en ella, est ya sometida a los males de una ciudad permanentemente inacabada. Es suficiente. Seguro que los vecinos de otras ciudades y parajes comprenden muy bien de qu estamos hablando. De eso que hizo que las ltimas palabras de Antonio Machado fueran: "Esos das azules y este sol de la infancia".

    No pocas mentes sensatas auguran, de vez en cuando, que el barril de petrleo alcanzar los 100 dlares. O ms. Pero por qu no los 500 o los 1.000 dlares? En este punto, el hombre se habr emancipado obligadamente del crudo. O dicho de otro modo: cuando se registrara esta imaginada tesitura el ser humano sera radicalmente inducido a prescindir del producto. En ese mismo da y contra las tradicionales voces melanclicas nacer una inesperada liberacin de la especie humana y de la misma Naturaleza.

    As como el Movimiento de Liberacin de la Mujer (MLM) ha venido creando, entre costes y sufrimientos, entre avances y retrocesos, la liberacin sexual general -incluida la liberacin masculina-, el fin del sometimiento al petrleo supondr el fin de una subordinacin secular, anclada en la oscuridad de la Tierra y unida a terribles periodos de catstrofes y deforestaciones.

    La liberacin respecto al petrleo, una vez descargados de otras graves servidumbres, representa el corte de otro importante cordn umbilical con la Naturaleza. Efectivamente, no podemos vivir sin La Naturaleza, como no es fcil tampoco vivir sin amor, pero sera grave ignorancia confundir la interrelacin con la subordinacin y la complicidad con la mansedumbre.

    Los ecologistas piden respeto a la Naturaleza mimetizando las maneras de respeto a la Madre. El futuro, no obstante, fomentar el amor a la Naturaleza no en cuanto progenitora sino en cuanto amante. No se plantear entonces si abusamos o explotamos, si talamos o succionamos de ese cuerpo materno sin medida. El cuerpo reproducir al de una amante liberada de la que vamos poco a poco liberndonos, segn las pautas del MLM.

    Las lubinas de que disponemos sin necesidad del mar, los tomates que rebosan en el mercado sin haber rozado jams la tierra, los nios que nacen sin cumplir procedimientos carnales, los bovinos generados al margen de la copulacin, los materiales de todo orden que no han sido paridos en las entraas del monte o las medicinas que desde hace tiempo proceden no de las plantas (o slo vienen de ellas a la manera sexy del amante), componen una nueva realidad al margen de lo natural, un nuevo paradigma civilizatorio que si el petrleo llegara a los 1.000 dlares se redondeara todava ms.

    Tarde o temprano, en cualquier caso, estallar este particular apocalipsis mediante el cual la Madre Naturaleza ser un viejo monumento y la naturaleza, en cuanto amante, ser el movimiento moderno.

    El proyecto Gran Simio y todos aquellos de igual inspiracin forman parte de la misma tendencia que avanza hacia la liberacin de la maternalidad natural. Un simio tiende a ser legalizado como sujeto de derechos humanos. De esta paradoja surge no slo la humanizacin del animal sino tambin, simultneamente, la disipacin de lo salvaje y la consecuente sustitucin de la Madre sagrada por la igualacin laica. De este modo la interaccin se facilita y se allana el escaln natural.

    El miedo al petrleo caro o carsimo, como la veneracin del oro y la devocin al mar, exponen clases equivalentes de atavismo. Igualmente, en la decadencia de la actual civilizacin, la mitologa del agujero de ozono, el pavor al deshielo de los polos o el terror al recalentamiento del planeta reproducen, a travs de su comn componente trmico, el pnico sufrido en el medievo ante las fiebres devastadoras de las epidemias.

    Ahora el petrleo es como el falo. La probable conclusin de su dominio hace posible imaginar el establecimiento gradual de una escena donde, como en los diseos ms benficos del paraso, naturaleza y seres humanos retozan y duermen juntos, se aman y se enlazan sin dolor ni temor. Ms bien la prxima liberacin del ser humano respecto a la Naturaleza coincide con la transformacin del hombre en una suerte de mujer, todava indita. Una figura en formacin, donde, por otra parte, la mayora de las fantasas ms dulces de la historia crean ver culminada la sntesis felicsima del mundo. El amante sin trmino.

    La treintena de individuos humanos cuyos restos estn siendo hallados desde los aos ochenta en la sima de los Huesos, en la sierra de Atapuerca, plantean continuamente nuevos desafos. Una nueva datacin tcnica indica que estos antepasados (H. heidelbergensis) son casi el doble de antiguos de lo que se crea. La datacin inicial estableci que vivieron hace unos 300.000 aos y la actual, que no ha sido an aceptada por la comunidad cientfica, seala una antigedad mxima de 600.000 aos. Mientras tanto, los paleontlogos, basndose en los rasgos morfolgicos, se decantan por los 400.000 aos. La nueva datacin, cuyos resultados no se han publicado todava debido a que se han solicitado nuevas pruebas, plantea problemas a los paleontlogos para explicar las etapas de la evolucin humana en Europa en el ltimo milln de aos. Por eso, y porque la tcnica utilizada es ms refinada que la anterior y todava se considera experimental, la nueva datacin no puede ser tenida como definitiva, pero ya est suscitando el debate. Su autor, Jim Bischoff, un especialista estadounidense de gran prestigio, ya dat los fsiles de la sima de los Huesos, un pozo de muy difcil acceso, en los aos noventa con la tcnica de istopos radiactivos uranio/torio y la edad que dio fue de unos 300.000 aos.

    Ahora Bischoff est utilizando una versin ms refinada, que se basa en la espectrometra de masas y maneja una cantidad reducida de tomos. Con ella ha estudiado una colada recientemente descubierta. "Una colada es una clase de estalagmita sobre el suelo de la cueva que se forma por el goteo de aguas ricas en calcio que caen del techo de la cueva", segn explica el propio Bischoff.

    La colada tiene un grosor de unos 14 centmetros y en una capa inmediatamente inferior se encontraron ms de 55 fsiles humanos, por lo que concluye Bischoff: "Evidentemente, la colada se form despus de la deposicin de los huesos" y sirve para datarlos.

    El director del yacimiento, Juan Luis Arsuaga, cree que, morfolgicamente, los fsiles de la sima corresponden a unos 400.000 aos de antigedad, pero no puede ni quiere obviar los mtodos tcnicos de datacin, aunque "al primero que tiene que convencer Bischoff es a m", coment con humor a este peridico. Ambos son autores de un artculo con la nueva datacin (de 500.000 a 600.000 aos de antigedad) que han presentado a la revista especializada Journal of Archaeological Science y que no ha sido aceptado, a la espera de que el geocronlogo aporte nuevas pruebas. En el artculo se plantea que el modelo de evolucin humana haya sido ms complejo de lo que se supona hasta ahora. Segn esta hiptesis, unas poblaciones estaran ms evolucionadas que otras en una misma poca.

    Las primeras dataciones por series de uranio daban unos 300.000 aos, pero es que esa antigedad "corresponde al lmite del rango de la tcnica", explica Arsuaga. Ahora, a Bischoff le salen unos 500.000 aos, con un mximo de 600.000, por lo que la datacin a Arsuaga y su equipo les resulta "un poco antigua". "Me parecen ms arcaicos fsiles de esa poca, como la mandbula de Mauer o los de LArago", comenta el paleontlogo espaol.

    Adems de la comparacin con estos fsiles histricos, la nueva datacin aproximara demasiado la edad de los fsiles de la sima de los Huesos a los correspondientes a una especie humana considerada nueva, el Homo antecessor, hallados en otro yacimiento de Atapuerca.

    El Homo antecessor ha sido datado con mucha seguridad, ya que se encuentra inmediatamente debajo de un nivel en el cual se ha comprobado una inversin del campo magntico terrestre que tuvo lugar hace 780.000 aos, por lo que, al menos, tienen esa antigedad. Demasiado cerca en el tiempo de los de la sima de los Huesos para que los cientficos se sientan cmodos.

    ha sido datado con mucha seguridad, ya que se encuentra inmediatamente debajo de un nivel en el cual se ha comprobado una inversin del campo magntico terrestre que tuvo lugar hace 780.000 aos, por lo que, al menos, tienen esa antigedad. Demasiado cerca en el tiempo de los de la sima de los Huesos para que los cientficos se sientan cmodos.

    El destino ha querido que en los ltimos meses viva yo paredao con la residencia del primer ministro de Francia, Dominique de Villepin. Me lo cruzo casi cada da por la calle y a punto estoy de decirle algo as como: "Djalo, to, no tienes nada que hacer, te faltan tablas!", o cosa semejante, y si no se lo digo es porque el ministro habla espaol mejor que yo.

    Vindole tan ufano, caminando a grandes zancadas por la rue de Babylone (nada menos), protegido tan slo por dos gorilillas de tamao medio, nadie dira que ese individuo est bailando sobre terreno minado y que a cada paso puede saltar hecho pedazos, pero as es. La guerra contra Nicolas Sarkozy, el ministro de Interior y su rival en las prximas elecciones presidenciales, es despiadada y parecida a la de los chacales en celo.

    Todos saben que Sarkozy est detrs del fracaso del juvenil contrato del primer empleo (CPE) que De Villepin ha tenido que tragarse mojado en alcohol sindical. Y todos saben que De Villepin est detrs de la acusacin de corrupcin contra Sarkozy, implicado en sucias maniobras financieras en una sociedad luxemburguesa. Hasta el momento, ni lo uno ni lo otro se ha podido probar. As que no existe. Es la ley de la selva, pero es la ley.

    En Francia, como en toda Europa, la democracia es una farsa actuada por grandes figuras de la escena. La poltica no es otra cosa que la lucha por el control de la mayor cantidad de dinero posible, legal o ilegal, con el aplauso de los votantes. Ciertamente, las leyes no estn para proteger al ciudadano, sino para mortificar al contrincante poltico, pero se deben respetar. Si no se respetan, la farsa democrtica se convierte en tragedia totalitaria, como en Rusia.

    La ley de la selva democrtica europea tiene su representacin ms primitiva en Italia. En Francia actan con mayor decoro que en Italia, son ms profesionales. Los ingleses superan a los franceses. El premio se lo llevan los nrdicos: la suya es una imitacin de democracia muy convincente.

    La palabra democracia exige que incluso los animales ms fieros respeten sus propias leyes. De lo contrario, la democracia pone de manifiesto su carcter mafioso. Es lo que sucede en lugares como Kazajstn, Bielorrusia o similares. All ni siquiera se respeta la ley de la selva y en consecuencia deducimos que se trata de fincas explotadas por gnsteres.

    Se entiende entonces que cause desolacin la falta de respeto del Gobierno cataln por la ley de la selva. Cuando le la noticia del nombramiento de Xavier Vendrell en la prensa, escrib a un amigo que mantiene muy estrechas relaciones con la gente de Esquerra para preguntarle por las razones de semejante disparate. Me contest que, en efecto, Vendrell es uno de los elementos ms fanticos del grupo, pero que no era un hipcrita. Los que le critican, aada, se llevan la financiacin del partido en maletines llenos de billetes de 500 euros. Vendrell, por lo menos, lo haca a las claras, sin hipocresa.

    SEGURAMENTE es cierto, pero mi amigo reaccionaba a la defensiva porque no es una cuestin de hipocresa sino de acatamiento de la ley: incluso los responsables polticos del latrocinio deben respetar la ley de la selva y actuar verosmilmente, como si fueran demcratas, cuando se les descubre. El profesor pillado in fraganti cobrando a la puerta del colegio no puede ser nombrado director del centro.

    En estos casos hay que ser valientes y decirle al interfecto: mala suerte, te han descubierto, ya sabas lo que te jugabas, te haremos embajador en el Vall dAran. Ascenderle a un ministerio tan poderoso como peligroso, en cambio, deja en cueros a la totalidad del Gobierno. Es el tripartito en pleno el que admite no estar en condiciones de respetar ni siquiera la ley de la selva.

    Que todos los presidentes, consejeros primeros y segundos, que todos los altos cargos y dirigentes de partido tengan hermanos, cnyuges y otros selectos parientes trabajando a sueldo del contribuyente, que jams se dijera una palabra sobre el 3%, que la Administracin catalana est infectada de nepotismo, que el capo del raketing republicano sea ascendido, toda esta acumulacin de dislates acaba dando una imagen desastrosa de la presidencia de la Generalitat.

    MUCHOS ciudadanos catalanes convencidos (todava!) de que viven en la regin ms europea de Espaa, van tragando uno tras otro los actos de endogamia, clientelismo, corrupcin y enchufismo del Gobierno. Poco a poco, sin embargo, se percatan de que asisten a una representacin teatral de muy baja calidad, peligrosamente prxima a la marbell. Todos esperbamos un John Gielgud y nos estn dando Martnez Soria. Y la causa de este fracaso es la incapacidad profunda de las lites catalanas, tan caciquiles!, para respetar la ley de la selva.

    Reconozcmoslo: el president no cuenta con buenos actores de plantilla, slo con aficionados y caricatos de aldea. En el ltimo cambio y tras una pattica entrevista en El Pas donde pareca un poltico turco ("tenemos el mejor Estatuto de Europa!", deca), Pasqual Maragall ha situado en lugares estratgicos y junto al temible Vendrell a las escasas figuras de la compaa que an no se han desprestigiado. Son divos que llevan gateando por el escenario desde la infancia. Uno les desea la mejor acogida por parte de este pblico que tanto les quiere, pero, atencin, estamos quemando lo que nos queda de arte escnico democrtico. Despus de ellos, el diluvio.

    Franois Pinault, el propietario de la FNAC, de Printemps, de Gucci, Yves Saint-Laurent, de los viedos de Chteau-Latour, de la casa de subastas Christies, del semanario Le Point, del equipo de ftbol de Rennes, del teatro Marigny en Pars, ha decidido hacer pblica su pasin secreta: el coleccionismo de arte contemporneo. Y lo hace en el veneciano Palazzo Grassi, del que es propietario de un 80% desde mayo de 2005. El edificio, que entre 1983 y 2005 perteneci a la Fiat, fue el escaparate del mecenazgo del industrial Gianni Agnelli. A ste le sucede, signo de los tiempos, el financiero Pinault, que, como los Grassi, que en el ao 1748 ordenaron la construccin del palacio, hizo fortuna en el comercio de madera. Son muy pocas las personas que han visto la coleccin particular de arte contemporneo de Pinault que, segn parece, consta de ms de 2.500 obras, todas ellas realizadas entre 1945 y hoy mismo. El punto de partida fue una tela de un nabi, Paul Srusier, "un posimpresionista japonizante que compr porque era de la misma regin que yo", la Bretaa, "pero tambin porque me pareci una obra muy bella. La guardo para mostrar de dnde part y cmo mi mirada ha evolucionado", dice Pinault.

    Entre el 30 de abril y el 1 de octubre, podrn verse en el Palazzo Grassi casi 200 obras de la coleccin, pertenecientes a 49 artistas. La muestra lleva como ttulo Where are we going? (Adnde vamos?), un interrogante al que parece responder una composicin de Piotr Uklanski que no es otra cosa que la calavera termografiada del propio Pinault subrayada por dos tibias cruzadas, como una bandera pirata. "Es una buena respuesta a la pregunta de la exposicin", afirma un sonriente Pinault, satisfecho de ser el protagonista de esta vanitas contempornea.

    La tradicin quiere que los millonarios ennoblezcan su dinero devolviendo parte de lo ganado a la sociedad en forma de mecenazgo social o artstico. Pinault se embarc en la aventura del arte contemporneo en 1990, cuando un mondrian de 1925 le hizo perder la cabeza y desembolsar 6,5 millones de euros. Luego ha reorientado sus preferencias, compaginando la atraccin por el minimalismo con la exuberancia pop. "Sin duda hay que relacionar mi entusiasmo por el minimalismo de Donald Judd o Carl Andr con una bsqueda espiritual. Rothko cre una pintura de recogimiento interior, de meditacin. La idea es que deberamos guardar slo lo esencial. Pero la vida es tambin otra cosa y yo soy demasiado curioso para encerrarme en una sola escuela". Y ah estn los warhol, rauschenberg o koons para abrir juego.

    Nadie sabe lo que valen -monetaria y artsticamente hablando- las obras acumuladas por Pinault. l, como propietario de la casa de subastas Christies, debera saber algo sobre la cuestin pero prefiere dejar caer: "No s nada de cul puede ser el valor de esas obras dentro de un tiempo y soy indiferente al tema". Es difcil creer que gente como Koons o Haring puedan mantener una cota que aparece artificialmente hinchada pero eso no impide reconocer el gran nivel de exigencia del conjunto reunido por un hombre que establece un puente entre la compra de arte y la de empresas: "Hay que saber estar al acecho".

    De entre los 49 artistas presentes, un solo espaol, el cataln Antoni Tpies, de quien se exponen dos obras, de 1957 y 1962, junto a las de los italianos Manzini y Fontana o el francs Soulages. "La nacionalidad no es un criterio en arte", dice Pinault, que slo presenta a tres compatriotas: el ya citado Pierre Soulages, Bernard Frize y Pierre Huyghe. Su coleccin incluye otros grandes nombres francfonos, de Martial Raysse a Christian Boltanski pero sos esperan su turno para ser presentados a la vera del Gran Canal, lejos, muy lejos, de la isla Sguin, en la francesa localidad de Billancourt, que debera haber sido el primer destino de la coleccin si la burocracia gala no hubiese fatigado a Pinault. La burocracia o el fisco, avanzan las malas lenguas. En cualquier caso, para calmar las crticas que le pueden llegar desde su pas, Pinault se dispone a abrir en Lille un local dedicado permanentemente a la creacin videogrfica.

    La programacin del Palazzo Grassi, rehabilitado por Tadeo Ando, no se limitar a satisfacer la vanitas de su propietario sino que tambin atender a otros intereses. En noviembre de este ao se presentar Picasso, la alegra de vivir 1945-48, y para la primavera de 2007, una revisin de las utopas enterradas por la triunfante economa de mercado: Europa 1967 o el arte contra la divisin en bloques enfrentados, el capitalista contra el comunista. Luego vendrn Arte povera -Pinault posee una muy buena coleccin de dicho movimiento- y Roma y los brbaros para la primavera de 2008. Esta ltima, que pondr en relacin el arte del bajo imperio romano con los flujos migratorios, conectar de manera clara con parte de la actividad seguida durante la poca Fiat, cuando etruscos, mayas o celtas compartieron protagonismo con movimientos como el futurismo o personalidades como Salvador Dal.De entre los 49 artistas presentes, slo hay un espaol, Antoni Tpies, de quien se exponen dos obras de 1957 y 1962

    En Espaa, pas desmemoriado, se ha puesto de moda la memoria. Es una memoria singularmente selectiva: borra o desfigura la parte del pasado ms cercana al presente y se remonta a una lejana hasta hace poco no muy frecuentada, salvo por los aficionados a la historia y los historiadores profesionales, y por algunos novelistas que educamos nuestra imaginacin en los relatos cautelosos sobre la Repblica y la guerra que escuchamos de nuestros mayores en la infancia. La historia es un saber difcil que requiere largas investigaciones, ofrece muchas incertidumbres y da a veces amargas noticias. La memoria no se investiga, slo se recupera, sin exigir mucha disciplina, incluso, muchas veces, con un propsito de afirmacin personal o colectiva que nadie est autorizado a discutir, ya que la memoria, por definicin, le pertenece al que la posee. La memoria, si no es vigilada por la razn, tiende a ser consoladora y teraputica. Modificar los recuerdos personales para que se ajusten a los deseos del presente es una tarea legtima, aunque con frecuencia txica, a la que casi todos nosotros somos proclives.

    Cuando la memoria se convierte en un simulacro colectivo su efecto empieza a ser ms alarmante. Su primaca desaloja a la historia del debate pblico, porque la historia es mucho menos maleable, y con frecuencia puede desmentir las buenas noticias sobre el pasado que a todos nos gusta regalarnos. Al filtrarse a travs del recuerdo, y tambin del olvido, el pasado se convierte en ficcin y en materia novelesca. Pero a la novela no le exigimos fidelidad a los hechos privados o pblicos que puedan haberla inspirado. La responsabilidad de la novela es esttica y moral: la de los discursos pblicos, casi como la de la ciencia, debera estar sujeta a las exigencias ms severas del conocimiento.

    Como novelista y como ciudadano, la negligencia o el silencio que durante muchos aos envolvieron el recuerdo de la Segunda Repblica, de la Guerra Civil y de la resistencia antifranquista me parecieron desoladores. La falta de conexin entre el presente iniciado en la transicin y las tradiciones progresistas espaolas que fueron interrumpidas por la guerra y sepultadas por el franquismo ha sido una de las debilidades mayores de nuestro sistema democrtico: ha alimentado nuestro raquitismo cvico y nuestra profunda penuria cultural, as como una contumaz injusticia hacia quienes lucharon contra la dictadura o fueron vctimas de lo que Paul Preston ha llamado la "poltica de la venganza". Quienes ya ramos adultos a principios de los aos ochenta sabemos que la razn de tanto olvido pblico no era el chantaje de una derecha franquista que siguiera vigilando desde la sombra. Desde 1982 el Partido Socialista gobernaba con mayora absoluta, y sus dirigentes, empeados en la tarea necesaria de modernizar plenamente el pas, optaron por ocuparse ms del futuro que del pasado, con un entusiasmo en el que haba una parte de arrojo verdadero y otra de frivolidad y cosmtica. De pronto la pica de la resistencia se haba quedado antigua, tan obsoleta como las barbas y como las chaquetas de pana. Cambios verdaderos y profundos sucedan mientras tanto, pero muchos nos sentimos agraviados en aquellos aos por la amnesia atolondrada de los que mandaban, por la falta de escrpulos y una propensin al favoritismo y al descuido de la moral pblica que habran de acabar en los escndalos de corrupcin de los primeros aos noventa.

    La historia proscrita por el franquismo fue una historia simplemente abandonada por la democracia. Abandonada por el Estado central y sustituida por mitologas ms o menos lunticas en los sistemas educativos de los gobiernos autnomos, consagrado cada uno a la tarea de inventar pasados gloriosos que fatalmente acabaran malogrados por una prfida invasin espaola. La mezcla de la pedagoga posmoderna y del nacionalismo identitario pueden conducir a resultados pintorescos o alarmantes, a una confusa aleacin de ignorancia y adoctrinamiento muy peligrosa para la vida civil pero muy til para la demagogia poltica.

    A algunos nos pareca que el estudio atento de la Repblica y de la Guerra Civil era a la vez una reparacin parcial de las injusticias del olvido y una bsqueda de esos valores sustantivos cuya debilidad resultaba tan daina para nuestro sistema democrtico. Al leer obsesivamente libros sobre entonces -los diarios de Azaa, las memorias de Barea, las novelas de Max Aub, los estudios de Hugh Thomas o de Jackson, la sobrecogedora historia oral de Ronald Fraser- revivamos una y otra vez un drama que no nos apasionaba ni nos haca sufrir menos porque conociramos de sobra su triste final. Nos indignaba el escndalo de la indiferencia de las democracias hacia la suerte de la Repblica espaola, el modo en que aceptaron sacrificarla queriendo apaciguar a Hitler. Pero tambin nos produca un ntimo dolor, semejante a una derrota personal, la incapacidad de las fuerzas polticas del bando leal para unirse eficazmente contra el enemigo comn. Al cobrar conciencia poltica en los ltimos aos de la dictadura, sentamos una nostalgia doble del porvenir y del pasado, del maana en el que podramos respirar y vivir en libertad y del lejano ayer en el que la libertad existi brevemente. Igual que saltbamos sobre la cultura del pasado inmediato para vincularnos a una tradicin de heroica modernidad literaria y esttica que interrumpi la guerra y dispers el exilio, queramos buscar nuestra legitimidad poltica en aquella Repblica que era el reverso exacto del rgimen siniestro en el que habamos

    crecido. Por eso haba un fondo de desconsuelo al ver que la democracia restaurada no se esforzaba demasiado en honrar a los perseguidos, a los silenciados, a los encarcelados y asesinados por el franquismo, a los que salieron de Espaa al final de la guerra y continuaron combatiendo al nazismo en Europa, a los cautivos y supervivientes de los campos alemanes. Hubiramos querido que se les hiciera justicia mientras estaban vivos, y tambin que los valores que ellos defendieron tuviesen ms presencia en la poltica espaola: un sentido de la austeridad y la decencia, de la ciudadana solidaria y responsable, una vocacin franca de justicia social, un amor exigente por la instruccin pblica, un verdadero laicismo, un respeto a la ley entendida como expresin de la soberana popular.

    No es eso lo que hemos visto tanto como habra sido necesario, y si no lo hemos visto no ha sido por la presin de una derecha torva y de vocacin autoritaria o por la existencia de un rey. Pero a pesar de esas deficiencias -de las cuales los nicos responsables son la clase poltica y la ciudadana, cada uno en su escala de accin- en 30 aos Espaa ha cambiado tan prodigiosamente que ni siquiera los que hemos vivido este trnsito somos capaces de comprender su magnitud y su calado. Nos hace falta el testimonio deslumbrado de quienes nos han visto desde fuera, y no hemos sido capaces de hacer conscientes a nuestros hijos de la novedad y la fragilidad de lo que nosotros no tuvimos y ellos dan casi desganada o despectivamente por supuesto. Hemos pasado de la dictadura a la democracia, del centralismo al federalismo, del tercer mundo al primer mundo, del aislamiento internacional a la plena ciudadana europea. Nos hemos dado un sistema educativo y sanitario pblicos que con todas sus deficiencias slo puede valorar quien ha viajado algo por el mundo y sabe lo que significa que la salud y la escuela slo sean accesibles a quien puede pagarlas. Y sin embargo nadie o casi nadie siente lealtad hacia el sistema constitucional que ha hecho posibles tales cambios, y en lugar de compartir una concordia basada en la evidencia de lo que hemos podido construir entre todos nos entregamos a una furia poltica en la que cada cul parece guiado por un propsito de mxima confrontacin.

    En una pelea de baja ley cualquier objeto puede convertirse en un arma arrojadiza: la ms reciente, en Espaa, es la memoria, la Repblica olvidada que de pronto regresa a las primeras pginas, la Guerra Civil que se usurpa a los historiadores y al recuerdo doloroso de quienes la sufrieron para desfigurarla a la medida de los intereses polticos de unos y otros y a la voluntad de cizaa de los enemigos ms descarados de la democracia. Para quienes hemos pasado muchos aos no queriendo aceptar la obligacin del olvido es alentadora la idea de que de pronto tantas personas coincidan en el recuerdo de un tiempo decisivo de la historia de Espaa: pero no deja de ser llamativo que el recuerdo llegue tan tarde, y que coincida tan oportunamente con una nueva amnesia -ahora, sobre la transicin- y con diversos proyectos de desmantelar el sistema poltico fundado por la Constitucin de 1978.

    Cada uno tiene sus lealtades ntimas y sus nostalgias personales, y para muchos de nosotros el 14 de abril y la bandera tricolor, el coraje republicano de Antonio Machado, el patriotismo cvico y sereno de los diarios de Manuel Azaa, mantienen un resplandor indeleble, vinculado a nuestros sueos juveniles de libertad y a nuestros ms firmes ideales del presente. Pero la lealtad sentimental no debera cegarnos, precisamente porque entre los valores republicanos ms altos est la primaca de la racionalidad sobre el delirio romntico. Y hace falta mucho cinismo intelectual, mucha malevolencia, para empujar al campo de los aorantes del franquismo a quienes no se dejan llevar por esta oleada entre dulzona e interesada de memoria nostlgica y prefieren no olvidar lo que han aprendido en los libros de Historia y en los testimonios de quienes vivieron de cerca aquel tiempo. En los diarios del tiempo de la guerra, en esa desolada obra maestra de la literatura en espaol que es La velada en Benicarl, Manuel Azaa cuenta su amargura ante el sectarismo, la incompetencia y la deslealtad a la Repblica de muchos de los que deberan haberla defendido. En el desmoronamiento del Estado que sobrevino tras la intentona militar del 18 de julio, cada fuerza poltica o sindical, cada gobierno autnomo se entreg con ceguera suicida a la persecucin de sus propios intereses, como si la guerra, ms que una crisis terrible que los amenazara a todos por igual, fuese una oportunidad de oro para alcanzar fines -la independencia, la revolucin, el comunismo libertario, etctera- que nada tenan que ver con la legalidad republicana. Leyendo a los historiadores y a los memorialistas ms eminentes, uno tiene la sensacin de que la Repblica, en un cierto momento de la guerra, no tena ms defensores sinceros que Manuel Azaa, Juan Negrn, el general Vicente Rojo y Max Aub.

    No creo que sea de ese sectarismo insensato del que se tiene nostalgia, ni que en aquella tentativa breve y maltratada de democracia hubiese algo de lo que no disfrutemos ahora. Ni una sola de las libertades que afirmaba la Constitucin de 1931 est ausente de la de 1978, del mismo modo que las valerosas iniciativas de justicia social, educacin e igualdad de aquel rgimen no pueden compararse, por la enorme diferencia de los tiempos histricos, con los progresos del Estado de bienestar que disfrutamos ahora. Fueron entonces ms iguales las mujeres y los hombres? Hubo mejor proteccin para los parados, recibieron mejor atencin pblica los enfermos? Estuvieron ms respetadas las minoras? Fue ms autnoma Catalua con el estatuto de 1932 que con el de 1980? Podemos excluir de nuestra genealoga democrtica a Adolfo Surez o al general Gutirrez Mellado, que tan gallardamente se mantuvieron en pie frente a la zafia agresin de los golpistas del 23 de febrero de 1981?

    Parecen preguntas idiotas, pero es necesario formularlas, al menos para deslindar el reconocimiento histrico de las mejores iniciativas de entonces de esa nostalgia gaseosa que se va volviendo ms densa cada da y no nos deja ver los secos perfiles de lo que ocurre ahora mismo, las seales de alarma que deberan empezar a inquietarnos. Algo distingue -o distingua al menos hasta hace poco- a la mayor parte de los discursos polticos surgidos del 78 sobre los del 31: la idea de que el adversario no es necesariamente el enemigo, y de que por encima de las discrepancias ms radicales est la fidelidad a unos cuantos principios comunes que son el entramado bsico de la democracia. En 1931 Espaa era un pas de terribles diferencias sociales, en una Europa desgarrada por la crisis econmica y los fanatismos polticos. En una poca en la que tan rara era la templanza, puede ser comprensible -aunque no deje de ser lamentable- que con tanta frecuencia los discursos polticos derivaran hacia un pavoroso extremismo. Pero si estos tiempos son tan visiblemente otros, de dnde nace la furia verbal que uno observa ahora en Espaa, y que lo golpea a uno como un puetazo al conectar la radio o mirar los titulares de un peridico, la voluntad desatada y al parecer casi unnime de eliminar cada uno de los espacios de concordia en los que se han basado estos treinta aos de democracia y progreso? Tenemos que seguir eligiendo entre lamentar el asesinato del teniente Castillo o el de Jos Calvo Sotelo, entre callar la matanza de la plaza de toros de Badajoz o la de la Crcel Modelo de Madrid?

    Manuel Azaa imagin un patriotismo basado "en las zonas templadas del espritu". Una manera de conmemorar ese deseo es vindicar los modestos ideales que lo hacen posible: defender la instruccin pblica y no la ignorancia, el respeto a la ley frente a los mangoneos de los sinvergenzas y los abusos de los criminales, el acuerdo cvico y el pluralismo democrtico por encima de los lazos de la sangre o la tribu, la soberana y la responsabilidad personal y no la sumisin al grupo o la impunidad de los que se fortifican en l. Estos son mis ideales republicanos: espero que se me permita no incluir entre ellos la insensata voluntad de expulsar al adversario de la comunidad democrtica ni el viejo y renovado hbito de repetir consignas en vez de manejar razones y acusar de traicin a quien se atreve a disentir de la ortodoxia establecida, o a no seguir la moda ideolgica del momento.

    El pensamiento es inseparable de una indestructible y profunda melancola. Eso deca Schelling, y a su sombra, el patriarca George Steiner propone diez razones para justificar tan temible tristeza del entendimiento en uno de sus ltimos trabajos.

    1. Nuestro pensamiento (thought) es tan ilimitado como incompleto. La tierra fue cientficamente plana durante miles de aos. Nada puede asegurarnos de que no persistimos en similares chifladuras.

    4. El lenguaje natural es soberano y no se somete a la matematizacin. Todo l es metafrico. Cualquier constructo del pensamiento es lingstico y metafrico. No podemos escapar de la metfora.

    7. No hay realidad ninguna accesible al pensamiento, slo reflejos (reflections) del propio pensamiento. Aunque el pensamiento no fuera un espejo y fuera una ventana, los cristales estaran igualmente sucios.

    Algunos dirn que, como Schelling, tambin Steiner al final de su vida confiesa no haberse enterado de nada y la rabia que le provoca irse como lleg, como un tonto. La tristeza de los viejos, etctera, etctera.

    Ryszard Kapuscinski tiene casi 74 aos, una cadera daada y unas inmensas ganas de viajar y de contar historias. Por las maanas sube las escaleras que van de su casa del primer piso del nmero 11 de la calle Prokuratorska -en el apacible barrio de Srdmiescie

    de Varsovia donde vive con su mujer Alicja- al tico del piso superior en el que escribe y recibe a sus visitantes rodeado de miles de libros, papeles, libretas de notas y recuerdos. Se trata de un espacio amplio y luminoso decorado desde un elegante desorden: cientos de ejemplares en varios idiomas apilados en el suelo y decenas de post it y otros recordatorios pegados en las vigas de madera que sostienen un techo altsimo, casi catedralicio, (entre ellos el esquema a mano y en media cuartilla de Viajes con Herdoto, su ltima obra, que en Espaa publicar en breve la editorial Anagrama). En este lugar, en el que todo parece guardar un equilibrio mgico, uno se siente conectado a un cable de alta tensin, que no es otro que la pasin por la vida a travs de la mirada lcida de Kapuscinski.

    La entrevista con el autor de El emperador -su primer xito literario: una detallada descripcin de la desmesura del poder absoluto en la corte de Haile Selassie en Etiopa- arranca con un accidente menor: la grabadora de ltima generacin del entrevistador no funciona. Kapuscinski aprovecha la comicidad del desconcierto de su interlocutor para airear su aversin a los mviles, a Internet y al correo electrnico. "Me robaran mi tiempo", exclama. Despus, tras preparar caf, aade: "Un amigo americano tuvo el mismo problema en una entrevista con Gorbachov cuando era quien mandaba en la Unin Sovitica. Desde entonces lleva tres aparatos y los utiliza simultneamente".

    A Kapuscinski le desagradan los magnetfonos porque, a su juicio, alteran el discurso, sea el del poltico, el del escritor o el de una persona cualquiera en frica. "Mi experiencia es que en cuanto sacas la grabadora, el lenguaje se burocratiza, se transforma y surge el idioma oficial. Es como si el cerebro del entrevistado buscara la frase adecuada para ser inmortalizada en la cinta".

    Uno de los grandes viajeros del ltimo medio siglo, comenz su carrera con ambiciones ms bien modestas: slo quera cruzar una frontera; cruzar y regresar en seguida; cruzar para saber qu se senta al hacerlo. Nacido polaco en Pinsk (hoy Bielorrusia), Ryszard es un producto, una vctima ms, del diablico juego de fronteras del final de la Segunda Guerra Mundial. Al poco tiempo de emplearse como reportero en el diario polaco Sztandar Mlodych, en 1955, le dijo a Irena Tarlowska, su redactora jefa: "Quiero cruzar la frontera". Se refera a la de Checoslovaquia, pero un ao despus ella le envi a India regalndole para ese viaje el libro Historia de Herdoto. Desde entonces, Kapuscinski se mueve por el mundo acompaado del griego de Halicarnaso, con un ejemplar manoseado, subrayado y repleto de anotaciones, en busca del Otro, su gran obsesin, el motor de su vida y de su trabajo.

    "Nunca ha sido sencillo cruzar una frontera", asegura sentado en una silla, donde su cadera se queja menos que hundida en el sof. "A menudo cruzarla resulta peligroso, es algo que puede costar la vida; es la barrera entre la vida y la muerte. En Berln hay un cementerio con la gente que no lo logr. Las fronteras se guardan con armas y en ellas se exigen documentos para pasar al otro lado. En la guerra fra, a las nuestras las llamaban teln de acero y ms que pases separaban mundos opuestos. El Mediterrneo es ahora una gran frontera en la que muchos mueren ahogados al intentar pasar de frica a Europa. Tambin sucede con los latinoamericanos entre Mxico y EE UU. Personas que estn dispuestas a morir en el mar o en el desierto porque buscan algo".

    Kapuscinski sostiene que stas no son las nicas fronteras (o murallas, como apunta en Viajes con Herdoto al describir China). Hay otras barreras que tambin es necesario saltar: la de la cultura, la de la familia, la del idioma, la del amor... "Mi vida ha sido un cruzar constante de fronteras, tanto fsicas como metafsicas. se es para m el verdadero sentido de la vida". Defiende el abandono del cubculo de la seguridad, del terruo, del rbol que da sombra, para ir en busca de las respuestas, del Quin, como hizo Herdoto hace 2.500 aos. Hay que aventurarse en lo desconocido, dejarse guiar por "la magia de viajar" que "acta como una droga" y en la que el "camino es el tesoro", escribe el reportero polaco en Viajes.

    En su caso, la primera vez que cruz una frontera lo hizo del Este al Oeste, la ms brutal, en la que el mero hecho de pasar de un lado a otro representaba una gran emocin, un desafo. En este libro escrito de la mano de Herdoto, Ryszard cuenta que al llegar a Roma en los aos cincuenta, de camino a India, unos amigos le ayudaron a comprar un traje italiano para que pudiera desembarazarse de su anticuada indumentaria del teln de acero. Pese a la nueva mscara, Kapuscinski not que nada haba cambiado: todos le miraban como a un extrao porque su otredad estaba en su forma de caminar, de mover las manos, de mirar. "Recuerdo que en 1994, ms de cuatro aos despus de la cada del muro de Berln, vi a unos alemanes del Este pasear por las calles del Oeste. Se saba de dnde venan por su inseguridad. Parecan turistas en su propia ciudad".

    La obra periodstica y literaria de Kapuscinski, su vida, son la permanente bsqueda del Otro para la mejor divulgacin entre los suyos, entre sus lectores, de sus costumbres y pensamientos, porque es en el desconocimiento donde se cultivan los virus del odio y de la guerra. El gran descubrimiento del hombre, asegura a menudo Kapuscinski, no fue la rueda si no ese Otro, cuando la primera tribu-familia de 150 miembros que viva entre los dos ros en Mesopotamia se top con otra tribu-familia y ambos se dieron cuenta de que no estaban solos. Qu hacer ante ese hallazgo?, se pregunta. Tres reacciones son la constante en la historia: ignorarlo, entablar contacto (comercio) o guerrear.

    "El problema no es el miedo", dice, "sino la creacin de ese miedo a lo desconocido, que es anterior. Cuando un nio se cruza con un desconocido puede reaccionar con temor, si ha sido inducido a ello, y correr a esconderse detrs de la falda de su madre. Pero tambin puede acercarse despreocupado al desconocido porque ve en l una oportunidad de juego. Se trata de la respuesta natural. Es la educacin y la cultura las que nos van separando".

    En Viajes, Kapuscinski explica el origen de la hospitalidad, una de las improntas de la civilizacin griega -acoger al desconocido, darle cobijo y alimento-. Una tradicin que se conserva en muchos lugares de frica en los que el que nada tiene comparte todo con el extranjero. "Esta costumbre se basa en la creencia griega de que el visitante poda ser un hombre o un dios disfrazado. Esa acogida llevaba pareja una responsabilidad: la seguridad del invitado. Ya nadie conoce de dnde procede esta costumbre ancestral que entiende el encuentro con otra persona como un acontecimiento, como una oportunidad y una fiesta. Nunca como un problema".

    Esto no se da en la cultura occidental del siglo XXI, que no padece la escasez, las pandemias y enfermedades, ni el hambre del Tercer Mundo. En esta cultura opulenta todo est basado en el individualismo, en un egocentrismo radical en el que el yo es ms importante que el grupo. Es una sociedad en la que el Otro ha dejado de interesar: slo existo Yo y mis problemas. "Cuando haba pocos seres humanos en el planeta, los peligros eran numerosos y las herramientas escasas para hacer frente a los animales salvajes y a la naturaleza, primaba la tribu, el grupo, porque fuera de l era imposible la supervivencia", dice Kapuscinski. "Al desarrollarse la tecnologa para luchar contra esos peligros, con la llegada del progreso, surge el individuo. Ya no es necesaria la pertenencia al grupo para sobrevivir, para garantizar la continuidad de la especie. La nocin del individuo que est por encima de la tribu es muy reciente".

    Kapuscinski se levanta de nuevo. Esta vez para abrir las ventanas. Dentro hace un calor asfixiante; afuera, la temperatura es agradable: 10 grados centgrados tras cinco meses de duro invierno y grandes nevadas.

    El maestro, como lo llam Gabriel Garca Mrquez, se queja de que los medios de comunicacin actuales estn inundados de noticias aisladas, casi suspendidas, sin explicacin alguna, y que el reportaje est siendo expulsado de los principales peridicos. "Herdoto era un hombre curioso que se haca muchas preguntas, y por eso viaj por el mundo de su poca en busca de respuestas. Siempre cre que los reporteros ramos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede. Quiz por eso los peridicos son ahora ms aburridos y estn perdiendo ventas en todo el mundo. Ninguno de los 20 finalistas de la ltima edicin del Lettre-Ulysses del arte del reportaje , y del que soy miembro del jurado, trabaja en medios de comunicacin. Todos tuvieron que dejar sus empleos para dedicarse al gran reportaje. Este gnero se est trasladando a los libros porque ya no cabe en los peridicos, tan interesados en las pequeas noticias sin contexto".

    "Cuando vemos imgenes de las pateras, con 20 o 40 personas en su interior, empezamos a hablar de inmigracin, y los polticos proponen medidas para combatirla o regularla. Un da leemos una noticia sobre la llegada a Italia de un barco con kurdos; otro, el hallazgo de asiticos encerrados en un camin en Inglaterra; otro, de africanos saltando la valla de Melilla... Pero se trata de pequeas noticias separadas que no explican nada. Se nos presentan fuera de contexto porque el verdadero contexto es la miseria".

    "Cuando exista el teln de acero estbamos aislados. Apenas conocamos algo del otro lado. Todo nos llegaba distorsionado. No sabamos siquiera si vivamos bien o mal porque no haba nada distinto con lo que nos pudiramos comparar. La diferencia hoy es que la televisin por satlite ha llevado las imgenes de nuestra vida a los rincones de frica, y esas imgenes son las que han permitido a los africanos tomar conciencia de su verdadera situacin, de su pobreza extrema. Cuando se declararon las independencias de India y Pakistn -y despus las de la mayora de los pases africanos-, se produjo una gran euforia, una esperanza de que la misma independencia era la solucin a los problemas. Se cre el Movimiento de los No Alineados para confrontar a Occidente, pero 20 aos despus, en 1972, tuvieron que admitir su fracaso, que el mundo desarrollado no estaba dispuesto a atender sus aspiraciones. Ahora, la tctica es otra. Ya no se trata de buscar la confrontacin, esta vez el objetivo es intentar la penetracin. No es una accin organizada, slo el dbil que busca la igualdad cruzando el mar y los desiertos, jugndose la existencia, para saltar la nueva frontera que separa la muerte segura de la posibilidad de vida. Y los periodistas no estamos informando del contexto, de que los ricos son cada vez ms ricos y los pobres cada vez ms pobres. Occidente ha creado unas condiciones de desigualdad tales que la nica salida de los pobres es jugarse todo para alcanzar ese mundo donde estn acumulados los bienes y el bienestar, y es muy hipcrita decirles que ahora ya no pueden cruzar. Es un problema que tiene una solucin muy difcil".

    En Viajes con Herdoto, Kapuscinski describe cmo hace 2.500 aos ya exista una lucha entre Occidente y Oriente, los dos grandes modelos de la poca, la democrtica Grecia frente a la dictadura persa, y que la primaca de la primera, de Europa, durante los siglos siguientes se libr en las Termpilas y en las aguas de Salamina, con la derrota de Jerjes, el rey de reyes persa. El reportero polaco, el maestro para Garca Mrquez, se niega a aceptar que exista hoy una reedicin de esa vieja confrontacin con la guerra contra el terrorismo internacional que libra el presidente de EE UU, Bush. "Oriente no es slo el mundo islmico. Oriente es, sobre todo, China y es India tambin.

    Oriente es el confucionismo, el budismo, el taosmo... El islam sera el tercer elemento. Centrar toda la atencin en ese mundo islmico, intentar crear un problema con l, es un grave error y una manipulacin". En el libro, Kapuscinski cuenta que cuando estuvo en Argelia, en la poca del golpe de Estado contra Ahmed Ben Bella, le explicaron que haba dos islam, el del ro, como denominaban al costero -ms permeable a las influencias como toda frontera y, por lo tanto, moderado y afable con el Otro-, y el del desierto: severo e impenetrable. "No se puede hablar de una religin monoltica, de un todo homogneo, pues nada tienen que ver, por ejemplo, el islam bant africano, en el que no existe el concepto del terrorismo, con el que se profesa en Oriente Prximo. El islam se ha ido enriqueciendo, y de alguna manera modificando, durante su expansin al entrar en contacto con una gran variedad de culturas autctonas". A mano y a mquina

    Kapuscinski se incorpora lentamente de la silla, estira las piernas, cierra la ventana y busca el ejemplar de Historia que le acompa en sus viajes durante ms de 50 aos ("Tengo ms de otras ediciones", confiesa). Tras mostrarlo a su interlocutor se sienta detrs de la gran mesa de su despacho. All, en el lugar donde escribe sus historias, siempre a mano aunque despus las pasa a mquina (nunca al ordenador), vuelve a hablar del trabajo de toda su vida y asegura que el gran periodismo es capaz de salvar vidas y de modificar el curso de los acontecimientos, y recuerda para ello lo ocurrido en Somalia antes de la retirada estadounidense. Unas imgenes de televisin de varios soldados norteamericanos muertos y arrastrados por las calles de Mogadiscio crearon en EE UU una opinin pblica instantnea en favor de la salida. Kapuscinski juguetea con varios de sus bolgrafos. "Los colecciono. Tengo de la mayora de los lugares en los que he estado. Son ms de 700", asegura desde una sonrisa, "pero muchos no funcionan". Preguntado sobre si conoca algn periodista a quien su primer jefe le hubiera regalado un libro como Historia, responde que la cuestin nos obligara a sostener otra entrevista de dos horas, a la que parece muy dispuesto.

    Recomendara que se estudie a Herdoto, el primer reportero, el primer gran buscador de contextos, en las facultades de periodismo?, pregunta el visitante. Kapuscinski vuelve sonrer: "Para qu? Si nadie me va a hacer caso".

    EL LIBRO que ahora publica Ryszard Kapuscinski en Espaa es un juego con la historia de la mano de su fundador, Herdoto de Halicarnaso. Se mueve con l por el mundo antiguo y por el moderno. Por India y China, sus primeros viajes como reportero en los aos cincuenta. Y por frica. En ellos, el joven periodista polaco que era entonces Kapuscinski descubre las limitaciones del idioma hablado y las extraordinarias posibilidades del corporal, de ese conjunto de signos, gestos y olores que los britnicos llaman qumica. En Etiopa recorri miles de kilmetros junto a su chfer, un hombre prudente que slo conoca dos palabras en ingls, problem y no problem, sin que esa limitacin generara incomunicacin alguna entre ellos.

    El hallazgo de este vocabulario paralelo y mudo, a menudo invisible para el que no sabe mirar o carece de tiempo para ver, es uno de los elementos fundamentales que determinan su estilo como reportero.

    Fue en la agencia de noticias polaca, gracias a la estrechez de sus presupuestos, donde Kapuscinski se top con el segundo pilar de su forma especialsima de trabajar y de contar historias. Explica en Viajes con Herdoto que sus colegas de las agencias occidentales disponan de dinero abundante para contratar intrpretes y adquirir las potentes radios Zenith Trans-Oceanic, con las que sintonizaban cualquier emisora del mundo. Al no disponer de tales herramientas, Kapuscinski tuvo que pisar las calles y mancharse los zapatos del polvo. "No queda ms remedio que andar, preguntar, escuchar, acopiar, atesorar y enhebrar las informaciones, las opiniones y las historias", escribe en Viajes. "No me quejo, porque gracias a esto conozco a muchas personas y me entero de cosas que no aparecen en la prensa y en la radio".

    La curiosidad periodstica, la necesidad de interrogar al Otro, de interesarse por l, se ha convertido en una parte inseparable de su carcter. De su forma de ser. Terminada la entrevista, sentados en un taxi en direccin al restaurante Quianti, uno de sus favoritos en Varsovia, Kapuscinski se acomoda en el asiento delantero y desde l pregunta al conductor, provocndole una conversacin. Agnieszka Flisek, una de sus ayudantes que lleva cuatro aos con l, asegura que siempre es as: "Cuando me conoci se interes por mi vida. Pens que era slo un gesto de educacin del gran hombre, pero despus comprend que no era una excepcin. Es su forma de estar en la vida".

    El certero y hoy ya casi olvidado hallazgo de Mac Luhan de que "El mensaje es el medio" se ha venido cumpliendo en un grado y hasta en unas formas que nadie, tal vez ni el propio autor, se habra atrevido en su tiempo a imaginar. La generalidad y la extensin mundial del uso, sin comparacin posible con las de otro medio alguno, han hecho de la televisin el lugar mximo del experimento y de las transformaciones. Parto, pues, de este medio, al que hemos visto en plena actividad y hemos podido observar cmo ha venido -y casi no es hiprbole- "comindose el mundo"; el mundo, con su papa.

    La transformacin principal del medio televisivo ha sido, por as decirlo, apropiarse de s mismo, ensimismarse, aunque parezca paradjico, frente a toda exterioridad hacia la que pudiese estar abierto y orientado, porque por muchas y diversas cosas que se le confen, o ms bien se le echen, su boca viene a ser como la tolva de una hormigonera, que ya est girando an en vaco, y engulle sin dar muestra, sin detenerse un instante a diversificar los alimentos, pasando directamente a digerirlos y metabolizarlos. Como una ameba, el medio tiene ya fagocitado anticipadamente todo contenido, para encarnar l mismo su propio mensaje.

    Josep Mara Terricabras, en El Peridico (de Catalunya) del 4-IV-05, deca lo siguiente: "En estos das, los medios de comunicacin de todo el mundo no se cansan de decir y repetir que nunca un Papa haba tenido tanto eco meditico. En realidad, son ellos los que se lo dan Al fin y al cabo, son los medios de comunicacin los que han experimentado una expansin enorme, tanto tecnolgica como econmica, desde 1978 hasta hoy". Los viajes, en tanto que "argumentos especiales", reclamaban un "seguimiento" ms continuo y aumentaban enormemente la "cobertura" de los medios, sobre todo de la televisin. Se emprendan y organizaban como campaas de lanzamiento multitudinario de lo que hoy suele designarse como "mensaje de la Fe"; visitaba cada vez una nacin, pero, con el inmenso poder amplificador y difusor del medio, el efecto no poda ser sino el de que en cada pas que visitaba estaba virtualmente visitando el mundo (mejor dicho: si "virtualmente" o "realmente" lo dejo a los sentimientos del lector). Sin el medio televisivo habran podido ser 1.000, 5.000, 10.000 las personas que le hubiesen visto besar la tierra, no decenas o cientos de millones. Jams ha habido, ciertamente, hombre pblico en el mundo tan mostrado, tan multiplicado, tan publicitado, pero con una diferencia que importa mucho subrayar: la de que ello haya sido, de una manera totalmente predominante, en su aspecto de mera presencia visual.

    Pero la cualidad y el poder de lo que hoy llamamos "medios" (cualidad de "mensaje" y poder sobre el "mensaje", por supuesto) estaban ya prefigurados, aunque no fuese ms que a escala urbana, en las grandes invenciones edilicias. No creo que haya ninguna comparable, a los efectos que aqu nos interesan, como la que, en el primer siglo de la Edad Moderna, a partir de los primeros sillares de Bramante hasta la elipse porticada de Bernini, se levant en San Pedro Vaticano, aunque fue Miguelngel el que con ms consciente deliberacin le carg el ademn autoritario. Ningn papa, ningn santo, ha hecho tanto por mantener a flote la nave de la Iglesia -y a travs de aquellos trances procelosos de la Reforma y la Contrarreforma- como aquella aplastante montaa autoritaria, autntica "mole meditica", en la medida en que la autoridad del "mensaje" la aportaba el "medio". Luego vendran los estadios y las megafonas.

    Pero an antes de San Pedro, ya en el siglo XIV -en el que no imaginamos grandes aglomeraciones como las de hoy en da-, se reconoca cmo el efecto de contagio y de sinergia de las muchedumbres propiciaba la unanimidad y la sumisin ante el sonido de una nica voz: "Cuando los hombres son muchos ayuntados, ligeramente son de engaar". No trato aqu de insinuar, con respecto a Juan Pablo II, ninguna clase de "engao" en un sentido lgico, ni cosa intencionada por su parte -aunque el abuso del medio acabase por infiltrar en sus decires algn sesgo torticero-; el fraude se perpetraba en el orden afectivo: sus apariciones, ms que sus palabras, fueron incoando y aceptando cada vez ms poder sugestivo para despertar en las masas, en la comunidad cristiana, un sentimiento de proteccin que no era ms que un placebo, una nana, una cancin de cuna. Afuera, mientras tanto,la tempestad no iba a amainar un punto; ni un rbol, ni una rama, ni una hoja, dejara de azotar el horizonte como un ltigo del viento.

    Ejerci un protagonismo exclusivo y omnmodo, concentrando sobre su figura -ms que sobre su persona- toda la participacin empattica de los creyentes. Por eso fueron especialmente los viajes, en los que se le abran de par en par las grandes explanadas, los estadios, las megafonas, lo que pareca preferir. De su corte, los fue apartando a todos con los brazos, a una y otra parte, como quien se abre sitio, hasta quedarse l solo con la escena, con el espacio todo para s, al igual que un novillero enrabietado, que manda a toda la cuadrilla al callejn (una cuadrilla que por cierto, en este caso, se compona de cardenales y arzobispos). Traa ya dotes de vanidad y de histrionismo, para dejarse arrebatar por la espectacularidad y la megafona. De ah tal vez que a despecho de la incuestionable sinceridad de su afn por dinfundir la Fe, no quiso detenerse a ponderar la confianza que pudiera merecerle la desmesurada potencia de los "medios", y no se resisti a la tentacin de reencarnarse en su representacin meditica, para acabar transfigurndose en su propia alegora publicitaria.

    Pero no todo fue deformacin funcional debida al medio; alguna vez tambin reacomod los contenidos segn la condicin del auditorio. As fue en el estadio deportivo de la ciudad de Puebla -que pude ver por la pantalla "en vivo y en directo" y coment en su da-, ante un pblico de obreros expresamente convocado por l mismo. All levant de pronto una gran voz y dijo: "El trabajo no es una maldisioon!", y aqu tras una breve pausa enfticamente suspensiva, elev todava una octava ms el diapasn: "Es una beendisioon!". Huelga decir que el clamor del auditorio, dada la predisposicin incondicional de un pueblo tan catlico como el mejicano, fue atronador. Y, sin embargo, Juan Pablo II, pensando solamente en el halago -un paradjico y aun fraudulento halago, tal como se ver-, haba arrojado su renovacin de la maldicin genesaca sin consideracin alguna hacia la condicin del auditorio al que se diriga: un auditorio para el que la idea de "trabajo" no se opone al "ocio", sino al "paro". Dejando aparte la tradicin de los Estados cristianos por reprimir "la ociosidad" -con leyes nunca severas y slo raras veces efmeramente eficaces-, la apologa positiva del "tabajo" en s mismo y por s mismo surgi con el capitalismo y su necesidad de mano de obra, y fue enseguida recogida sin rechistar por el marxismo; la exaltacin del trabajo -sin determinacin de contenido- como virtud moral se desarroll como la ms perversa pedagoga para obreros. Y as Juan Pablo II se sumaba a la indecente ideologa laboralista -y al fin productivista- del capitalismo y el marxismo, de tal suerte que mientras los obreros de Puebla lo aclamaban estruendosamente con su inocente gratitud hacia un papa que les haba hecho el honor de recibirlos, los que con ms conocimiento y ms de corazn se lo deban de estar agradeciendo, desde el silencio de sus grandes despachos, eran los empresarios mejicanos, que vean cmo el papa se tomaba el cuidado de mantenerles bien domesticado el ejrcito de reserva, ya fuese en situacin de empleo, ya fuese en la de paro.

    En su visita a Santiago de Chile, en tiempos, tadava, de Pinochet -segn cuenta Ariel Dorfman-, tambin hizo una gran convocatoria para un auditorio especfico; esta vez fueron los jvenes y adolescentes. En un momento de la alocucin, el papa, elevando el nivel de decibelios, les hizo tres preguntas. La primera: "Renunciais a los demonios de la avaricia?", era perfectamente vana, porque l tena que saber sobradamente que aquellos jvenes y adolescentes estaban todava tan alejados, por la edad, de la tentacin y aun de la mera posibilidad de enriquecerse, que la avaricia les era cosa totalmente ajena e indiferente. Algo ms clamoroso fue el s a la segunda pregunta: "Renunciais a los demonios de la violencia?", porque con ser, respecto de ellos, casi igualmente ociosa y prescindible, tena un sentido ms cercano y ms pregnante. Pero Juan Pablo II, anticipando esas dos preguntas tan gratuitas, sin inters para l ni para el auditorio, por la obligada y previsible obviedad de la respuesta, se haba estado preparando mediante la secuencia de dos ses garantizados, una especie de pendiente o tobogn que hiciese precipitar, como un automatismo, el que realmente le importaba: "Renunciais a los demonios del sexo?", pregunt, pero he aqu que de pronto la escopeta le hizo chapi; sorprendentemente, los muchachos tuvieron la rapidez de reflejos suficiente para no dejarse coger desprevenidos por la innoble trampa que les haba tendido el papa, y en lugar del tercer s, que vena ya rondando cuesta abajo acelerado por la inercia de los dos primeros, contestaron, "sin la menor vacilacin" -dice Ariel Dorfman-, "Nooo!". Esto fue en abril de 1987, en el Estadio Nacional de Santiago, donde haba juntado un auditorio de cien mil muchachos.

    En los ultimos aos de su vida, las apariciones pblicas de Juan Pablo II se fueron pareciendo cada vez a la prctica litrgica que conocemos como "exposicin del Santsimo": una forma consagrada se meta en un expositor, detrs de un cristalito, para que quedase a la vista de los fieles, en el altar mayor, en donde reciba su adoracin. El expositor, o sea "la custodia", era una mayor o menor aureola circular, elaborada con labores de fina orfebrera y ms o menos valiosas gemas engastadas, que remataba en rayos de oro como imitando el sol, de tal modo que un ignorante del asunto no habra sabido decir si lo que hacan los fieles que all permaneca arrobados, de rodillas, mereca llamarse "adoracin del Santsimo" o contemplacin de la custodia. Las custodias, que son seguramente las piezas ms valisosas de la joyera litrgica -algunas especialmente famosas por su lujo, su arte y su tamao, como la de Toledo-, podran tambin incluirse entre los "medios", por su capacidad de subsumir el "mensaje" -en este caso, la hostia consagrada- y erigirse ellas mismas en el mensaje principal. Las apariciones de Juan Pablo II, tanto por su actitud como por la de los fieles, se fueron concentrando en el carcter de pura "exposicin" (en el sentido especial arriba dicho); la presencia del emisor prevaleca sobre lo emitido, lo anulaba, lo haca indiferente. La emisin consista ya toda ella en la sola aparicin del emisor: l, su presencia visible -en la que era esencial su incofundible y excluyente vestidura blanca- se hizo objeto de culto.

    Las muchedumbres cristianas -y algunas no cristianas- que acudan a Roma no iban ya en busca de Dios, de Jesucristo o de la Fe; iban tan slo a rendir culto a Juan Pablo II. Sin conexin alguna, por puro azar, su pontificado ha venido a coincidir con la importacin y mercantilizacin en Europa del ltimo subproducto del anti-intelectualismo populista norteamericano: esa especie de canon para la licuefaccin cerebral metdica llamado "inteligencia emocional". Ya digo que la coincidencia con el pontificado es sin duda totalmente fortuita, pero, aun as, podra haber coadyuvado a la creciente labilidad y ductilidad emocional de las masas que se dejaban seducir y conmover, sin prevencin ni resistencia alguna, ante el obscenso exhibicionismo del pontfice, que, cayndose a pedazos, segua paseando coram populo, hasta los ltimos das, su sufrimiento.

    Acaso lo ms srdido y ms inmoral del cristianismo sea el culto y el cultivo del dolor por el dolor como valioso en s mismo y por s mismo, tan vinculado a la impura nocin de "capital moral". El 2 de marzo de este ao, en este mismo diario, apareci el que hasta hoy ha sido tal vez el mejor chiste de El Roto (y pido excusas por la ausencia del dibujo, que tambin importaba): Haba uno que deca: "Entonces, el sufrimiento tambin es una inversin?"; y el otro contestaba: "Pues claro!".

    Primero llega el placer y despus la oscura penitencia. En esta ecuacin se sintetiza el nuevo sentido de la cultura contempornea. Obrar apropiadamente, actuar con eficacia y moralidad durante la fase del capitalismo burgus implicaba sacrificarse primero y disfrutar ms tarde, ahorrar ahora y acceder a la propiedad ulteriormente, reprimirse en el presente para complacerse en el porvenir. La victoria de la cultura de consumo sobre la cultura del ahorro ha colocado, sin embargo, cabeza abajo esta regla del esfuerzo y la espera.

    Que la droga haya pasado en medio siglo de ser un fenmeno marginal a un consumo popularizado -adulto o juvenil, interclasista, internacional, mltiple, global- prueba hasta qu punto se concentra en ella el significado de la poca. La droga proporciona satisfaccin al instante, y el sacrificio, en forma de efectos secundarios, llegar acaso e indefinidamente despus. Incluso la LOE, como no poda ser de otro modo, sigue esta pauta del psictropo. Con la LOE puede disfrutarse el beneficio de pasar el curso sin haber invertido el tiempo y el trabajo necesarios para aprobarlo en su integridad. El nivel superior llega como un premio sin necesidad de haber entregado el rendimiento completo.

    Los sacrificios, los dolores en general, cuentan ahora menos socialmente y, cuando aparecen, se toman a menudo como efectos secundarios, ya sean figuradamente en la incompetencia profesional o en cualquiera de las deficiencias sin fecha. Lo importante es el nuevo orden que sita al placer en primer lugar y el quehacer despus: primero el deleite, despus el pago.

    Lo decisivo no es tanto el sudor previo con vistas a una anhelada redencin como la capacidad de resistencia posterior. Los pisos, los electrodomsticos, los automviles se poseen de inmediato. El precio se entregar despus. La cultura del consumo ha introducido as en cincuenta aos el absoluto reverso de la figura tradicional del intercambio y hasta la guerra preventiva o la medicina preventiva se contagian de su inspiracin. La guerra de Irak realiz anticipadamente la guerra y las causas se retuercen a continuacin. La medicina preventiva trata de sanar antes de que la enfermedad nos invada y la enfermedad llega despus mediante sutiles efectos de iatrogenia, efectos secundarios, efectos especiales. El deseo de hoy no acepta, de hecho, ninguna etapa anterior indeseable, por instrumental que fuera.

    Todo gran medicamento proporciona la curacin incondicional para generar despus, como las hipotecas, un secreto e indefinido periodo de extraos efectos secundarios. El bien se confunde con el bien neto y patente, mientras que el incmodo se toma acaso por un residuo. El valor no hunde sus races en el mrito del escrpulo laboral, en la acumulacin de la espera y de las renuncias. El consumo ha puesto delante el placer del gasto y el gusto del gasto mientras ha empujado el sacrificio hacia atrs, como una escoria, efecto de segunda fila y efecto secundario.

    El denuedo que antes brillaba como patrimonio cierto para ganar el cielo, el silencioso fulgor que desprendan los sangrantes padecimientos de los mrtires, el tesoro sexual reunido gracias a la hermtica represin de las vrgenes han dejado de imperar con su indiscutible rango.

    El dolor ha perdido su potencia en cuanto valor de cambio y ahora se resiente de su baja categora moral. Valen los resultados absolutos, la ganancia en s, el logro sin la ponderacin de su historia penosa. Cuenta, en suma, el xito exento y sin la detenida enumeracin del coste.

    La cultura de consumo se distingue por su carcter desnudo y veloz, incompatible con la morosidad del ahorro y las vestiduras de cualquier elaboracin espesa. La cultura de consumo aplicada a la educacin, a la poltica, a la sexualidad, al amor, se manifiesta afn a la compulsin y al universo de la orga. Orga perpetua? Claro que no, pero todo cuanto sobrevenga despus en el inevitable desarrollo de los das se vivir como consecuencias oscuras, impertinentes efectos secundarios.

    El crecimiento se apoya actualmente en tres pilares: Tecnologa, Talento y Tolerancia. Estas tres Tes que enunci Richard Florida en The Flight of the Creative Class (HarperCollins, 2005) han cuajado, aqu y all, como frmula contempornea para el progreso. Ni la amenaza de la deslocalizacin industrial, ni el outsourcing de numerosos servicios son comparables al pavor que est sembrando en Estados Unidos la emergencia de nuevos centros creativos ms all de sus lindes.

    Efectivamente, Estados Unidos lleg al primer puesto mundial por la reunin de factores geopolticos y religiosos, ideolgicos y materiales pero un motor central de su desarrollo y de su influencia cultural procede del apretado grupo de creadores e innovadores, tanto autctonos como de importacin europea.

    La alarma pues ms viva en el universo productivo norteamericano radica hoy en la emergencia de "ciudades inteligentes" o "comunidades creativas" desde Noruega a Singapur, desde Bombay a Dubai, que atraen la potencia de profesionales-artistas antes casi exclusivamente orientados hacia su territorio. Son stas gentes relacionadas con la tecnologa y las comunicaciones, con las estrategias de marketing y el mundo del espectculo pero todos imbuidos de una capacidad creadora.

    Adems de los varios millones de puestos de trabajo industrial que han emigrado desde Occidente a zonas de Asia o Latinoamrica en estos aos, hasta veinte millones de empleos ms pueden desaparecer en una dcada, segn las previsiones realizadas en Estados Unidos. Cierre a la produccin exterior? Proteccionismo ante las mercancas y los servicios provenientes de Brasil, China o India? La nica forma de contrarrestar este movimiento consistira en favorecer tanto el talante creador como la cohesin y conectividad social a travs de las prestaciones que brindan las nuevas tecnologas.

    Espaa acaba de descender dos puestos en el ranking tecnolgico internacional y no se trata tan slo de un descenso en medios tcnicos. Tambin significa un grado de ignorancia ms sobre el futuro social y poltico del mundo. Singapur desarrolla desde hace aos su Intelligent Island Plan, Japn invierte sin cesar en su programa interurbano llamado Teletopa. California extiende, desde 1996, su proyecto de Comunidades Inteligentes (Smart Communities). En Espaa -como en Francia o Italia- se han ensayado con timidez procesos que todava son rarezas. El Talento es un factor de primera necesidad pero se malbarata sin la Tecnologa apropiada.

    Es necesario, adems, el concurso de la tercera T, la Tolerancia, que viene a ser lo ms sugestivo del tringulo. Gracias a la tolerancia, sobre usos, credos o fantasas divergentes, se favorecen sntesis inslitas, conocimientos que florecen sobre el contraste puesto que la diferencia es el filn de la informacin y la materia prima del conocimiento. Ms all de una categora moral, la Tolerancia es un factor productivo y reproductivo, de modo que si el cruce de saberes cre el salto renacentista, esta poca de mestizaje podra recobrar los provechos artsticos de las mixturas.

    Significativamente, entre los pases que han prosperado mejor en los ltimos 15 aos destacan aquellos que mantuvieron o introdujeron programas educativos con contenidos artsticos. El nfasis en las enseanzas tcnicas sin el acompaamiento de una formacin en humanidades se ha revelado un malsimo negocio para todos. Aprendida esta leccin, el Sithx College de la Universidad de California en San Diego, referencia en la formacin vanguardista para el siglo XXI, ha apuntalado las horas destinadas a asignaturas de cultura universal tanto como las dedicadas a las nuevas tecnologas. La tozuda idea de que la economa y las humanidades, el arte y la tcnica, son antagonistas se colapsa en la actual sociedad del conocimiento y de la innovacin sin fin. Artistas todos? Cualquiera puede aspirar a ser ciudadano-artista. Slo los artistas -y no los funcionarios, no los fanticos- encontrarn garantizado el porvenir.

    Plinio el joven atribuye a los fenicios la invencin fortuita del vidrio. Los romanos fueron los primeros que se sirvieron de l para cerrar edificios pblicos al tiempo que dejaba entrar la luz, tal y como ocurra con las termas, en las que era importante poder mantener una temperatura elevada en ciertas salas. Los cristales eran pequeos y frgiles.

    Durante siglos, la fabricacin de cristal dependi de los pulmones de los artesanos y de la composicin de la pasta, un secreto al que no era fcil acceder. En 1663, Colbert, ministro de Louis XIV, se inquieta ante el coste que representa la importacin de espejos de Venecia. La Serensima, en sus talleres de Murano, fabrica todos los espejos de gran tamao que entonces pueden comprarse en Europa. En 1665, Colbert funda la Manufacture des Glaces de Miroirs y hace venir a Pars, en secreto y a cambio de una remuneracin extravagante, a un grupo de artesanos venecianos: ellos han de llenar de espejos los salones de la aristocracia francesa, satisfacer al fin la vanidad de quienes dominan el mundo y quieren verse como reyes de sus casas.

    Tras un episodio rocambolesco -la Repblica de Venecia logra envenenar a dos de los operarios trnsfugas, los supervivientes se niegan a confiar su secreto industrial a los socios franceses y piden ms y ms dinero-, Colbert descubre que en Lorena y en Normanda haba artesanos capaces de hacer lo mismo que los venecianos. Pero el recurso al Estado, al privilegio y la falta de capital impide que, hasta 1720, aquello se convierta en un negocio slido, en manos de banqueros ginebrinos y de familias como los Geoffrin.

    Es en el bosque de Saint-Gobain donde se fabrican los mejores espejos del mundo gracias a una innovacin tcnica que se pone a punto entre 1688 y 1700 y que permite pasar de la fase llamada "soplar el vidrio" pues ste, cuando an es una pasta lquida, es vertido sobre una mesa metlica, una superficie lisa y sin poros, para convertirse, una vez enfriado, en un cristal de grandes dimensiones. En 1711 casi todos los fabricantes de espejos de Venecia han cesado sus actividades, incapaces de competir con los franceses. En Espaa, en San Ildefonso de la Granja, Felipe V tambin pone en marcha una manufactura de espejos, pero slo el Estado le pasa encargos.

    Saint-Gobain conoce una gran expansin a partir de 1752, bajo la direccin de Pierre Delaunay-Deslandes, que adapta las instalaciones para satisfacer una demanda que explota. La Revolucin, en 1789, supone un parn, pero la empresa se adapta a los nuevos tiempos. A lo largo del XIX se lanza a una agresiva poltica de fusiones con otras empresas o de inversiones en Alemania, Italia, Blgica, Holanda o Espaa. El auge de las ciudades lleva a crear grandes cristaleras para satisfacer la necesidad que tienen los comercios de exponer su mercanca a los paseantes. Los grandes almacenes y los bancos, la arquitectura metlica, reclaman la invencin del ladrillo de cristal, resistente pero traslcido, que permite idear stanos luminosos.

    Desde la segunda mitad del XIX y hasta ahora los espejos proliferan ms y ms al tiempo que se reduce su coste. La industria del vidrio diversifica sus productos y aplicaciones: como aislante elctrico, como cristal de coches y aviones, como elemento de mobiliario, pieza de arquitectura, etctera. Es la poca de las grandes exposiciones, de los "palacios de cristal", de cristales irrompibles como los que, en 1919, protegen al primer ministro Clemanceau de los disparos de quien quera asesinarle. Entre 1927 y 1932, el arquitecto Pierre Chreau levanta la primera "casa de cristal", toda ella en ladrillo de vidrio Nevada y an hoy ejemplo de racionalidad. En 1937, la marca Saint-Gobain tiene un pabelln propio en la Exposicin Internacional de Pars ntegramente realizado con distintos productos de la industria del vidrio.

    La exposicin Saint-Gobain: une enterprise devant lHistoire puede verse en el parisiense Museo dOrsay hasta el prximo 4 de junio. En total rene 251 objetos -pinturas, grabados, dibujos, maquetas, documentos, espejos, tiles de trabajo, etctera- que relacionan una historia industrial y la historia del arte. El progreso tecnolgico y la reduccin de costes acaba desembocando en la arquitectura de acero y cristal, pero antes haba llenado de espejos casas y palacios, ideado aislamientos trmicos y sonoros, y favorecido la construccin de grandes bvedas industriales. Toda una esttica nace al socaire de una marca. No es pues extrao que an hoy algunos de los sectores ms competitivos de la industria francesa vayan asociados a la nocin de "lujo" como Saint-Gobain lo estuvo durante todo el siglo XVIII.

    La mayora de ustedes conocern la historia de nuestro proyecto y habrn participado en l. As sabrn perfectamente con qu alegra general, mayscula yo dira, fuimos recibidos por el establishment poltico y meditico, hace ahora unos nueve meses. Y sabrn, perfectamente, qu suerte de embarazo nos desearon y qu suerte de pronsticos se cernieron sobre la criatura que bamos a alumbrar. Pues aqu est la criatura. Parece matinal, alegre. Ya slo por eso se distingue a la perfeccin del aire mortecino y cabizbajo que tiene todo lo que ellos, tristes vctimas de s mismos, han sido capaces de alumbrar en veinticinco aos.

    Recordarn que entre los insultos preferentes que se nos dirigieron figuraba el de intelectual. Catalua debe de ser el nico lugar del mundo donde se intenta descalificar a alguien llamndole intelectual. Porque sin duda, en boca de nuestros crticos, se trataba de un insulto, y no de la descripcin objetiva del trabajo de algunos de los integrantes de Ciutadans de Catalunya. Un insulto por un doble motivo.

    En primer lugar porque no poda caberles en la cabeza que un intelectual, uno solo, una cabeza de alfiler de intelectual, pudiera declararse, y orgullosamente, antinacionalista. Tenan sus motivos empricos, naturalmente; porque en veinticinco aos la abrumadora mayora de los intelectuales catalanes (a diferencia del ejemplo vasco, representado hoy aqu por el querido Fernando Savater) han imaginado, suscrito y defendido las mentiras nacionalistas.

    De ah el vigor tan distinto que a da de hoy presentan en Catalua el intelecto y las mentiras. Las mentiras son chuponas, como ese tipo de vegetales estriles que crecen en los parterres. As pues nos llamaban intelectuales en un tono irnico muy vulgar. Llamarnos intelectuales era decirnos: Intelectuales?... Ji, Ji, saltironejaven.

    Quienes ms destacaron en el uso y abuso del trmino fueron los polticos. A la irona, al intento de irona, aadieron la imposibilidad, por razones de naturaleza, de que los intelectuales pudieran dedicarse a la poltica. Venan a decirnos, citando al pensador Francisco Franco: Haga como yo, no se meta en poltica. Las advertencias menudeaban. De todo orden: econmicas, morales Algn poltico se mostraba particularmente ofensivo en su concepcin de la tarea intelectual: Uf, no es para vosotros, la poltica da mucho trabajo. Y algn otro mostraba un realismo canbal: La poltica es sucia. La coincidencia era general: la poltica es un trabajo innoble, que hay que dejar en manos de profesionales. Decan profesionales pero queran decir tahres.

    Pues bien: entre las tareas principales de este retoo que despunta va a tener que estar, forzosamente, el ennoblecimiento de la poltica. Y para eso es necesario que la sociedad vuelva a tener la poltica como una de sus tareas. La experiencia de Ciutadans prueba que esto es posible.

    Tenemos otra tarea. La sutura. Creo, gravemente, que los dos ltimos aos marcan el perodo ms irritado de las relaciones entre espaoles (quiero decir entre catalanes, vascos, gallegos, extremeos, andaluces) que hayamos visto. Que hayamos visto en lo que nuestra vista alcanza. Pienso, en este sentido, que hay que hacer una distincin importante decisiva, no totalmente retrica. Est basada en la necesidad de asumir el conflicto, e incluso un cierto grado de desencuentro entre Catalua y Espaa, o entre otras regiones espaolas. La rivalidad entre las regiones espaolas es un dato de la realidad, como los 15 grados bajo cero en que suelen desarrollar su vida los finlandeses. La famosa y resignada conllevancia orteguiana siempre me ha parecido un agudo y lcido ejercicio antirromntico, una deseable aplicacin del principio de la realidad, equivalente a la de aquellos que han renunciado a la utopa en la tierra.

    Pretender que la descomunal accin combinada de la geografa y la historia pueda desaparecer como por ensalmo me parece una hermosa insensatez, especialmente cuando a esa accin se le aade la obra de Dios, que vigila y que, como se sabe, es nacionalista. Pero hay un lmite. Y podra decirse sin forzar demasiado la metfora, que el lmite se sobrepasa cuando en lugar de las entidades ms o menos mticas, o ms o menos burocrticas el sujeto de enfrentamiento son los ciudadanos. Es decir, no Catalua y Espaa, esos conceptos, incluso esas instituciones, sino los catalanes y los madrileos, o los murcianos, o los extremeos.

    Tengo la suerte de viajar bastante por Espaa. Permtanme la impresin subjetiva, de viajero. Nunca haba visto un rechazo semejante a lo cataln y a los catalanes. Yo haba sido ya testigo del paso de la admiracin a la indiferencia. Es decir del paso de las primeras horas de la transicin, cuando todo lo cataln pareca modlico, atractivo y seductor, a los plomizos aos pujolistas, cuando la mediocre cantinela catalana suma en el ms profundo sopor a las multitudes y a los individuos.

    Pero el rechazo es nuevo. Y han empezado ya a hacrnoslo saber. Bastara para cuantificarlo, ms all de lo subjetivo, con que la Caixa se aviniera a dar las cifras reales de la retirada de depsitos en Espaa, cifras mucho ms importantes y significativas que la bajada de ventas en el cava. Bastara con que la Cmara de Comercio emprendiera un estudio serio y desacomplejado sobre el impacto de la reciente poltica autonmica en el vaivn de los mercados.

    Los empresarios y algunos polticos catalanes parecen estar empezando a comprender, algo lentamente, que un mercado es una trama de afectos. Y que uno elige, desde luego, por la calidad, el precio, por la relacin entre ambos, pero tambin por las relaciones de cordialidad que compradores y vendedores son capaces de establecer. La trama de afectos vale igualmente para explicar otro singular olvido. Cuando desde Catalua se dice con esta delicadeza que nos ha hecho legendarios (y dicho, adems, por un poltico de izquierdas), que a la solidaridad se le ha de poner lmites; y cuando eso se traduce al lenguaje gangsteril y se vocifera que los extremeos comen de nuestra mano, no slo se est insultando a los extremeos.

    En relacin a lo que nos afecta se est insultando, sobre todo, a catalanes. Es decir a alguien que es hijo, nieto, hermano o sobrino de extremeos. Porque Espaa, y por lo tanto tambin Catalua, es una trama de afectos donde al igual que en esas abigarradas madejas de lana de mi niez, es muy complicado distinguir el color de los hilos, y an ms complicado separarlos. Es desde esta perspectiva que cabe enfocar asuntos como el de las balanzas fiscales, y su inutilidad tica y tcnica. tica y tcnica, no tnica. tnicamente, no cabe duda de que son muy tiles.

    La sutura, deca. A mi juicio, restablecer la confianza y la complicidad entre espaoles debera ser una tarea prioritaria en estos momentos para cualquier partido poltico. Tambin aqu Ciutadans tiene mucho que hacer. En primer lugar, por la extrema e irresponsable pasividad de los otros. Los dos partidos mayoritarios cifran precisamente toda su esperanza electoral en el arrinconamiento del otro, y en su humillacin. La alienacin de la clase poltica espaola es tan grande y grave que, sinceramente, yo creo que ha olvidado que detrs o debajo de unas siglas hay electores, que incluso pueden ser calificados, con buena voluntad, de personas. Personas a las que se ha renunciado a seducir o convencer y a las que slo se pretende destruir como si fueran, precisamente, siglas. En este campo Ciutadans tiene mucho que hacer, modesta pero firmemente. Nuestro proyecto ha sido recibido con gran cordialidad. Una cordialidad transversal. En Nou Barris y Girona, desde luego, pero tambin en Bilbao, Zaragoza, Sevilla o Valencia. Es decir en cualquier lugar de nuestra nacin de ciudadanos.

    Nacin de ciudadanos. Tomemos aire. Entre las muchas discusiones patticas del Estatuto ha sobresalido la discusin sobre la nacin. Debo decirles que, dado mi carcer, he participado activamente. Mi momento favorito sola producirse cuando les preguntaba a los nacionalistas: Bien, s, una nacin? Pero que queris decir exactamente? Un pequeo nmero de interrogados responda con coherencia: Pues un Estado. Libre e independiente como cualquier Estado. Les alababa el gusto, porque yo tambin adoro el Estado, y marchaba a mis quehaceres.

    Lamentablemente no era la respuesta mayoritaria. Era una respuesta insignificante, como insignificantes son en Catalua los que plantean una va radical y democrtica, ntida, a la independencia. Insignificantes, naturalmente, porque han hecho nmeros y saben que la poltica de la claridad, para decirlo en los trminos de Stphnae Dion, no les mover de la insignificancia. Un caso bien distinto es el del independentismo maula, dicho sea en castellano, en cataln y en porteo. En Catalua todo se juega entre maulas y maulets. El independentismo maula, practicante de la poltica del disimulo, que ya es la poltica oficial de la mayor parte de partidos catalanes. Los maulas respondan con cautela y hasta con dulzura: No, nosotros somos una nacin cultural cultural. Lo decan suavemente, fiados del cariz balsmico, vacuo y balsmico, que tiene la palabra cultura. Pero, qu es realmente una nacin cultural? Digmoslo pronto: nada que exista hoy en ningn lugar donde merezca la pena vivir. La nacin cultural, ptreo anacronismo del romanticismo alemn, supone una lengua, una cultura, unas tradiciones. Pues bien, si algo no es Catalua es una nacin cultural. De cada uno de esos animalitos (lengua, cultura, tradiciones) nosotros tenemos al menos dos. Muy al menos, digo, porque la nacin cultural extiende su ofensa segregacionista a todos aquellos magrebes, cubanos, ecuatorianos, colombianos, ingleses, rumanos, argelinos, blgaros, rusos, coreanos, chinos, japoneses, australianos, senegaleses, americanos, franceses, portugueses, valones y flamencos, bretones y bvaros, quebecoises y canadienses que viven entre nosotros y que, por cierto, y cuanto antes, y ya que pagan, y ya que pagan, han de votar entre nosotros.

    Desde hace ya algn tiempo, y para evitar las molestias e incomodidades de la nacin cultural, hemos inventado un artefacto. A veces catastrfico, desde luego. Pero que hoy, despus de mucha sangre y muchos azares, vive el perodo seguramente ms libre y justo de su historia. El artefacto es una nacin a la que llamamos Espaa. Desde luego, no una nacin cultural. Nunca lo ha sido. Slo, y nada menos, que una nacin de ciudadanos.

    Quiero plantearles, por ltimo, la que, a mi juicio, ha de ser, una actitud central de los ciudadanos que apoyen este proyecto que nosotros hemos llamado posnacionalista. Esta actitud es la desobediencia. Seguramente habrn reparado ustedes, ms de una vez en esa curiosa forma de denominar a algunos partidos, y muy particularmente a los partidos nacionalistas, que consiste en llamarles partidos de obediencia nacionalista. Es muy apropiado. Para estos ltimos es realmente apropiado. Porque el nacionalismo es, en efecto, y por encima de cualquier otra cosa, una obediencia. Una obediencia debida. Una obediencia debida a un ser superior.

    Dado que el nacionalismo es una obediencia ha sido posible que en el impresionante Estatuto cataln del 30 de septiembre, ya un autntico fsil de la nacin catalana, el Muidor, de hinojos, haya podido escribir: Catalunya ha modelado un paisaje. El nacionalismo exige obediencia a las ideas, exactamente igual que las exige la religin cuando ocupa el espacio pblico. A las ideas que encarnan, respectivamente, Dios y la Patria. Es fcil de entender: el nacionalismo es indiscutible. Sobre todo, porque no se puede discutir, tcnicamente. En cuanto se discute se deshace. As, por la fragilidad de su naturaleza, es por lo que se ha convertido en una idea que no se debe discutir, que slo puede obedecerse.

    De acuerdo, no la discutamos ms. Ya ha pasado demasiado tiempo. Si seguimos as corremos el puro riesgo de caer en la cretinez irrevocable, que no es somero riesgo. El nacionalismo slo puede obedecerse

    Yo les llamo a ello. De hecho ste debiera ser el principio fundador del posnacionalismo. La desobediencia. Por supuesto, esto nada tiene que ver con la ley. El nacionalismo se obedece (o no). La ley se cumple. De hecho lo que hace el nacionalismo (y disclpenme la paradoja) es incumplirla obedientemente. Les pondr un ejemplo que conocen muy bien. La ley establece que los nios sean escolarizados en la lengua que los padres quieran. A m eso me parece muy bien y slo lamento que las opciones disponibles en la enseanza pblica no me permitan escolarizar a mis pequeas gemelas en ingls. Al nacionalismo esta ley no le parece correcta, desde luego, pero transige. Por qu transige?

    Ah, bien: porque confa en la obediencia. En la intimidacin. Por la intimidacin sabe que muy pocos padres ejercern el derecho que prev la ley y reclamarn para sus hijos la enseanza en castellano. Por cierto: he de decir que en este caso obedecen por igual los poderosos y los humildes. Es decir, tanto los que aceptan contra sus intereses y sus legtimos caprichos de ciudadanos que su hijo se escolarice en cataln, como los que creen obviar la intimidacin llevando a sus hijos a un colegio privado y espaol. Que sepan, estos ltimos, que no la obvian, la intimidacin. Pagan, slo pagan. Y no es cierto que todo pueda comprarse con dinero.

    Otro caso flagrante de obediencia ha sido el de la redaccin del Estatuto. El nacionalismo saba que ni los intereses ciudadanos ni el inters del sentido comn justificaban esa lamentable operacin poltica. Por qu se ha arriesgado entonces? Porque confa en la obediencia. Porque confa que por ms que el proceso haya sido absolutamente irracional, y por ms que sus resultados sean, en el mejor de los casos, intrascendentes, y no justifiquen en modo alguno este desgarrador proceso de desencuentros, confan digo, que los ciudadanos acabarn obedeciendo y refrendarn este absurdo despropsito.

    Pues bien, amigos, tendremos prximamente una oportunidad nica: sea cual sea la forma que acabe adoptando nuestro rechazo hemos de conseguir que el Estatuto salga absoluta y completamente deslegitimado de las urnas. Inservible. Hemos de alzar un muro de indiferencia y de rechazo ante los planes grotescos de esta lamentable generacin de polticos catalanes. Y la campaa del referndum, que Pasqual Maragall tiene una prisa muy comprensible en poner en marcha, dado lo rpido que nosotros vamos, es el primer reto que tiene planteado nuestro movimiento por la desobediencia.

    El primer reto de un objetivo mucho ms ambicioso. El objetivo es la reconquista del espacio pblico y la expulsin del nacionalismo del espacio pblico. El nacionalismo debe retornar a la alcoba, junto al crucifijo, all de donde no debi salir, sopena de incurrir en lo que ha acabado incurriendo. Es decir en esta singular Teocracia cuyo muecn asardanado no ha dejado de sonar en estos veinte aos.

    Acabo de verdad. Entre las principales clusulas de la obediencia nacionalista estaba la imposibilidad de Ciutadans. Estbamos nosotros, todos nosotros, y esta alegre maana que nos rene. No, un nuevo partido poltico no es posible, haban dictaminado. Lerr, lerr, lerr, iban diciendo en perfecto lemosn. Lerr: hoy envan a los chicos a las ruedas de prensa a que nos pregunten por el lerrouxismo. Y cuando les devuelves la pregunta, y eso qu quiere decir, noi?, se quedan traspuestos, porque en el cole, a Leerroux, lo estudiaron slo como un adjetivo, y como cualquier adjetivo, sin vuelta de hoja. No y no: no puede haber un nuevo partido, sancionaban. Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, los obedecimos.

    En medio del silencio de la noche escuch el sonido de mi mvil, que pareca provenir del armario. Primero pens que se trataba de un sueo; luego, que me lo haba dejado encendido en el bolsillo de la chaqueta. Abr los ojos, prend la luz y sorprend, enmedio de la habitacin, a un individuo que buscaba su telfono por todos los bolsillos con una mano mientras me apuntaba con una pistola que llevaba en la otra. Imposible decir quin estaba ms desconcertado, si el ladrn o yo. Por fin, dio con el aparato y lo atendi de mala gana: Qu pasa?", pregunto irritado por aquella inoportuna llamada. Luego, al escuchar lo que decan, se dej caer sobre una esquina de la cama como si le huberan abandonado las fuerzas. "Ha muerto mi madre", me dijo en un aparte. "Lo siento", aad yo ridculamente desde mi pijama de rayas.

    Comprend que tena que aprovechar aquellos instantes de abatimiento del delincuente para hacer algo, pero no saba qu. Mir a mi alrededor en busca de algn objeto contundente y no vi ms que un par de novelas policiacas y un inhalador nasal que haba sobre la mesilla. Aunque, de haber dispuesto de algo ms duro, tampoco habra sabido cmo usarlo. Creo que conviene golpear en la nuca, pero se trata de un conocimiento terico. Jams he golpeado a un semejante. Adems, el semejante del que hablo haba comenzado a sorberse los mocos como un nio para contener las lgrimas. Colg el telfono, se incorpor y comprendi que se encontraba desorientado, sin saber a dnde dirigir sus pasos ni qu hacer con su cuerpo. Recori unos metros en direccin al armario y luego se volvi haci m para averiguar por dnde se sala.

    Salt de la cama y lo gui por el pasillo. Una vez en la puerta, me pregunt si conoca el modo de ir al Doce de octubre. "Espera un momento", respond. Volv al dormitorio, me puse encima del pijama unos pantalones y una camisa y lo llev en mi coche. Cuando llegamos al hospital, an sostena la pistola en la mano y el mvil en la otra. Le met la pistola en un bolsillo, le abr la puerta del coche y lo vi alejarse en direccin a las instalaciones. Yo regres a la cama y al da siguiente fing que todo haba sido un sueo.

    En "El fantasma y la Sra. Muir", esa maravillosa pelcula de Mankiewicz que Javier Maras nos ense a mirar tan bien, ocurre algo indito en la historia del cine: el espectador *desea* que se muera la protagonista, porque slo ese puede ser el final feliz (final feliz asegurado, por otra parte: como dice Jnger, "a un ser humano pueden hurtrsele todas las citas importantes que pudiera tener a lo largo de su vida, menos la esencial, que es la cita con la muerte"). La Sra. Muir se ha enamorado del fantasma del capitn, pero ste se ha desvanecido definitivamente y la Sra. Muir slo podr reunirse con l cuando muera.

    Con el padre de Javier Maras, don Julin, ha pasado lo mismo. Desde que muri su mujer en 1977 se limit a ser (como dice hoy Eduardo Jord en un precioso artculo) "un superviviente". Recuerdo un programa del Loco de la Colina de principios de los ochenta: Julin Maras se puso a llorar mientras recordaba a su esposa. Durante unos interminables segundos slo pudimos escuchar los gemidos de dolor de ese hombre. Fue algo intenso, verdadero: lo contrario de los lloriqueos fraudulentos que vendran despus con la televisin basura. No s por qu, pero aquella noche se me qued grabada. Luego he venido contemplando a Julin Maras, respetando su limpio cristianismo desde mi estrpito nietzscheano. Un hombre digno que no se vendi nunca, y que por eso propona la reconciliacin en medio de la abyeccin guerracivilista de los ex-grapo fascistas, por un lado, y los ex-falangistas pseudosocialdemcratas, por el otro. Frente a ambos, la limpieza moral. Y por debajo de todo, su duelo amoroso que slo ha terminado con la muerte. No s por qu, pero siempre me acord, pensando en Julin Maras, de estas hermosas palabras que le dedic Camus a Breton en "El hombre rebelde": "En su perro tiempo, y no se puede olvidar esto, es el nico que ha hablado profundamente del amor. El amor es la moral angustiada que ha servido como patria a este exiliado."






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